By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



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sábado, 12 de diciembre de 2009

CENTRO ADULTOS GUADALCANAL 2008 (3)

ANTONIA GÁLVEZ GARCIA

Yo tenía entonces unos quince años y estoy paseando en el Palacio junto a la que después fue mi cuñada Jacoba y mi sobrina Pura.
Algunos domingos por la tarde después de salir del trabajo que teníamos de sirvienta nos poníamos el vestido más bonito, porque no teníamos otro, y dábamos vueltas por el lado izquierdo del paseo que era el de los pobres, hasta que encontré el muchacho que me gustaba y quise con toda mi alma.
Por esos años empezó en mi vida de todo, vivencias buenas y malas. El era un hombre bueno y trabajador, pero como todos saben bebía mucho.
Diecisiete años de novio, por fin nos casamos, siempre peleando pero yo lo quería y no podía dejarlo. Tuvimos dos hijos.
El trabajaba en el campo, iba a pescar los peces y las ranas, que luego yo vendía. Eso era lo que más le gustaba, pero nunca faltó un trozo de pan para mis hijos.
Yo pasé mucho antes con la bebida y después con la desgracia que dios le mandó. Diez años sin poder hablar y como todos saben se quedó paralítico en una silla, tres años sin poder moverse, hasta que dios quiso llevárselo a mejor vida, pero aunque estuviera todos los días borracho, desearía tenerlo a mi lado y no estaría tan sola en la vida.
Ese hombre era Blanco Pérez.
En fin, esta es mi historia y algo más que no cabe para contarlo todo.

JUANA CEBALLO CORTÉS

Esta fotografía esta echada en el mercado de abasto, en la iglesia de San Sebastián, anteriormente estaba justo enfrente, en la explanada donde está la churrería, este espacio estaba techado.
Recuerdo cuando quitaron las campanas, una se cayó haciendo un gran socavón en el suelo. Esta iglesia llevaba cerrada mucho tiempo, la compró el ayuntamiento y tuvieron que quitar la torre para poder albergar al mercado de abasto.
En la fotografía y de derecha a izquierda aparecen: Pepe Rivero, vendedor de leche, era un hombre muy agradable, nos daba caramelo cuando íbamos por la leche para hacer los helados.
Luego aparece José “El Chasquito”, tenía una carnicería, que continúa en el sitio y que llevan sus hijos.
Manuela la de “La Berza”, mi madre, tenía un puesto de frutas y verduras.
Carmela, era mocita, estaba soltera recuerdo cuando se casó con Pepito Parrón, el mancebo de la farmacia. Vendía pan.
A su lado está Angelita, la hija de Pepe “El Chasquito”, ella estaba en la carnicería con su padre.
Por último aparece Rolinde también vendedora de pan.
Por aquel tiempo yo podría tener unos trece años, recuerdo que iba con mi madre a comprar la verdura y las frutas a las huertas del pueblo.
Yo estaba en la escuela y mi madre venía a por mí para que le ayudara con las verduras.
También iba por las calles vendiendo naranjas y espárragos, lo hacía después de salir de la escuela.
Mi madre salía muy temprano a preparar el puesto y a nosotros nos cuidaba Josefa Vega, una señora que recogió mi madre. Esta mujer vivía en Sevilla estaba sirviendo en una casa y cuando estalló la guerra se vino a Guadalcanal huyendo, como no tenía familia en el pueblo y mi madre tenía muchos hijos pequeños le interesó que se quedara con nosotros, la quisimos como si fuera nuestra abuela, murió con noventa años en nuestra casa.
JOSEFA COTE GARZÓN
Aquí podría yo tener unos ocho años. Nos echamos la foto para el libro de la familia numerosa. Fue la última vez que mi padre estuvo con nosotros.
En aquel entonces vivíamos en la estación. Se llamaba y se llama “La Fundición”, mi padre se vino al pueblo alquilando una casa y a nosotros nos abandonó, llevándose a los tres mayores para ponerlos a trabajar sin darle ni tan siquiera un céntimo.
A nosotros nos daba 10 pesetas, que le dejaba en una taberna de la calle Sevilla, donde mi madre iba a recogerlo todos los días.
Mi padre trabajaba de cosario y estraperlista no perdió el contacto con nosotros porque lo ayudábamos a bajar los paquetes desde la estación al pueblo.

Mi madre vivía muy bien, en los primeros años de casada antes de la guerra, tenía incluso tres criadas, pero todo cambió cuando mi padre se fue a la guerra, dejándola con ocho hijos y embarazada de tres meses, sin un sustento.
Cuando acabó la guerra ni hermana ya tenía seis años, posteriormente cayó mi madre enferma y yo le ponía las ventosas para el dolor, pues era lo único que había.
Mi padre le dejó en el bar veinte duros para que fuera al hospital, Se cayó a la entrada, los médicos la recogieron y cuando al día siguiente fue un familiar a verla, no la encontró, aún seguimos sin encontrarla.

A los trece años y doce días antes de la feria, lloré por no estar en esa fiesta, mi padre me llevó a Sevilla a trabajar en una casa, La Casa Carrera, al mes me tuve que venir porque me encontraba sola, muy sola.
A los quince años me volvió a llevar otra vez a Sevilla, en el tren yo le pregunté: -Papá, cuantos años tengo. Y él me contestó: - tienes que decir que tienes veinte.
En esa casa estuve cuatro años. Me daban quince días de permiso y me venía al pueblo a casa de una hermana mía.
A los dos años de venir me eché novio, ésta era la única sonrisa que tenía. El me trajo a su casa, allí estuve cinco años, pasando mis penas también.
Seguidamente me casé y seguí con mi suegra, tenía ya una hija y embarazada de la otra cuando empecé a trabajar en el mercado de abastos como vendedora.
Compraba conejos y los vendía, también vendía aceite, leche y todo lo que se encartara. Así estuve treinta y un años. A partir de ahí mi vida se tranquilizó y tranquila vivo desde entonces.

viernes, 4 de diciembre de 2009

CENTRO ADULTOS GUADALCANAL 2008 (2)





DOLORES GORDÓN FRANCO

En esta foto estoy con Rafael, mi novio, que luego a los tres años fue mi marido.
Estábamos en la feria, yo iba con el vestido “de los disgustos”, pues lo estrené en Semana Santa, justo cuando mi novio salía en los alabardero y yo toda la fiesta sola.
Era mi vestido preferido, de todas formas tampoco tenía muchos.
Empecé a trabajar con doce años sirviendo y cogiendo aceitunas con mi padre, pero la vida por aquellos años no era fácil y todo el dinero que yo ganaba se lo quedaba mi madre, pues tenía cuatro hijos más pequeños.
El sueldo con el que empecé a trabajar con Don Alfonso era de diez pesetas, y terminé trabajando con Mariquita Campos ganando sesenta pesetas.
Me casé en el año 1955, cinco años después tenía dos hijos y llego la emigración, por motivos de trabajo nos marchamos al País Vasco donde estuvimos hasta el año1991 que regresamos a Guadalcanal.
La vida en Álava no nos fue mal, mi marido encontró trabajo, primero en el campo y al año entró en una fábrica de acero de donde salió jubilado.
Aquí nació mi tercer hijo.
Yo en un principio estaba en casa, pero más adelante pusimos un supermercado donde trabajaba junto con mi hijo mayor.
Mi marido sentía mucha añoranza por el pueblo, yo no tanta porque toda mi familia se quedaba en el Norte, mis hijos, mis nietos, mis hermanos.
Solo tenía en el pueblo a un hermano, pero al año de estar en Guadalcanal se vino mi hijo pequeño.
Mi vida es muy tranquila, desde que llegué me apunté al Centro de Adultos, donde sigo con mucha ilusión…


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JOSEFA NÚÑEZ TENA

Fotografía familiar en la que estoy junto a siete de los nueve hermanos que fuimos.
Nuestra vida por los años cuarenta era muy dura. Mi padre trabajaba en el campo y nosotros en las casas, pero no teníamos que llevarnos a la boca. Comíamos cualquier cosa que pescábamos en el campo ( ajos porros, hinojos, acederas y resina de los árboles).
No teníamos ropa ninguna, en el campo estábamos totalmente desnudas.
El tren pasaba al lado de nuestra casa y nos comíamos las cáscaras de frutas que la gente nos tiraba desde los vagones.
Lo más triste llegó años después, cuando el marido de mi hermana Carmen la mató a puñaladas cuando estaba embarazada de cinco meses y le llegó a salir el niño de su cuerpo.
Lo más curioso de esta foto es la imagen de mi tío que vivía con nosotros y como no estaba en ese momento hicieron la fotografía con un retrato suyo.


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ANTONIA GALVÁN MARTÍNEZ

En esta foto aparezco en el colegio de Doña Encarna, tenía tres años y el colegio me gustaba más bien poco. Mi hermana María Jesús, que también estaba conmigo prestaba más atención a las lecciones, porque a ella si que le Egustaba. Recuerdo que muchas veces iba calentita a la escuela, porque mi madre me daba un repaso en el culete cuando me negaba a ir .
En la escuela estuve poco tiempo, estalló la guerra.
Mis padres estaban el en hospital y mi hermana Jesusa y yo estábamos en casa con mi hermana Manuela, que era la mayor.
No pasó mucho tiempo cuando la familia del novio de mi hermana Manuela se fue huyendo de la guerra y tiraron de nosotras dos.
Nos llevaron a Galardón, provincia de Cuenca, el viaje fue un desastre, pues nos teníamos que esconder por el campo y en los cortijos hasta que llegamos.
Íbamos andando, cuando pasamos por un cortijo de La Granja la familia quería que me dejaran allí hasta que ellos volvieran, pero mi hermana no quiso.
Llegamos a Galardón, al llegar nos dieron una casa para toda la familia, los mayores se pusieron a trabajar y los más pequeños a la escuela.
Recuerdo la calle, la plaza, la casa como si lo estuviera viendo.Nuestra estancia allí fue buena, estuvimos tres años,
Mis padres seguían en el hospital y no sabían nada, hasta que no le dieron el alta a mi padre y llegaron al pueblo, fue entonces cuando se enteraron que la casa estaba vacía.
La enfermedad de mi padre iba progresando, se murió con la pena de no vernos.
Cuando se acabó la guerra volvimos al pueblo, nos encontramos con mi madre, yo tenía por aquel entonces siete años.

¡Estuvimos tres años en el exilio¡


sábado, 21 de noviembre de 2009

CENTRO ADULTOS GUADALCANAL 2008 (1)



ESTOY SEGURA DE QUE ELLA SE ALEGRA

En este año en el que se cumple el 15º Aniversario de la fundación del Centro de Adultos, no podía faltar el nombre de mi abuela “Anita”.
Todo empezó en el año 1994, ella no sabía, como la mayoría de “las niñas” que entraron con ella, ni leer ni escribir. Esa era su pena, todos sabemos la situación de la niñez y juventud de todas esas personas que no tenían opción a elegir una educación básica, pero no voy a remover los recuerdos amargos de aquella época. Hoy es un día alegre porque siento que ella está conmigo ayudándome a escribir esta nota.
Yo por aquel entonces tenía 11 añitos, pero recuerdo como si hubiera sido ayer mismo, la ilusión con la que fue el primer día, esa ilusión de un niño que juega con un juguete nuevo. Yo siempre admiré a mi abuela “Anita” por la fuerza, constancia y ganas que le ponía a las cosas que hacía. Me iba por las tardes a su casa y cada una hacíamos nuestros deberes.
Al año siguiente falleció mi abuelo, pero ella siguió ahí con más fuerza que antes. Pero poco después ella enfermó y ya la enfermedad pudo más. Ella se fue, pero se fue siendo más persona.
Aún hoy, cuando veo al resto de alumnas del centro, no puedo evitar acordarme de ella. Desde aquí les doy ánimos para que sigan adelante y sigan celebrando cada día la oportunidad que nunca tuvieron y ahora tienen en sus manos.

Su nieta: Ana Belén Murillo Montero.

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RELATO DE MI VIDA
“ESTA ES LA TRISTE, PERO FUERTE Y DURA HISTORIA, DE UNA MADRE, COMO TANTAS OTRAS EN LOS CRUELES AÑOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA”
Fue el día 9 de Septiembre del 1929 cuando vi la luz por vez primera en este mundo.
Tenia, solo dos meses cuando me llevaron a vivir a Sevilla, donde ya trabajaba mi padre en las oficinas de correos.
Fui la mayor de mis seis hermanos de los que murieron tres.
El primer disgusto, que sufrió mi madre, cuando yo cumplí un año, fue cuando vinieron dos gemelos, uno nació muerto, y el otro no adelanto nada y también falleció a los tres meses, vivíamos entonces en la plaza de San Román.
Éramos muy felices con mi padre, que era muy bueno y trabajador para que no nos faltara de nada ya que nos adoraba igual que a mi madre.
A los cinco años ya iba al colegio, que recuerdo que estaba en la calle Castellar, en la Plaza de San Marcos.
Así pasaron los siete primeros años de mi infancia.
Hasta el fatídico año 1936 que todo cambio cuando vino el golpe militar y la guerra civil. A mi padre por una equivocación lo confundieron con otra persona y lo detuvieron cinco meses en la cárcel. Al saber que era de Guadalcanal pidieron informes y mandaron uno, pero tan falso que decían que mi padre, había estado en todo lo que se había hecho en aquellos días, cosa injusta ya que mi padre no faltó un solo día de su trabajo, ¿como pudo estar a la vez, trabajando en Sevilla y haciendo algo malo, según ellos, en guadalcanal?
En aquella época en Correos se trabajaban todos los días, domingos y festivos.
Solo veníamos al pueblo cuando le daban vacaciones, y siempre las cogía en agosto para pasar la feria que le gustaba mucho.
Pero como entonces no los juzgaban, ni comprobaban nada, el día 27 de Enero del 1937 lo fusilaron en el cementerio de San Fernando.
Aún hoy sigo dándole vueltas cuando cierro los ojos al acostarme, y no logro aceptar tanta injusticia ¡Cuanto no sufriría mi madre al ir a la cárcel a llevarle la comida! (tenía que llevarla todos los días… todos los días) hasta que uno de esos días, ese día, le dijeron que ya no estaba.
¡Que horrible seria para ella aquellos momentos tan tristes y desoladores!
Se encontraba tan sola en Sevilla con tres niños tan chicos , desvalida y sin recursos económicos, que se tuvo que venir al pueblo al amparo de sus padres, que vivían en el campo, a pasar muchas penas y trabajar en las faenas del campo.
Mis hermanos y yo sin poder ir al colegio trabajando desde muy chicos cogiendo aceituna y en todos los trabajos que podíamos ayudar.

Mi madre se las ingenió para conseguir algunos ingresos y se dedicó a vender hilos y algo de mercería ya que por la guerra se escaseaban esas cosas .Iba a Fuente del Arco, y yo, al ser la mayor iba con ella para ayudarle con la carga cuando sólo tenía 10 años, íbamos andando y cargadas con la mercancía. A la vez compraba huevos que llevaba a Sevilla que también escaseaban allí y así ganaba algo de dinero.
Otro problema que también sufrió mi madre era que la casa que teníamos el ayuntamiento nos la tenía intervenida, en ella pusieron las cocinas de los soldados que entonces había en el pueblo cuando lo tomaron las fuerzas nacionales. Luchó mucho para demostrar que la casa era heredada de sus abuelos, igual que un olivar que también tenía mi padre heredado también de sus abuelos. Estos bienes no los habían adquirido metidos en política, como también lo calumniaron, eran suyos por ley, pero claro “al perro flaco, ya se sabe, todo se le vuelven pulgas”, y era el momento de hundir a las personas por hundirlas, de ponerles el pie hasta asfixiarlas, ¡que pena, cuánto me gustaría olvidar, pero no puedo!
EI primer año que cogimos la aceituna en nuestro olivar, tuvimos que entregar la mitad del dinero al Ayuntamiento, recuerdo valía a quince céntimos, (tres gordas de entonces). Solo quince céntimos cobraba mi madre después de cogerla, yo siendo tan chica iba a ayudarle y cogía lo que podía.
Cuando le dieran la casa toda destrozada por la ocupación que le habían dado, tuvo que trabajar y gastar sin tenerlo para poderla habitar para venirnos del campo e ir al colegio mis hermanos y yo.
Mi madre puso una pequeña tienda de comestibles, no le fue rentable por lo mal que estaba la economía como ahora se dice, no había dinero para comprar las pocas cosas que teníamos, compadeciéndose de las personas que estaban sin comer les daba fiado como no tenían para pagar se le arruino la tienda.
El pan era malísimo el poco que había era de harina de maíz los tazones como se le llamaban, eran racionados y se entregaban en colas que había que guardar para conseguirlo por cartillas de racionamiento. Según el número de personas que había en las familias por cada uno te cortaban un cupón para conseguir el pan. Lo mismo el aceite, el azúcar, el arroz las telas, ibas a la tienda y te cortaban el cupón para que no pudieras ir a otra tienda ni panadería
EL café que se tomaba era de cebada tostada y se endulzaba con un trocito de caramelo en la boca para así endulzar el café. La cebada o el trigo se molía en los molinillos de moler el café para hacer sopas de harina, así era todo.
Otra desgracia que le paso a mi madre se cayó estando blanqueando encima de una camilla y se rompió un brazo como no había S. Social ni otras ayuda para ir al médico fue a un pueblo de Extremadura a un curandero que la estuvo entreteniendo y no la curo porque tenia roto el hueso del codo, cuando fue al medico la mando a Sevilla la tuvieron que operar le cortaron el hueso que lo tenia podrido y la tuvieron que dejar ingresada en el Hospital de las Cinco Llagas o Central , como le llamaban, esto es lo que nos faltaba para nuestro “baúl de desgracias”, y yo, ¿como no voy a recordarlo?, si la acompañe con 11 años en su convalecencia ¡que vida tan dura!, no fue ni por un asomo, la vida que mi padre junto con mi madre, tenían pensado para nosotros, ya que sin ser pudientes, mi padre se esforzó, estudio, y consiguió un buen puesto de trabajo, desde muy pequeña, cuando yo tenía seis o siete años, me enseño mucho, llegue incluso , hasta los quebrados, pero aunque lograron quitarnos muchas cosas, sobre todo la felicidad de un matrimonio que se querían y respetaban y se desvivían por darles a sus hijos todo lo que estaba en sus manos, no nos quitaron a ninguno de esos hijos de la guerra, las ganas de expresar lo que llevamos tan dentro, no nos quitaron nuestra libertad de expresión, no lograron que nos hundiésemos en el analfabetismo, en la incultura, no pudimos hacer estudios superiores, a los que aunque peque de falsa modestia , creo podría haber alcanzado y me alegro porque hoy puedo contarlo.
Los huesos de mi padre, aún hoy, no se donde están, pero lo que él y mi madre nos trasmitieron queda en nuestra memoria.

Rafaela