By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-

Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



miércoles, 16 de mayo de 2012

Un territorio sin fronteras

Los grandes poetas se han parado a hacerle preguntas a la pintura para progresar en su obra.

Como afirmaron, entre otros, Lessing o Praz, la pintura necesita a la poesía porque sin ella puede verse pero no puede ser leída, y la poesía necesita a la pintura porque sin ella puede leerse pero no ser vista. La pintura le aporta visibilidad a la poesía, la poesía le aporta inteligibilidad a la pintura: un acto de ensanchamiento hermenéutico que catapulta a ambas a territorios a los que difícilmente hubieran llegado por separado. Por eso, y aunque no siempre se lleven bien, son hermanas que comparten un mismo origen y que se encaminan a un mismo fin. Conviene, en este sentido, no confundir los intentos de la emblemática tradicional, el concepto de obra total de Wagner o las propuestas de ciertas vanguardias (el letrismo, los caligramas, los collages), que cosen por el tronco a pintura y poesía transformándolas en ese monstruo de feria que solían ser los hermanos siameses, con las relaciones históricas libres que han mantenido ambas a lo largo de los siglos: lo que comparten no las hace más lentas y torpes sino más veloces, más lúcidas, más ágiles, más estáticas y mejor afincadas en lo eterno.
Prácticamente todos los grandes poetas se han parado a hacerle unas preguntas a la pintura de cuya respuesta dependía en buena medida su propia validez y capacidad de progreso como tales poetas. Además, y en unos pocos casos, ciertos poetas han combinado su dedicación a las letras con su dedicación, más o menos profesional o notoria públicamente, a la pintura y al revés, ya que muchos grandes pintores, como por ejemplo Picasso, practicaron también la poesía.
Quizás el caso más llamativo de poetas-pintores es el de Wang Wei (701-761), uno de los grandes de la dinastía Tang, el período y el lugar más feliz de la historia para ser poeta, de cuyas pinturas, por desgracia, solo nos han llegado débiles reproducciones. Sobre él dijo otro poeta, Su Dongpo: “La poesía de Wang Wei es pintura; / la pintura de Wang Wei es poesía”. Considerado el padre de la Escuela del Sur, se inventó diversas técnicas pictóricas, entre las que destaca el shuismo, un procedimiento que sugiere los colores sin usarlos (sobre un fondo blanco se van dibujando los paisajes con diversos tonos del gris) y que, por eso, mejora la perspectiva. Como poeta haría algo parecido: sus imágenes no luchan por la primacía de un color sino que colaboran todas a que lo que quede realzado sea el conjunto. Como diría Kuo Hsi (1020-1090) siglos después, con palabras que podrían aplicarse a Wang Wei, “la poesía es un cuadro sin formas y una pintura es un poema con formas”.
El mejor heredero de esta tradición en el Occidente contemporáneo fue Henri Michaux (1899-1984), que se fijó en la técnica de la pincelada única formulada por Shih T’ao (1641-1717). Según este era un no-método gracias al cual cada golpe de muñeca conseguía que el pincel pusiera un poco de orden en el gran caos que es el Universo. Michaux, que también se inspiró en los garabatos, en el arte de los niños y en los estados mentales inducidos por las drogas, realizó varias series de dibujos, entre los que destacan Captar y Mediante trazos, para buscar ese punto de ingravidez original en el que el orden y el caos intercambian sutilmente sus cualidades y que, en su caso, se condensan en insectos inclasificables, tachaduras que solo se tachan a sí mismas y líneas que se desperezan en busca de su espiral. Como poeta buscó eso mismo inventándose decenas de seres y de pueblos a medio camino entre el sueño y la lógica: seres y pueblos imaginarios sin los cuales, una vez extraídos de su imposibilidad o de su latencia, se vuelven imprescindibles de tan reales.
Antes que él William Blake (1757-1827) trató en persona con los ángeles y con esos extramundos que catalogara Swedenborg. Fue un poeta y un pintor visionario que usaba sus visiones como otros usan manos y piernas: para comer, para no caerse, para coger algo, para subir una escalera. Sus visiones no le volvieron loco, aunque sí que hicieron de él una persona bastante rara, porque no le hablaban de lo ultraterreno como tal sino de lo ultraterreno como lo terrenal por excelencia, ese espacio (mental, poético, pictórico, filosófico) donde se abrazan el cielo y el infierno para crearnos a cada uno de nosotros (y a las piedras, los ríos, etc.)
Lorca y Alberti son iconos de una etapa de la literatura española y de la propia historia de España. Lorca, que expuso en Granada en una casa particular en 1925 y en Barcelona en la galería Dalmau en 1927, muestra en sus dibujos una sensibilidad contenida que en sus poemas acaba desbordándose, haciéndose poco a poco torrencial y expansiva. Sus dibujos son íntimos, confesiones en clave de pulsiones secretas que parece estar intentando visualizar y controlar (o quizás descontrolar a la manera de su amigo Dalí), como se ve en El joven y su alma y, sobre todo, en Escena de domador y animal fabuloso, dos de sus composiciones más logradas. Por su parte, Alberti, que siempre dijo que la pintura fue su vocación primera, tuvo una larga trayectoria como pintor con exposiciones individuales en Buenos Aires, Bogotá, Roma y diversos lugares de España. Picasso, gran amigo suyo, y al que dedicó su poemario A la pintura o los grabados de Los ojos de Picasso, fue su brújula en su paso por las vanguardias, en su constante experimentación e incluso en la elección de motivos. Su pintura se autodefinía como lírica (desde sus liricografías iniciales hasta series litográficas como El lirismo del alfabeto, de 1972), pero era más bien una especie de canto nerudiano a la existencia, a lo que ocurre fuera, y una explosión de vitalidad con matices incluso épicos.
Rafael Pérez Estrada estaba siempre dibujando: en cuadernos, en hojas sueltas, en cartas personales, con lápices, con bolígrafos, con pinceles, en mesas de bar, en estaciones, en el aire. Dibujaba cuando escribía y también cuando hablaba: pintura hecha carne, un verdadero animal visual que ensancha, y hace más resplandeciente y honda, la mirada de quienes se asoman a sus imágenes escritas o dibujadas. Obispos, unicornios, ángeles, animales fabulosos: los habitantes de un territorio sin fronteras, o cuyas fronteras lindan con lo infinito, que van saltando de sus poemas a sus cuadros y al revés en una salvaje danza civilizada a medias entre El Bosco y Nietzsche (y entre Miguel de Molinos y Nureyev). Su obra plástica, que se guarda en el Archivo Municipal de Málaga, está aún por descubrir.
Sylvia Plath y Jack Kerouac, como ha podido verse en las exposiciones póstumas dedicadas a ellos en Estados Unidos en los últimos años, pintaron para deshacerse de sus demonios. En sus poemas y en sus textos en prosa esos demonios los acosan sin tregua, sin piedad, constantemente. Quizás por eso ambos se suicidaron, una con gas, el otro con el alcohol. Los dos, en efecto, pintaron para encontrarle un sentido a la existencia que perdían nada más sentarse ante la máquina de escribir: pintaron para hacer las paces con la vida, para poner en un afuera digno de confianza esa roca negra que aplastaba sus corazones. Pintaron para salvarse pero no se salvaron, una urgente pregunta (la pregunta de la salvación, la pregunta por lo insalvable) que sus cuadros nos hacen a cada uno de nosotros.

JESÚS AGUADO

sábado, 12 de mayo de 2012

Como me lo contaron...


... ¡Voy a vivir!
¿Os dais cuenta?

No sé si fue leído, o visto en Televisión o si tal vez me lo contaron. De cualquier manera como lo recuerdo lo voy a contar.
Comienza la escena en una gran nave espacial conducida por un ángel... Y en ella viajan los ocho espíritus de ocho niños aun no nacidos que van camino de la Tierra, por el espacio infinito, mientras ocho madres embarazadas les esperan.
Y en el interior de la gran nave imaginaria, los ocho espíritus conversan entre sí.
—¿Dónde vas tú? —pregunta a otro, un espíritu pecoso, con el pelo revuelto y ojos vivarachos.
—Chico, no me fastidies. Voy a casa de un matrimonio millonario. Aún no he nacido y ya me siento aburrido. Debe ser cosa que se lleva en la masa de la sangre. Mi futuro padre es un hombre cansado, avejentado por el abuso de todo y mi futura madre es una mujer gastada por el egoísmo y la vanidad.Sólo viven pendientes de sí mismos; me engendraron casi sin querer, y ahora allá voy yo, a nacer cuando casi no tengo ganas ni de abrir los ojos... ¿La vida? ¡Bah, qué farsa!
—Pues yo —tercia otro espíritu en la conversación— seré el primer hijo de un matrimonio que lleva doce años de casados. ¡Ya os podéis suponer!: mimitos por aquí, carantoñas por allá... Me veo con veinte años cogidito de las faldas de mamá, vestido de marinero. ¡Harán de mí un inútil!
—¡Caramba, muchachos; no os comprendo! —les interrumpe el espíritu pecoso de ojos inteligentes—. Harán de ti un inútil y de ti un vago egoísta porque queréis vosotros. Yo voy a un hogar humilde, son ya seis hermanos. Yo haré el número siete y en mi futura familia no hay un duro ni por donde venga... ¡Bueno! ¿Y qué? ¡Voy a nacer! ¿Os dais cuenta? ¡Vivir, vivir! Saldré adelante, lo sé, ya lo veréis. Tal vez algún día nos conozcamos... ¿quién sabe? Fijaos bien en mis pecas, en mi pelo revuelto imposible de domar. ¡Me abriré camino! ¡Lucharé y sacaré a mis padres y a mis hermanos adelante!
—.Piensas ser futbolista?, porque si no ya me dirás cómo, chaval.
—Con voluntad, con constancia y esfuerzo. Aguantaré lo que sea y acabaré por abrirme camino; traeré suerte a los míos, yo, séptimo hijo... ¡Voy a vivir! ¿Os dais cuenta? Conoceré la vida, su lucha, sus tristezas, sus alegrías; conoceré el amor, al valor de una buena amistad, el cariño de mis padres... Veo el futuro, lo sé, les traeré la facilidad, la dicha que aún no han conocido...
—Envidio tus ganas de vivir y de luchar —intervino el cuarto—. Yo no soy tan pesimista como esos dos, pero tampoco me siento tan ilusionado, francamente. Todavía no sé qué es la vida.
—Algo maravilloso. No lo dudes. Abrirás los ojos en el regazo de tu madre y verás el Sol y los colores. Verás crecer una flor, te dará en la cara el viento del atardecer y sentirás el calor de un hogar. Oirás la sonrisa de tu madre, sentirás a tu cuerpo cómo se aferra a la vida...
De repente, la nave se detiene, oscilando en el espacio, y el ángel que la conduce se presenta a los ocho espíritus.
—Vamos —les dice—, ha llegado el momento de que nazcáis. Apretad con todas vuestras fuerzas, vuestra madre os ayudará...
Hay un algo extraño, como de tristeza en la voz del ángel al dirigirse al espíritu pecoso, de cabellos revueltos: «Espera», le dice con dolor.
Los siete restantes ya no están en la nave cuando la compuerta se cierra y quedan solos, frente a frente, el ángel y aquel espíritu pecoso, con unas ganar enormes de vivir, que mira interrogador sin comprender qué es lo que pasa. El ángel llora cuando le explica:
—Tú... no nacerás. Tu madre no te ha querido. Tenía ya seis hijos y ha decidido abortar..
—¡No! ¡Yo tenía el derecho a nacer. ¡Era un ser vivo! ¿Por qué me engendraron para matarme, así? ¿Para evitarme penas? ¡Mentira, mentira! Iba a nacer, a vivir; serían cincuenta, sesenta, noventa años y después vería a Dios eternamente, ¡Yo sé que existe y que...!
—Volverás a la nada.., lo siento. No te han querido. Quisieron el placer sí, pero. no el hijo.

La enorme nave imaginaria viró en redondo y se perdió a lo lejos, en los espacios infinitos de la nada.

Plácido de la Hera 
Revista Guadalcanal 1981 


A mi amigo Plácido (Jr.) por amar y respetar Guadalcanal como nos transmitieron nuestros padres.
Rafa Spínola

miércoles, 9 de mayo de 2012

Pasión por los libros, y especialmente por los raros y curiosos


Comentario breve de la historia de la bibliofilia


Como toda afición colectora, la pasión de la bibliofilia tiene sus desvaríos y sus singularidades
Una historia de la bibliofilia, aunque breve, es la historia de una de las muchas formas de coleccionismo. El bibliófilo colecciona libros, y manuscritos, al igual que otros atesoran cuadros, cerámicas, tapices y esculturas; cambia el objeto del deseo, pero casi nunca la actitud ni el carácter. Quizá la bibliofilia nació en el instante en que un individuo poseyó dos libros, pues hasta ese momento era el chamán o el sacerdote el encargado de conservar, nunca de poseer, el libro que contenía las ceremonias y los ritos de una comunidad. Cuando alguien, por placer, por herencia o por obligación, tuvo en su propiedad un par de códices, probablemente quiso tener otro más, quizá por curiosidad, quizá por diversificar los contenidos, quizá por una punzada de orgullo patrimonial. Fue un instante decisivo para la historia de la humanidad, porque desde la constitución de esta biblioteca primitiva, tal vez en Oriente y tal vez en una fecha que no concuerda con las del calendario romano, hasta que un bibliófilo inglés a caballo entre los siglos XVIII y XIX, Sir Richard Heber, acumuló cerca de 300.000 volúmenes repartidos en ocho casas por Europa –el catalogue de su venta, muerto el propietario, ocupa 13 tomos de apretada tipografía (Bibliotheca Heberiana, London, William Nicol, 1834-1837)–,la bibliofilia había escrito ya una larga historia de nombres señeros, colecciones fabulosas y bibliotecas desaparecidas. Los historiadores de esta larga memoria de los depósitos del papel impreso, y manuscrito, no se ponen de acuerdo en los motivos que llevan a un individuo a comenzar la acumulación de ejemplares. La bibliofilia está íntimamente asociada al poder económico del adquiridor, porque sin maravedís, escudos, libras o euros, el número de ítemsde una colección que se precie de serlo se resiente notablemente. No extrañe, entonces, que reyes, cardenales, dignatarios, aristócratas, estadistas y autoridades hayan sentido el coleccionismo impreso, y manuscrito, a los que modernamente habría que añadir empresarios, industriales, magnates y gentes con (muchos) posibles. Aunque ello no ha sido obstáculo para formar esa “biblioteca de libros, folletos y papeles humildes” que nos recordaba en su Ensayo..., así titulado, Francisco Giraldos (Barcelona, Imprenta Badía, 1931) en referencia a su propia colección. ¡Que le quiten el placer a un bibliófilo de completar los modestos 500 volúmenes de la Enciclopedia Pulga de las Ediciones G. P. de nuestra posguerra! Todo coleccionismo implica categorías, clasificaciones y límites conceptuales y de intendencia. Los bibliófilos, tradicionalmente y desde sus orígenes, han acaparado los libros, y los manuscritos, intentando construir esa biblioteca universal donde estuvieran representados los conocimientos de su época histórica (y pretérita). Perseguían la posesión de los saberes a través de los testimonios escritos, o impresos, depositados en ellos, y no puede extrañar la diversidad de materias y, por tanto, del número de ejemplares de las bibliotecas de Hernando Colón, quizá el primer bibliófilo confeso de nuestra patria; Gaspar de Guzmán, conde duque de Olivares; Lorenzo Ramírez de Prado o Nicolás Antonio; hasta llegar a Pedro Caro y Sureda, marqués de La Romana; a los Salvá, Vicente y Pedro; a Ricardo Heredia y Livermore, conde de Benahavís; a Bartolomé José Gallardo; a Joaquín Gómez de la Cortina, marqués de Morante; al Marqués de Jerez de los Caballeros y su hermano gemelo el Duque de T’Serclaes de Tilly; a José Lázaro Galdiano o al mismísimo Marcelino Menéndez y Pelayo, entre otros muchos nombres señeros que recogen Manuel Sánchez Mariana en Bibliófilos españoles: desde sus orígenes hasta los albores del siglo XX (Madrid, Biblioteca Nacional; Ollero & Ramos, 1993) y Francisco Vindel en Los bibliófilos y sus bibliotecas desde la introducción de la imprenta en España hasta nuestros días (Madrid, Imprenta Góngora, 1934; Madrid, Libris, 1992). Desde mediados del siglo XIX, ante el auge de las subastas y la edición de catálogos de ventas de los libreros europeos y americanos, se desarrolla la bibliofilia (digamos) temática y se empiezan a coleccionar determinadas materias, motivos o peculiaridades. Libros de cocina (Mariano Pardo de Figueroa, Doctor Thebussem), de novelas de caballerías (José de Salamanca y Mayol, Marqués de Salamanca), de música (Francisco Asenjo Barbieri), de toros (José Carmena Millán), de grabados y dibujos (Valentín Carderera), por no citar el entonces naciente coleccionismo cervantino y quijotesco; pero también ediciones de un determinado impresor (Ibarra, Bodoni, Sancha), de un determinado lugar, de una determinada cronología, o bien por formatos, por determinados encuadernadores, por su tirada, por ser solo primeras ediciones, etc. Como toda afición recolectora, la pasión de la bibliofilia también tiene sus desvaríos y sus singularidades; muchas de ellas, enmascaradas en unas leyendas de trasmisión oral que envidiosos y congéneres propagaron con una mezcla de envidia y autosatisfacción, otras, vividas por los suministradores de estas dosis impresas, y manuscritas, es decir: por los libreros, que en sus ocasionales memorias desvelaban los caprichos y las aficiones de sus clientes (siempre, cautelosamente, post mortem). Porque toda pasión tiene sus excesos, sus instantes de supremo placer y sus momentos de decaimiento y abandono, con la ventaja, en el caso de la bibliofilia, de no sentir jamás celos de ninguna nueva pieza, que convive educadamente con su antecesora, sin que por ello cambie el cariño que se le sigue profesando; por ello la anatomía emocional del bibliófilo, como titula Holbrook Jackson su conocido estudio: The anatomy of bibliomania (Londres, The Soncino Press, 1930), está sujeta a numerosas veleidades, manías y desafueros sobre los que se han escrito emotivas páginas desde que se fueron descubriendo los primeros síntomas de los pacientes aquejados por esta patología. Sirvan de referencia a quienes se interesen por ahondar en esta dolencia, casi siempre degenerativa, las páginas de Manuel Porrúa, Bibliofilia y bibliofobia (México, Manuel Porrúa, 1978); Nicholas A. Basbanes, A Gentle Madness: bibliophiles, bibliomanes and the eternal passion for books(Nueva York, H. Holt and Co., 1995); Francisco Mendoza Díaz-Maroto, La pasión por los libros: un acercamiento a la bibliofilia (Madrid, Espasa, 2002), que anda ya por su tercera edición, o Joaquín Rodríguez, Bibliofrenia o la pasión irrefrenable por los libros (Barcelona, Melusina, 2010). Hay afectados que han escrito su propio historial clínico con el único afán de rememorar los primeros síntomas de la infección, casos recientes y ya publicados son Las confesiones de un bibliófago de Jorge Ordaz (Madrid, Espasa, 1989) o Leer para contarlo: memorias de un bibliófilo aragonés de José Luis Melero Rivas (Zaragoza, Biblioteca Aragonesa de Cultura, 2003), cuya lectura puede servir de testimonio para futuros contagios. El genoma de esta pasión lo describió admirablemente el senequismo poético de Fernando Pessoa: “No tengo ambiciones ni deseos, / ser coleccionista no es una ambición mía, / es mi manera de estar solo”.
VÍCTOR INFANTES.- Catedrático de Literatura y autor de La Biblia de los bibliófilos.

sábado, 5 de mayo de 2012

Cuentan de un sabio...


De viajantes en la Sierra Norte y sur de Extremadura en los años cincuenta del siglo XX
En homenaje a Juan Antonio Torre Salvador, “Micrófilo” (1857-1903), escritor maldito,autor de “Un capítulo del fol-klore guadalcanalense” (1891), a quien la intolerancia borró su nombre del callejero del pueblo.

La memoria,esa función cerebral exclusiva de nuestra especie, no deja de asombrarme en aspectos como el que da origen a este texto. Por eso me he preguntado muchas veces: ¿por qué recuerdo en su integridad sin el mínimo fallo, con el paso de los años, , las décimas “Cuentan de un sabio …” de Calderón de la Barca y “Admirose un portugués…” de Nicolás Fernández de Moratín, y de una cantinela guasona, que recitaban los viajantes en la Tienda de mi Padre hace casi 60 años, sólo puedo reproducir, y mal, una línea o verso?. En estas cuitas me hallaba cuando se me ocurrió acudir al Santo Buscador – intuirá el probable lector que no me refiero a San Antonio de Padua, sino al cibernético San Google – que mire Vd. por donde,tampoco me resolvió el problema, ya que si bien me llevó a un foro de un ciudadano de la vecina Fuente del Arco, le pasaba igual que a mí, pues sólo reflejaba la frase “En Llerena está la cosa buena”, que como veremos más tarde no era la exacta, y por supuesto al texto le faltaba casi todo, para estar completo.
De repente se me ocurrió telefonear al antiguo colaborador de mi Padre, exitoso empresario , gran amigo y excelente persona , que se llama Eduardo Saavedra Moreno. Cuando le conté el motivo de mi llamada, él que ha dedicado toda su vida al comercio, no tardó ni un segundo en repetirme el dicho, que circulaba por entonces en boca de los sufridos miembros del gremio de los viajantes que visitaban nuestra comarca.
La pequeña historia es la siguiente. Había un viajante con ínfulas poéticas, que necesitaba que su empresa le remitiera fondos y se los solicitó a su jefe con el siguiente telegrama en verso:

En Alanís,
negocio no conseguí
Cazalla,
está que estalla,
Constantina,
está que trina,
En Guadalcanal,
na,
mande fondos a Llerena,
por si está la cosa buena .

La respuesta del jefe, también por vía telegráfica , y que no se hizo esperar, fue la siguiente:

Devuelva usted las maletas
y váyase a hacer puñetas
no quiero viajantes poetas.

Penoso trabajo el de aquellos viajantes, gente dicharachera e ingeniosa que sobrellevaba con humor una dura profesión, que comportaba prolongados viajes en trenes arrastrados con máquinas de va porque lo ponían a uno perdido de carbonilla, cargados de maletas, y que les obligaba a pasar casi toda la semana lejos de la familia en las pensiones de los pueblos.
A decir verdad, aquellos viajantes algunos de cuyos nombres recuerdo (Martínez, Ossorio, Ramos .…, etc.), además de ser enormemente simpáticos tendían a considerarnos “catetos” por el mero hecho de ser de pueblo, -(en Madrid donde escribo, los castizos dicen ahora “pardillos”) -y a veces no dudaban en practicar el fino arte del vacile con los paisanos de la Sierra. Sobre un vacile practicado por un viajante publiqué, hace 18 años, en la Revista de Feria de 1991, el texto que reproduzco a continuación, firmado con un seudónimo que era un homenaje a mi Padre, José María Álvarez Medina, más conocido como Pepe el de la Tienda. La anécdota sucedió en la Barbería, que estaba situada en la Plaza, entre un viajante sevillano y Manolo Escote Gallego inolvidable amigo de mi padre y mío. La titulé “Cuernos en la barbería”, pero igual hubiera valido “El viajante viajantado” y decía así:

CUERNOS EN LA BARBERIA

Yerra el lector si supone, por el título de estas líneas, que el asunto se refiere a una infidelidad conyugal consumada en una peluquería, que en Guadalcanal, donde ocurrió la historia, se denomina con el vocablo cervantino cuando se trata del establecimiento de caballeros.
Los hechos ocurrieron una tarde de verano de los años 1950. Fueron protagonizados por ese singular y entrañable guadalcanalense llamado Manuel Escote, y por un viajante, cuyo nombre ni conocemos ni hace al caso. Baste saber que era sevillano, chaparrito y vacilón. El escenario fue la barbería de Manolo, sita en la impar plaza de España de Guadalcanal, frente a la estatua de A. López de Ayala, aquel que temía "más al olvido que a la muerte". Serían las prime ras horas de la tarde en las que la tranquilidad de la plaza, mientras los naranjos agrios aguantaban impávidos la canícula, era absoluta.
La barbería, como la tenía puesta Manolo, se diferenciaba muy poco de las de otros pueblos de Andalucía. El detalle distintivo era una hermosa cornamenta de ciervo, que había en la pared que quedaba a la derecha de la puerta, y que cumplía la utilitaria misión de perchero. Se trataba de las astas de una pieza no cobrad a por Manolo, sino de un regalo que le había hecho uno de sus hermanos* aficionado a la caza mayor, ya que nuestro protagonista, empedernido cazador, lo era de las especies pequeñas que abundan en nuestro término.
Aquella tarde Manolo, después de haberse levantado de la siesta, abrir la barbería, y haber leído el ABC, daba cuenta del crucigrama de Cova con la facilidad acostumbrada.
De pronto la cortina dejó entrar la luz de la plaza, y una voz netamente sevillana irrumpió en la estancia.
--Buenas tardes, maestro. Aquí vengo, a ver si me hace Vd. un buen arreglo.
Manolo, al mismo tiempo que se levantaba del sillón giratorio en el que se encontraba, contestó:
--Buenas tenga Vd. Veremos lo que podemos hacer.
El cliente se acomodó en el sillón del que Manolo acababa de levantarse. Manolo le aplicó el paño blanco, y tras ajustar el respaldo a la altura del cogote, empezó su faena, extendiendo jabón con la brocha sobre el rostro de su desconocido cliente. Éste, que ya había reparado en los hermosos cuernos que adornaban la pared de enfrente, no pudo reprimirse las ganas de vacilar con Manolo, y con la entonación ambigua que el caso requería, pausadamente dijo:
--Maestro, digo yo que buenos cuernos tiene Vd..... aquí.
--Mire Vd. qué casualidad -respondió Manolo sin inmutarse mientras continuaba su cometido-precisamente son del último viajante que pasó por aquí, que se los dejó olvidados.
El viajante, tras la sorpresa de la respuesta, encajó el golpe con deportividad. En Sevilla, en más de una ocasión tomando unas copas con amigos de su gremio, decía que había que andarse con cuidado con alguna gente de pueblo, porque había algunos, como el barbero de Guadalcanal, que no se cortaban un pelo.

PEPE SHOPSON Madrid, Julio 1991.

*Isidro, empleado jubilado de TVE, autor del libro “Vivencias y convivencias con la caza” recientemente publicado.
La cantinela del telegrama y la coña marinera de los cuernos son de una fecha que no puedo precisar, pero temo no equivocarme mucho si afirmo que se produjeron entre 1945 y 1950. Comprenderá el lector que en aquellos tiempos en que “España era una unidad de destino en lo universal”, la única forma posible de abordar los problemas sociales era mediante el humor, en su variante más genuina, el cachondeo celtibérico.
Por la misma fecha, un escritor neoyorkino, hoy famoso tanto por la calidad de sus textos, como por la que después fue su exuberante esposa, -el avisado lector habrá adivinado que me refiero a Arthur Miller (1915 -2005) – estrenaba el 10 de febrero de 1949 en el Teatro Morosco de Nueva York, su famosa obra “La muerte de un viajante” con Lee J. Cobb en el papel del protagonista, el viajante Willy Loman. Desde ese día no ha dejado de representarse en todo el mundo, habiendo quedado como una de las obras maestras del teatro norteamericano moderno.Recuerdo, hace ya bastantes años, haber asistido en el Teatro Bellas Artes de Madrid, a una representación dirigida tal vez por José Tamayo, en el que ese pedazo de actor llamado José Luis López Vázquez, interpretaba el papel del viajante y que poco tenía que envidiar a la maestría del actor americano antes citado. Cuando escribo estas líneas se repone una vez más en Madrid, en una versión del director argentino Mario Gas.
Las razones por las que en la misma fecha se abordaba, en dos lugares separados por miles de kilómetros, la figura del viajante en claves tan opuestas, humorista aquí y trágica en Nueva York, son tan obvias que me abstengo de comentarlas.
José María Álvarez Blanco
Madrid Julio 2009

miércoles, 2 de mayo de 2012

Noticias de Prensa antigua 1

Guadalcanal, provincia de Extremadura
A 6 de Septiembre de 1798

Ana Yanes, muger de Sebastian Hernández, falleció hoy aquí. Estaba embarazada de 5 o 6 meses; y deseando D. Paulino Rafael Caro Guerrero, del órden de Santiago, Vicario eclesiástico y Cura párroco en la misma villa, socorrer al feto con el santo sacramento del Bautismo luego que advirtió el peligro de la madre previno á D. Francisco del Villar, Girulano de la propia villa, para que se hallara presente al tiempo del fallecimiento, y tomó las demás precauciones y prevenciones para semejantes casos se previenen en la Embriología sagrada. Cerciorados el Párroco y Cirujano de la muerte de la madre, procedió. El segundo â practicar la operación cesárea, estando el primero próximo al cadáver con un vaso de agua en la mano. El facultativo executó la operación con tal destreza que en ménos de dos minutos presentó la cabeza, los hombros y brazos del feto, á quien por no manifestar señales de vida, bautizó el Párrroco baxo codición; pero extrayéndolo del todo lavándolo con vino, se halló que estaba vivo, y vivió algunos minutos. Este exemplar debe excitar el zelo de los Párrocos en favor de las almas de los fetos, cuyas madres fallecen ántes de darlos á luz. (SIC).

La odisea de un niño
En la estación de ferrocarril de esta villa ha sido detenido por la Guardia civil el niño de 11 años Rafael Fontán Durán, natural de Madrid y escapado de la casa paterna.
Su padre es el farmacéutico Sr. Fontán, funcionario excedente del Cuerpo de Aduanas.
Mientras viene su padre á recogerlo se ha hecho cargo de él el mancebo de la botica del Sr. Samá, por indicación del alcalde, que no ha querido meterle en la cárcel.
La historia del niño Rafael es interesante. Muerta su madre hace ya años, lleváronle á Guadalcanal sus abuelos y así permaneció separado de su padre hasta hace trece meses, época que le reclamó judicialmente, trayéndole á Madrid, de donde se escapó al poco tiempo, y pidiendo limosna, siguiendo el camino de la vía férrea, llegó á casa de sus abuelos.
Reclamóle el padre otra vez, y otra vez volvió á fugarse Rafaelito, llegando á Guadalcanal en jornadas á pie y escondido á veces en los retretes de los trenes.
Por tercera vez le reclamó el padre desde Valencia de Alcántara, y por tercera vez se escapó el niño, siendo detenido aquí al llegar á la estación.
Dice el niño Rafael que no quiere estar con su padre porque le trata con dureza, y siendo, como es, hijo natural, le hace pasar por sobrino al objeto de salvar las apariencias y conveniencias sociales.
El padre dice que el niño hace lo relatado influido por sus abuelos, que así creen lograr mejor sus propósitos de explotarle.
Se acaba de presentar el Sr. Fontán, y por medio del conductor del tren, Saldaña, ha enviado su hijo al correccional de Santa Rita, en Carabanchel.
El niño Rafael es vivo de expresión, inteligente y simpático.
En el vecindario de Guadalcanal ha causado penosa impresión el conocimiento de estas tristes aventuras infantiles. (SIC)
ABC, Domingo 14 de Junio de 1908
Por telégrafo de nuestro Servicio Particular

sábado, 28 de abril de 2012

Platillos volantes sobre Guadalcanal 4

Testimonios

Era la madrugada de una noche que bien podría ser el otoño del año 1968, muy probablemente el mes de septiembre ya que lo recordamos como una época del año que no hacia calor pero tampoco el frío del invierno.
En el cortijo “La Urbana” en el termino municipal de Guadalcanal (Sevilla) todos dormíamos, mis padres y yo en una habitación con una ventana orientada a un gran patio el cual finalizaba en el muro exterior de la finca, al otro lado solo había campo y muy cerca la carretera que va de Guadalcanal a Azuaga y mi hermana y mi abuelo dormían en otra habitación interior.
Debían ser las 3 o 4 de la madrugada cuando despertó mi madre primero y enseguida mi padre y yo debido al incesante alboroto proveniente de las cuadras, los mulos y caballos se habían inquietado por algún motivo de tal manera que el relinchar y el pataleo nos despertó. La sorpresa y lo mas extraño es que la habitación estaba iluminada por una luz muy potente proveniente del exterior, mis padres se asomaron a la ventana y observaban esa luz, una especie de reflector que iluminaba el cortijo, incluso las encinas y olivos cercanos, era como un foco de luz a media altura probablemente a la altura de las copas de las encinas y permanecía estática, como un reflector orientado al cortijo, así estuvimos viendo esa luz un buen rato. A mis padres en ese momento les extrañó pero pensaron que debía ser un camión que se había parado en la entrada del cortijo (algo muy poco habitual y menos a esas horas de la madrugada).
Nadie salió al exterior, por tanto no se pudo asegurar jamás que era realmente, volvimos a la cama con esa luz aun iluminando el cortijo y sin saber si aquello desapareció espontáneamente, o se esfumó en el cielo.
Cuando mi madre fue a hacer la compra habitual a Guadalcanal los vecinos del pueblo enseguida la abordaron expectantes preguntándole por el platillo volante que sobrevolaba e incluso aterrizó en La Urbana ya que habían leído una noticia en los periódicos de Sevilla sobre un avistamiento de ovnis en la zona y mas concretamente en las inmediaciones del cortijo.
Yo era un niño de 5 años y no recuerdo los detalles, solo recuerdo ver a mi madre y mi padre asomados a esa ventana y una enorme luz resplandeciente y que a partir de ese día escuchaba a la gente hablar de marcianos y hombres de tres metros de altura que rondaban por los caminos de esos campos. Todos sabemos que ante un suceso de este tipo se suele exagerar bastante los hechos, incluso inventar acontecimientos que no sucedieron, pero lo que si se es que vimos esa potente luz.
Que conste que soy agnóstico, es decir que tengo que tener una evidencia que justifique mi creencia en cualquier cosa, por tanto ni puedo afirman ni negar que lo que vimos esa madrugada era un ovni.

Juan Spínola
Barcelona


He revisado las hemerotecas del año 1968, encontrando el ABC (edición de Andalucía) de fecha 09/10/1968, la siguiente reseña:

Corresponsal.- En la madrugada del pasado día 7, fue avistado una especie de platillo volante cerca de Guadalcanal, en el norte de la Sierra Sevillana, los hechos fueron presenciados por varios vecinos de este pueblo que se encontraban pecnoctando en las cortijadas de La Burbana, Los Morenos, Coto del Marqués y otros adelaños.
Así mismo, L.Vargas vecino de Alanís y que si dirigía en su motocicleta a Malcocimado (antigua pedania de Guadalcanal), sobre las tres de la mañana para hacerse cargo de una partida de ganado, relata que una luz cegadora le deslumbró iluminando toda la carretera y la zona derecha, cuenta que abandonó el vehículo en la cuneta y se refugió debajo de unos chaparros, pasado unos minutos desapareció la luz y continuó su camino, denunciando los hechos al día siguiente a la autoridad.

Por otra parte, estos hechos parece que tienen relación con lo que me comentó Tomás Hérnandez en una tertulia con gente mayor esta Semana Santa en la Plaza, un paisano nuestro que emigró a Madrid a principio de los setenta, dice que dos o tres años antes de emigrar de Guadalcanal se encontraba en Pelotero una madrugada de otoño buscando zumaque y una luz muy potente asustó a la yunta de burros que llevaba, los animales hulleron despaboridos y el recuerda que se quedó inmóvil y sin reaccionar ante los hechos, tal fue el susto que cuando recuperó los animales que habían tirado la carga, regresó a Guadalcanal, al día siguiente cuando lo contó en el pueblo, casi nadie le creyó pero el sigue teniendo la imagen grabada en su retina después de los años que han pasado.

Notas.- Rafael Spínola

miércoles, 25 de abril de 2012

Aquellos recordados maestos


Memoria de un maestro republicano

Hace unos días hablando con D. Jerónimo (96 años), el más anciano componente de nuestra Fragua del Pensamiento, me comentó y me aconsejó la lectura del libro Memoria de un maestro republicano, él,  D. Jerónimo también fue maestro desde la terminación de la guerra civil hasta su jubilación, “yo no tengo merito amigo Rafa, yo solo gané la guerra y pasé de alférez de complemento a maestro nacional, nos acogimos muchos falangistas a esta opción después de terminar la guerra, Franco no nos quería en su ejercito, les usurpamos a aquellos buenos maestros republicanos sus alumnos y su derecho a ejercer y enseñar la verdad de una parte de España que quiso traer el progreso y la tolerancia”.

Debemos agradecer a Ángel Rodríguez de Mier su empeño en que por fin hayan visto la luz las memorias de José Vicente Borrás (Cáliga 1904 – 1 Cálig, 1982), un hombre bueno, de ideas socialistas y de talante conciliador. El libro Memorias de un maestro republicano,  lo ha publicado Onada Edicions, de Benicarló.
Siempre que leo memorias de aquellos españoles a los que les tocó vivir la Guerra Civil o cuando escucho su testimonio pienso en mí padre y tantos otros jóvenes de los dos bandos ¡qué mala suerte tuvieron!
Posiblemente hayan sido las generaciones con peor fortuna de toda la historia de España, me dijo una vez mi paisano ya fallecido Rafael Romero (El Panza).
En el caso concreto de José Vicente Borrás, podemos decir que durante la contienda no fue de los qué peor lo pasaron. Lo digo porque no estuvo destacado en el frente sino que estuvo destinado en los Servicios Auxiliares (básicamente en las Colonias Escolares, de la zona de Levante). Pero al acabar la guerra, empezó su particular vía crucis: como a, tantos miles de españoles Leh esperaban la cárcel y los juicios sumarísimos. Años de cárcel y encima con la incertidumbre todas las noches de si ésa sería o no la última de su vida, de si al llegar... la madrugada estaría ó no incluido en "la saca" de esa jornada; pues en el consejo de guerra lo habían condenado a muerte. Y todo, por su militancia socialista y su lealtad a la República; que él —digámoslo alto y claro— ningún delito había cometido.
Estuvo preso cinco largos años, pero su condena aún tendría una coda: cómo a tantos otros maestros republicanos, se le expulsó del Magisterio y se le impidió, incluso, dar clases particulares: «Cierto día, en plena clase, se presentó una pareja de la Guardia Civil que ordenó a los alumnos que salieran inmediatamente de mi casa». No se le rehabilitó hasta 1965.
Las memorias de José Vicente Borrás atrapan al lector por su humanidad, y sus reflexiones sorprenden por su lucidez en el análisis de los acontecimientos. Está  uno leyendo las memorias de un humilde maestro sin embargo, parece que sean las de un ministro o las dé un historiador con toda la información necesaria al alcance de su mano.
En las guerras civiles siempre aflora lo mejor y lo peor del ser humano. Así, por un lado, nos admira el gesto de José Niñerola Balaguer, quien conocía a Vicente Borrás de cuando éste estuvo en Cox dirigiendo la colonia escolar.
Al acabar la guerra, Niñérola, camisa vieja de Falange, acoge en su casa a toda la familia de don Vicente. Ni que decir tiene que, con ello, José Niñerola corría peligro, pero no le importó. Al mismo tiempo, frente a ese gesto tan solidario, encontramos un hecho vomitivo: cuando Vicente Borrás regresa a Villafranca del Cid, que era donde ejercía antes de que estallara la guerra, vecinos del pueblo le propinan una brutal paliza y, para más inri, a su mujer la arrastran de los pelos, le pegan puñetazos y le escupen. Algunos de los agresores habían sido en su día alumnos de don Vicente...

Nota: la que tampoco tiene desperdició es la azarosa vida de su hermano, el dibujante y pintor Emilio Borrás Entre otras cosas, participó en el desembarco de Normandía ¡Qué vidas...! Y es que,  bien mirado, cada uno de aquellos  españoles a los que les arrolló la guerra encierra en su propia biografía una auténtica novela.

Gracias D. Jerónimo
Rafael Spínola.- La Fragua del Pensamiento 

sábado, 21 de abril de 2012

Platillos volantes sobre Guadalcanal 3


Avistamiento OVNI ocurrido en 1942 e implicó a buques de la U.S. Navy en Guadalcanal (Islas Salomón)

Dos días antes de la invasión a Guadalcanal, durante la Segunda Guerra Mundial, por parte de tropas estadounidenses para retomar esta isla ocupada por los japoneses, un evento inolvidable y sorprendente involucró a la flota de la Marina de los EE.UU.. Un testigo de la Armada, un jefe en ese tiempo a bordo del destructor USS Helm #388, tuvo una excelente observación de un encuentro increíble con un intruso desconocido, no identificado. A las 10:00 horas la flota recibió un informe de radar de uno de los cruceros, y poco después se hizo una observación del objeto desde su destructor.
El objeto se acercaba a la flota en una dirección radial incorecta, la que era cambiada a diario. Puesto que el objeto estaba entrando en una dirección errónea, fue considerado como enemigo u hostil. Todos los buques fueron a sus puestos de combate. Cuando el desconocido se acercó a unas 3.000 yardas, los tripulantes abrieron fuego contra él. El desconocido dio un giro a la derecha y hacia el sur desde una dirección de aproximación de 320°. El OVNI aumentó su velocidad y luego rodeó a la flota una vez, ahora a unas 3.500 yardas de distancia. El objeto se desplazaba a una velocidad tan tremenda que los artilleros no pudieron coordinar un punto lo suficientemente rápido como para impactar al objetivo. Todos los artilleros estuvieron disparando salvajemente, tratando de conseguir un impacto. El objetivo entonces rodeó a la flota una vez más, luego se dirigió nuevamente al sur cerca del punto de aproximación.
Después, el director de control de armas estimó que el vehículo había alcanzado velocidades de hasta 10,000 mph. El incidente duró unos 5 minutos o menos. El testigo, que todavía no quiere que su nombre sea revelado, estaba en tareas de vigilancia en ese momento. Tenía un par de binoculares de 7x50 que eran muy buenos para la observación. Parecía ser un disco plateado bastante plano, con una cúpula en el centro de la parte superior. No habían rastros ni escapes, tampoco sonido. Su altitud se mantuvo relativamente entre 3.000 y 4.000 pies. La distancia se mantuvo alrededor de las 3.500 yardas.
Después de que el incidente hubiera terminado, todos los tripulantes y el personal se vieron sacudidos por la increíble experiencia de encontrarse con algo tan increíble por su velocidad y capacidad de maniobra. El capitán del destructor declaró que para pacificar al menos a su tripulación, haría un esfuerzo para averiguar lo que era. Desde que estaban a sólo dos días antes del momento de la invasión a Guadalcanal, el silencio de radio entre barcos era imperativo y así mantuvo. Los mensajes fueron transmitidos sólo a través de aeronaves (PBY).
Cuatro días después de que la invasión tuviera lugar, el capitán llamó a la mayor parte de la tripulación y les transmitió el mensaje de la Sede del Comando de que el objeto que habían encontrado no era ni japonés ni alemán, no era enemigo, ni era uno de ellos. Durante los meses siguientes, los testigos y otros miembros de la tripulación continuaron consultando al capitán sobre cualquier información adicional en cuanto a lo que era el objeto. Les dijo que no podía encontrar más detalles en relación con el incidente.
Los barcos de la flota que participaron en ese momento eran tres cruceros y siete destructores, todos dispararon contra el intruso desconocido. Las tripulaciones estaban preocupadas por si en los días siguientes más de los extraños visitantes pudieran volver con más fuerza y posiblemente atacarlos.
Las velocidades que este "avión" demostró y la manera en que eludió los miles de proyectiles disparados, le dio a los tripulantes la incómoda sensación de que no eran rival para él. Esto fue muy desconcertante.
Las mejores estimaciones sobre el diámetro de la nave, tal como especulaban los comandantes de los distintos buques, era de unos 90 pies.
El testigo aún siente que los detalles y la información naval recogida en este incidente en particular, están sin dudas todavía bajo resguardo de alta seguridad. La fecha de la experiencia la sitúa entre el 9 o el 10 de octubre de 1942. Debido a la cantidad de tiempo involucrado, dijo que ha perdido la pista de sus compañeros, pero sentía que la información estaba sin dudas en algún archivo de la Inteligencia Naval en Washington.
La entrevista con este testimonio se encuentra en una cinta de cassette en nuestro poder.
Referencia: MUFON UFO Journal, julio de 1983, pp 14-15
Nota:
El testigo de este avistamiento optó por permanecer en el anonimato. Cabe señalar que el 13/11/74 el testigo declaró en un "Formulario para Informar Avistamientos OVNI" de MUFON que su avistamiento se produjo en algún momento entre el 8 y el 10 de octubre. Sin embargo, otro interrogatorio efectuado por el investigador Neville reveló que el avistamiento se produjo dos días antes de la invasión Guadacanal. Este autor cree que el testimonio fue escrito en la fecha equivocada, y la fecha real fue en agosto, lo que coincidiría con la historia oficial militar y los avistamientos de ovnis documentados que también ocurrieron a principios de agosto de 1942.
Referencia: Strange Company de Keith Chester, p. 226, 2007

miércoles, 18 de abril de 2012

El viejo roble


Sobre la muerte, sobre la vida


Dice Huxley: “Yo no afirmo ni niego la inmortalidad del hombre. No veo razón para creer en ella pero tampoco tengo ningún medio para desaprobarla, ¿seré agnóstico o simplemente ateo?"


Antes de estar en la bolsa protectora de mi madre era parte de dos bolsas de madres que hicieron que mi padre y mi madre fueran partícipes de lo que se fecundó... un ser que piensa, reflexiona, que no cree en otra vida… es decir, yo.

Hoy cuando caminaba por el parque que tengo cerca de mi casa, cosa que suelo hacer a veces en mi paseo solitario, al encender un cigarrillo compredí que no soy dueño de nada, mi vida es un estado temporal, que todo lo que me rodea es parte de vida y muerte; observando un árbol en su última etapa imaginé que si no fuera por el viento, el agua y lo que le rodea, podría formar ya parte de un elegante sillón de roble de madera muerta; acepté que gracias a que los árboles y plantas que me rodeaban no tienen imaginación no sufren, porque no hubiese comprendido el roble semi muerto que todo es parte de la misma cosa, de la materia que se diluye en el tiempo.

Seguí caminando y encendí otro cigarrillo pensando en mi destino y viajé hacia dentro de mi madre y me fui hasta las estrellas más lejanas y mas cercanas y me pregunté ¿qué pasaría si se juntaran?, entonces me vino la idea de pensar qué hay después de la vida que viene, ¿el cielo, el purgatorio, el infierno o el todo de la nada?, no, esa vida es la que creen otros, yo no, en la otra y bueno ya que estaba protegido en cárcel de la comodidad que sentía en la panza de mi madre me contesté, ¿si entonces antes era un espermatozoide y un óvulo, mañana qué… nada?. Me sentí cada vez más materia, ¿entonces miro hacia atrás y me veo cada vez más chiquitito?

Una nueva vuelta al parque y allí estaba contemplándome nuevamente el viejo roble; reflexioné: si cada vez que miro hacia atrás me veo más chico, hacia delante me veré más difuso y me imaginé que cuando estuviese muerto no recordaría esta vida, pero sin querer la extrañaría, si esta es la más bella que he vivido, la próxima tal vez será enorme o totalmente vacía, cada vez más enorme, cada vez mas ínfima, pero no para mí y para los que creen como yo, acomodados en el agnosticismo o en la ignorancia; nosotros cuando muramos quedaremos inmóviles como la roca en el inmenso desierto de la nada, ellos, los otros se reunirán con su Dios.

Sí pero, ahí cuando quedemos sin vida o desgastemos las vidas que nos quedan, ¿algo nos hará renacer como un ruido enorme en la fe?, ¿todo permanecerá igual y seguiremos soñando los agnósticos a la velocidad de la luz que un ángel bueno o malo, acaso qué importa su actitud, vendrá a guiarnos a la otra vida?

En la naturaleza humana existen muchas interrogantes desde los albores de las civilizaciones. Hemos leído, aprendido, pensado..., en ciertos mitos, leyendas, circunstancias ciertas o no ciertas en muchos temas; y, uno de ellos es si existen o existieron los Ángeles, aquellos seres que se les relacionaba con la maldad a unos y la bondad a otros, esos seres inmateriales que nos enseñaban en la catequesis comprometidos a través de pactos o componendas con demonios o con dioses, seres que infundían miedo con su presencia y sosiego con su ausencia, graduados en protegernos de la maldad, unos, o llevarnos por el camino del pecado, otros, volando altaneros por nuestras almas con sus alas inmaculadas como medio de transporte.

En fin, la historia de nuestras vidas son desafíos constantes, estados de ánimos complejos, ¿y por qué no nos queremos morir?, sencillo, porque pensamos que cada vez se complica más creer en la otra vida y esta no es tan mala; lo que sería símbolo de placer futuro tiene cara de homicida de final inédito y confuso, todo es parte de todo, nuestra alma es parte de nada, no hay más vida que la vivida ayer, no existe el mañana, y no hay porqué temer a este pensamiento. Estamos y no vamos a estar (pienso) y es inevitable que el destino por más metas que nos tracemos siempre nos va estar diciendo en el momento presente que esto es puro tránsito hacia la nada, ¿a dónde quiero llegar con estas larguísimas reflexiones?, simplemente para mí la muerte no existe, es una forma de nombrar el mañana, por fin lo escribí, venía desarrollando estas hipótesis desde que vi morir a mi padre, un hombre bueno, y ahora cuando la “muerte dulce” ha tratado de arrebatarme a un ser querido, vuelvo a mis deliberaciones.

Verdad o mentira, se abre un abanico de posibilidades sobre la otra vida; cientos de autores, músicos, poetas, dramaturgos, locos y loqueros, sabios y no sabios han gastado buena parte de su intelecto en cantar, estudiar y escribir en sus rimas, sonetos y libros, a estos seres humanos, agnósticos o ateos que en el medioevo esa institución llamada Inquisición diezmó, a veces por el solo hecho de pensar diferente.

Envidio a los árboles y al resto de los vegetales, no formaban parte del Arca de Noé pero aguantaron el Diluvio Universal y carecen de los elementos necesarios para pensar en la siguiente etapa de su vida como “el viejo roble”.

Rafa Spínola
La fragua del pensamiento 

sábado, 14 de abril de 2012

Platillos volantes sobre Guadalcanal 2

Ovni en Hamapega
2 de setiembre. 1968.  20 h. 30 m.
Un técnico de TV de Guadalcanal, en el monte Hamapega, observó un objeto naranja,  a gran altura. Tenía forma circular, con forma de bandeja. Se desplazaba lentamente, sin hacer ruido. ABC (RNC).
Fuentes.- Catálogo de casos Ovni en Sevilla (1960/1980) Investigados en Umbrete por Manuel Osuna Llorente

14 de setiembre. 1968. Noche.
Guadalcanal (Sevilla). Dos técnicos de la emisora de TV, estando de guardia, vieron pasar un objeto no identificado. Otro Sr. llamado Méndez, empleado de la RENFE,  cuando volvía de la granja de Torrehermosa por la carretera de Malcocinado a Guadalcanal, acompañado de su familia, notó anomalías en el motor de su coche y observó en el fondo de una vaguada, casi sobre las copas de los olivos, un objeto del tamaño de un camión de carga, de forma cupular, anaranjado, de una brillantez cegadora, iluminando el campo circundante,  que ascendía y descendía en vertical con mucha lentitud. Poco después observaron que le salían unos apéndices, a modo de antenas. Cuando salieron la cúpula se acható, para volver a su posición inicial cuando se replegaron las mencionadas protuberancias. Otros dos coches regresaban por otras rutas, uno de ellos  vio la luminosidad a distancia, y el otro, además de verla,  le dejó de funcionar la radio. (M. Osuna)
Fuentes.- Catálogo de casos Ovni en Sevilla (1960/1980) Investigados en Umbrete por Manuel Osuna Llorente


Nuevamente, es Guadalcanal lugar de sucesos ufológicos en esta madrugada del día 14 de septiembre de 1968. Dos técnicos de la emisora de televisión, estando de guardia, manifestaron que habían visto pasar un ovni y un señor apellidado Méndez, cuando volvía de la Granja de Torrehermosa por la carretera de Malcocinado a Guadalcanal, acompañado de su familia —todos venían de la feria--, observó en el fondo de una vaguada «casi sobre las copas de los olivos», un objeto del tamaño de un camión de carga que ascendía y descendía en vertical con mucha lentitud. Era de forma cupular y su luz anaranjada era tan brillante que nublaba la vista e iluminaba el campo. Poco después observaron que le saltan unos tentáculos rectilíneos como de improviso del cúmulo de luz, tal si fueran antenas que emergían de sus costados. En ese momento, según dijeron luego, la cúpula quedó más achatada y menos luminosa. Posteriormente, los tentáculos se replegaron y la cúpula quedó otra vez con su apariencia normal.
ABC 04/1/1981 –Ovnis en Andalucía por Manuel Ramírez

Rafa Repisa






























miércoles, 11 de abril de 2012

Don Fabrique va de caza


"Señor, allá   va tras nuestra abuela"

El estudio de las genealogías trae consigo, a la vez que inmensas complicaciones, innumerables sorpresas. Cuando estas  investigaciones de ramas familiares se remontan a los años de la Edad Media, esta labor se complica aún más, puesto  que, debemos de tener en cuenta a los matrimonios de conveniencia, a los lazos de consanguinidad y a los «apaños» de  la nobleza de aquellos tiempos, los cuales dificultan en sumo el hallazgo de un  linagaje puro o seguir en condiciones normales, el devenir de un apellido ilustre  o resonante.
Y apellido ilustre fue por entonces el de los Enríquez. A los guadalcanalenses y .o nos dirá nada en absoluto; sin embargo se puede demostrar que aquí los hubo. De Guadalcanal nació el que fuera tronco de una familia que dio reyes a España.
Si bien es cierto que no existen en nuestro pueblo grandes casonas del medievo, con fachadas arquitectónicas singulares, con escudos heráldicos (salvo el de don Adelardo) en sus paredes, bien pudiera  decirse que los tuvo o pudo tener.
Sabemos, no obstante, que el caserón de la Almona y el actual Paseo del Palacio, alguna relación debieron tener con el reinado de don Pedro I el Cruel. El primero se piensa fue pabellón real de caza y el segundo un antiguo alcázar, del cual le viene el nombre. Pero son solamente conjeturas que cobran, eso también es cierto, verosimilitud en los anales de la historia que han llegado a nuestros días.
Fue el Maestre don Fadrique, hermano del rey don Pedro, el padre de don Alonso Enríquez, ese tronco del que hablaba antes.
Y nació don Alonso del citado Maestre y de doña Paloma, una judía de Guadalcanal. Andando el tiempo y la historia, tal doña Paloma se convertiría en ascendiente directo de, según los escritos, casi todos los señores de Castilla.
De Castilla y de Aragón; porque en el conjunto de esos «casi todos» debemos contar al mismísimo rey don Fernando el Católico, V de Aragón y esposo de la reina Isabel I de Castilla.
Remitiéndonos ahora a la bibliografía. En el. «Memorial de Cosas Antiguas» que, posiblemente  escribiera el deán de Toledo Diego de Castilla, perteneciente a la Biblioteca del Conde del Águila y hoy c intente en la Colombina, se cuenta el caso curioso que paso a transcribir a continuación:

«Para lo que adelante se quiera contar es necesario que sepáis que D. Alonso Enríquez, primer Almirante de su casa, fue hijo del Maestre Don Fadrique hijo del Rey D. Alfonso el XI que lo ovo en Dª. Leonor de Guzmán, y este D. Fadrique ovo al dicho D. Alonso en una Judía de Guadalcanal que llamaban Doña Paloma, .y este D. Alonso primer Almirante ovo en doña Juana de Mendoza con quien casó más. por fuerza que por voluntad, tres hijos y nueve hijas, y todas nueve .casó con Grandes Señores de Castilla, y su hijo mayor D. Fadrique , casó cinco y la una fue madre del rey don Fernando 5º de forma que casi no  hay Señor en Castilla que no descienda de esta doña Paloma: assí es que andando el dicho Rey D. Fernando á caza fué un Alcón con una Garza, y tanto se alejó, que el Rey le dejó de seguir, Martín de Rojas, Señor de Calpa, fue siempre con el Alcón hasta que le vió desampar la Garza y tirar tras una Paloma, y volióse á dó el Rey quedó. El  como le vió pregúntole por su alcón, y dijo el Martín de Rojas: SEÑOR ALLA VA TRAS NUESTRA ABUELA. Que este Martín de Rojas era descendiente de la misma Señora Doña Paloma». (sic)

Juan Bautista Rodríguez Rodríguez.
Revista de  Feria 1981

sábado, 7 de abril de 2012

Platillos volantes sobre Guadalcanal 1

Crónicas de antaño

Primera Fuente.-

Antonio Pérez circulaba la noche del 22 de abril de 1973 en dirección a Guadalcanal (Sevilla) cuando es sorprendido por cuatro luces redondas de color amarillo que estaban a 300 metros de distancia. Antonio Pérez se asustó, paró su coche y dio varios cambios de luz. Estas ráfagas hicieron que de una de las luces saliese un rayo de luz violeta que hizo que el conductor diera media vuelta. Su intento de huida fue en vano porque pronto las luces lo rebasaron por la izquierda provocando que el motor del coche comenzase a fallar.
Siguió circulando hasta que se encontró de nuevo con las luminarias que sobrevolaban la carretera a 10 metros de altura. Ello no fue óbice para que Antonio parase, muy al contrario, aceleró y pasó bajo ellos aunque pronto se los encontraría otra vez delante a tan solo metro del suelo. Antonio no paró su coche y al acercarse las luces se alejaron a gran velocidad.

Segunda Fuente.-

La noche del domingo 22 de abril de 1973, Antonio Pérez Cumbre, de 19 años, conducía su Seat 600 en dirección a Guadalcanal (Sevilla), cuando vio una fila de cuatro luces amarillas y redondas cerca de la carretera, a unos 300 metros de su posición. El joven conductor detuvo el coche e hizo una serie de señales con los faros. De pronto, de una de las luces salió proyectado un haz de color violeta. Visiblemente asustado, se dio media vuelta, pero al poco observó que a su izquierda las luces lo adelantaban, al mismo tiempo que el motor del vehículo empezó a fallar, “avería” que desapareció con el fenómeno. Antonio, sin embargo, no tardaría en encontrarse de nuevo con las luces, aunque en esta ocasión se encontraban sobre la carretera a tan sólo 10 metros de altura. Muy nervioso, aceleró y pasó por debajo de ellas, pero al poco tiempo reaparecieron enfrente, apenas a un metro de altura. Cuando se aproximó, las luces se dirigieron a toda velocidad hacía un valle. Dos días después, Antonio regresó al lugar acompañado por su padre, su cuñado y un amigo. Sorprendentemente, a unos 200 metros de distancia observaron un objeto luminoso y circular, con un anillo alrededor formado por varias luces de menor tamaño que cambiaban alternativamente de color. Dos de aquellos “focos” se desprendieron del anillo y se desintegraron antes de alcanzar una montaña cercana.
Otra Fuente.-

El 23 de abril de 1973 el joven Antonio Pérez Cumbre decide ir a las 22:00 horas hasta la vecina Guadalcanal (Sevilla) desde la finca La Parra donde vivía, en la carretera que une la citada población con Cazalla de la Sierra. A 300 metros del coche en el que iba y en sentido contrario a él, ve cuatro luces amarillas que le hacen pensar que son dos coches realizando un adelantamiento, pero al ver que las luces están paradas el conductor también lo hizo.
Así comprobó que había dos luces de más de un metro acompañadas por otras dos más pequeñas, de medio metro. Estas más pequeñas aumentaban la intensidad de su luz, dando la sensación de que se acercan.
Viendo la anormalidad del suceso el joven hace ráfagas con sus faros, consiguiendo que en una de las luces mayores surja una franja de unos cuatro dedos, de color violeta, que la atravesaría de parte a parte. 
Asustado decide volver a casa cuando descubre que las luces se han puesto en movimiento y lo adelantan por la izquierda, volando a su mismo nivel sobre la garganta que se abre a ese lado de la carretera, parándosele entonces el motor. Tras pasar las luces el auto pudo ser puesto otra vez en funcionamiento.
Unos cientos de metros más adelante, el testigo ve su marcha cortada por las cuatro luces, que se han puesto transversales a la carretera a 10 metros de altura. El joven no se para y pasa por debajo de ellas.
De nuevo las luces se aparecieron al conductor, cortándole el paso al estar a un metro sobre la carretera, pero cuando el coche iba a impactar contra ellas las mismas se alejaron hacia la izquierda, abriéndole paso.
Por fin llegó a casa y contó lo sucedido. Se corrió la voz y mucha gente recorrió los campos en busca del intruso. Se descubrió que en la zona del primer aterrizaje había dos manchas de terreno resecas, marcando los extremos de las cuatro luces.

miércoles, 4 de abril de 2012

Coleccionistas de libros y pergaminos


"Un bibliófilo está siempre en tensión cinegética, como el tigre en las selvas del Indostán...

El coleccionista de papel no limita sus búsquedas al incunable o al gótico, al pliego de cordel rarísimo o al libro de caballerías inencontrable, sino que amplía sus pesquisas a todo aquello que se ha escrito de forma manuscrita sobre papel –o papiro, o pergamino– y, de manera muy especial, a los impresos. Antes de la Bibliade 42 líneas de Gutenberg existían, por supuesto, bibliófilos. Un ilustre monarca del reino de Aragón del Cuatrocientos, Alfonso V el Magnánimo, no dudaba en asaltar, en plan pirático, las naves que venían de Oriente cargadas de códices griegos. El rey asirio Asurbanipal reunió en su capital, Nínive, una asombrosa biblioteca en la que figuraba, en doce tablillas de escritura cuneiforme, ni más ni menos que la Epopeya de Gilgamesh, la primera obra maestra, sin paliativos, de las letras universales.
Desde hace más de cincuenta años vengo ejerciendo de coleccionista de papel. Primero fueron los tebeos, que iba reuniendo poco a poco, cuaderno tras cuaderno, con la intención de que las colecciones que emprendía se completasen desde la primera entrega hasta el número final. Luego, a partir de los diez o doce años, los libros (sin que por ello dejase de perseguir tebeos: aún lo sigo haciendo). Tal vez esté barriendo para casa, pero pienso que uno de los placeres más intensos, más hondos, con menos contraindicaciones, que se puede experimentar es encontrar el libro –o el tebeo, o el cromo– que se anda buscando. Puede uno buscar un libro individual, desvinculado por completo de la serie en que se inscribió o de la firma editorial que auspició su salida, pero también puede uno buscar los libros que le faltan para completar una colección, o puede uno coleccionar Quijotes, o atlas geográficos e históricos, o fotografías decimonónicas: todo eso tiene que ver con la bibliofilia, que es una enfermedad que afecta a nuestro tiempo libre y empobrece nuestra ya de por sí maltrecha economía, pero que es un mal del que puede decirse que acaba convirtiéndose en bien y enriqueciendo nuestros espíritus.
Cualquier texto escrito es un mensaje introducido en una botella y lanzado al mar con la esperanza de que alguien, en alguna parte, se tope con él, lo suba a bordo de su atención lectora y lo comparta con su autor. Aprovecho, pues, la coyuntura para explicitar una desazón de bibliofilia. ¿Recuerdan ustedes la colección Cuadernos Literarios de Calpe, donde vieron la luz Manual de espumas de Gerardo Diego o Geografíade Max Aub, entre otros muchos títulos? Pues tan solo me falta un número para completar esa serie, ni más ni menos que El boxeador y un ángel del gran Francisco Ayala. Esta desfachatez a la hora de hacer pública una carencia resulta intolerable desde muchos puntos de vista, pero ilustra a la perfección acerca de la naturaleza esencial de un coleccionista de papel: nunca pierde ocasión de revelar sus deficiencias para intentar subsanarlas. El bibliófilo –yo lo he llamado“coleccionista de papel” para acercarlo al común de los mortales– está siempre en tensión cinegética, como dicen que lo está el tigre en las selvas del Indostán, y es tan cruel y sanguinario como el tigre cuando se trata de defender la pieza cobrada del asedio de otros bibliófilos o de ocultar un dato a sus rivales. Pero le pierde el exhibicionismo. Todavía recuerdo lo que el poeta X me contó un día acerca de cómo había ido perdiendo una serie de libros muy cotizados de poesía española contemporánea en una época en que su amigo el poeta Z visitaba su biblioteca con frecuencia. Él no establecía una relación causa-efecto entre esas visitas y esas pérdidas, pero yo la vi clara desde el principio. Entre bibliófilos, no hay lealtad que logre resistirse a la pulsión del coleccionismo.

Revista Mercurio.- LUIS ALBERTO DE CUENCA