By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



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miércoles, 18 de octubre de 2017

Trazos, Letras y Acordes XIII

José María Martínez Cachero

Nació en Oviedo, el 30 de marzo de 1924, falleció en la misma ciudad el 30 de Junio de 2010, hijo de Guadalcanalense y Asturiana

Muy pronto tuve afición a la política; me surgió con los Maristas en 1935, me dieron una entrada para un mitin de José Antonio Primo de Rivera antes de las elecciones de febrero de 1936, pero mi padre la rompió: "Puede haber muertos y heridos", me dijo.

Soy hijo de sevillano y asturiana. Mi padre, José Martínez Hernández, era de un pueblo de Sevilla limítrofe con Badajoz, Guadalcanal, muy rico, pero de latifundios. Sus habitantes eran normalmente pobres y vivían del jornal que en épocas de cosecha les daba tal o cual ricacho. Mi padre pertenecía a una familia pobre, pobrísima, que tenía sencillamente lo que ganaba mi abuelo y una casa con un pequeño trozo de tierra al que llamaban huerta. Eran tres varones y una chica. Según me contó mi padre, cuando llegaron a los 13 o 14 años, el abuelo los reunió y les dijo: "Ya veis cómo nos desenvolvemos, tenéis que buscar vuestro camino porque cada vez está la cosa peor". A mi padre, que tenía cierta veta aventurera, se le ocurrió sentar plaza en el Ejército y fue combatiente, no digo de los últimos, pero sí de los penúltimos de Filipinas. Allí le fue francamente bien y aprendió a leer y a escribir. Y volvió con la graduación de sargento. Se convocaron entonces unas oposiciones para ingresar en la Administración civil. Mi padre ganó la oposición y lo destinaron al Gobierno Civil de Canarias, en La Laguna. Allí se casó y nacieron dos hijos, hermanastros míos. Al cabo de un tiempo, se murió su esposa canaria y entonces decide volver a la Península, al Gobierno Civil de Huelva. De allí pasó a Sevilla, y después a Valladolid, donde estuvo varios años y conoció a gentes tan pintorescas como “Óscar Pérez Solís, asturiano fundador del Partido Comunista, que luego, en la guerra, fue falangista y combatió en el cerco de Oviedo”.
Joven trabajadora despedida por boda.- Cuando acabó la huelga de 1917, a mi padre se le ocurrió cambiar de destino, a Oviedo. Aquí se encontró muy a gusto y volvió a casarse con la que fue mi madre. Había venido con sus hijos, una chica y un chico, que encontraron trabajo, mi hermanastra fue telefonista y mi hermanastro fue ambulante de correos. Mi madre, Elvira Cachero Sariego, procedía de una aldea del puerto de Pajares, que se llama Linares del Puerto, pero se crió con su abuela en Ujo, y estudió en el Colegio de las Dominicas, donde tuvo como compañeros a los hijos e hijas de Concha Espina. Particularmente, de Víctor de la Serna tenía el recuerdo de que era un niño muy agradable con quien ella había convivido unos años. Su madre, mi abuela, había fallecido, y su padre, viudo, se había casado en segundas nupcias. Mi madre y su hermana permanecieron en Ujo al acabar los estudios y buscaron acomodo en la vida. Surge entonces un señor de Ujo muy rico, Próspero Blanco, que tuvo muchos e importantes negocios de minas, o de garajes en Oviedo. Don Próspero conoció a aquellas jóvenes, que tendrían 17 o 18 años, y entonces le dijo a la abuela que por qué no las mandaba a Oviedo, donde él iba a abrir un negocio que era un anticipo de la Compañía Telefónica. En efecto, era una telefonía particular de la que él era accionista principal y estaba emplazada en un piso de la calle del teatro Filarmónica. Entraron las dos en dicha empresa en una época en la que no era abundante la mujer que trabajaba y, además, había una limitación tremenda: la mujer que se casaba tenía que abandonar inmediatamente el trabajo, por voluntad del patrón. Mi madre se casó y al día siguiente dejó de trabajar.
Vi pasar por Pajares los trenes con mineros camino de Madrid, en julio de 1936; iban felices 
Uno de los que incendiaron la iglesia de mi pueblo, en la guerra, comentó: "Ya se quemaron todas; no va a quedar ésta por guapa" 
Voto a la República y después a la CEDA.- Mi madre trabajó en una compañía privada de telefonía del empresario Próspero Blanco, pero tuvo que dejarlo cuando se casó"
Mis padres se establecieron en una casa de la calle del Carpio y allí nació una niña a la que no conocí, Elena, que cumplía cuatro años cuando yo nacía y al poco falleció. A los seis años nació mi hermano Luis Alfonso, que se mató hace unos años cuando venía a veranear a Oviedo, por un choque en la provincia de Ávila contra un camión que bajaba con los frenos perdidos. Mi hermano era doctor en Derecho, profesor de Económicas y también trabajó en el Ministerio de Trabajo. Era una España muy agitada la de aquellos años. Muy pronto tuve una gran afición a la política -a la altura de los años 1934 y 1936-, y notaba a veces que mi padre venía del Gobierno Civil preocupado, inquieto, nervioso, y mi madre le preguntaba qué pasaba. Había huelgas en Asturias, especialmente en al minería. Llegan las elecciones el 14 de abril 1931 y hubo mucha gente de clase media, por ejemplo, mi padre, que votó a favor de la República y en contra de la dictadura amparada por la Monarquía, y también en contra de Alfonso XIII, que para muchos no resultaba nada simpático. Pero los cambios fueron muy curiosos y en las elecciones de 1933, en las que triunfa a Lerroux y la CEDA, mi padre vota a este último partido. Mi padre, como otros muchos, había sufrido una enorme decepción con la República, a la que había acogido con gran ilusión.
La revolución junto a un mercancías.- De la Revolución del 34 no puedo decir nada más que lo que he leído o lo que me contaron, porque yo no estaba en Oviedo, sino en Linares del Puerto, donde pasé los veranos de mi niñez y adolescencia. En Linares del Puerto, con estación ferroviaria, y en el pueblo, Congostinas, en el fondo del valle, tenían, y siguen teniendo, como patrona a la Virgen del Rosario, que se celebra el siete de octubre. Yo había conseguido, en virtud de las buenas notas de Bachillerato, que mis padres me dejaran ir desde Oviedo, acompañado por algún conocido, a Linares, para pasar allí las fiestas. Salía en un tren que partía hacia las tres y media y llegaba allí a las seis y media. Durante la revolución, no hubo absolutamente nada en el pueblo. Respetaron la iglesia, respetaron al sacerdote, y lo único que hubo de extraordinario fue que al paralizarse la circulación de trenes con Madrid resultó que en la estación de Linares quedó detenido un tren de mercancías enorme, que llegaba desde la boca de un túnel a del siguiente. En ese tren había de todo, desde alimentos hasta muebles. Eran mercancías que llegaban al comercio de Oviedo, aprovechando que pronto iba a comenzar la campaña del otoño. Teníamos ahí ese mercancías y del concejo de Aller, que limita con Lena, vienen unos mineros revolucionarios a ver qué pasaba por allí. Instalan un comité de salud pública en la estación de Linares, sientan sus reales y listo. Allí están varios días hasta que fracasa la Revolución y se marchan en busca de mejor acomodo. Respecto al tren, los revolucionarios deciden abrirlo porque dicen que las gentes del pueblo se estaban muriendo de hambre. Era mentira. Los habitantes del pueblo eran gentes más o menos hacendadas que tenían sus vacas y tierras. Los había más o menos ricos, pero allí no se moría nadie de hambre. Del rumor del hambre se hace eco algún historiador, pero no sucedía ni en aquel pueblo ni en los limítrofes. Se acaba la Revolución y mi padre va a buscarme. Oviedo estaba muy destruido, pero en la calle del Carpio no había pasado nada.
Sermones antirrepublicanos.- Hacia 1935 viene mi inclinación a la política, pero no por influencia de mi familia. Mi padre no hablaba de política y tampoco mi madre y mi tía, que en 1933 habían votado también a Gil Robles. Pero me surgió esa inclinación en el Colegio de los Maristas, en el que estudié los tres primeros cursos de Bachillerato, antes de la guerra. Y surgió aquello por varios motivos. Primero porque la República -y en esto se equivocó treméndamente- empezó ya en el mismo abril de 1931 a arremeter contra la Iglesia de una forma brutal y totalmente inconveniente. Lo único que consiguieron fue enemistarse con la Iglesia y con la multitud española que era entonces católica, y hasta de una forma muy reaccionaria o retrógrada. Expulsaron a los Jesuitas y al cardenal Segura, prohibieron a los religiosos, por ejemplo a los Maristas, que llevaran sotana, y amenazaron con cerrar más colegios de religiosos. Esto, en el colegio de los Maristas, produjo un ambiente tenso y de disgusto. Había algunos frailes que se mantenían imparciales en clase, pero otros, de vez en cuando, decían: "Hoy no vamos a dar clase y vamos a hablar de cosas". Había un religioso que se llamaba don Antonio -"Chanchín", porque era pequeño y gordo-, que fue después combatiente en la Guerra Civil, en Oviedo, y que en aquel tiempo estaba inclinándose mucho a la Falange, recientemente fundada. De vez en cuando nos soltaba unos sermones tremendos. Yo, al principio, pensaba que aquello no era ninguna asignatura y me preguntaba a cuento de qué venía. Pasado el tiempo, me percaté de que venía a cuento porque, según ellos, por alguna parte tenían que mostrar el malestar enorme que sentían por las medidas de la República y por las amenazas que continuaban existiendo. Los alumnos lo contarían después a los padres, posiblemente.
El hijo del coronel Franco Mussio. «Más adelante, cuando yo iba a tercero de Bachillerato, en el curso sexto, el último, había un grupo de mayores que estaban ya muy metidos en política. Uno de ellos, el cabecilla, era hijo del coronel José Franco Mussio, director de la Fábrica de Armas de Trubia. Al comienzo de la guerra, Franco Mussio no cumplió las órdenes que le había dado el coronel Aranda, de que él y los oficiales de la fábrica se vinieran con los cañones desmontados. Franco, o se distrajo o no estaba convencido, y el caso es que él y ocho o diez oficiales se quedaron en Trubia y sirvieron a los llamados rojos. Esto le molestó muchísimo a Aranda y recuerdo que -doy un salto en el tiempo- cuando se acabó la guerra en Asturias el primer consejo de guerra importante que se celebró en la Diputación fue contra el coronel Franco y los oficiales de Trubia. Fueron condenados a muerte y el mismo día por la noche los fusilan a todos en las tapias del cementerio de El Salvador. Lo recuerdo perfectamente porque les enterraron precisamente en unas sepulturas que estaban a continuación de la de nuestra familia.
Un mitin de José Antonio Primo de Rivera.- Aquel grupo dirigido por el hijo mayor del coronel Franco era falangista y tenía muy catequizado a su curso y también hacía incursiones en los cursos inferiores, incluso en tercero, el mío. A veces me daban unas hojas y las leía. En mi casa no eran falangistas, ni mucho menos, pero me convencía lo que decían aquellas hojas, y el convencimiento pudo haber tenido una coronación que no se dio. Desde diciembre de 1935 y enero de 1936 España estaba ya en campaña electoral, ante los comicios de febrero de 1936. Vino José Antonio Primo de Rivera a dar un mitin en el teatro Principado, y como iba a reunir a mucha gente hicieron una instalación para que se oyera en el cine Santa Cruz, en la calle del mismo nombre. Ese grupo de sexto repartía entradas y a mí me dieron una. Estaba feliz. José Antonio tenía fama de elegante, de atractivo, de gran orador. Pensé: "Magnífico, una ocasión estupenda; vamos a ver cómo es". Pero mi gozo en un pozo, porque cuando dije en casa que tenía aquella entrada mi padre me la pidió y la rompió. "¿Por qué haces eso?". "Me resulta muy simpático ese chico, pero esos, donde quiera que van, producen follón y puede haber muertos y heridos. No voy a dejar que vayas a un sitio de esos. Esto se acabó". Lo sentí mucho, porque estaba realmente ilusionado.
Dos trenes de mineros camino de Madrid.- Llega la Guerra Civil y tengo 12 años. En julio, mis padres, mi hermano y yo estamos preparando el veraneo en Linares del Puerto y Congostinas. Allí, unos tíos, hermanos de mi madre, nos daban con mucho gusto acomodo. Mi padre cogía vacaciones del 15 de julio al 15 de agosto. Después, él volvía al Gobierno Civil a trabajar y los demás quedábamos en el pueblo. Nos coge allí el 18 de julio. Para entonces, yo tenía cierta afición política y sabía muchas cosas, y recordaba muchos nombres de políticos, y leía el "ABC". Fue una de mis lecturas primeras. El 19 de julio mi padre intentó coger un tren de la mañana que venía de Madrid, el expreso, para venir a Oviedo a cumplir con su deber, pero cuando subió a la estación le dijeron que ya estaba totalmente interrumpida la comunicación ferroviaria. Es más, yo mismo vi pasar los últimos trenes, dos, cargados de mineros con destino a Madrid, para colaborar en contra de la sublevación. Aquel viaje fue una maniobra de Aranda, que le salió muy bien porque aquellos mineros de los trenes, más los que fueron en automóviles, descongestionaron la masa que aquí, en Oviedo esperaba a que el coronel Aranda dijera sí o no a la sublevación. Vi pasar aquellos trenes de mineros. Iban todos muy felices, con españoles rojos, levantando el puño y cantando la Internacional.
Quema de la iglesia y de una hemeroteca carlista- En el pueblo hicimos una vida muy tranquila hasta que empezaron a surgir cosas desagradables y peligrosas. Ayudaron algunos del pueblo, que lo pagaron muy caro, a la quema de la iglesia, que fue posiblemente una de las últimas que ardieron en toda aquella comarca. Uno de los incendiarios del pueblo se jactaba diciendo: "Ya se quemaron todas; no va a quedar ésta por guapa". Destruyeron las imágenes y también una pequeña hemeroteca que tenía el cura párroco anterior, que ya se había muerto. El cura que le sustituyó se había marchado para León muy a tiempo. La hemeroteca era de prensa carlista del siglo XIX y XX, porque aquel cura, muy carlista, leía los periódicos y los iba guardando y encuadernando. No pasó nada más de momento. No había problemas de alimentos y la gente seguía con su vida normal. Habían recogido la hierba y estaban con las castañas y el maíz..
Salvado por el apellido Cachero.- Pero una noche de septiembre, en la primera quincena, estábamos todos durmiendo tranquilamente y picaron a la puerta fuertemente. Salió mi tío y eran unos milicianos que buscaban a mi padre. No lo presencié, pero me lo contó mi madre. "Tenemos noticia de que es funcionario de Gobierno Civil", le dijeron a mi padre. "¿No sabe usted que se ha establecido un Gobierno Civil provisional en Gijón y que tenemos gente del de Oviedo, que estaba veraneando en Gijón y se incorporaron. ¿Por qué usted no se presentó?". Mi padre se vio cogido. "No me presenté porque tengo muchos padecimientos de estómago". Pero ahí también le cogieron ellos: "Si tiene usted esos padecimientos, mejor que en esta aldea estaría en Gijón, que hay médicos y clínicas". Mi padre nos había dicho que él de ninguna forma iría al Gobierno Civil de Gijón, que primero lo mataban. Sacan a mi padre a una antojana que había delante de la casa; para llevárselo y seguramente para matarlo por algún camino. Entonces el cabecilla pregunta quién vivía en la casa colindante con la nuestra, que estaba vacía. "Es de unos parientes que vienen de veraneo, desde Ujo". "¿Quiénes son?". "La familia Cachero; nosotros somos sobrinos de Leandro Cachero y primos del cartero Antonio Cachero". La cosa dio un vuelco milagroso. Preguntó el jefecillo: "Este señor que nos vamos a llevar, ¿tiene algo que ver con ellos?". "Su mujer es sobrina carnal de Leandro Cachero; él es sobrino consorte". "Entonces no lo llevamos; que se quede". Leandro Cachero era una persona importante en la Hullera Española de Ujo, y su hijo Antonio era muy conocido por ser el cartero. Eran muy conocidos y estimados.
En 1945 se licencia en Filosofía y Letras, sección Filología Románica, en la Universidad de Oviedo. Es profesor ayudante interino en la misma universidad y en 1948 obtiene el doctorado en la Universidad Central de Madrid, con la tesis “Vida y obra del poeta Emilio Ferrari (1850-1907”
En 1960 obtiene la cátedra de Lengua y Literatura Española en el Real Instituto Jovellanos de Gijón, y cinco años más tarde consigue la cátedra de Literatura Española en la Universidad de Oviedo.
En 1968 es profesor visitante de la Universidad de Vanderbilt (Nashville, Tennessee, EE UU). Repite en 1970, en la Universidad de Nuevo México (Alburquerque, EE UU).
En la Universidad de Oviedo ha sido director del Secretariado de Publicaciones (1966-74); director del curso para extranjeros (1972-74); director del Departamento de Literatura Española de la Facultad de Filosofía y Letras (1974-77 y 1983-86). Se jubila en 1989.
De 1976 a 1979 es secretario del Departamento de Creación Literaria de la Fundación Juan March (Madrid). Desde 1992 es miembro correspondiente en Asturias de la Real Academia Española de la Lengua.
Ha sido presidente de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX y jurado de numerosos certámenes literarios, entre los que destacan “Alfaguara”, “Hucha de oro”, Nacional de Literatura, Nacional de Novela y Narrativa y “Príncipe de Asturias” de las Letras.
Martínez Cachero cultivó tanto la crítica literaria periodística o de actualidad como la crítica universitaria o de investigación. Se dedicó, fundamentalmente, a tres campos de investigación: 1. Clarin y la novela realista española del siglo XIX. 2. La crítica y los críticos literarios de España. 3. La novela española a partir de 1939. Otros autores y temas de su interés fueron  Azorín y la Generación del 98 y la poesía española de postguerra. Es también autor de un libro de recuerdos y memorias literarias Antes que el tiempo muera en nuestros brazos (Llibros del pexe, 2002)

Tal y como hacía en sus clases, y recuerdan sus ex alumnos, José María Martínez Cachero deja la mirada perdida y habla con fluidez y precisión de su vida, al igual que durante lustros lo hizo acerca de la Literatura, la materia de la que es catedrático emérito de la Universidad de Oviedo. Relató sus  “Memorias” para LA NUEVA ESPAÑA con especial atención a su infancia y juventud, en esta entrevista que le hicieron  23 Julio de 2009, un año antes de su fallecimiento.
  
Noticias Siglo XXI
Jueves, 23 de Julio de 2009

sábado, 12 de noviembre de 2016

Trazos, letras y acordes XII

"Venga, arreglarse, que lo que importa es el Guadalcanal”

A veces en pequeños pueblos nacen grandes personas, quizá no destaquen por su intelecto, por figuras en cualquier deporte, vida política, torero, cantaor…, u otras facetas que hacen que le pongan una calle, o simplemente en el futuro se le recuerden como hijo pródigo de la localidad, pero en el caso de Ángel Ortega Heredia, “Heredia” por todos conocidos, pero no es menos cierto, que se le han hecho varios homenajes, principalmente por la que la mayoría de los humanos desearíamos ser reconocido, por buena persona.
Ha vivido y vive con sus dos grandes pasiones, sus amores desde muy joven, la música y el fútbol, dos actividades tan distintas y tan ligadas a tantos Guadalcanalenses, algunos de ellos, como en el caso de Heredia, tomando partido en las dos.
En la música continúa con su tambor en todos los eventos que es requerida la Banda de Cornetas y Tambores Cristo del Amor de Guadalcanal, una banda que tiene sus raíces en la primera formada en Guadalcanal en 1903 con la centuria de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Angel es el miembro más veterano de la banda, ya que entró a formar parte a principios de los setenta del pasado siglo.
 “La banda es mi vida”,  declaró al locutor que le hizo la entrevista en el programa de canal Sur “Este es mi pueblos” e igualmente emocionado dijo que cuando su madre se encontraba muy enferma, le hizo la promesa que nunca dejaría la banda y así lo cumplió cuando apenas un mes después y con el dolor  albergado en el corazón, se colgó su tambor y se puso detrás del paso de Semana Santa tocando con su banda.
En este programa, que se emitió el 11 de junio de este año, el fue uno de los protagonistas, sus compañeros de la banda tocaron especialmente para él y  le hicieron un homenaje en el marco incomparable de la portada de su querida iglesia Santa Ana, donde un compañero le entregó una placa de agradecimiento y leyó estas sencillas palabras:
"Hace tiempo te oímos decir que mientras tuvieras fuerza para subir a Santa Ana, no dejarías la banda. Bien, hoy estamos de nuevo en Santa Ana, has vuelto a subir y aunque no sospecharas nada de esta r hoy aquí, es una señal de que aún te quedan muchas fuerzas para seguir haciendo música.
Nunca ha salido de ti un mal gesto, una mínima controversia, al revés, siempre que has podido has ayudado. Nunca has buscado protagonismo, ni que te cuelguen medallas. Lo único que quieres que te cuelgue es tu tambor. Un tambor sin el cual no eres tú, un tambor sin el cual nosotros no seríamos lo que hoy somos.

En el mundo del las cornetas y tambores eres toda una institución, porque sin hacer mucho ruido has desafiado el paso del tiempo", 
Tus compañeros de la banda
Su segunda pasión y no menos importante para él ha sido el futbol del equipo de su pueblo, en el Guadalcanal CD, como relata su amigo Murillo en un artículo en la revista de feria de 1998, que a continuación transcribimos y que titula ¡Gracias Heredia!, ha sido de todo, desde barrendero a presidente.

Homenaje en 1977
!GRÁCIAS HEREDIA! (revista de feria 1998)
Antonio Murillo
Cuando empecé con mis primeros escarceos futboleros en el Guadalcanal C.D., había un chaval, un par de años mayor que yo, algo desgarbado y con un defecto físico bastante apreciable a cara vista: era cojo de la pierna derecha, una de las secuelas que dejó la temible poliomielitis en algunos niños nacidos en los años cincuenta. Este muchacho, a pesar de su deficiencia, siempre estaba en el campo de fútbol, ayudando en todo lo necesario e  incluso jugando los partidos de entrenamiento, por cierto, que lo hacía bastante bien, pues tenía una gran colocación y un toque de pelota magistral, pero lógicamente estaba muy limitado físicamente  por lo que nunca pudo jugar oficialmente en el equipo.
Ya ha llovido desde entonces, sin embargo, este año durante pretemporada futbolística recientemente finalizada, aún le hemos podido ver varias veces, metido en la taquilla de nuestro estadio despachando las entradas a los pocos aficionados que han asistido a los encuentros.
Son prácticamente treinta años los que lleva, de forma casi ininterrumpida, D. Ángel Ortega Heredia ligado a nuestro balompié local, unas veces ejerciendo su labor desde la sombra y otras como máximo mandatario, pues ha sido desde barrendero hasta presidente, pasando por directivo, entrenador, linier, taquillero, etc., etc., total, que ha hecho de todo, siempre el Guadalcanal C.D, echado mano de Heredia para lo que hiciera falta y siempre respondido con creces a la confianza depositada en él, a pesar de sus limitaciones.
Amigos de Heredia
Cuántos disgustos le hemos dado cuándo discutíamos entre nosotros algunos miembros de la plantilla, o cuando formábamos una tangana con un equipo contrario; siempre se metía en medio intentando apaciguar los ánimos y diciéndonos que sólo eran cosa del fútbol.
Qué malos ratos pasaba cuando dos o más directivos manteníamos posturas radicalmente opuestas y él, con esa cabeza que le dieron sus padres, nos decía: "Venga, arreglarse, que lo que importa es el Guadalcanal".
Cuántos sofocones se llevaba cuando el equipo perdía partidos que debería haber ganado. En fin, no les voy a relatar toda cosas buenas que ha hecho Heredia por el fútbol de Guadalcanal porque necesitaría toda la revista para este artículo.
El pasada dos de mayo nos reunimos en un partido un grupo de amigos, antiguos directivos y futbolistas veteranos Guadalcanal C.D., para rendirle un pequeño pero merecido homenaje a esta persona que ha dedicado tantos años de su al club de sus amores. La placa que le regalamos los jugadores decía simplemente: !GRACIAS HEREDIA!.

Rafael Spínola Rodríguez

sábado, 15 de octubre de 2016

Trazos, letras y acordes XI

Rafael Rodríguez Márquez, un hombre con corazón de trovador

",,, es el nexo de unión entre los dos mundos; es el puente que hace que hoy Rafael Rodríguez Márquez se haya convertido en inmortal, porque uno sólo se muere cuando se olvidan de él, y no sólo estará en nuestros pensamientos, sino que también lo tendremos a nuestra disposición y de las generaciones futuras en nuestras bibliotecas.- 
Comentario de Alberto Bernabé en la presentación del libro Guadalcanal, un pueblo en la memoria, Guadalcanal, Cine Emperador, sábado 6 de diciembre de 2008

Aquel martes dos de Enero de 2007 día de san Basilio Magno, apareció Guadalcanal frío e impregnado de una ligera niebla procedente de la Sierra del Agua, altanera y velando por este pueblo serrano que tanto amó nuestro amigo Rafael.
A pesar del frío reinante, transcurría la jornada casi lúdica por la recién pasada fiesta de fin de año y la proximidad de la festividad de los Reyes, por los Mesones y la calle Santiago bullía la gente organizando compras y saludando a paisanos que por estas fechas señaladas nos acercábamos en nuestro pueblo a pasar unas pequeñas vacaciones e impregnase de amistad y cariño de familiares y amigos, de pronto, parece que todo se detiene, la noticia va de boca en boca, a muerto Rafael el de Electrovira, a pesar de que familiares y amigos eran conscientes de que el martillo de la vida estaba golpeando la salud de Rafael y que esto nunca resquebrajó su espíritu, la sombra de la muerte vino a buscar a este hombre noble y amigo de todos, para los que le conocimos, con solo el comentario de la lectura de un libro, el murmullo de unas palabras en una conversación de café, sus largos paseos por "su" paseo del Palacio con los amigos o el comentario sobre cualquier noticia de actualidad, te hacían entablar conversación con una de las persona más afable, sencilla, de gran corazón y culta que yo he conocido en Guadalcanal.
Su nacimiento el 1 julio del 1938 fiesta de san Simeón, cuando España se encontraba inmersa en una fratricida guerra civil y más tarde, su difícil infancia debido a las condiciones familiares y una España devastada, forjaron a un hombre justo, honesto de trato entrañable y un amor y compromiso con su pueblo, pueblo al que encumbró a través de sus artículos en la revista de feria y en su libro legado póstumo "Guadalcanal un pueblo en la memoria", que fue presentado por su hija Mari Carmen en homenaje póstumo el sábado 6 de diciembre de 2008 en el cine Emperador (actual cine-teatro Municipal), libro que nos introduce y describe a través de la historia y la memoria de Guadalcanal desde la prehistoria hasta los personajes más ilustres de la villa, recreándonos en datos, fotos o curiosidades recogidas para la memoria.
Memoria que en mi caso particular, me hace retroceder hasta el verano del año 1.994, cuando me lo encontré cerca de la Plaza de Abasto, curiosamente los dos llevábamos la revista de feria de ese año bajo el brazo, y me comentó que mi artículo Diccionario Humano (Bebeagua) transmitía nostalgia y amor por Guadalcanal, manifestándome lo que ambos amábamos el pueblo, independientemente que nos encantaramos en Guadalcanal o por la diáspora de la emigración, fuera de él, articulo que fue premiado como el mejor articulo de aquel año en la revista.
Su amplio currículo no se limita solo a la participación en el aumento de la riqueza y la cultura de Guadalcanal con su contribución en diversas empresas locales, fue el caso del único cine de Guadalcanal de la época y la organización de diversos eventos y espectáculos, que recuerdos..., aquel cine de verano luego transformado en el Cine Emperador (considerado en su día como el más moderno de la comarca), con sus películas punteras en la época y su finalización siempre con la música del pasodoble, creo que "en er mundo"; fue así mismo, socio fundador de la primera caseta particular en el Real de la feria, presidente del Guadalcanal C.D durante muchos años, relanzó la revista de feria y la enriqueció con sus artículos sobre el día a día de nuestro pueblo, fue mayordomo de la Hermandad de Guaditoca en momentos difíciles, formó parte de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, de la que era gran devoto, Para terminar esta pequeña glosa sobre Rafael Rodríguez Márquez, hijo, padre y abuelo de guadalcanalenses y guadalcanalense de corazón, aun cuando por las circunstancias de la guerra naciera en Corral de Calatrava (Ciudad Real).
Reproduzco el prólogo que escribió su gran amigo José Fernando Titos Alfaro del libro editado en el año 2008 y que enardece la amistad y grandeza de corazón de su gran amigo Rafael: 

Prólogo.-
Conociendo como creo conocer a Rafael Rodríguez Márquez —que bastantes años ha que tuve la dicha de empezar a disfrutar de "la güena sombra" de tan leal y fiel amigo—, puedo decir que, ante todo y sobre todo —porque así lo parió la santa mártir de su madre—, es un hombre con corazón de trovador, por lo que me sorprendió verle como historiador y cronista del que siempre fue el bendito pueblo de "su arma". Y es que un trovador, por ser hombre, por lo común, de sentimientos tan delicados como frágiles, difícilmente se puede limitar a ser un simple historiador, por lo menos, en su sentido más académico.
Me explico. Quiero decir que me resulta muy difícil concebir a mi buen amigo Rafael caminando por las sendas de la historia o de la crónica como tales, por estar estas veredas, por lo general, tan desnudas de sueños, de colorido, de luz y de poesía. Para esta "güena gente" que, además de sencilla y espontánea, tiene alma de poeta, como es el caso del autor del presente libro, nada puede tener sentido, si es que no le hace vibrar por la emotividad que pueda conllevar en sí mismo, por lo que este o aquel hecho histórico o esta o aquella histórica reseña que, por su propia naturaleza de históricos precisamente, tan pegados han de estar siempre a la realidad de la vida y, consecuentemente, tan alejados de la fantasía del azul del cielo, nada extraño nos podría resultar que, cuanto menos, sospecháramos que casi obligaran al bueno de Rafael a poetizarlos, para elevarlos en lo posible a las estrellas y así poder sentir la dulce templanza que siempre anhela sentir el alma de un soñador ante lo que se ama.
En este sentido, y solo dentro de él, es en el que podemos valorar la historia que ha escrito Rafael de este, ciertamente que sí, tan idílico como montaraz y luminoso pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, llamado Guadalcanal, por la sencilla razón de que es en este sentido, y solo dentro de él, en el que el autor se ha dejado el alma y el corazón escribiéndola, que eso otro de la ciencia y de la investigación es otro cantar para el bueno de Rafael, entre otras cosas porque como venimos diciendo— no pueden ser estas las flores que pueden adornar su camino, por lo que Rafael se limita tan solo a recoger — eso sí, con la delicadeza y el mimo que las cosas de su pueblo requieren— lo ya investigado por otros muchos historiadores e investigadores, procurando sublimarlas, sobre todo si es que ve que arañan un poco el alma.
Pero es que si, además y por si fuera poco, añadimos que este hijo de Guadalcanal, por lo bien nacido que es, tan agradecido fue siempre, ya nos están sobrando todas las palabras con respectó a las susodichas ponderaciones, ya que caen por su propio peso.
Podríamos resumir diciendo, no obstante, que, siendo mi buen amigo Rafael un hombre tan profundamente humano y de convicciones tan hondas, no solo por ser el hombre de bien que es, sino por ser —¡ahí es nada!— ese castizo andaluz de ancestral estirpe y a la antigua usanza, tiene necesariamente no ya solo que amar al pueblo que le vio nacer, sino que venerarlo, por lo que .—vuelvo a repetir— tiene que dulcificar hasta la más cruda realidad histórica, con la idea de darle ese colorido, ese sentimiento y esa poesía que siempre anidan en el alma de un soñador. Cierro los ojos por ello y puedo ver diáfanamente a este trovador como extasiado ante la idílica belleza de este su pueblo, allá encumbrado en la mítica Sierra Morena.
¡Dios bendiga a esta mi tierra,
pues, como arrancando vuelo,
parece escapar del suelo
y allá encumbrarse en la sierra
para estar cerca del cielo!
Lo termino de insinuar, pero creo que debo decirlo con la claridad con que el pueblo sencillo suele decir eso de que al pan se le llame pan y al vino se le llame vino, no vaya a ser que alguno confunda en mis dichos las churras con las merinas. Así pues, que sepan todos que jamás quise decir que los hechos puramente históricos que Rafael relata en su libro no sean historia en su sentido más estricto y, como tales, dignos de la mayor credibilidad. ¿Cómo voy a decir yo que los capítulos que tratan estrictamente de la historia y que escribe Rafael sean como un fantasioso castillo de fuegos artificiales, que solo en unos instantes puede convertirse en algo tan volátil y efímero como el humo? ¡Ni mucho menos! Lo que, en definitiva, yo he dicho o, cuanto menos, he querido decir es que cualquier hecho referente a la historia de este su pueblo, en manos de Rafael, por el amor y la veneración que le profesa a esta su tierra, lo suele adornar a guisa de como pudiera adornar el dosel de la santísima patrona de Guadalcanal, la Virgen de Guaditoca, por poner algún ejemplo, bien con las bellísimas flores que "suelen brotar en los idílicos campos de Guadalcanal o con esas otras flores que, por brotar del alma, solo pueden ser místicas, como son los requiebros que de una u otra manera puedan florecer en los labios de cualquier hijo de este pueblo ante la presencia de tan bellísima y querida Madre.
No quisiera terminar sin referir algo que quizás pudiera sorprender a cualquiera viendo a Rafael como autor de este primoroso libro que nos traemos entre manos, pensando que Rafael, no siendo "hombre de pruma y letra", según el decir de los más castizos lugareños al referirse a un hombre que no ha vivido de los libros y entre los libros, se haya aventurado en esta hazaña, siempre tan delicada como apasionada y ardua, de escribir un libro, añorando a sus más entrañable ancestros. A esto he de contestar, sin embargo, que nada tiene de sorprendente —¿por qué?— tratándose de un guadalcanalense de bien, además de ser un hombre —vuelvo a reiterarme— de un corazón tan gigantesco como arrollador.
Quisiera poner el broche de oro a esta especie de homenaje de mi sincera amistad a mi muy estimado amigo Rafael contando una anécdota de aquellos nuestros ya tan remotos años del nacimiento de nuestra tan leal amistad, sobre todo p6íque nos viene —como dice el dicho popular—como anillo al dedo con respecto a las palabras que termino de escribir en el último párrafo. Viendo, cada vez más y más, las inquietudes y el talento que tenía Rafael, además de lo emprendedor que era en todo y para todo, me planté en un momento dado ante él y no se me ocurrió decirle otra cosa sino que, si él hubiera nacido en tiempos del descubrimiento de América, el que hubiera conquistado el imperio azteca, el imperio inca e, incluso, el que hubiera descubierto el Amazonas hubiera sido él y solo él, porque ni Hernán Cortés ni Francisco Pizarro ni Fernando de Orellana hubieran tenido nada que hacer en sus respectivas hazañas.

Rafael Spínola Rodríguez

miércoles, 29 de enero de 2014

Un capítulo del folk-lore guadalcanalense 2


Piedras de rayo
 
García-Plata do Osma, Rafael (nació en Guadalcanal, Sevilla, 4-11-1870; murió en Cáceres, 13-XI-1918).


Pasó su infancia en Guadalcanal, pueblo agrícola, a la sazón de unos siete mil habitantes. El bachillerato lo cursó en Sevilla, con un expediente brillante. Se matriculó en la carrera de Farmacia. Por seguir la tradición familiar —su padre era farmacéutico en su pueblo natal—, Pero tras dos años, convenció a su familia para estudiar otra carrera mas afín con sus aptitudes trasladándose a la Universidad Central de Madrid, donde comenzó la carrera de leyes. De salud delicada, contrajo dos pulmonías casi seguidas en el último año de carrera que le hicieron perder el curso. Al año siguiente intentó terminar los estudios, pero nuevamente se le cruzó la enfermedad y tuvo que buscar aires más sanos para sus pulmones. Tomó unas largas vacaciones en la provincia de Cáceres, al pie de la sierra de Montánchez, en Alcuéscar, donde su madre poseía algunas tierras. Allí conoció a su prima Aurelia, con la que contrajo matrimonio, instalándose definitivamente y postergando sus estudios de leyes, que no llegó a finalizar. Prácticamente su vida se desarrolló en esta pequeña localidad --de la que escribió «Alcuéscar es uno de los pueblos que poseen grandes aptitudes para el cultivo de la poesía popular –, con pequeñas escapadas a la capital de la provincia, donde se relacionaba con los ambientes culturales y políticos de la época. Al final de su vida, por razones económicas, ya que su disminuido patrimonio era insuficiente para el desarrollo de la vida familiar, y porque sentía el agobio de vivir en una localidad demasiado pequeña —según declaraba en una carta a su entrañable amigo Mario Rosa de Luna*— se trasladó a Cáceres. La gripe de 1918, que contrajo en su nuevo domicilio, atacó sus resentidos pulmones falleciendo el 19 de noviembre de ese mismo año, a los 47 años, dejando a su mujer a hijos sin recursos.
Como escritor y periodista, envió crónicas del mundo que le rodeaba a distintos periódicos y revistas: El Heraldo de Madrid, El Globo, La Justicia, de la capital de España; Hojas Selectas, La Semana Cómica y Diario Universal, de Barcelona; la Revista de Morón y Bético Extremeña, de la que fue redactor-jefe hasta su muerte, y, sabre todo, a la prensa provincial de significado liberal: El Noticiero, El Partido Liberal, de Cáceres, y El Norte de Extremadura, de Plasencia. Mas tarde amplió sus colaboraciones a los periódicos de otras tendencias políticas: El Adarve, Diario de Cáceres, o El Bloque. A veces escribía artículos de actualidad política; otras, comentarios respecto a temas culturales. En ocasiones solía glosar en décimas los acontecimientos interesantes, aspecto en el que adquirió gran soltura.
Como folklorista, dedicó gran parte de su tiempo y fortuna a recoger las tradiciones orales. Ya en su pueblo natal, y de la mano de 7. J. A. Torre* (Micrófilo) se inició en los estudios folklóricos, y en Alcuéscar cristalizó esta afición. Para ello, iba siempre provisto de útiles de escribir, a fin de poder copiar cualquier cancioncilla o relato o cualquier otro aspecto que le llamara la atención. Algunas de las composiciones que recogió de labios de sus paisanos costaron más de año do repeticiones orales a fin de rellenar los huecos que la memoria del recitador dejaba.
Así, dio a conocer en la Revista de Extremadura “prestigiosa publicación editada en los primeros años de este siglo por un equipo de intelectuales cacereños y de la quo Rafael García-Plata de Osma era uno de los más apasionados colaboradores” una serie de artículos de contenido folklórico, que tuvieron una gran acogida entre los lectores: colecciones de oraciones populares, refranes, canciones infantiles, satíricas, narraciones, etc., recogidas tanto en Alcuéscar, como en los pueblos de alrededor, que reflejan el mundo rural del que estuvo rodeado durante la mayor parte de su vida. Todas estas composiciones fueron clasificadas por él mismo y publicadas de nuevo en varios volúmenes: Demosofía extremeña. La Musa Religiosa popular (1917), Demosofía extremeña. La Musa de las Cantares (1918), Coplero de lilas blancas (1918)... Inéditos quedaron algunos otros trabajos de los que destacamos Guijos y Rebollos, que fue rescatado de la imprenta barcelonesa a donde había sido enviado para publicarse. Fue colaborador de Ramón Menéndez Pidal* al que envió gran cantidad de romances recogidos en Extremadura.
Como etnógrafo, nos trasmitió muchas costumbres populares, en vigor en su época, así como las que de tiempos anteriores llegaron a su conocimiento: la fiesta del Rosario en Alcuéscar, las de las Tablas en el vecino pueblo de Albalá, las tradiciones vigentes en los duelos, con la figura de la “rezadoras” dirigiendo y adaptándose a los asistentes, el comportamiento do los pastores en la majada el día de Nochebuena, los juegos infantiles, quedaron fijados para sus lectores.
Fue nombrado académico de la Real Academia de la Lengua. También lo fue de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras. Como historiador, siempre tuvo buen cuidado en comunicar y describir los hallazgos que se producían a su alrededor, desde Las “piedras de rayo” de Guadalcanal, a la denuncia urgente de los descubrimientos de restos históricos en los alrededores do Alcuéscar. Gracias a ello, el Museo de Cáceres dispone de piezas encontradas en yacimientos situados en las cercanías de Alcuéscar. Estuvo muy relacionado con la Comisión de Monumentos de Cáceres, y publicó algunas teorías sobre el origen de Alcuéscar y sobre los Sorores, ciudades romanas desaparecidas. Por todos estos méritos, la Diputaci6n le encargó la elaboración de vasta historia de la Provincia de Cáceres, quo no puedo realizar al ser sorprendido par la muerte.
Finalmente, indicamos la gran actividad política que tuvo Rafael García-Plata de Osma. Desde su juventud intentó conseguir, sin éxito, un acta de diputado por su tierra natal. Ya en Extremadura y dentro del partido liberal, en el que siempre militó, tuvo influencia como político en su pueblo. Fue amigo de la poderosa familia de los Chaves, propietarios del periódico El Noticiero que se publicaba en la capital de la provincia. Numerosos artículos de contenido político, de polémicas a nivel provincial, o de críticas a nivel local, ocuparon sus páginas firmadas par García-Plata de Osma. Ejerció, de un modo altruista, el cargo de juez de Alcuéscar. Por otra parte, fue uno de los representantes del tímido regionalismo que durante unos breves años de comienzos de este siglo XX reunió a un grupo de intelectuales extremeños.

Obras del Autor.-Desde de Alcuéscar. La fiesta del Rosario, El Parido Liberal (25-X-1897); «Notas alcuesqueñas, ibid. (XIXI-1897); -Diciembre popular-, ibid (21-X-I898); Geografía popular de Extremadura. RE (IX- 1899); «Otoño popular. RE (XI-1899); «Invierno popular-, RE (111-1.900); -Notas Alcuesqueñas, Al Norte de Extremadura (IV/VI-1900): Primavera popular», RE (VI-1900); Verano popular.-. RE (VII-1900); -La mi nochegüeña», RE (XII-1901); «Rimas infantiles, I. II. III Y IV, RE (III Y VIII 1902; y XI-1903); Devocionario oral de Alcuéscar RE (III-1904) EL librillo de la Jambre, Juan de Mera. El zapatero perdío , RE (IV-1904); Las Tablas (Nochebuena en Albalá), RE (XII-1904); Las Sanchicos de Alcuéscar, RE (1905, 1907); .El lino en la Extremadura Alta», El Noticiero (VIII-1907): El romance de Gerineldo y su actualidad en el teatro», ibid_ (XI/XIII-1908) El poeta Popular , RE (II/III 1909); Demosofía Extremeña. La Musa religiosa popular (Cáceres: Imp. La Minerva, 1918); Copiero de lilas blancas (Cáceres el Noticiero, 1918):.Y si no el tabarrá., El Noticiero (1-III-1918); Pro regionalismo extremeño, Revista de Marón (IV y ss -1918): «Las orejas de la boda ibid (X-1918); Las güebos malditos., Ibid. (XII-1918).

Bibliografía.-

Argentum. Extremeños Universales., Región Extremeña (II.1980), 36-38. J. Mª Cancho Sánchez, Rafael García-Plata de Osma (Badajoz: Diput. Provincial. 1997); Grandes extremeños: Rafael García-Plata de Osma: Todo por el pueblo. Frontera (X-1990), 60-63. Ruta de la Plata 10 años de poesía en Extremadura. Rafael García-Plata ele Osma. Su obra (Madrid, 1986).
JMCS
Diccionario Histórico de la Antropología Española

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un capítulo del folk-lore guadalcanalense 1

Juan Antonio de Torre Salvador “Micrófilo”

A primeros de este año de 2010 tuve la suerte de encontrar – realmente me ofrecieron – el cuaderno manuscrito que en este artículo presento.
El cuaderno tiene 452 páginas, de ellas escritas – manuscritas – las primeras 439 (con las excepciones de las páginas 2ª, 3ª y 4ª que están en blanco). Fueron escritas entre el 24 de septiembre de 1884 y el 12 de diciembre de 1894.
Su autor es Juan Antonio de Torre Salvador (n. Guadalcanal, 15 de diciembre de 1857 – † Guadalcanal, 7 de febrero de 1903), conocido también por “Micrófilo”, pues con este nombre firmó buena parte de su obra investigadora y literaria. El contenido del cuaderno consiste en una recopilación de la obra poética por él creada ente las fechas indicadas en el párrafo anterior, y en algunas poesías publicadas dos o tres años antes en revistas de contenido literario o de divulgación antropológica. En cuanto a la indudable autoría de J. A. de Torre Salvador hay que hacer las siguientes salvedades: las páginas cinco a quince contienen poesías – traducidas al castellano y también manuscritas por Micrófilo – de A. de Lamartine (El poeta moribundo), de T. Gautier (La Nube), de Meranger (El viejo vagabundo), de Musset (Adios) y de Horacio (A Leuconoe), y la página 429 que contiene un poema de su amigo Manuel Cano y Cueto, dedicado a Micrófilo, al que contesta Micrófilo en el poema manuscrito a continuación.
Sabemos que este cuaderno manuscrito, de contenido – en su mayoría – desconocido hasta la fecha, o al menos olvidado por el paso de los años, tiene un importancia relevante en el contexto de la literatura española, y especialmente de la andaluza, por lo que a partir de esta fecha y en esta revista electrónica iremos publicando y divulgando su contenido, tanto con las oportunas transcripciones como publicando digitalizadas sus páginas. Todo ello sin perjuicio de ser receptivos a cualquier sugerencia de trabajo, estudio o crítica literaria, que sobre dicho cuaderno se pudiera plantear.
Hoy iniciamos este trabajo con la reproducción de la portada del estuche en el que se conserva y protege el cuaderno , la portada del mismo, y la reproducción de las páginas numeradas 1, 5 a 15 (realmente incluyendo el principio de la 16), y las 429 a 433; por cierto son de 30,20 x 20,40 centímetros todas las hojas o páginas. Dado el tamaño de la letra de los manuscritos, excesivamente pequeña, hemos escaneado cada página dividiéndola en dos, facilitando así su lectura.
En breve incluiré la transcripción de estas páginas manuscritas; podría haber esperado a publicar las páginas ya digitalizadas, con sus transcripciones, al momento en que tuviera este trabajo realizado, pero en el Ayuntamiento de Guadalcanal, al que recientemente informé del hallazgo del cuaderno, me solicitaron un artículo o reseña sobre el cuaderno para publicarlo en el número de una revista que editan a finales de julio, creo que con motivo de fiestas patronales, con la que dar también ellos a conocer la existencia de los poemas manuscritos de su conciudadano Juan Antonio de Torre Salvador, “Micrófilo”, y me satisface el poder aportarles este sencillo escrito y las páginas digitalizadas que en él se reproducen. Tienen mi total conformidad para publicar lo que estimen adecuado. Esperemos que entre todos se recupere la imagen y la obra del ilustre poeta, periodista, antropólogo, etnógrafo y folklorista guadalcanalense.
Tal vez se pregunten el motivo por el que me ofrecieron este manuscrito, a mi y en Madrid; les diré que cuento entre mis amigos con profesionales en la búsqueda y localización de “libros antiguos” o “libros de viejo”, que conociendo mi interés por aquellos que de alguna forma se refieran a mis antepasados, pertenecientes a la que llamo, como veis por el título de esta revista, “Machado. Revista de estudios sobre una saga familiar”, no dudaron en ofrecerme los manuscritos del que fue amigo y colaborador de mi bisabuelo Antonio Machado y Álvarez. Siempre les estaré agradecido.
La realidad es que de Juan Antonio de Torre Salvador apenas se conocía, a la presente fecha, su obra; algunas referencias sobre su libro “Un capítulo del folklore guadalcanalense” (Sevilla 1891), libro difícil de encontrar, y básicamente sus trabajos y poesías publicadas en revistas científicas y literarias de su época, entre las que se encuentran ”El folkolre Andaluz”, “La Biblioteca de las Tradiciones Españolas”, ambas dirigidas por Antonio Machado y Álvarez, que firmaba con frecuencia como “Demófilo”, y “El Folklore Frexnense y Bético-Extremeño”. Por cierto entre las poesías que se encuentran en el cuaderno tenemos una dedicada a “Bravo Murillo”, que, conocida, publicó en su momento en la revista “La América” del 28 de octubre de 1883 con ocasión de homenaje que se tributó a Bravo Murillo en su pueblo natal. (Bravo Murillo nació en 1803 en Fregenal de la Sierra, siendo por lo tanto frexnense).
Espero completar este artículo en breve y continuar publicando los poemas de este poeta gadalcanalense.
Mientras y como homenaje a Juan Antonio de Torre Salvador reproduzco los datos biográficos que sobre él escribió a principios del siglo xx D. Juan Collantes de Terán y más recientemente D. José Mª Álvarez, este último en la Revista de Guadalcanal del año 1990, que cito y transcribo de artículo publicado el jueves 6 de agosto de 2009 por la Asociación Cultural Benalixa – Guadalcanal.
 
Juan Collantes de Terán “… La expresada descripción del pueblo corresponde, en líneas generales, a la villa en donde doce años más tarde nace Juan Antonio de Torre Salvador, el día 15 de diciembre de 1857, hijo de Lucas de Torre y de Salomé Salvador. Era su padre natural y vecino de Llerena; ascendencia soriana y palentina llevaba en su sangre, lo mismo que su madre que llega al pueblo acompañando a sus hermanos sacerdotes, quienes ejercerán su ministerio sagrado junto con la administración de diversas fincas. Fruto de ese matrimonio nacerán los siguientes hijos: José, que se casará con la cazallera Dolores Pérez, Miguel que lo hará con Carmen Caballero, Juan Antonio -a quien dedicamos estas líneas- y Norberto casado con Ana Franco-Romero Castelló, la cual a la muerte de su marido se desposa con su cuñado Juan Antonio; sin embargo, estos serían sus primeros esponsales ya que, estando viudo muy poco tiempo antes de morir, casó nuevamente con la malagueña Aurora Fuster Gallardo, de veinticuatro años, que vivía por entonces en Guadalcanal. Del primero de sus matrimonios tuvo una única hija, Ana María de Torre Franco-Romero, que murió el mismo año de su padre, a los diez y ocho años, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar. Ignoro en estos momentos por qué motivos familiares Juan Antonio de Torre estudió primera y segunda enseñanza en el Colegio de las Escue las Pías, de Getafe, incorporado al Instituto San Isidro de Madrid primero, y en el Colegio de Villacarrie do que dependía del Instituto de Santander después. De la misma forma que ignoro las razones que le llevaron a realizar los exámenes del grado de bachiller en Artes, el año 1865, en el Instituto de Valladolid. Al matricularse en la Universidad de Sevilla para comenzar sus estudios de Derecho vivía en el número ocho de la calle Placentines de aquella ciudad; y cuando en 1869 se vuelve a matricular en las asignaturas que le quedaban pendientes en la misma Facultad, vive entonces en la calle San Eloy, por lo que llego a sospechar que se trata de las diversas pensiones donde se alojaba cuando iba a Sevilla a inscribirse o matricular se en la Universidad. Durante el curso académico de 1877-1878 aparece como alumno de Derecho en la Universidad Central de Madrid; para volver de nuevo a Sevilla donde de be concluir sus estudios, aunque no me consta que terminara definitiva mente la carrera de Derecho, ya que en 1880, viviendo en la calle Arguijo, frente a la Universidad, no se presentó al examen de ninguna de las tres asignaturas en que estaba matriculado todavía. Después ya no se tienen más noticias. Muy joven comienza a colaborar en importantes revistas científicas y literarias españolas, especializándose enseguida en estudios sobre antropología, etnografía y folklore, manteniendo estrecha amistad con Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel; y así como éste utilizó con frecuencia el seudónimo de “Demófilo”, muchos trabajos de Juan Antonio de Torre están firmados con el de “Micrófilo”. Formó parte de la Sociedad de Bibliófilos Andaluces, que presidía en Sevilla el Duque de T’Serclaes, su hermano el Marqués de Jerez de los Caballeros, Rodríguez Marín, Collantes de Terán, Montoto, Guichot, Asencio y otros eruditos sevillanos, que se preocuparon por editar bellísimamente libros incunables y raros sobre temas andaluces. Juan Antonio de Torre Salvador asistió con frecuencia a las más importantes tertulias sevillanas de la época, caracterizándose por su espíritu mordaz y cáustico. Su libro más importante se titula “Un capítulo del folk-lore guadalcanalense”, publicado en Sevilla, en la imprenta de Francisco Leal y compañía, en 1891, muy difícil de encontrar hoy día. Era Torre, además, desde muy joven redactor y colaborador de “La Enciclopedia”, una revista científica y literaria, “El Alabardero”, “El Posibilista”, un diario democrático de intereses materiales, ciencias y noticias, según se expresaba en un subtítulo, “Folk-lore Andaluz”, entre otros; escribió en varias ocasiones en el “Boletín Folk-lórico Español”, en el periódico satírico “Perecito”, en “El Aviso”, “Miscelánea” y otros. Asimismo fue director de “El Pacto”, un periódico republicano federal que se publicaba en Sevilla entre 1886 y 1887; también fue el último director de “El Cronista”, diario político mercantil, así como del seminario festivo titulado “Sevilla en Broma”, que comenzó a publicarse en abril de 1883 y sólo alcanzó diez y seis números. Colaboró igualmente en periódicos y revistas extremeños. Enfermo de una grave lesión pulmonar residió los últimos años de su vida en el pueblo que le vio nacer. Aquí murió y la fría redacción del acta de defunción no puede ser más escueta y trágica; dice así: “En Guadalcanal, a las once del día ocho de febrero de 1903. Juan Antonio, edad cuarenta y cinco años, ocupación propietario, domicilio en calle Guaditoca número 6, y murió a las diez y seis del día 7 de febrero en su domicilio, a consecuencia de un ataque de disnea // Estaba casado en el acto del fallecimiento con doña Aurora Fuster Gallardo y que lo estuvo en primeras nupcias con doña Ana Franco-Romero y Castelló, de cuyo matrimonio deja una hija menor de edad, llamada María de Torre Franco-Romero.// Que no otorgó testamento y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el Cementerio Civil de esta población”. (Fol. 377, núm. 11). Así ocurrió. Hace algunos años Pedro Porras y yo, con la ayuda de Rafael, el sepulturero, pudimos reconstruir trozo a trozo la lápida de mármol que inútilmente, debido a la acción del tiempo, cerraba de mala forma su sepultura. Entonces pudimos averiguar, según se expresa en la piedra, que fue costeada como “tributo de amistad de D. Sebastián Gómez Ferreira”. Era entonces también lo que quedaba del recuerdo de un importante personaje de Guadalcanal; y como ocurre con frecuencia, la trágica frecuencia de siempre, en este caso la tierra no le fue leve en su tierra. Vaya en esta ocasión un sincero recuerdo a su memoria.
José Mª Álvarez escribió sobre él en la Revista de Guadalcanal del año 1990:“… Ni si quiera descendencia de la familia Torre queda hoy en Guadalcanal, ya que según parece los últimos miembros emigraron a Argentina antes de la última Guerra Incivil. Precisamente pocos años antes de la contienda, en la que fue casa de los Torre, situada en la calle Guaditoca, se produjo el triste espectáculo que parafraseando a Cervantes se podía titular: “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el médico hicieron en la librería de nuestro impío escritor”. La llama de la intolerancia redujo a cenizas los libros de la biblioteca de Micrófilo que se consideraron nocivos para el orden público y las buenas costumbres, entre ellos un ejemplar en pergamino de la Constitución de 1812, la popular “Pepa” .En el nuevo barrio levantado en Guadalcanal, a espaldas de los Grupos Escolares, se recordó a uno de los escritores guadalcanalenses consortes, el poeta de Guareña, Luis Chamizo, dándole su nombre a una calle . ¿Por qué no recordar a Micrófilo?. Tras haber sugerido sin éxito agradecer al farmacéutico catalán Joaquím Isern sus afanes en documentar en el Archivo de Indias el descubrimiento de la isla de Guadalcanal, lanzo la peregrina idea de rescatar a Micrófilo del olvido y desconocimiento de los actuales guadalcanalenses. Con la seguridad de que no se me va a hacer caso, hasta me atrevo a redactar el texto de una hipotética placa que bien podría estar situada en la fachada de la Biblioteca, cobijada bajo los frondosos árboles de “El Palacio”, y que podría decir más o menos:
En memoria de JUAN ANTONIO TORRE Y SALVADOR “MICROFILO” (Guadalcanal 1859- Guadalcanal 1903).Periodista, poeta y folklorista Autor de “Un capítulo del folk-lore guadalcanalense”editado en Sevilla en 1891. Su pueblo agradecido.Guadalcanal ….19…”
Según Cascales y Muñoz, Juan Antonio de Torre Salvador, como poeta “ha escrito muchas y buenas poesías, aunque no se sabe que admirar más, si la galanura y corrección de la frase o la profundidad y novedad de los pensamientos”. Fue su poesía clara con influencia popular y versos muy vinculados a personajes y hechos de la política sevillana.
Manuel Álvarez Machado
Machado.- Revista de estudio sobre una saga familiar


miércoles, 16 de octubre de 2013

Pozoberrueco, Guadalcanal Rural

Un retiro natural
Guadalcanal cuenta  con un hotel con encanto para los amantes del senderismo y la tranquilidad, que pueden disfrutar de una antigua casona rehabilitada.
Dentro del turismo de naturaleza de la provincia de Sevilla, puede comprobarse otra opción: Pozoberrueco Guadalcanal Rural. Es una casona rehabilitada con seis dormitorios y capacidad para 12 personas que ofrece esa calma y esa desconexión tan añorados por la gente de ciudad.
La rehabilitación comenzó en 2005 y, desde el primer momento, se intentó respetar el material y el espíritu de la casa, es decir, ladrillos y lozas que fueron desmontadas y lavadas en ácido, vigas de madera desmontadas y saneadas, utensilios que actualmente decoran la casa...
Al frente de este proyecto turístico, se encuentra Juan Núñez Castaín y su mujer, Beatriz Franco. Pero fue la cuñada de Núñez, María Dolores Porras, fallecida recientemente, la ideóloga de la empresa. "Mi situación de recién jubilado me permitió engancharme a mi casa de Guadalcanal y a las distintas facetas que implicaban su mantenimiento y mejora (jardinero, hortelano, restaurador de muebles, pequeñas tareas de albañilería...), facetas que nunca antes había desarrollado y que, además de ser gratificantes al observar sus resultados, implican reorganizar tu vida mientras las desarrollas y conectarte directamente a las tareas desarrolladas", comenta Núñez.
En ese trabajo, el matrimonio contó con la ayuda de dos amigos, Fernando y Elena. Porque la amistad lleva a la convivencia, la cual solicita siempre un marco sosegado de interacción. Y eso, precisamente, define perfectamente a Pozoberrueco Guadalcanal Rural, una hospedería que cuenta con seis dormitorios (tres con camas de matrimonio y otros tres con dos camas); cuatro cuartos de baño; salón comedor con chimenea; otro salón en la primera planta; un mirador con azotea; un cuarto de tinajas; cocina dotada de lavadora, fregaplatos, frigorífico y microondas, etcétera.
Además, Pozoberrueco ofrece una casita aparte con chimenea y horno de ladrillos, una huerta jardin con piscina y barbacoa, dos patios exteriores y uno interior, y calefacción centralizada (gasoil) en toda la casa.


En cuanto a su ubicación, el hecho de que Guadalcanal sea uno de los municipios más lejanos de la capital puede convertirse en una fortaleza, más que en una debilidad, a juicio de Juan Núñez. "El turista que desea buscar paz y tranquilidad, así como respirar el sosiego de un pueblo sin ruidos, con un cielo limpio espectacular, mientras más se aparte de la ciudad, más posibilidades tiene de encontrarlo en Guadalcanal, que en cualquier otro pueblo cercano a Sevilla", dijo.
La localidad guadalcanalense tiene numerosos atractivos, como la caza de zorzales, perdices rojas y liebres, el ciclocross (el día 10 de marzo), el turismo ornitológico o aviturismo y, por supuesto, la gastronomía de la zona, donde destaca el aceite de la Cooperativa San Sebastián de Guadalcanal, que acumula diversos galardones, entre los que destaca el Primer Premio de la Diputación de Sevilla al mejor aceite virgen extra 2009-2010.
Otro factor importante es el precio, "más hoy en día, ya que es mucho más económico el turismo rural que el de la playa y el sol", apunta el propietario, que añade que, asimismo, implica "mayor convivencia de nuestro visitante", tanto si viene acompañado por su familia, como si lo hace con los amigos.
Pozoberrueco ofrece un turismo de calidad, aprendiendo de sus clientes al aceptar sus sugerencias. "Queremos que nuestros clientes sean muy exigentes con nosotros, porque nosotros también lo vamos a ser con ellos. Queremos seguir mimando nuestra casa y procurar que nuestro cliente así lo aprecie y la cuide también. El boca-oreja es una buena vía de comunicación. No hemos puesto aún nuestra casa en ningún portal de turismo rural, porque queremos saber un poco de nuestro posible cliente antes de su llegada", señala Núñez.

www.diariodesevilla.es


sábado, 8 de junio de 2013

Trazos, letras y acordes


Agustín Capitán Álvarez, Poeta


Guadalcanal

 I 
Allí nací, allí soñé ventura,
Allí la sugestión del universo
Me hizo sentir el amónico del verso
Que eleva el alma a la celeste altura.

Allí soñé el halago y la dulzura
Como  niño pacífico o travieso,
Y allí me adormecí al embeleso
De una madre feliz, que era ternura.

Sus sierras me elevaron hasta el cielo,
Sus arroyos me dieron el consuelo
De su voz, que el pesar amargo quita.
Y su aire aromado y rumoroso,
Vigorizó mi cuerpo en el reposo
De una paz bienhechora e infinita

II
Tu ensoñador paisaje, sosegado,
Lleno de luz, aroma y alegría,
En ambiente y de poesía
 Envuelve al que de lejos te ha mirado.
Mi corazón que en ti siempre ha soñado,
Hoy llega a ti como  en lejano día
A sentir en silencio la armonía
Y rumor de tus auras en el prado.
Conozco tus paisajes  y senderos,
Tus fuentes, y el balar de tus corderos,
Por tus sierras, colinas y praderas.

¡Como te he, de olvidar, si en ti la vida
Me llenó de ilusión, ya fenecida
Con el vuelo de tantas primaveras! 

Mi gran interés por la búsqueda de libros antiguos me llevó hace unos años en una de mis visitas a Madrid a una vieja librería de la Cuesta Moyano, como Guadalcanalense bucee entre los libros editados referentes a nuestra villa, en la ficha de autores encontré la referencia a Agustín Capitán Álvarez, reconozco mi ignorancia, no conocía este autor, tampoco su nacimiento a finales del siglo XIX en Guadalcanal.
Lamentablemente solo pude comprar el libro de Poemas "A  Orillas del Guadalquivir” por setecientas de las añoradas pesetas.
Mi gran frustración fue que el librero puso en mis manos el único ejemplar que le quedaba de “Rayos de Luz”, le pedí precio pero aquel viejo librero de bata gris y gruesas gafas me dijo que no estaba a la venta. 



He recopilado algunos datos de la biografía de nuestro ilustre paisano.-
Nace en Guadalcanal el 15 de diciembre de 1896, día de San Maximino y Venancio, pasó su infancia en la calle Jurado, hijo de José María y Concepción, fue conocido como el Poeta Mariano por su devociones marianas y religiosas.
Posteriormente se trasladó a Sevilla y después del instituto ingresó en el seminario, no llegó a cantar misa, ingresó como sacristán en la Iglesia del Convento de Santa María, en la calle Águilas de Sevilla, se dedicó a la enseñanza en el Colegio de San Diego, en la calle Pino Montano de la barriada del mismo nombre.
Finalmente sacó las oposiciones en del antiguo Instituto Nacional de Previsión donde trabajó hasta su jubilación, falleció en Sevilla el día 28 de Febrero de 1978, día de la Comunidad Andaluza.
Publicó varios libros, entre ellos, el libro de poesía Rayos de Luz en su primera edición en 1929, prologado por Eduardo Paradas Agüera, presbítero de la Real Academia de Bellas Artes de Sevilla, el poemario A Orillas del Guadalquivir, publicado en 1972 y prologado por canónigo Federico Mª  Pérez-Estudillo Sánchez y el libro póstumo Sevilla, Jerusalén de Occidente, publicado en 1981.
En la biblioteca de nuestro pueblo hay una colección de libros donados por el poeta.
Rafael Spínola R.