By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



miércoles, 13 de julio de 2011

GUADALCANAL, 4 DE JUNIO DE 1675/2

MOTÍN, TUMULTO, ASONADA Y SEDICIÓN EN LA ELECCIÓN DE ALCALDES DE GUADALCANAL EN 1675

Segunda parte

Nada más entrar la comitiva en las casas consistoriales, el alguacil mayor de Guadalcanal, a cuyos oídos habían llegado ciertos rumores de los que, por osados, no daba crédito, tomó la precaución de mandar a los porteros cerrar las puertas de la casa de cabildo por dentro, momento en el que paulatinamente se fueron dejando caer por la Plaza Pública determinados vecinos, afluyendo a la misma por las diferentes calles que a ella conducían. Y llegaban como despistado y por casualidad, aunque algo ajetreados a juzgar por su nervioso deambular sin aparente sentido. Después, poco a poco y a medida que aquella situación iba tomando cuerpo de multitud, los concurrentes empezaron a dar muestras de fortaleza, formando pequeños grupos, bromeando y riendo para contagiarse e infundirse mutuamente valor, hacerse notar en la Plaza y también en el interior de las casas del cabido, dado el tono de voz cada vez más vigoroso que usaban en sus improvisadas y recurrentes conversaciones.
Serían como las cinco de la tarde cuando, desde uno de los balcones de los corredores altos de las casas consistoriales, el alguacil mayor señaló y llamó a uno de los niños que, entre el gentío, jugueteaban por la Plaza Pública, para que, como era preceptivo, entrase a escoger las “pelotillas” con los nombre del los dos nuevos alcaldes ordinarios. Aprovechando ese momento, alguien, de forma disimulada y arropado por los de su corrillo para permanecer en el anonimato, vociferó ¡Raquelo alcalde, el pueblo quiere a Raguelo como alcalde plebeyo ¡ Otros, ya envalentonados y sin disimulo, le siguieron con la misma proclama, formándose un tumulto y alboroto que incluso contagió a los que simplemente acudieron por curiosidad.
Dentro, en el cabildo hicieron oídos sordos a tal osadía, dando por hecho que la situación no llegaría a más y que nadie se aventuraría a ir en contra de Su Majestad, allí representado por el alcalde mayor de Hornachos. Sin embargo, cuando poco después el escribano del cabildo se asomó a los corredores altos y balcones para anunciar que Pedro Ximénez Carranco sería el nuevo alcalde plebeyo, las voces se convirtieron en insultos contra el elegido y sus electores “contradiciendoles con grandes ruidos, que obligaron a que el dicho Juez de Su Majestad y los alcaldes ordinarios y capitulares saliesen a los mismos corredores altos a quietar y reprehender el tumulto, con ruegos y amenazas de que los habrían de castigar”, amenazas que en absoluto sirvieron para apaciguar a los amotinados, todo lo contrario, pues ahora, aparte los gritos e improperio, se desenvainaron algunas espadas, salieron a relucir dagas y puñales y se enarbolaron palos amenazantes.
En efecto, la situación llegó a tal extremo, que el alcalde mayor de Hornachos “viendo la inobediencia y desacato, mando hacerles notorio a todos los tumultuados que no les impidiese la ejecución de los despachos de Su Majestad y señores de su Real Consejo de las Órdenes”. Es más, hizo publicar un bando para que “todas las personas que asistían en dicha Plaza se retirasen y saliesen de ella, bajo pena de la vida y de traidores al Rey, Nuestro Señor”, bando al que, sin temor del castigo, hicieron caso omiso, insistiendo en que Raguelo debía ser el nuevo alcalde plebeyo.
Y así, entre voces y amenazas por parte de los amotinados y los de su cuerda y facción, transcurrió el resto de la tarde hasta que, ya casi a obscurecida, observando el alcalde mayor, los capitulares y los electores (prácticamente presos y asediados dentro de las casas de cabildo) que no remitía la violencia verbal y las amenazas, “para evitar y quietar el arrojo desenfrenado de aquel tumulto… trataron de nombrar otro alcalde, siendo ya de noche obscura, y ejecutándolo salió electo en segundo lugar Juan Ximénez Parra, persona muy apropósito para el gobierno de la República y su conservación” nombramiento que, en un primer momento, parecía del gusto de los amotinados.
No obstante, especialmente por parte del sector de los clérigos locales, momentos después se reavivó e incrementó el motín, rechazando la segunda propuesta de alcalde e insistiendo en que únicamente querían por alcalde a Raguelo, es decir a Cristóbal Ximénez Lucas, que éste era su nombre “amenazando de viva voz a dicho Juez y capitulares que si no lo nombraban no habían de salir vivos del cabildo, sino muertos y picados, empezando por el alcalde mayor de Hornachos…” Al parecer, fue el clérigo Silvestre Manuel Cabezas quien, con una espada en la mano capitaneó el rechazo del nuevo alcalde, “reprendiendo a los amotinados el que aceptasen a Ximénez Parra, diciéndoles hombres del diablo… pedid a Raguelo… acabemos de una vez con estos perros judíos…”
Como medida de fuerza, demostrando que iban en serio e incrementando la presión sobre las personas sitiadas en las casas del cabildo, no permitieron que sus criados y familiares entrasen para llevarles la cena, haciendo una excepción con dos de ellos, “diciendo con gritería que sólo para don Luis Ignacio y don Alonso Damián entrarían gallinas y capones, y para los demás cuernos y quijadas de borricos, pasando a otras palabras feas…”
Y en esta situación de acoso y asedio transcurrió el resto de la noche y toda la madrugada del día siguiente, sin que aminorara el concurso de gente en la plaza, unos presionando y otros como meros espectadores. Serían sobre las once de la mañana del día siguiente, cuando los tres curas párrocos, que al parecer no intervinieron directamente en el tumulto, junto a los religiosos del convento de San Francisco y otros vecinos importantes de la villa, tras negociar con sitiados y sitiadores, y “por evitar otros inconvenientes que podrían sobrevenir”, fuera de las casas del cabildo convinieron “darle en el pósito la vara de alcalde ordinario al dicho Cristóbal Ximénez Lucas, alias Raguelo”, calmándose momentáneamente los ánimos, aunque no sin increpar previamente a los religiosos de San Francisco, a quienes “mandaron que se metiesen en su asuntos y se marcharan al convento”.
Con el nombramiento de Raguelo como alcalde plebeyo parecía que las aguas volverían a su curso, dando fin al motín, tumulto y asonada descrita. Pero no fue así, pues ciertos clérigos de los amotinados pidieron leer las actas que los escribanos levantaron dando fe de lo ocurrido y, como no les convenía los términos en que había sido redactada, vociferando y a empujones metieron dentro de las casa capitulares al alcalde mayor y al resto de capitulares y sus escribanos para que redactaran el acta a su antojo, es decir, “ habían de referir en las actas haber sido Raguelo nombrado alcalde a voz de República y pedimento de todo el pueblo”, presión a la que se plegaron los capitulares, saliendo al paso de esta situación tan comprometida, pues temían por sus vidas.
Los hechos relatados corresponden a la versión de uno de los fiscales, concretamente la del juzgado eclesiástico. Suponemos que el alcalde mayor de Hornachos y su séquito, que abandonarían precipitadamente el pueblo, encaminándose a Llerena, contaría su propia versión ante la audiencia del gobernador, versión de la que no tenemos noticias, pues por desgracia no se conserva nada del archivo histórico de la gobernación y audiencia de Llerena.
En efecto, como ya anunciamos al principio, entre los amotinados existían seglares y religiosos, sometidos, por lo tanto, a dos fueros distintos: los seglares a la justicia ordinaria y los religiosos a la eclesiástica. En ambos casos los jueces naturales residían en Llerena, representados respectivamente por el gobernador del partido y por el provisor y juez eclesiástico del provisorato, de tal manera que, aunque se trataba de juzgar un mismo hecho, cada uno de los jueces implicados emitió su sentencia de manera independiente, como igualmente la causa se instruyó por separado.
Como ya se ha dicho, no hemos podido localizar un solo documento sobre el juicio ordinario contra los seglares amotinados y sediciosos celebrado en la audiencia del gobernador de Llerena. Sin embargo, disponemos de noticias pormenorizadas del proceso seguido en la audiencia del provisor de Llerena, gracias a la abundante documentación que hoy se custodia en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla, en donde, por circunstancia desconocida, se localiza tal documentación, cuando su sitio natural debería haber sido el Archivo del Obispado de Badajoz, concretamente formando parte de la Sección Provisorato de Llerena.
La citada documentación pone de manifiesto que fueron precisamente los clérigos locales los más exaltados de entre los amotinados, llevando la voz cantante, el protagonismo y la reactivación de lo ocurrido entre los días 4 y 5 de Junio de 1675. En total, 16 de ellos fueron juzgados y condenados a distintas penas, concretamente los presbíteros o sacerdotes Cristóbal Yanes de Molina (parece que fue el inspirador de la rebelión y sedición), Juan González Albarranca y Luna, Alonso Carrasco, Cristóbal Martín de Alba, Alonso Ximénez Chavero, Alonso Ximénez Lucas (hermano de Raguelo, al que proponían como alcalde), Andrés de Ortega, Gerónimo Quintero y Pedro Cortés Camacho, a los que acompañaron también otros clérigos de órdenes mayores que aún no habían cantado misa (diáconos y subdiáconos) y que respondían a los nombres de Francisco de Gálvez, Silvestre Manuel Cabezas, Cristóbal de Alvarado, Pedro González de la Espada, Diego Díaz de Ortega, Carlos Manuel Centurión y Alonso Murillo, más Juan del Castillo, éste último clérigo de órdenes menores. No intervinieron, o al menos no fueron implicados, ninguno de los tres párrocos, ni el resto de los clérigos locales que, por aquellas fechas, créanlo, superarían el medio centenar en la villa, sin incluir a los religiosos de San Francisco ni al centenar de religiosas enclaustradas en los conventos de la localidad.
Pues bien, una vez que la justicia ordinaria puso en conocimiento del provisor de Llerena el amotinamiento y la sedición relatada, dicho provisor mandó un oficial de justicia de su curia para instruir los correspondientes expedientes, resultando implicados los clérigos relacionados. Para ello, a lo largo del mes de Julio tomó declaración a distintas personas, especialmente a los capitulares y electores asediados en las casas del cabildo, acusándoles de sediciosos por interferir en la voluntad real de elegir alcaldes según estaba establecido. En Agosto de 1675 ya estaban los clérigos relacionados encarcelados en la cárcel prioral de Llerena, iniciando sus abogados defensores los trámites para su excarcelación a mediados de Septiembre. Según los expedientes consultados, todos manifestaron conocer los hechos relatados, pero ninguno se declaró culpable, negando su presencia en la Plaza durante los días referidos o, a lo sumo, aceptando que pasaron de prisa por allí, unos paseando y otros para entrar a celebrar cuestiones relacionadas con el culto en las parroquias de Santa María o de San Sebastián. Ya en Octubre, el provisor de Llerena emitió las correspondientes sentencias, condenando a todos y cada uno de los clérigos citados a una multa pecuniaria de entre 1.500 y 2.000 maravedíes (más otros 3.500 de gastos de cárcel y justicia) y al destierro de la villa entre tres y diez meses, según los casos.
Transcurrido el destierro, volvieron a Guadalcanal para seguir el ejercicio de su profesión, es decir, para vivir de las rentas. En efecto, por lo general el clero de Guadalcanal, que a mi entender fue el promotor de los hechos considerados, aparte de numeroso representaba un estamento muy complicado, involucrándose en situaciones ilegales y dando con frecuencia malos ejemplos al vecindario. Entre ellos se llevaban más que mal, disputándose prebendas, capellanías, derechos de pie de altar, etc., disputas que merecen un estudio pormenorizado de este estamento.

Bibliografía:
Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Sección Justicia: - Serie Criminal, leg. 3.696. - Serie Autos Ejecutados, leg. 195 .

 REVISTA DE FERIA, 2010
Manuel Maldonado Férnandez

sábado, 9 de julio de 2011

Declaración Universal de los Derechos Humanos

Libertad sin ira


Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión, sin tijeras ideológicas, políticas, de seso o religión.


Dicen los viejos que en este país
hubo una guerra,
que hay dos Españas que guardan aún
el rencor de viejas deudas;
dicen los viejos que este país necesita
palo largo y mano dura
para evitar lo peor.
Pero yo sólo he visto gente
que sufre y calla, dolor y miedo,
gente que sólo desea
su pan, su hembra y la fiesta en paz.
Libertad, libertad
sin ira libertad,
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad,
sin ira libertad,
y si no la hay sin duda la habrá.
Dicen los viejos que hacemos
lo que nos da la gana;
y no es posible que así pueda haber
gobierno que gobierne nada;
dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta,
que todos aquí llevamos
la violencia a flor de piel.
Pero yo sólo he visto gente
muy obediente, hasta en la cama
gente que tan sólo pide
vivir su vida, sin más mentiras y en paz...
Libertad, libertad
sin ira libertad,
guárdate tu miedo y tu ira
porque hay libertad,
sin ira libertad,
y si no la hay sin duda la habrá.
                                                    JARCHA 1976

A mi amigo Juanjo Reverte Rubio, que ha sido censurado por ejercer su derecho a la liebrtad de expresión en un Diario local controlado por una Diputación Provincial , en el año de 2011. 

Rafael Spínola R.
La Fragua del Pensamiento

jueves, 7 de julio de 2011

GUADALCANAL, 4 DE JUNIO DE 1675/1


MOTÍN, TUMULTO, ASONADA Y SEDICIÓN EN LA ELECCIÓN DE ALCALDES DE GUADALCANAL EN 1675


Primera parte.-

Los términos incluidos en el título fueron algunos de los usados por los jueces, fiscales y oficiales de justicia inmersos en los autos que siguieron a esta revuelta organizada con motivo de la elección de alcaldes en Guadalcanal durante la tarde y noche del 4 de junio de 1675, así como a lo largo de la madrugada y primeras horas de la mañana del día siguiente. Es decir, casi 24 horas que no fueron precisamente tranquilas en la villa, estallando un tumulto que parecía prolongar el bullicio propio de la feria de Pentecostés, concluida la madrugada del mismo día 4.
Los hechos no ocurrieron espontáneamente o por casualidad, sino que venían preparándose con cierta discreción desde días anteriores, tras determinadas juntas secretas y acuerdos de un sector importante de la población, mayoritariamente integrado por parte del gremio de labradores, hasta 16 clérigos y aquellos otros vecinos que se dejaron seducir, presionar o influir por los anteriores para hacer bulto y vociferar con los mismos propósitos. En concreto, según uno de los fiscales que tomó parte en los autos correspondientes “antes del mes de junio de este año y después de haber entrado el mes actual los atumultuados tuvieron muchas juntas y conversaciones en las casa de morada de don Cristóbal Yanes de Molina, en compañía de varios vecinos, así clérigos como labradores de su facción y séquito, confiriendo y consultando unos con otros la contradicción que se había de hacerse a voz de República y pueblo… y con el concurso y tumulto de los implicados y otros que prevendrían para la elección de alcaldes… si Raguelo no salía nombrado alcalde plebeyo”.
A los amotinados habría que añadirle un buen número de curiosos que también se concentraron en la Plaza Pública como espectadores de algo inusual: una sedición en toda regla, pues se pretendía contradecir al monarca y a los señores del Consejo de Ordenes Militares, intentado poner alcalde a su gusto y en contra de lo prescrito en las Leyes Capitulares en vigor, es decir, las de 1563.
Por lo que hemos podido documentarnos, los hechos fueron precedidos por ciertas anomalías en la elección de alcaldes en años anteriores, en algunas ocasiones por falta de personal idóneo. Concretamente, algunos vecinos opinaban que en el proceso de elección no se seguía con fidelidad aquel capítulo por el que se prohibía ejercer oficios concejiles sin haber transcurrido el tiempo prescrito después de ocupar un oficio de esas características con anterioridad, o aquel otro que prohibía a dos hermanos o a un padre e hijo ocupar simultáneamente cargos de responsabilidad concejil.
Según las citadas Ley Capitular, y en lo que más nos atañe para el caso que contemplamos, el proceso de elección de oficiales del concejo guadalcanalense debía estar presidido por el gobernador de Llerena o uno de los alcaldes mayores del partido de su gobernación (el de Llerena, el de Hornachos o el de Segura de León) comisionado a tal efecto, autoridad que debía personarse en todos los pueblos del partido una vez cada cinco años con la finalidad de seleccionar a las personas hábiles e idóneas para ejercer los oficios concejiles (alcaldes ordinarios y regidores), oficios que se servían de forma anual. Así, con una sola y costosa visita para el erario concejil, dicho representante real debía dejar nombrados alcaldes y regidores suficientes para los siguientes cinco años o ejercicios, que aquí en Guadalcanal corrían desde la Pascua de Pentecostés de un año a la del siguiente o, lo que era igual, de feria a feria de Guaditoca.
En nuestra villa, según tuvimos la oportunidad de relatar en la revista de 2009 (“Alternativas en la jurisdicción de la villa santiaguista de Guadalcanal”), en las fechas que nos ocupan el cabildo concejil estaba constituido por dos alcaldes ordinarios (uno en representación del estado nobiliario y el otro representando al pueblo llano o estado general de los buenos hombres pecheros, que constituían la mayoría del vecindario) y el cuerpo de regidores, en nuestro caso constituido por una docena larga de regidores perpetuos. Estos últimos, por haber comprado sus respectivas regidurías, ejercían de continuo sus oficios, con la facultad de usarlo, arrendarlo, venderlo o trasmitirlo por herencia a sus descendientes. En definitiva, dado el corporativismo que cultivaban y por encima de las diferencias personales que pudieran tener, los regidores perpetuos eran quienes realmente mandaban y gobernaban en el concejo de Guadalcanal, pues los acuerdos de cabildo se tomaban por mayoría de votos.
Por lo tanto, la elección de oficiales del ayuntamiento en nuestra villa en 1675 se reducía al nombramiento de los dos alcaldes ordinarios que, por periodo de un año, debían formar parte del cabildo concejil, sin que su voto fuese de calidad respecto al de los regidores. De estos dos alcaldes, como ya se ha contemplado, uno debería nombrarse entre los representantes del estamento nobiliario local (caballeros e hidalgos, que en conjunto debían ser unos veinte guadalcanalenses), oficio que generalmente y por rotación consensuada solía quedar en manos de uno de los regidores perpetuos o en las de sus allegados. El otro alcalde debía ser plebeyo, con la condición añadida de que debería poseer una hacienda desahogada para responder con la misma en caso de que cometiese alguna irregularidad en el ejercicio de sus funciones. Las funciones de los alcaldes, como también ya es conocida por los usuales lectores de esta revista, consistían en gobernar y administrar el concejo colegiadamente con los regidores perpetuos, decisiones que se tomaban en las sesiones de cabildo por mayoría de votos; es decir, dado el elevado número de regidores perpetuos, el concejo guadalcanalense se gobernaba siguiendo los intereses de los referidos regidores perpetuos. Además, como función exclusiva e inherente al oficio de alcalde, le correspondía administrar justicia en primera instancia en las causas civiles y criminales del término y jurisdicción de la villa, en coordinación con el otro alcalde ordinario. Las causas de mayor entidad y las apelaciones a la primera instancia o justicia quedaban en manos del gobernador de Llerena.
Pues bien, en condiciones normales, que no fueron precisamente las que se presentaron en Guadalcanal en las fechas consideradas, el gobernador de Llerena, o uno de sus alcaldes mayores, debía presentarse en los pueblos de su gobernación una vez cada cinco años para dejar nombrados suficientes oficiales para ese período. Pero como los oficios de alcaldes (no consideramos a los regidores, dado que estos eran perpetuos) se servían por sólo un año, el gobernador o su representante en su visita quinquenal debía nombrar alcaldes para un año (el de su visita) y dejar previsto, aunque en secreto, los nombre de los potenciales alcaldables para los cuatro años siguientes, quedando igualmente nombrados sus posibles sustitutos ante enfermedades, muertes o emigraciones de algunos de los seleccionados.
El criterio de selección que seguía el representante real en este proceso quinquenal venía también descrito en la Ley Capitular en vigor. Concretamente, se estipulaba que dicho representante debía preguntar a los oficiales cesantes sobre las preferencias en la elección de sus sustitutos, el día que visitaban el pueblo. Esta misma pregunta les debería hacer a los veinte labradores más señalados e influyentes del concejo, y a otros veinte vecinos más, recogiendo e integrando la información recibida en secreto, según su entender o conveniencia. No indicaba la Ley Capitular cómo habría de seleccionarse a esos cuarenta vecinos, pero entendemos que el comisario real se dejaría guiar o asumiría la propuesta del cuerpo de regidores perpetuos, evitándose así mayores complicaciones, salir al paso de esta cuestión rutinaria y cobrar del concejo lo que legalmente les correspondía por su visita, sin renunciar a cualquier otra “propina o detalle” que quisieran tener con él.
Hecha la consulta al cuerpo de electores citados, el referido representante regio escribía con su propia letra en sendos papeles los nombre de los diez vecinos plebeyos que había decidido seleccionar como aspirantes a alcaldes y cada uno de esos papeles “doblado lo metería dentro de una pelotilla de cera, la cual redondeaba con una turquesa de bodoques, de manera que todas las pelotillas fueren iguales y echará los que fueren nombrados para alcaldes en un cantarillo de madera”, cantarillo que había de guardarse en un arca bajo cuatro llaves (dos en manos de cada uno de los alcaldes, la tercera en las del mayordomo y una cuarta custodiada por el párroco de la Iglesia Mayor), junto al otro cantarillo donde debían estar las “pelotillas” correspondientes a los diez aspirantes a alcaldes por el estado nobiliario de la villa, asunto, éste último, que, como ya hemos dejado entrever, quedaba en manos y consenso del cuerpo de regidores perpetuos. Acto seguido, se llamaba a un niño de corta edad para que, una vez removidas las “pelotillas” sacara una de ellas del cántaro de alcalde por el estamento nobiliario y otra del correspondiente a los plebeyos, siendo los escogidos los nuevos alcaldes ordinarios hasta el tercer día de la Pascua de Pentecostés del año siguiente, día en el que -sin que ahora fuese necesaria la presencia del gobernador o su alcalde mayor- en la sesión de cabildo correspondiente sería llamado otro niño de corta edad para dejar en sus manos la elección de los nuevos alcaldes entre las “pelotillas” guardadas en sus correspondientes cantarillo y arca. Este proceso se repetía cada año el tercer día de la Pascua de Pentecostés, hasta agotar el quinquenio. Concluido este período, de nuevo debía personarse en la villa el gobernador de Llerena, o uno de sus alcaldes mayores, para seleccionar los alcaldes para el siguiente quinquenio.
Pues bien, el tercer día de la Pascua de Pentecostés de 1675 se iniciaba un nuevo quinquenio, por lo que el gobernador de Llerena comisionó al alcalde mayor de Hornachos (don Alonso Pérez Forero) para elegir oficiales en Guadalcanal, llegando así, tras esta prolongada introducción, a considerar el tumulto, motín y sedición que nos ocupa.
En efecto, la mañana del 4 de julio de 1675 hizo su aparición en la villa el alcalde mayor de Hornachos presidiendo una pequeña comitiva constituida por dos criados y un escribano y un alguacil de la gobernación. En su desplazamiento desde Hornachos, tuvo la oportunidad de cruzarse en el camino con muchos de los numerosos comerciantes, feriantes y devotos procedentes de la ermita de Guaditoca, donde acababa de concluir su famosa feria de Pentecostés. Pese a que coincidía con la de los propios guadalcanalenses que se reincorporaban al pueblo después de varios días de feria y veladas, la entrada en la villa de la citada comitiva no pasó desapercibida.
A la altura del convento del Espiritusanto, la comitiva real fue saludada por una comisión del cabildo concejil, cuyos integrantes, tras darles la bienvenida y mostrarles el respeto protocolario, les acompañaron hasta el mesón del Hospital de la Sangre, colindante con la iglesia y convento de la Concepción, donde tomaron aposento y dieron cuenta de unas suculentas mazas de carnero merino, regadas con un generoso vino de la cosecha local. Sobre las tres de la tarde, avisados por el tañir de campanas preceptivo, entraron en las casas de cabildo situadas en la Plaza Pública, para proceder a la elección de alcaldes, según se ha descrito y quedaba estipulado por la Ley Capitular en vigor.
Cuando el alcalde mayor de Hornachos, sus oficiales y la comisión de recibimiento entraron en las casas de cabildo, tras atravesar la entonces despoblada Plaza Pública, ya estaban esperándoles en su patio central el resto de los capitulares, los veinte mayores contribuyentes de la villa y una seleccionada y aleccionada representación de vecinos, por quienes, teóricamente, el alcalde mayor de Hornachos se dejaría asesorar para proponer a los posibles alcaldes ordinarios de la villa durante los próximos cinco años.
Bibliografía:
Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Sección Justicia: - Serie Criminal, leg. 3.696. - Serie Autos Ejecutados, leg. 195

 REVISTA DE FERIA  2010

Manuel Maldonado Férnandez

martes, 5 de julio de 2011

Estoy sometido, para tratar de librarme, a un largo puteo


¿Quizá demasiado tarde para recomenzar?

El escritor Antonio Gala ha anunciado en su artículo diario en EL MUNDO que padece un cáncer "de difícil extirpación" al que espera vencer:

"La enfermedad nunca es una forma de tristeza ni una metáfora ni una melancolía: es un camino incómodo, que lleva o no a la muerte con o sin rapidez. Hasta ahora fui sometido a toda clase de salvamentos quirúrgicos. Nadie me consideró más interesante por eso, pero su éxito me salvó. Hasta ahora. Ahora padezco un cáncer de difícil extirpación. Y estoy sometido, para tratar de librarme, a un largo puteo, que es igual que una guerra de la que soy el campo de batalla. ¿Con un doble aliado: la quimioterapia y la radioterapia? Espero que conmigo sean más beneficiosas que el cáncer: matar es el fin de los tres. ¿Quizá demasiado tarde para recomenzar? Estoy en buenas manos: lo suficiente como para no querer pasar a las Mejores. Todo parece, así, interminable, monótono, invasivo... Menos la vida: no tenía edad ya de nuevas experiencias. Hubiera preferido el quirófano como tajante campo de batalla. Soy mal aliado de mí mismo: impaciente, poco soportador e insoportable: la anestesia total es mi aliada. Las nuevas experiencias me llegan tarde. Trataré, con todo, de defraudar a la muerte una vez más: la última".

Gala, nacido en 1936 en Brazatortas, Ciudad Real (aunque él siempre ha eludido dar su fecha de nacimiento), ha estado gravemente enfermo en dos ocasiones: en 1973 (momento en el que empezó a utilizar sus característicos bastones) y en 1998

Fuentes.- El mundo.es 05/04/2011

sábado, 2 de julio de 2011

Se murió Ernesto

A vos,

La esposa de Ernesto Sabato rememora en una carta a su marido algunos de los momentos más emotivos vividos junto a él.


"Querido hombre, hace apenas dos semanas te perdí, me he quedado con el corazón estirado igual que un viejo acordeón que no pudiera replegarse; como si una pampa viniera a ser mi alma. A ratos me encuentro repitiéndome “se murió Ernesto”. Tu muerte necesita más lugar, día a día.
Los últimos años que fueron tan duros de vivir con vos se han diluido. Te me aparecés como el hombre que conocí a los 19 años cuando aún vivía en la casa de mis padres. Una amiga me había dicho que vendría de visita con alguien. Abro la puerta, ese hombre eras vos.
Tu cercanía vino mucho después, unos 20 años después. Y fue entonces que comencé a compartir tu desasosiego creador, tu angustia, tus sentimientos de culpa que abarcaban al mundo y a tu cotidianidad. También tu inagotable apasionada vitalidad. Doy fe de tu sensibilidad ante el sufrimiento humano, de tu irrenunciable preocupación por el estado del mundo. Tu horror ante la desacralización de la vida. Tu piedad ante quienes han fracasado o han soportado la vida en soledad. Tu inmenso coraje para disentir.

Yo buscaba maneras de sosiego, de aliviarte ese temblor que era ya tu naturaleza. Te llevaba a paseos impensables para vos, entre jacarandaes o lapachos o ante los mismos bordes del mar. Íbamos mucho al cine. Yo recuerdo que te pedía que miraras para el piso para poder llegar a tiempo, tanta era la gente que te paraba en la calle para abrazarte. Y vos quedabas estremecido por algo que te decían, o por una mirada de tristeza. O por un hombre tirado en la calle.

Pero también eras muy capaz de disfrutar. De entre todo lo vivido me surge algo que me contaste una tarde. Años atrás habías observado que todos los chicos, y en diferentes idiomas, cuando juegan usan el mismo tiempo verbal que en los mitos, así: ‘dale que eras el rey, dale que yo era peregrino’. A Amado Alonso le había interesado mucho tu observación. A partir de esto te propuse que nosotros también hiciéramos ese juego. No sé si se sabe lo buen actor que eras. Inolvidable lo bien que hacías de Pedro Páramo, y de loco, algo entre tu Barragán y Zaratustra. A vos te gustaba hacer del último Quijote, el que duda de su utopía. Y yo, que hubiera querido ser actriz, gustaba de estos teatros improvisados de las tardes.

Viajamos mucho. Hasta el último rincón de las provincias fuimos llevando tu “Romance”, visitamos varias veces a Roa Bastos en Paraguay. Vivimos en Lanzarote en lo de los Saramago. En España, en 2002 y 2003, diste 18 conferencias. La última fue la inauguración de la Cátedra de Literatura Latinoamericana para la Autónoma. Se hizo en La Pedrera y una multitud lloraba de emoción al escucharte. En estos viajes yo te llevaba hasta los óleos y los cartones para pintar, porque no aguantabas estarte sin ellos cuando ya no escribías. Con frecuencia íbamos con alguno de mis hijos.

Pero también pasé a tu lado tristezas muy profundas como los diez años de la enfermedad de Matilde. Y la muerte de tu hijo Jorge.

La caída de la Argentina que provocó la muerte de hambre y desnutrición de las criaturas te dejó horas y meses sentado mirando al piso.

En esa época junto con Nicolás y Falú creamos la Fundación que lleva tu nombre y que vos presidiste entusiasta durante 7 años. Quisiste que fuera un espacio donde los jóvenes encontraran una opción ética frente a la falta de trabajo y a la desesperanza. Hicimos juntos los programas para los chicos, te apasionaba la educación, no parabas de pensar cómo encender en los jóvenes una utopía que los acercara a un horizonte más humano por el que valiera la pena vivir. Tu infatigable lucha, a costa de cualquier sacrificio. Hasta las cumbres de los cuatro mil metros de los Andes subimos para que vos les hablaras a la gente. Siempre creías que algo más se podía hacer, que se debía hacer.

En este tiempo la Fundación está llevando un mejor acceso a agua potable a miles y miles personas en muchas localidades aisladas algunas de las que visitamos juntos. Acercando agua o junto a las adolescentes de Bajo Flores es tu nombre el que voy repitiendo. En la pared un hermoso cartón pintado por vos, dice: a Elvirita con mi amor, Ernesto. Lo miro y salgo".

ELVIRA GONZÁLEZ FRAGA

(*)Ernesto Sabato Rojas, Provincia de Buenos Aires, 24 de junio de 1911 - Santos Lugares, 30 de abril de 2011 fue un escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Escribió tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, e innumerables ensayos sobre la condición humana.

miércoles, 29 de junio de 2011

Martínez de Aponte

ÁLVARO MARTINEZ DE APONTE.-  ¿*Galicia 1359 León 1412?


 Este ilustre Caballero de la Orden de Santiago, descendiente del linaje de D. Nuño Gil de Aponte, familia de alta burguesía gallega y nombrado en el capítulo de la orden celebrado en Ucles en 1387 Comendador de Guadalcanal, paso a la historia como procurador de D. Lorenzo I Suárez de Figueroa (1), XXXII Maestre de la Orden de Santiago y su implicación en la contienda por el señorío de Feria.
El 26 de febrero de 1394, Enrique III de Castilla dona a Gomes Suárez de Figueroa como agradecimiento de la colaboración y servicio al rey de su padre D. Lorenzo I Suárez de Figueroa, caballero de la orden, las tierras de Feria, Zafra y La Parra, para que formara un gran señorío.
La donación real en si fue incuestionable, ya que el documento de concesión fue emitido, sin embargo, lo que no parece tan claro es que el rey tenia potestad para hacer este tipo de donaciones, así que tanto los alcaides de los castillos como los moradores de las villas y aldea se negaban a entregarlos a Gomes Suárez y su vasallos, haciéndose fuertes, alegando que pertenecían al Concejo de Badajoz por derecho de compra, acto que queda refrendado en el propio documento real. Ante la situación de rechazo aludida, el soberano instruiría tres reales cédulas, una dirigida a los justicias y vasallos de estos lugares, para que se hiciese efectiva la entrega, junto con sus castillos y tierras a Gomes Suárez y lo recibieran a aclamaran como señor de todas las tierras, otra al maestre de Santiago, informándole de la elución de la cesión y autorizándole para que utilizara todos los medios posibles y la tercera a los comendadores de la orden de Santiago en Guadalcanal y Villanueva, para que por la fuerza, si diera lugar, tomaran los castillos y lugares, de día o de noche, favorablemente o utilizando los medios necesarios para el fin y los entregaran a Gomes de Suárez, en lo sucesivo señor de esas tierras.
Con la razón y el poder que le daba su rey, Suárez de Figueroa dio orden a un grupo de vasallos capitaneados por su procurador Álvaro Martínez de Aponte, Comendador de Guadalcanal para tomar en nombre de su hijo Gomes, esta ocupación no fue bien acogida en la zona y se mostraron contrario a la providencia real, principalmente en la aldea de La Parra, notificando sus habitantes este hecho al Concejo de Badajoz, al cual pertenecía.
Álvaro Martínez de Aponte y sus hombres permanecieron en aquellas tierras durante seis meses preparando el terreno para la posesión y asentamiento del Señorío de Feria, negociando simultáneamente con el Concejo de Badajoz las condiciones de ordenación del territorio para su señor Gomes, hasta que finalmente, el 2 de Septiembre de 1394 toma la villa de Feria, según la transcripción del legajo:
“En Feria, jueves, dos de septiembre de septiembre, año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, del año de mil trescientos noventa y cuatro, estando en el soportal de la Iglesia de Santamaría de dicho lugar el Concejo y los hombres buenos de dicho ayuntamiento, Álvaro Martínez Aponte, comendador de Guadalcanal, toma la villa de Feria en nombre de Gomes Suárez de Figueroa y nombra diversos oficio, ve inserta la donación real de las villas de Feria, Zafra y La Parra”.

Acto seguido se dirigió a la aldea de La Parra, todo ello culmina cuando la mañana del 10 de Septiembre de 1394, el pregonero de la aldea convoca a la reunión del Concejo de La Parra (nobles y personajes relevantes). Durante el acto de toma de posesión, se dio lectura de la “donación” y “ante el requerimiento de recibir a Gomes Suárez de Figueroa por su señor, el concejo dijo que ellos recibían la orden del Rey con respeto y reverencia, y como mandaba el rey su señor natural, estaban preparados a cumplir lo que su señor Rey les mandaba...”. Así, Álvaro Martínez tomó posesión de La Parra y sus términos, y nombró los distintos cargos del lugar, Alcalde ordinario, escribano, alguacil y mayordomo, recibiendo juramento de cada uno de ellos, e indicándole sus atribuciones”.
Con el deseo de Gomes Suárez de conocer sus dominios, y para formalizar el acto anterior, la tarde del 10 de Noviembre de 1394, los vecinos de La Parra nombran a sus representantes para prestar juramento y lealtad al nuevo señor, y en la iglesia del pueblo, ante Gomes Suárez de Figueroa, y tras jurar según el ritual de la época fidelidad al nuevo señor, le besaran la mano en prueba de aceptación de su señorío, asistiendo al acto en la iglesia, todos los habitantes de La Parra.

Parece que siguió a la orden de Suárez de Figueroa, Señor de Feria hasta 1409 en que murió en Ocaña (Toledo) el 19 de Mayo, posteriormente Martínez de Aponte fue requerido por el Rey Juan II de Castilla de la Casa de Trastámara y falleciendo en la capital leonesa sobre el año 1412.

Fuentes.- Armería y nobiliario de los reinos españoles (Volumen 1), www.laparra.com, y Archivo Diputación Badajoz.

Rafael Candelario Repisa

sábado, 25 de junio de 2011

Liras y Sonetos

Liras a Rocío Jurado

¿Por qué te fuiste, Rocío
Con la falta que hoy tú arte hace
En este mundo baldío?
¡Que el cielo te abrace
Y que allí,.. Un gran poderío alcances ¡
Lo eres y lo serás
Chipionera fuiste siempre universal
Pronto ascenderás
A la Madre absidal
Con tu timbrada melodía batial
Desde el Puente de Zuazo
A la playa de Regla para verla
Sin mediar esguazo
Como una madreperla
La encontré hermosa cual cañaherla
Si tu cuerpo enamora,
El jilguero de tu pecho emana
Primor a todas horas,
Tu interior es profunda besana
Donde un tesoro mora.


Soneto: La crisis

Si el producto nacional es mucho
Y la abstención se suprime a tiempo
Luchando contra marea y viento
No habrá gran problema periodicucho.
Si eres joven y no estás enfermucho,
Considera el trabajo pasatiempo
Productivo, y que sea el viento
Un elemento sólo camilucho
Los dilemas serán finiquitados
Felices, placenteros los políticos,
Y el rompecabezas acabado.
Zapatero y Rajoy hermanados
Ningún impedimento ansiolítico
Todos contentos y picos cerrados.


Soneto: Plaza de abastos de Chipiona

Del melón culón su amarillencia triste
Lánguida y apagada, el turista mira
Mientras que una bella moza suspira
Y el jilguerillo disfruta con su alpiste.
Del toro bravo que en la plaza embiste
El rico filete suculento admira
El extraño, que compone con su lira
El bello poema que tú me hiciste.
Plaza de Chipiona que nos das abasto
A indígenas e hispalenses fieles
Tu cercano final no será nefasto.
Pronto nos iremos con nuestro canasto
Transportando a nuestros anaqueles
 El amor que por cierto es harto vasto..

Manolo Gómez

miércoles, 22 de junio de 2011

Trazos, Letras y Acordes VII


Ángeles García Palacios (Maestra)


En el bienio 1931-1933, la II República abrió más escuelas que en los 50 años anteriores. Eran conscientes de que el atraso secular de España era debido en gran parte a la ignorancia en que mantenían las clases populares, las oligarquías dominantes. Por eso tras el golpe de 1936 hubo una represión selectiva y masiva contra los enseñantes. 60.000 maestros fueron asesinados o depurados por el franquismo.
Hoy cumpliría cien años Ángeles García Palacios, una de esas maestras que en 1931 tenía 21 años y una enorme ilusión puesta en las esperanzas pedagógicas que traía consigo la joven República. Puso en práctica la escuela moderna, la enseñanza participativa, tolerante, laica, no doctrinal que había aprendido de sus maestros Llorca, Montesori, Keerschernsteiner, Chaparde, Decroby, Martí Alpera, Ferriere, Lombardo-Radice y otros (datos de su memoria pedagógica de 1934). Había nacido en Guadalcanal (Sevilla) en el seno de una familia humilde. En 1934 ganó una plaza de maestra titular en Coria del Río (Sevilla).
El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 le sorprende en Sevilla con su madre Rafaela Palacios, quien le implora viajar a Guadalcanal donde viven las otras dos hijas, Amparo y Elena. Ambas, en medio de la confusión y el miedo, van a la vecina Santiponce donde Ángeles pide a su novio José Carmona, médico del PSOE y la UGT que les lleve en su coche a Guadalcanal. Emprenden el viaje el veintitantos de julio, cuando Sevilla y los pueblos próximos han caído del lado de los fascistas, mientras la Sierra Norte sigue bajo la autoridad del gobierno legal de la República. Ese viaje fue la perdición de la joven pareja. De vuelta en solitario a Sevilla el 3 de agosto, el doctor Carmona es detenido en Castilblanco que acaba de caer en manos de los golpistas (ver “Sevilla, 1936” de Juan Ortiz Villalba) y trasladado a una cárcel improvisada de la capital. Empieza el vía crucis de su familia, especialmente de su hermana Blanca. Finalmente es asesinado el 22 de agosto de 1936. Tenía 28 años.
En septiembre del 36, Ángeles, que ya había vuelto a Coria, y el maestro coriano Vicente Neira, son sumariamente expulsados del magisterio por órdenes del General Queipo de Llano, quien desde el rápido triunfo del golpe en Sevilla ordenó una violentísima represión que se provocó decenas de miles de víctimas en Andalucía. Ángeles, sin medios para subsistir y con la amenaza de ser “sacada” y asesinada en cualquier momento, se refugia en casa de su amiga Manolita Olivera, hija del farmacéutico de Coria, Mariano Olivera Navarro. Probablemente esa decisión le salvó la vida porque la familia Olivera, buena, religiosa y conservadora, la acogió y la protegió.
El joven médico y amigo de los Olivera el doctor Luis Yáñez-Barnuevo de la Milla, ejercía en Coria desde 1931. Hombre de izquierdas, había perdido a sus dos hermanos en esos meses terribles. Antonio, capitán de Artillería, permaneció leal a la República a la que defendió con las armas y fue fusilado en Cádiz el 6 de agosto del 36. El mayor, Juan, agricultor, fue asesinado el 7 de septiembre del mismo año en El Saucejo (Sevilla) al día siguiente de la entrada en el pueblo de las tropas franquistas. Probablemente la desgracia compartida y la común amistad con los Olivera, que duraría toda la vida, uniría al médico y la maestra porque se ennoviaron y se casaron en 1941. El cariño con que dispensaban los corianos, sería también un escudo protector para la pareja. La represión franquista se llevó por delante a unos doscientos corianos, cuyas familias formaron una cadena de solidaridad con Don Luis y Doña Angelita durante las cuatro décadas que duró la dictadura.
En marzo de 1937, se incoa a Ángeles un proceso por la Comisión Depuradora del Magisterio Primario y el expediente ha sido encontrado hace sólo unos meses por el investigador Jesús Ruiz Carnal. No cansaré al lector con detalles, pero es un legajo extenso donde aparecen numerosos testimonios sobre la maestra. Es lo más parecido a un proceso inquisitorial en el que, mediante cuestionarios impresos, se pregunta a “personas de orden”, es decir curas, jefes de falange, alcaldes (de Coria, Santiponce, Guadalcanal), jefes de puesto de la Guardia Civil, por las inclinaciones políticas y religiosas, su vida personal y social, su afiliación o no a partidos políticos o sindicatos de la enseñanza, su actuación el 18 de julio…Sólo citaré algunas perlas.
Angelita era una chica guapa, rubia de ojos verdes que con 20 años asiste a las fiestas de su pueblo. El jefe de puesto de la Guardia Civil, firma ilegible, escribe con tintes acusadores siete años después “…en una caseta particular integrada en su mayoría por MASONES E IZQUIERDISTAS fue proclamada Reina de la Velleza o Mis Guadalcanal” (sic). También el alcalde accidental de Guadalcanal, Antonio Fontán Martínez, recalca que era “laica, de la que hacía gran alarde” (sic).
En su informe el cura párroco de Coria, Don Esteban Rodríguez, la acusa de haberse mostrado partidaria de un “boicot puesto a la compañía de tranvías por los obreros de esta en mayo y junio de 1936” y de indiferencia religiosa. Pero también hay informes favorables, no sólo del farmacéutico Mariano Olivera, sino de amigas de su pueblo, como Carmen Herice, a quien los rojos asesinaron a su padre y a un hermano en los primeros días del “Movimiento Salvador de España”. Es fácil imaginar a la joven maestra buscando a personas que pudieran testificar a su favor, sabiendo que no sólo se jugaba su carrera sino su propia vida.
Ángeles no pudo recuperar su plaza de maestra titular de Coria del Río hasta que se acogió a la Ley de Amnistía aprobada por las primeras Cortes Democráticas en 1977, incorporándose a una tarea que tanto añoró durante décadas. Ejerció los dos últimos años de su vida activa antes de la jubilación. Nunca cultivó ni trasmitió el odio, sólo intentó sobrevivir, pero no pudo nunca desprenderse del miedo, ese miedo espeso que se le agudizaría cuando sus hijos se incorporaron en los años sesenta a la lucha antifranquista y que quizás sería una de las causas de la cardiopatía que la llevó a la tumba en abril de 1982. Este es un pequeño homenaje a Angelita García Palacios, mi madre.

Luis Yáñez-Barnuevo García
Historia de una maestra republicana

sábado, 18 de junio de 2011

Infiltrados

La delgada línea roja


El titular de este artículo es el de una estrategia de la guerra de Crimea, una novela sobre la batalla de Guadalcanal y dos películas de Hollywood. Pero no se me ocurre otro para aludir al trance en el que se encuentra estos días el movimiento 15-M en Valencia. En sentido estricto, la delgada línea roja fue el ardid empleado por una compañía desahuciada de la infantería del Ejército británico ante un ataque de la caballería rusa a mediados del siglo XIX. Los británicos situaron a sus fusileros en dos líneas muy próximas porque no tenían más tropas. Los rusos creyeron que la delgada línea entre estas dos filas era un engaño y que después vendría la robusta, prefirieron no atacar y se retiraron. Pero no había trampa detrás de aquella debilidad, simplemente no había nada, era el vacío.
Ahora la delgada línea roja es un fino límite que diferencia los intentos por mejorar radicalmente esta democracia de los intentos por derribarla. Por supuesto -y después de tres semanas entre asambleas y comisiones sé de lo que hablo- no es que exista un objetivo antidemocrático en la asamblea de Valencia, sino que entre algunas de sus muchas actitudes pudiera haber un sentimiento inconsciente de acabar con este régimen, que es diferente.
Me gustaría que esto se interpretase en su justa medida. No pienso que la mayoría de los indignados de Valencia quieran cargarse la democracia, sino que en su horizontalidad no pueden evitar que algunas de sus voces así lo propaguen. Por la derecha y por la izquierda. Y este es el problema: ¿cómo derribar falsos mitos inalterables de nuestro sistema democrático sin que parezca que se trata de un movimiento antisistema? Esta es nuestra delgada línea roja. No hay nada detrás, solo el vacío. En la medida en que el 15-M vuelva a conectar con los móviles iniciales -fuera políticos corruptos, stop al dinero público para la banca, abajo la voracidad de las entidades crediticias, ni un solo recorte social más, reforma de la ley electoral, dación de las hipotecas, fluidez en las iniciativas legislativas populares- volverá a ser un ejemplo de movilización exitosa, libre, transversal, reformista radical y sin complejos. En la medida en que vociferen los viscerales agentes de la provocación que toda asamblea conlleva -conscientes o inconscientes, al final es lo de menos- tendremos cargas policiales, detenciones, versiones inverosímiles del Gobierno, acción-reacción, aumento de la violencia, victimismo y ocaso del movimiento.
Discernir si se propasa o no esta "delgada línea roja" solamente está en manos del propio ente que se moviliza. Es más: le toca a él depurar estas responsabilidades, regirse a sí mismo y mostrar su madurez. Estoy hablando de algo serio: abogados que abandonan su bufete por defender a unos apresados, médicos de la sanidad pública que confían en el 15-M para aumentar unos minutos la duración de sus consultas, enfermos que exigen menos demoras para su intervención quirúrgica, morosos que no pueden pagar sus hipotecas, parados que no volverán a encontrar trabajo, jóvenes que tardarán en independizarse, parejas que no conseguirán vivir juntas... La letanía es contundente e implacable y haría muy mal el Gobierno en desoírla o engañarse a sí mismo. Señora delegada, allá usted, pero resumir como antecedentes penales la multa por un coche en doble fila o la participación en una manifestación ilegal, la verdad, no ayuda nada. Esto es lo que usted dijo de los detenidos.
Pero por el momento, todo lo que ocurre a nuestro alrededor desde hace un mes sigue siendo un magnífico aire fresco que nos sacude como un tornado cuando ya nadie daba por una primavera así en nuestras carnes. Y seguirá, seguirá un rato más, sin duda, fuera de la plaza, en los barrios, en la red, el próximo 19-J, seguirá.

EMILIO GARRIDO

Infiltrados.-Tal vez finalizada la primera fase de organización y notoriedad, el Movimiento 15 M tendría que plantearse nuevos retos, el primero de ellos y más importante creo que es apartar a los provocadores que se han “infiltrado” en los campamentos y manifestaciones, estos descendientes del “cojo manteca” que tratan de desvirtuar el espíritu pacifico y reivindicativo para desprestigiarlo.
Estos intolerantes infiltrados que han protagonizado los hechos lamentables de Madrid, Valencia, Barcelona, etc., son los que te puedes encontrar entre los ultra del fútbol, reventando celebraciones escudados en una camiseta o escudo de un equipo, reventando manifestaciones democráticas o simplemente aprovechando cualquier movimiento reivindicativo o celebración de masas para provocar a la policía, romper escaparates, destrozar el mobiliario urbano, etc., hay medios de información que les llaman antisistema, kale-borroka o guerrilla urbana,  yo simplemente pienso que son fustrados delincuentes.

miércoles, 15 de junio de 2011

Alonso de Cárdenas/2

Martes de Carnestolendas
Capitulo del conflicto que tuvo lugar en el martes de Cuaresma en Guadalcanal, entre D. Alonso de Cárdenas y D. Enrique Pérez de Guzmán y Meneses (II Duque de Medina Sidonia).
El Duque amigo y adelantado para la conquista del Reino de Granada de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla deseaba el maestrazgo que poseía Cárdenas y comenzó una guerra que llevo a este a recluirse en el Castillo de Jerez de los Caballeros para defenderse del Duque en 1475.
Tres años después Alonso de Cárdenas sorprendió a Guzmán en Guadalcanal, según el relato que se redacta a continuación, tras el cual fue derrotado y tuvo que ceder y ser llamado por los Reyes Católicos.
Alonso de Cárdenas, ya siendo Maestro de la Orden acompañó y formó parte de la Conquista de Granada, falleciendo finalmente en el año 1493, sus resto se encuentran en el sepulcro de la iglesia de Santiago en Llerena. 

Relato.-
"Don Alonso de Cárdenas, que se llamava maestre de Santiago, asomóse entre las almenas á mírar las batallas del Duque como pasavan, e tuvo bien cerradas las puertas de la villa, e por todo aquel dia no dexó á ninguno salir ni entrar en la villa; este dia era martes de Carnestolendas del año de 1478. Y el Duque e su hueste se fueron aquella noche á aposentar á Guadalcanal con tanta siguridad como si estuvieran en sus casas, siendo por el contrario que los de Guadalcanal eran amigos del maestre Don Alonso de Cárdenas, el qual salió aquella noche de Llerena con hasta trescientos e cinquenta de cavallo e quinientos peones e al quarto del alba, miércoles de la Ceniza, vinieron á Guadalcanal y enbiaron delante diez onbres, que entrando uno á uno cada uno por su calle, fuesen «echando los cerrojos á las puertas; e estavan avisados los de Guadalcanal de tomar las armase los frenos de los cavallos cada uno al huesped que tuviese en su casa, e con estos ardides de guerra dieron de súpito sobre Guadalcanal, tocando las tronpetas, e tañiendo atanbores, e diziendo Cárdenas! .¡Cárdenas! A cuyas vozes, alborotados, se levantaron todos, e los vezinos mata van ó prendian á la gente del Duque que tenian en sus casas  ó deteníanles que no saliesen. El Duque, como tenia guarda en su casa y le velaban, como oyó el ruido, se levantó armó e cavalgó á cavallo, e salió al canpo. Y van con él Martin Suarez e Don Martin de Cafra e Martin Alonso de Montemayor, e otros caballeros, donde recogieron la gente que salia del Duque; e desque fué de dia mandó el Duque á Don Martin de Cordoba e á Martin Alonso de Montemayor, que con dozieutas e cinquenta lancas que avian recogido, tornasen á pelear con el Maestre, con su gente se entró pueblo, e se hizo fuerte en él, donde uvo al y unas cosas de despojo, que no se pudieron sacar. E no quiso salir del pueblo á pelear con la gente del Duque; unos dizen que porque tuvo temor que la gente del Duque, que se avia recogido, no le quitasen la buena suerte que avia ganado; e otros que por contenplacion del Duque, que avia sido su seiior, que estava en el canpo, no solamente no quiso salir á él, mas aun todas las cosas que halló en el pueblo que eran del Duque , las guardó e se las envió. El Duque se vino á Alanis, e de allí prosiguió el camino que traia para Sevilla, e no tornó á dar sobre el Maestre, porque aquella mañana con la turbacion se le huyó mucha gente á diversas partes, e quedava con poca gente. E porque dende á poco tienpo fallegió Don Rodrigo Manrrique, conde de Paredes, en la villa de Ocaña, que se llamava maestre de Santiago, no tuvo Don Alonso de Cárdenas contraditor al maestrazgo, antes lo uvo pacíflcamente, con consentimiento del Rey e la Reina, con que fuese obligado á pagar en cada un año tres quentos de maravedís de las rentas del maestrazgo, para ayuda á los gastos de los castillos, fronteros de moros, como adelante se dirá en su lugar".

Fuentes.- Catálogo razonado y crítico de los libros, memorias y papeles, impresos y manuscritos, que tratan de las provincias de Extremadura: así tocante á su historia, religión y geografía, como á sus antigüedades, nobleza y hombres célebres y autor.

Rafael Candelario Repisa

sábado, 11 de junio de 2011

la soberanía reside en el pueblo soberano

El imperio de los indignados


Inspirados por las protestas sociales del mundo árabe en 2010 y 2011 y por la revuelta en Grecia en 2008, los españoles han tomado las calles y las plazas de todas las apitales de provincia para reivindicar los derechos que corresponden a los ciudadanos. Sus eslóganes resumen la justa causa por la que están concentrados: "democracia real ya", "lo llaman democracia y no lo es", "no somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Hartos de la corrupción política, de la especulación de las bancos y del afán de poder económico de los empresarios, el pueblo ha tomado la determinación de entrar a formar parte de la historia creando una revolución, una rebelión, una protesta, una insurrección pacífica donde los parados, los jóvenes, los jubilados, los hipotecados, los desahuciados, los emprendedores y todos los descontentos con el sistema actual exijan un cambio.
Miles de españoles han decidido unirse libremente y por conciencia ciudadana a la Spanish Revolution, un movimiento que también ha tenido repercusión internacional. Quieren una democracia real ya, que sea participativa, que cuente con la opinión del pueblo, ya que ahora no lo hace. El básico bipartidismo PP-PSOE, o comúnmente llamado PPSOE, no es eficaz, no resuelve los problemas que preocupan a los españoles, sólo realiza recortes sociales y por tanto traiciona el principio básico que una democracia real debería tener. Este sistema político nació hace muchos siglos, en Atenas, definido como una forma de gobierno en la que los ciudadanos intervienen, eligen, deciden.
La Ilustración volvió a buscar la esencia de esta: "la soberanía reside en el pueblo soberano", y, en la actualidad, se pretende redescubrirla de nuevo porque la de ahora parece ser de pega. Decidieron acampar el día 15 de mayo y después de tres semanas siguen allí. El día 19 de junio tienen previsto volver a tomar las calles. Es algo imprescindible que los medios de comunicación se involucren en el tema, por eso las redes sociales están jugando un papel tan importante ya que es gracias a ellas por lo que se ha podido reunir a tantísimas personas. También la prensa, la radio y la televisión ofrecen diariamente información sobre el transcurso dé los acontecimientos.
Pero conforme pasan los días, las noticias sobre el 15-M se van reduciendo, simplificando, sintetizando y quedando desplazadas a un pequeño resumen antes de los deportes. Creo que no debería ser así cuando en los días posteriores al 15 de mayo salió en todas las portadas y ocupó la práctica totalidad de los informativos. Puede que no haya nada nuevo que contar, puesto que llevan varias semanas pidiendo lo mismo, pero tal vez el que cada día concedan menos importancia y menos tiempo en las noticias deje ver que tampoco les interesa mucho que el pueblo se rebele o que no consideran este movimiento de la trascendencia que se debiera.
Esto es una movilización social. En 1789 no existía Internet, ni tampoco la televisión, y, sin embargo, los franceses fueron capaces de organizarse, de unirse, de luchar juntos por lo que querían, ¿y ahora que tenemos tantas maneras de difundir nuestro mensaje no vamos a utilizarlas? En la actualidad disponemos de medios de comunicación que pueden hacer cuanto se hizo en Francia y mucho más si por supuesto se tiene la intención.
Han pasado las elecciones y los acampados no se han movido, han pasado las máquinas limpiadoras acompañadas de las porras de los mossos d'esquadra en la plaza de Cataluña y han vuelto a reunirse, pero ahora en mayor número y más indignados, solidarizados con la causa y con este último suceso, y pasaran muchas cosas más hasta que decidan mover el campamento porque lo que tenemos, lo que hemos conseguido en poco tiempo y llevamos tres semanas, no puede irse a pique tan fácilmente.
Debemos de seguir insistiendo, apoyando el 15-M porque es la única manera de cambiar las cosas. Esto nos incumbe a TODOS así que tenemos que luchar TODOS juntos.
Cita célebre: "Porque los que están tan locos como para pensar que pueden cambiar el mundo son los que lo consiguen".

Esther Martín
Alumna de 4º curso de ESO en el Instituto Benjamín Jarnés de Fuentes de Ebro (Zaragoza)

miércoles, 8 de junio de 2011

ALONSO DE CÁRDENAS 1

Escudo Cárdenas en la época de la Orden
ÚLTIMO MAESTRE DE LA ORDEN DE SANTIAGO


Alonso de Cárdenas, prototipo del caballero de la nobleza media que asciende políticamente después de una dura vida de trabajos y combates, era hijo de Garci López de Cárdenas, Comendador Mayor de León de la Orden de Santiago. Fue padre de García López de Cárdenas, descubridor del Gran Cañón del Colorado.
El joven Alonso se educó en la corte de Juan II de Castilla como paje del príncipe don Enrique, el futuro Enrique IV. Su brillante carrera militar le llevará a ser designado Comendador Mayor de León y aspirará al maestrazgo de la Orden a la muerte de don Juan Pacheco, marqués de Villena, en los revueltos tiempos de la guerra civil entre los partidarios de Isabel y de Juana la Beltraneja, apoyada por Portugal.
El Maestre don Juan Pacheco, marqués de Villena y privado de Enrique IV, murió en 1474. A su muerte se produjo un gran cisma dentro de la Orden: el primero en tomar el título de maestre fue el hijo del difunto don Diego López de Pacheco, marqués de Villena, porque su padre había renunciado en él el maestrazgo con el consentimiento de la mayor parte de los Trece y de los comendadores; el rey Enrique IV, por su parte, le dio de hecho posesión del maestrazgo.
Pero antes de que llegase la confirmación del Sumo Pontífice murió el rey Enrique IV; ahora era Fernando e Isabel los que tenían la palabra. Los nuevos reyes que, siendo todavía príncipes, habían solicitado la administración del maestrazgo para cuando vacase, ahora al morir don Juan Pacheco volvieron a pedir esa administración, teniendo por nula la renuncia del difunto a favor de su hijo.
Otro maestre fue elegido en el Capítulo General de la Orden convocado por el prior de San Marcos de León, alegando que a él le correspondía el derecho de convocar a los electores por haber muerto el último maestre en su provincia de León; reunido este Capítulo, eligieron como Maestre al Comendador Mayor de León don Alonso de Cárdenas.
Un tercer maestre surgió del Capítulo General convocado por el prior de Uclés, alegando que a él correspondía la convocatoria del Capítulo, como prior de la casa mayor de la Orden, para elegir nuevo maestre; el Capítulo de Uclés eligió como Maestre al comendador de Segura de la Sierra y conde de Paredes, don Rodrigo de Manrique, el padre del poeta Jorge Manrique.

Casa fuerte de Alonso de Cárdenas

Ante esta compleja situación Fernando e Isabel, comprometidos con la guerra contra doña Juana, no quisieron desagradar a ninguno de los dos maestres, Don Alonso de Cárdenas y don Rodrigo Manrique, cuya ayuda en la guerra les era de gran valor. Por lo que se refiere al marqués de Villena, que había tomado partido por doña Juana, los reyes podían ignorar su maestrazgo por el momento.
Otros pretendientes se postularon también al maestrazgo, no reconocieron el autonombramiento de Cárdenas e invadieron los dominios santiaguistas. Alonso de Cárdenas firma entonces un pacto de no agresión con Rodrigo Manrique (negociado por Jorge Manrique, el poeta, que era hijo de Rodrigo), para poder defenderse primero de los pretendientes y luego discutir más adelante quién debería ser el único Maestre.
Comienza entonces una guerra en tierras de Badajoz por las posesiones de la Orden. El primer pretendiente es el Conde de Feria, que tiene su base en Zafra. Su acción más importante es el asalto al castillo de Jerez de los Caballeros, pero fracasa y es rechazado con firmeza por Cárdenas.
Sucede entonces la invasión del Duque de Medina Sidonia, Enrique de Guzmán, pretendiente también al Maestrazgo, Se dirigió a Jerez de los Caballeros, recién ganada por el Maestre Cárdenas, pero viendo que la fortaleza se defendía con firmeza, se volvió con su gente hacia el centro de los dominios santiaguistas que recorrió exigiendo rentas y tributos. Se estableció en Fuente de Cantos, después las tropas del Duque pasaron de largo junto a las murallas de Llerena, defendida por el Maestre en persona, y se fueron a pernoctar a Guadalcanal. Cárdenas salió en su persecución aquella misma noche con sólo 350 jinetes y otros tantos peones. Entró de madrugada en Guadalcanal, huyendo el Duque y sus tropas en todas direcciones, llegando unos a Alanís, otros a Cazalla, y los que intentaron defenderse fueron arrollados sin contemplaciones.
Estas luchas se confunden con los coetáneos episodios de la guerra con Portugal y los partidarios de la Beltraneja. El Maestre don Alonso se distingue respondiendo a la invasión portuguesa con una victoriosa incursión en tierras de Portugal y las conquista de algunos castillos fronteros.
En 1476 muere don Rodrigo Manrique, el maestre rival. Los Reyes Católicos quieren asumir la administración del Maestrazgo para evitar pueda servir a nuevas complicaciones nobiliarias. No obstante, reconocen las brillantes cualidades demostradas por Alonso de Cárdenas frente a pretendientes y portugueses, y empiezan a pensar en él como un magnifico jefe militar, y después de importantes negociaciones, reconocerán a Cárdenas como Maestre. Y este hecho es el que se formaliza escenificándolo en la reunión del Capítulo General de la Orden que tiene lugar en Azuaga en 1477 , que proclama unánimemente a Alonso de Cárdenas como último Maestre de la Orden de Santiago.

Fuentes.- www.azuaga.es

sábado, 4 de junio de 2011

Campesinos tristes





La tierra que suda y el hambre que llega


Mujer de faldón pardusco, señora de escardó largo,
Esposa de sudor negro, madre de cortijo blanco.
Compañera y campesina, de segadores del campo,
Tiene que tener, teniendo, los granos de trigo blanco.
Siega que siega el hocino, suda que suda la mano,
Que corta espigas de oro, sin reposo, ni descanso.
Mujer de faldón oscuro, dama de miseria y barro,
Cansada por las angustias, de tocino y de gazpacho.
¡Pon un puñado de migas, en mi fiambrera de barro!
¡Que me marcho a trabajar, con el hocino en el campo!
¡Hay hambres de merendar, en vientres desamparados!
¡Con postraciones accedes, a engrandecer tu salario!
¡Entre las espigas de oro, siega que siega, segando!
¡Que los haces que recoges, son futuros panes blancos!
No comes lo que tú tocas, careces del trigo blanco,
Para hacer la harina pura y traspasarte un bocado.
Siega que siega, el hocino, suda que sudan tus manos,
La resplandeciente espiga, no mira el sudor extraño.
El pañuelo negro y sucio, que limpia sudores malos,
No lo enjuagan las espigas, la tierra lo está mirando.
Una indigencia tan triste, se viste de luto blanco,
Con la faja comprimida, en cinturones sin caldo.
Siega que siega, el hocino, suda que suda tu mano,
Está la España muy triste, de riegos de sudor blanco.
Cuando señores de abusos, haciendas van engordando,
Ejidos de aplazamiento y espigas de oro empapado.
España triste nos dejas, sin esperanza en el campo.
Siendo despensa de Europa, llena de terrones pardos.
Cuando se reavive el hambre, será ya tiempo de ararlo.
Quiero mi trozo de España, para sembrar trigo blanco,
Que la indigencia no quiere, tener sin arar los campos.






Las tierras baldías



Sayón de calzones pardos y de sombreros de gleba
Que tiene las ansias vivas del sabor de trigo y reja.
¡Alquilo mi cuerpo honrado por la pitanza sin paga!
Hablaba así un jornalero hambriento sin esperanza.
El capataz de la hacienda que contrata las peonadas
Se queda con su salario y con sus hambres les paga.
Están las tierras de España secas de simiente nueva
Que amontone los temores de campesinos sin cena.
Una espiga de cebada se esconde por la vergüenza
El trigo el heno y la paja con odios de la impaciencia.
Las máquinas sin trabajo se estropean con las rejas
No se laboran los campos por ediles sin conciencia.
Qué triste vas campo amigo por políticos de mierda
Sin el sustento quedamos los que habitan esa tierra.
He visto Las tierras secas de terrones bien provistas
Que los que aman a España de gallinas no se vistan.
Están las tierras de siembra llorando de rabia y pena
Un milagro de esperanza y sapiencia de esas tierras.
Un español meditando del hambre que nos aguarda
Sin vacilación resuelve que lo mejor que ha de hacer
Es expropiar tierras de ejido y sembrarlas pa comer.
Esta es la historia señores del trigo el heno y la paja
Que nadie sabe yantar cuando el hambre nos ataca.
Los votos del paro y hambre en la urna hoy los dejas
Macéralos en los campos hasta que la espiga crezca.

Autor: Críspulo Cortés Cortés
El Hombre de la Rosa

miércoles, 1 de junio de 2011

Trazos. letras y acordes (VI)

Juan Antonio de Torre y Salvador

MICRÓFILO.- Es el pseudónimo de Juan Antonio de Torre y Salvador (nacido en Guadalcanal, 15 de diciembre de 1857 – falleció Guadalcanal, 7 de febrero de 1903), fue periodista, poeta y folclorista guadalcanalense.

En la "España Geográfica, Estadística y Pintoresca", de Francisco de Paula Mellado, publicada en Madrid en 1845, se describe la población de Guadalcanal de la siguiente forma: "Villa situada a quince leguas de Sevilla, en terreno llano cerca de Sierra Morena. Su fundación es remota y su nombre de origen arábigo. Conserva inscripciones del tiempo de los romanos. Consta de 966 vecinos y 3.884 habitantes. Pertenece a la diócesis de León, en su priorato de San Marcos y al partido judicial de Cazalla de la Sierra. Tiene tres parroquias y un pósito, un hospital, tres conventos de monjas, uno que fue de frailes y un estanco. En la quinta de 1844 entraron en suerte 279 jóvenes de 18 a 24 años. Pagó de contribución 63.794 reales, y cosecha al año común 16.000 fanegas de granos y legumbres, 7.000 arrobas de vino y 3.000 de aceite, que con sus pastos y frutos menores importan 674.000 reales. Hay granjería y tráfico de ganados, molinos harineros y una mina de plata en su término, explotada en la actualidad".
La expresada descripción del pueblo corresponde, en líneas generales, a la villa en donde doce años más tarde nace Juan Antonio de Torre Salvador, el día 15 de diciembre de 1857, hijo de Lucas de Torre y de Salomé Salvador. Era su padre natural y vecino de Llerena; ascendencia soriana y palentina llevaba en su sangre, lo mismo que su madre que llega al pueblo acompañando a sus hermanos sacerdotes, quienes ejercerán su ministerio sagrado junto con la administración de diversas fincas. Fruto de ese matrimonio nacerán los siguientes hijos: José, que se casará con la cazallera Dolores Pérez, Miguel que lo hará con Carmen Caballero, Juan Antonio “a quien dedicamos estas líneas casado con Ana Franco-Romero Castelló, la cual a la muerte de su marido se desposa con su cuñado” y Norberto casado con Ana Franco-Romero Castelló la cual a la muerte de su marido se desposa con su cuñado Juan Antonio; sin embargo, estos serían sus primeros esponsales ya que, estando viudo muy poco tiempo antes de morir, casó nuevamente con la malagueña Aurora Fuster Gallardo, de veinticuatro años, que vivía por entonces en Guadalcanal. Del primero de sus matrimonios tuvo una única hija, Ana María de Torre Franco-Romero, que murió el mismo año de su padre, a los diez y ocho años, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar.
Ignoro en estos momentos por qué motivos familiares Juan Antonio de Torre estudió primera y segunda enseñanza en el Colegio de las Escuelas Pías, de Getafe, incorporado al Instituto San Isidro de Madrid primero, y en el Colegio de Villacarriedo que dependía del Instituto de Santander después. De la misma forma que ignoro las razones que le llevaron a realizar los exámenes del grado de bachiller en Artes, el año 1865, en el Instituto de Valladolid. Al matricularse en la Universidad de Sevilla para comenzar sus estudios de Derecho vivía en el número ocho de la calle Placentines de aquella ciudad; y cuando en 1869 se vuelve a matricular en las asignaturas que le quedaban pendientes en la misma Facultad, vive entonces en la calle San Eloy, por lo que llego a sospechar que se trata de las diversas pensiones donde se alojaba cuando iba a Sevilla a inscribirse o matricularse en la Universidad. Durante el curso académico de 1877-1878 aparece como alumno de Derecho en la Universidad Central de Madrid; para volver de nuevo a Sevilla donde debe concluir sus estudios, aunque no me consta que terminara definitivamente la carrera de Derecho, ya que en 1880, viviendo en la calle Arguijo, frente a la Universidad, no se presentó al examen de ninguna de las tres asignaturas en que estaba matriculado todavía. Después ya no se tienen más noticias.
Muy joven comienza a colaborar en importantes revistas científicas y literarias españolas, especializándose enseguida en estudios sobre antropología, etnografía y folklore, manteniendo estrecha amistad con Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel; y así como éste utilizó con frecuencia el seudónimo de "Demófilo", muchos trabajos de Juan Antonio de Torre están firmados con el de "Micrófilo". Formó parte de la Sociedad de Bibliófilos Andaluces, que presidía en Sevilla el Duque de T'Serclaes, su hermano el Marqués de Jerez de los Caballeros, Rodríguez Marín, Collantes de Terán, Montoto, Guichot, Asencio y otros eruditos sevillanos, que se preocuparon por editar bellísimamente libros incunables y raros sobre temas andaluces. Juan Antonio de Torre Salvador asistió con frecuencia a las más importantes tertulias sevillanas de la época, caracterizándose por su espíritu mordaz y cáustico.
Su libro más importante se titula "Un capítulo del folk-lore guadalcanalense", publicado en Sevilla, en la imprenta de Francisco Leal y compañía, en 1891, muy difícil de encontrar hoy día. Era Torre, además, desde muy joven redactor y colaborador de "La Enciclopedia", una revista científica y literaria, "El Alabardero", "El Posibilista", un diario democrático de intereses materiales, ciencias y noticias, según se expresaba en un subtítulo, "El Folk-re Andaluz", entre otros; escribió en varias ocasiones en el "Boletín Folklórico Español", en el periódico satírico "Perecito", en "El Aviso", "Miscelánea" y otros. Asimismo fue director de "El Pacto", un periódico republicano federal que se publicaba en Sevilla entre 1886 ti- 1887: también fue el último director de "El Cronista", diario político mercantil, así como del semanario festivo titulado "Sevilla en Broma", que comenzó a publicarse en abril de 1883 y sólo alcanzó diez y seis números. Colaboró igualmente en periódicos y revistas extremeñas.
Enfermo de una grave lesión pulmonar residió los últimos años de su vida en el pueblo que le vio nacer. Aquí murió y la fría redacción del acta de defunción no puede ser más escueta y trágica; dice así: "En Guadalcanal, a las once del día ocho de febrero de 1903. Juan Antonio, edad cuarenta y cinco años, ocupación propietario, domicilio en calle Guaditoca número 6, y murió a las diez y seis del día 7 de febrero en su domicilio, a consecuencia de un ataque de disnea.// Estaba casado en el acto del fallecimiento con doña Aurora Fuster Gallardo y que lo estuvo en primeras nupcias con doña Ana Franco-Romero y Castelló, de cuyo matrimonio deja una hija menor de edad, llamada María de Torre Franco-Romero.// Que no otorgó testamento y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el Cementerio Civil de esta población". (Fol. 377, núm. 11).
Así ocurrió. Hace algunos años Pedro Porras y yo, con la ayuda de Rafael, el sepulturero, pudimos reconstruir trozo a trozo la lápida de mármol que inútilmente, debido a la acción del tiempo, cerraba de mala forma su sepultura. Entonces pudimos averiguar, según se expresa en la piedra, que fue costeada como "tributo de amistad de D. Sebastián Gómez Ferreira". Era entonces también lo que quedaba del recuerdo de un importante personaje de Guadalcanal; y como ocurre con frecuencia, la trágica frecuencia de siempre, en este caso la tierra no le fue leve en su tierra.
Vaya en esta ocasión un sincero recuerdo a su memoria.

Juan COLLANTES DE TERAN
Revista de Feria 1985