By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-

Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



sábado, 15 de octubre de 2016

Trazos, letras y acordes XI

Rafael Rodríguez Márquez, un hombre con corazón de trovador

",,, es el nexo de unión entre los dos mundos; es el puente que hace que hoy Rafael Rodríguez Márquez se haya convertido en inmortal, porque uno sólo se muere cuando se olvidan de él, y no sólo estará en nuestros pensamientos, sino que también lo tendremos a nuestra disposición y de las generaciones futuras en nuestras bibliotecas.- 
Comentario de Alberto Bernabé en la presentación del libro Guadalcanal, un pueblo en la memoria, Guadalcanal, Cine Emperador, sábado 6 de diciembre de 2008

Aquel martes dos de Enero de 2007 día de san Basilio Magno, apareció Guadalcanal frío e impregnado de una ligera niebla procedente de la Sierra del Agua, altanera y velando por este pueblo serrano que tanto amó nuestro amigo Rafael.
A pesar del frío reinante, transcurría la jornada casi lúdica por la recién pasada fiesta de fin de año y la proximidad de la festividad de los Reyes, por los Mesones y la calle Santiago bullía la gente organizando compras y saludando a paisanos que por estas fechas señaladas nos acercábamos en nuestro pueblo a pasar unas pequeñas vacaciones e impregnase de amistad y cariño de familiares y amigos, de pronto, parece que todo se detiene, la noticia va de boca en boca, a muerto Rafael el de Electrovira, a pesar de que familiares y amigos eran conscientes de que el martillo de la vida estaba golpeando la salud de Rafael y que esto nunca resquebrajó su espíritu, la sombra de la muerte vino a buscar a este hombre noble y amigo de todos, para los que le conocimos, con solo el comentario de la lectura de un libro, el murmullo de unas palabras en una conversación de café, sus largos paseos por "su" paseo del Palacio con los amigos o el comentario sobre cualquier noticia de actualidad, te hacían entablar conversación con una de las persona más afable, sencilla, de gran corazón y culta que yo he conocido en Guadalcanal.
Su nacimiento el 1 julio del 1938 fiesta de san Simeón, cuando España se encontraba inmersa en una fratricida guerra civil y más tarde, su difícil infancia debido a las condiciones familiares y una España devastada, forjaron a un hombre justo, honesto de trato entrañable y un amor y compromiso con su pueblo, pueblo al que encumbró a través de sus artículos en la revista de feria y en su libro legado póstumo "Guadalcanal un pueblo en la memoria", que fue presentado por su hija Mari Carmen en homenaje póstumo el sábado 6 de diciembre de 2008 en el cine Emperador (actual cine-teatro Municipal), libro que nos introduce y describe a través de la historia y la memoria de Guadalcanal desde la prehistoria hasta los personajes más ilustres de la villa, recreándonos en datos, fotos o curiosidades recogidas para la memoria.
Memoria que en mi caso particular, me hace retroceder hasta el verano del año 1.994, cuando me lo encontré cerca de la Plaza de Abasto, curiosamente los dos llevábamos la revista de feria de ese año bajo el brazo, y me comentó que mi artículo Diccionario Humano (Bebeagua) transmitía nostalgia y amor por Guadalcanal, manifestándome lo que ambos amábamos el pueblo, independientemente que nos encantaramos en Guadalcanal o por la diáspora de la emigración, fuera de él, articulo que fue premiado como el mejor articulo de aquel año en la revista.
Su amplio currículo no se limita solo a la participación en el aumento de la riqueza y la cultura de Guadalcanal con su contribución en diversas empresas locales, fue el caso del único cine de Guadalcanal de la época y la organización de diversos eventos y espectáculos, que recuerdos..., aquel cine de verano luego transformado en el Cine Emperador (considerado en su día como el más moderno de la comarca), con sus películas punteras en la época y su finalización siempre con la música del pasodoble, creo que "en er mundo"; fue así mismo, socio fundador de la primera caseta particular en el Real de la feria, presidente del Guadalcanal C.D durante muchos años, relanzó la revista de feria y la enriqueció con sus artículos sobre el día a día de nuestro pueblo, fue mayordomo de la Hermandad de Guaditoca en momentos difíciles, formó parte de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, de la que era gran devoto, Para terminar esta pequeña glosa sobre Rafael Rodríguez Márquez, hijo, padre y abuelo de guadalcanalenses y guadalcanalense de corazón, aun cuando por las circunstancias de la guerra naciera en Corral de Calatrava (Ciudad Real).
Reproduzco el prólogo que escribió su gran amigo José Fernando Titos Alfaro del libro editado en el año 2008 y que enardece la amistad y grandeza de corazón de su gran amigo Rafael: 

Prólogo.-
Conociendo como creo conocer a Rafael Rodríguez Márquez —que bastantes años ha que tuve la dicha de empezar a disfrutar de "la güena sombra" de tan leal y fiel amigo—, puedo decir que, ante todo y sobre todo —porque así lo parió la santa mártir de su madre—, es un hombre con corazón de trovador, por lo que me sorprendió verle como historiador y cronista del que siempre fue el bendito pueblo de "su arma". Y es que un trovador, por ser hombre, por lo común, de sentimientos tan delicados como frágiles, difícilmente se puede limitar a ser un simple historiador, por lo menos, en su sentido más académico.
Me explico. Quiero decir que me resulta muy difícil concebir a mi buen amigo Rafael caminando por las sendas de la historia o de la crónica como tales, por estar estas veredas, por lo general, tan desnudas de sueños, de colorido, de luz y de poesía. Para esta "güena gente" que, además de sencilla y espontánea, tiene alma de poeta, como es el caso del autor del presente libro, nada puede tener sentido, si es que no le hace vibrar por la emotividad que pueda conllevar en sí mismo, por lo que este o aquel hecho histórico o esta o aquella histórica reseña que, por su propia naturaleza de históricos precisamente, tan pegados han de estar siempre a la realidad de la vida y, consecuentemente, tan alejados de la fantasía del azul del cielo, nada extraño nos podría resultar que, cuanto menos, sospecháramos que casi obligaran al bueno de Rafael a poetizarlos, para elevarlos en lo posible a las estrellas y así poder sentir la dulce templanza que siempre anhela sentir el alma de un soñador ante lo que se ama.
En este sentido, y solo dentro de él, es en el que podemos valorar la historia que ha escrito Rafael de este, ciertamente que sí, tan idílico como montaraz y luminoso pueblo de la Sierra Norte de Sevilla, llamado Guadalcanal, por la sencilla razón de que es en este sentido, y solo dentro de él, en el que el autor se ha dejado el alma y el corazón escribiéndola, que eso otro de la ciencia y de la investigación es otro cantar para el bueno de Rafael, entre otras cosas porque como venimos diciendo— no pueden ser estas las flores que pueden adornar su camino, por lo que Rafael se limita tan solo a recoger — eso sí, con la delicadeza y el mimo que las cosas de su pueblo requieren— lo ya investigado por otros muchos historiadores e investigadores, procurando sublimarlas, sobre todo si es que ve que arañan un poco el alma.
Pero es que si, además y por si fuera poco, añadimos que este hijo de Guadalcanal, por lo bien nacido que es, tan agradecido fue siempre, ya nos están sobrando todas las palabras con respectó a las susodichas ponderaciones, ya que caen por su propio peso.
Podríamos resumir diciendo, no obstante, que, siendo mi buen amigo Rafael un hombre tan profundamente humano y de convicciones tan hondas, no solo por ser el hombre de bien que es, sino por ser —¡ahí es nada!— ese castizo andaluz de ancestral estirpe y a la antigua usanza, tiene necesariamente no ya solo que amar al pueblo que le vio nacer, sino que venerarlo, por lo que .—vuelvo a repetir— tiene que dulcificar hasta la más cruda realidad histórica, con la idea de darle ese colorido, ese sentimiento y esa poesía que siempre anidan en el alma de un soñador. Cierro los ojos por ello y puedo ver diáfanamente a este trovador como extasiado ante la idílica belleza de este su pueblo, allá encumbrado en la mítica Sierra Morena.
¡Dios bendiga a esta mi tierra,
pues, como arrancando vuelo,
parece escapar del suelo
y allá encumbrarse en la sierra
para estar cerca del cielo!
Lo termino de insinuar, pero creo que debo decirlo con la claridad con que el pueblo sencillo suele decir eso de que al pan se le llame pan y al vino se le llame vino, no vaya a ser que alguno confunda en mis dichos las churras con las merinas. Así pues, que sepan todos que jamás quise decir que los hechos puramente históricos que Rafael relata en su libro no sean historia en su sentido más estricto y, como tales, dignos de la mayor credibilidad. ¿Cómo voy a decir yo que los capítulos que tratan estrictamente de la historia y que escribe Rafael sean como un fantasioso castillo de fuegos artificiales, que solo en unos instantes puede convertirse en algo tan volátil y efímero como el humo? ¡Ni mucho menos! Lo que, en definitiva, yo he dicho o, cuanto menos, he querido decir es que cualquier hecho referente a la historia de este su pueblo, en manos de Rafael, por el amor y la veneración que le profesa a esta su tierra, lo suele adornar a guisa de como pudiera adornar el dosel de la santísima patrona de Guadalcanal, la Virgen de Guaditoca, por poner algún ejemplo, bien con las bellísimas flores que "suelen brotar en los idílicos campos de Guadalcanal o con esas otras flores que, por brotar del alma, solo pueden ser místicas, como son los requiebros que de una u otra manera puedan florecer en los labios de cualquier hijo de este pueblo ante la presencia de tan bellísima y querida Madre.
No quisiera terminar sin referir algo que quizás pudiera sorprender a cualquiera viendo a Rafael como autor de este primoroso libro que nos traemos entre manos, pensando que Rafael, no siendo "hombre de pruma y letra", según el decir de los más castizos lugareños al referirse a un hombre que no ha vivido de los libros y entre los libros, se haya aventurado en esta hazaña, siempre tan delicada como apasionada y ardua, de escribir un libro, añorando a sus más entrañable ancestros. A esto he de contestar, sin embargo, que nada tiene de sorprendente —¿por qué?— tratándose de un guadalcanalense de bien, además de ser un hombre —vuelvo a reiterarme— de un corazón tan gigantesco como arrollador.
Quisiera poner el broche de oro a esta especie de homenaje de mi sincera amistad a mi muy estimado amigo Rafael contando una anécdota de aquellos nuestros ya tan remotos años del nacimiento de nuestra tan leal amistad, sobre todo p6íque nos viene —como dice el dicho popular—como anillo al dedo con respecto a las palabras que termino de escribir en el último párrafo. Viendo, cada vez más y más, las inquietudes y el talento que tenía Rafael, además de lo emprendedor que era en todo y para todo, me planté en un momento dado ante él y no se me ocurrió decirle otra cosa sino que, si él hubiera nacido en tiempos del descubrimiento de América, el que hubiera conquistado el imperio azteca, el imperio inca e, incluso, el que hubiera descubierto el Amazonas hubiera sido él y solo él, porque ni Hernán Cortés ni Francisco Pizarro ni Fernando de Orellana hubieran tenido nada que hacer en sus respectivas hazañas.

Rafael Spínola Rodríguez

miércoles, 12 de octubre de 2016

Expolio o desamortización de edificios históricos de Guadalcanal (segunda parte)

El valor cultural de algunos altares de cerámica trianera expoliados o destruidos era superior al valor de venta de todo el edificio
Con este artículo queremos hacer una recopilación de datos y acontecimientos datados en los años setenta del pasado siglo sobre el expolio y la desamortización encubierta de una serie de edificios pertenecientes a la historia monumental  de nuestro pueblo y hoy en manos de particulares (segunda parte).

 2.- La Casa Rectoral,
Aquí la cal obsesiva,
gana castillos, leones.
Campos de gules, florones,
penachos a la deriva.
La blancura sucesiva
tras cinco siglos de brega
a esta mansión solariega
fue destruyendo a su modo.
El tiempo lo vence todo.
Si lo vieran los Ortega.
Andrés  Mirón.
Este edificio que se encuentra frente al antiguo hospital de los Milagros, muy vinculado a la historia de Guadalcanal, fue vendido en parte a un vecino que posteriormente lo habilitó para vivienda, esta edificación fue la antigua casa solariega de la familia Ortega, de la que procede Pedro Ortega Valencia, ilustre personaje del pueblo y descubridor en el Pacifico de la isla que bautizó con el nombre de la villa, posteriormente por donación de la marquesa de San Antonio pasó a la administración y propiedad de la parroquia de Nuestra Sra. de Santa María de la Asunción, con la clausula de “Se donaba para su perpetua memoria de la benefactora”, así fue durante varios siglo, utilizándose como casa rectoral hasta el citado año fue expoliada y vendida parcialmente.
La parte vendida era la mas interesante y de mayor valor, por su artesanado y arquitectura, en su en su interior hay un patio de dos pisos con arquería y un vestíbulo revestido de azulejos sevillanos tipo cuenca, de bellísimos bordados y vidriados, procedentes de la iglesia de Santa Ana, catalogados en la primera mitad del siglo XVI y difícil de valorar económicamente en la actualidad, por ser incontrables en esta época.
Esta edificación que se encuentra en la actual calle López de Ayala fue vendida por 300.000 pesetas, apenas 1800 € actuales.
3.- Ermita de San Benito, fue el último edificio que se vendió, adquirida  por medio  de una sociedad local el 25 de Octubre de 1977, un año después y a iniciativa de varios vecinos, se incoó un expediente de Declaración de Monumentos Histórico-Artístico de este edificio para preservarlo.
Situado a dos kilómetros de Guadalcanal por la carretera hacia Alanís, dentro de la finca del mismo nombre, enclavada en una vía de comunicación muy utilizada en la Edad Media y el siglo XVI, unía Castilla y Extremadura con la Andalucía Atlántica y por ella transitaban mercancías, comerciantes y peregrinos que se dirigían al Monasterio de Guadalupe, sirviendo de morada en tránsito al igual que otros edificios religiosos de la zona.
Con una arquitectura muy similar a la ermita de Guaditoca, datada su construcción entre finales del siglo XIII y mitad del XIV, compuesta en el primer periodo por portadas laterales en la actualidad inutilizadas. Obras ejecutadas en ladrillos, con arcos ojivales y alfiz, todo de estilo gótico-mudéjar, así como el pórtico de la epístola que presenta arcos de medio punto elevados sobre pilares de tipo cuadrangulares, los de norte y sur de la primitiva ermita dan idea de la altura que tuvo, con el eje este-oeste ligeramente desviado del actual.
En 1494 la visita de la Orden de Santiago describía que constaba de cuatro arcos apuntados y otro menos prominente donde se situaba el altar, toda la estructura se encontraba unida por tablas cubiertas de jaras con barro y tejas sobre ellas, contenía utensilios “viejos y abollados”, posteriormente en 1509, en otra visita hace contar que se está contrayendo una bóveda sobre el altar  y hacia 1550, en una nueva visita ya describe que está construida dicha bóveda y el resto de la iglesia está sentada en tres arcos.
Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XVII el conjunto del edificio sufrió una profunda remodelación para adaptarla a los estilos de la época, respetando las reformas barrocas exteriores los primitivos esquemas mudéjares, visibles en la fachada principal , el muro de la epístola y las galerías porticadas del norte y el oeste, ya que en la bóveda principal se dejó el pórtico de los pies de la iglesia y en una obra posterior se cubrió con bóvedas al estilo del resto del edificio y formar el coro alto.
Después de las últimas obras, en la actualidad,  la única nave se cubre con bóvedas de cañón con lunetos y el Presbiterio s se cubre con bóveda semiesférica al igual que el espacio que ocupa el camarín, que compone una excelente solución exterior con cúpula de tambor octogonal. En su interior se encuentra la pila bautismal procedente de la Iglesia de San Sebastián.
En 1875 se hizo la primera venta a un propietario colindante de los bajos de camarín para poder sufragar los gastos de la cubierta que se encontraba en mal estado, acometiéndose dichas obras y respetándose la cubierta original.
En Noviembre de 1984 el nuevo propietario, ante la necesidad de abordar obras de conservación, solicitó a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la redacción de un proyecto de restauración y con fecha 25 de febrero del 1987 por encargo de la citada Consejería, el arquitecto José María Lerdo de Tejada redacta el proyecto de restauración, en Octubre de 1987 el propietario adquiere la casa colindante, que ocupaba los bajos del camarín desde su venta a finales del siglo anterior, finalmente, en 1989 y años sucesivos la empresa propietaria acometió las obras sufragando los gastos y que la dejan en su estado actual. 
En tiempos había un espléndido altar de azulejos  de estilo clásico sevillano, igualmente de tipo cuenca, que según comentarios de los vecinos del pueblo, debieron de ser arrancados en los últimos años antes de ser vendida, debido a su abandono y la accesibilidad sin control de personas poco respetables con la historia.
El 21 de noviembre de 1994 mediante acuerdo de la Dirección General de Bienes Culturales se incoó expediente para inscribir esta ermita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía, siendo finalmente inscrita por Resolución del 12 de Diciembre del 1996.
Era muy festejada la romería que se celebraba en el fin de semana anterior al Domingo de Ramos en  esta ermita para trasladar las imágenes del Cristo de la Humildad  y la Virgen de los Dolores  a la iglesia de la Concepción de Guadalcanal para procesional en Semana Santa.
La ermita fue adquirida por la empresa agrícola Villa Susana de la localidad, y posteriormente restaurada y adecentado su entorno por los responsables de esta empresa, es el monumento enajenado que mejor ha sido conservado.
De esta venta, se ignora el precio exacto, parece que fue la de mayor precio, si bien, con varios pagos a cuenta.
Esta ermita fue iluminada en su exterior en el 2009 con la colaboración del Eximo. Ayuntamiento de Guadalcanal, ofreciendo una bella imagen desde la carretera Guadalcanal-Alanís y se puede visitar con carácter gratuito el último domingo de cada mes.

 En este articulo no incluimos los nombres de los vecinos o empresas que compraron los edificios, ellos simplemente se beneficiaron en aquel momento de la venta de unas “gangas” que se pusieron a la venta, sin embargo la actuación del arzobispado, el poco celo del párroco de turno, alcaldes, resto de autoridades locales y la pasividad de los vecinos nos  han llevado a una situación actualmente irreversible. 

Datos- Apuntes sobre la historia de Guadalcanal, Arte y religiosidad popular: las ermitas en la baja Extremadura, Historia de Guadalcanal, Revistas de Feria,  y Hemerotecas y Autor.
Rafael Spínola  Rodríguez.

sábado, 8 de octubre de 2016

Relatos de Caza a la luz del candil y 13

A modo de epílogo (final)

Quisiera terminar esta sencilla como intranscendente historia de la que fuera una perra realmente excepcional en la modalidad de la caza menor “a rabo” - llamada también “al salto”, “a mano” o “guerra galana” - con una especie de Epílogo, exponiendo lo que me contara, en una conversación casual y como al paso, mi buen amigo e insigne Catedrático de La Facultad de Veterinaria de Córdoba, Don Rodolfo Aguayo, en torno a esta específica raza de canes, un día en que nos encontramos fortuitamente y después de llevar un tiempo sin saber el uno del otro, ni el otro del uno, en el histórico barrio de Sevilla de Santa Cruz.
Nos habíamos conocido y, a su vez, habíamos hecho una estrecha amistad en la soberbia finca de caza mayor de Navadurano, en las sierras cordobesa de Hornachuelos, a la que habíamos sido invitados a una montería por nuestro común amigo, el gran escritor cinegético Isidro Escote (q.p.d), pues en ella, desde su abuelo, el mítico Diego “El Sereno” habían venido siendo, a guisa de herencia familiar, perpetuos y muy prestigiados guardas jurados algunos de los miembros más directos de la familia, y que, a la sazón, era uno de los hermanos de nuestro buen amigo, el mencionado Isidro.
Fue en tal encuentro y después de nuestro muy efusivo saludo, cuando, al parecer, me faltó tiempo, para ponerle por las mismas nubes a mi Diana, que por esos días, precisamente, se encontraba en la cúspide de su fama como cazadora de la más alta categoría, y es que además sabia que para Don Rodolfo, más aficionada a la caza menor que a la mayor, esto de ir a rabo de un buen perro con la escopeta en ristre, era el no va más en eso de su afición a la cacería.
Más o menos, me vino a decir – por lo menos en el fondo, si es que no al pie de la letra – que hubo un cierto tiempo, (quiero recordar que concretizó que en el de los dominios de Hitler) en que los alemanes se llegaron a creer que pertenecían a una raza de especial élite dentro de las razas humanas, a la que llamaron la “del hombre kaloskagazos”, contracción de los adjetivos del griego clásico “Kalos kai Agazos”, cuya traducción literal al Castellano es “Hombre (Mujer) Bello y Bueno”, refiriéndose en cuando a lo de “Bello” al cuerpo, y en lo de “Bueno”, al alma.
Los que tomándolos en su sentido más profundo y filosófico, qué duda puede caber de que retratan, por sí solos, la perfección sin límites de un ser humano.
Pues bien.- Continuó exponiéndome.- que después de esta escueta introducción, que creyó necesaria, para lo que quería decirme acerca de esa perra que, según, veía en mi me tenia totalmente cautivado, estos alemanes, al parecer, de la mano de esta su tan singular creencia acerca de su insuperable raza, se propusieron crear, asimismo, algunos animales, especialmente domésticos, en su más perfecta naturaleza y siempre acorde a los objetivos que en ellos se proponían y, por descontado, de forma absolutamente artificial, basándose, por supuesto, en las más adelantada tecnología y ciencia veterinaria. Y lo consiguieron, creando, concretamente, dos razas de perros, hoy admiradas y famosas en todo el mundo: La del “Doverman” y la del “Bracco”, siendo precisamente a esta a la que pertenecía mi muy loada Diana, y que, consecuentemente, estas dos razas de animales no pertenecían a la creación “del que todo lo fizo”, o sea a la del Dios- Creador, sino al ingenio y técnico artificio de la inteligencia de esa privilegiada natura humana de los alemanes. Eran pues dos seres vivos, paradójicamente, artificiales.
Que a base de una muy estudiada selección de genes, procurando reunir en ellos las más distinguidas cualidades de cada una de las diferentes razas caninas seleccionadas para ello, concentrarlas en una concreta especie de can y siempre con vistas al objetivo con el que era creado, y así, en tanto en El Doverman – que significa.- Apostilló.- “asesino de hombres” –consiguieron reunir los instintos más criminales del lobo; la agresividad y el sadismo del chacal; la perversidad del perro asilvestrado; la dentadura fuerte y poderosa de un mastín de Los Pirineas; la ferocidad del Danés; la cabeza corta y maciza y de presa del Dogo e, incluso, los instintos traicioneros del salvajes Dingo australiano, pues bien.- Se ratificó y añadió sin cambiar aquella su manifiesta actitud de hombre de cátedra con la que me estaba hablando.- si en este perro, “matador de hombres”, consiguieron sus objetivos plenamente, en esta otra raza de mi perra, asimismo alcanzaron en su plenitud una raza de can, reuniendo en su artificial creación, las más selectas cualidades requeridas para que fuera el número uno en la actividad cinegética, que era para lo que fue creada: resistencia, fidelidad y nobleza del San Bernardo; los vientos y el rastreo del sabueso de San Humberto; la muestra del Pointer y el Spaniel; el primitivismo del Samoyedo de los indios; la inteligencia del Bull-Dog; el cobro del perdiguero de Burgos; la boca blanda del Seter inglés, la habilidad de Lebrel, como para resistir y desenvolverse como una pluma por los más abruptos parajes que le echaran.
Pues dicho queda, y por mi parte, tan conforme, si es que no también y a su vez, tan orgulloso, por lo que, ahora sí que ponemos el punto y final, totalmente complacido, a nuestro libro con un “amen Jesús”.


Vida, Obras y Milagros de una Excepcional Perra de Caza

©José Fernando Titos Alfaro Nº Expediente: SE-1091 -12

miércoles, 5 de octubre de 2016

Expolio o desamortización de edificios históricos de Guadalcanal (primera parte)

Veinte mil duros por una ermita, un huerto y un humilladero con azulejos del siglo XVIII

Con este artículo queremos hacer una recopilación de datos y acontecimientos datados en los años setenta del pasado siglo sobre el expolio y la desamortización encubierta de una serie de edificios pertenecientes a la historia monumental  de nuestro pueblo y hoy en manos de particulares (primera parte).

Hace cuarenta años que la noticia irrumpió en las radios, los diarios de la provincia y alguno con tirada nacional, circulando por toda la villa con gran preocupación e indignación de sus habitantes:
Un pueblo serrano en los confines de la provincia de Sevilla, de gran esplendor de antaño en la provincia de León de Extremadura de la Orden de Santiago, conocida por su riqueza y posición económica dentro de la estructura de nuestro suelo patrio y ahora maltratada por las circunstancias,  disminución de su población en algo más de una década en un cincuenta por ciento, una emigración masiva en busca de trabajo y futuro  para ellos y sus hijos a poblaciones importantes, Sevilla, Madrid, Barcelona, Bilbao… y otras ciudades de menor rango, aceptando diversos y duros  trabajos  a los que se tuvieron que adaptar, hombres y mujeres temporeros,  la mayoría de ellos procedentes de la agricultura.
Arruinadas y abandonadas sus viejas minas de plata de gran riqueza en la época Santiaguista, que se han intentado en siglos sucesivos su puestas en marcha nuevamente por distintas empresas sin éxito, un campo rico en recurso y pobre para los jornaleros…, un pueblo olvidado por entidades locales, provinciales y nacionales en el corazón de Sierra Morena, es testigo ahora de la destrucción y expoliación en una decadencia de mezquinas especulaciones de parte de su patrimonio histórico y artístico heredado en su mayoría de las aportaciones y dedicación de ilustres hijos indianos del pueblo o legados de una época de gran esplendor, cuando esta población pertenecía en la ordenación territorial a la Provincia de León de Extremadura y en lo eclesiástico al Priorato de San Marco de León con dependencia del Gobernador eclesiástico de Llerena.
Cinco edificios y conjuntos eclesiásticos han sido vendidos recientemente por el Arzobispado de Sevilla, con el beneplácito del arzobispo 126 de la diócesis José María Bueno Monreal y la complicidad y pasividad  para reaccionar del párroco de la localidad  Antonio Espinosa Torre, el Alcalde presidente Antonio Nogales Delgado y resto de la corporación municipal.
Azulejos bellísimos del siglo XVIII expoliados,  pila bautismal sirviendo de macetero, en el patio del convento de monjas, ermitas utilizadas como graneros o cuadras para animales, capillas convertidas en salón de juegos juveniles con negocio de futbolines incluidos y posteriormente en un bar, sin respetar su estructura primitiva interior, edificios vendidos por debajo de su precio; Por veinte mil duros de la época, así se vendió el lote de una ermita, un huerto y un humilladero con azulejos del siglo XVIII.
Pero curiosamente no fue una desamortización, ni las furias revolucionarias de los acontecimientos del 32 al 36 del pasado siglo, época ya superada y que todo español con sus facultades mentales  normales  ha pasado pagina de aquello, hoy cualquiera de nosotros, aun sintiéndose ateos o alejados de la iglesia es lo suficiente culto como para desechar la idea de destruir, alterar o malvender  el legado que un día constituyó el patrimonio levantado para la historia de nuestro pueblo y de su habitantes.
Existen otros antecedentes de la época que afortunadamente no fueron ejecutados, en un artículo de Andrés Mirón en el ABC de Sevilla el 19 de Enero de 1977, puso sobre la pista del intento de venta  de otro monumento histórico.
“La Dirección General  del Patrimonio Artístico y Cultural acaba de incoar expediente de declaración de monumento histórico-artístico, con carácter nacional, de la iglesia de Santa Ana, antigua parroquia de la villa, hoy cerrada; Unos años antes se había intentado vender y fracasado el intento pese a la indifencia de ciertas autoridades locales”.
Afortunadamente en la actualidad este magnifico edificio donde muchos santaneros y santaneras fueron bautizados, se casaron o tomaron la primera comunión  (entre los que me incluyo), se encuentra restaurado y convertido en un centro cívico para actividades culturales y que tiene su esplendor en Julio de cada año con las Jornadas Patrimoniales y la Velá en homenaje a sus patronos.
Se deben citar otras aberraciones y transformaciones cometidas o intentadas con los monumentos de Guadalcanal, la Almona, el edificio más antiguo de la zona, vendido a un particular, convertido en parte en un bar y el resto en estado de abandono, la única  iglesia de estilo mudéjar de la localidad, arquitectura magnifica, que sin el mas mínimo decoro y ante la pasividad de las autoridades fue convertida en plaza de abastos  en los años cincuenta, (circunstancias  descritas en un articulo anterior en este blog sobre la iglesia de San Sebastián, “Plaza de abastos de Guadalcanal 31/08/2016”)  y que ante la indiferencia de todos se obró y alteró la estructura primitiva y se eliminó la torre, igualmente se rumoreaba en la época,  que un vecino vinculado a una entidad bancaria, gestionaba con el Arzobispado que  se declarara en ruina la espadaña de la Concepción para facilitar su venta, esto último fue denunciado por el citado Andrés Mirón con un telegrama que fue cursado a la Delegación Provincial del Patrimonio Artístico con el siguiente texto: “En nombre del vecindario y propio, pongo en su conocimiento hecho lamentable, venta e inminente destrucción Iglesia Siglo XVII. Desmontaron importantísimo retablo de azulejos primitivos y trasladaron lugar desconocido pila bautismal renacentista. Suplicamos conservación del templo, Respetuosamente”
El seis de Junio de 1977, se ponía en marcha una operación oficial ante las entidades que competen los asuntos histórico-artísticos. La Delegación Provincial sevillana del Patrimonio telegrafió al comisario general, en Madrid, rogándole detener el posible derribo de iglesias, poco después la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y la Real Academia de Bellas Artes se sumaron a esta petición dirigiéndose al Ministerio de Educación y Ciencia en el mismo sentido, así, con estos antecedentes, Guadalcanal se convirtió lamentablemente en un símbolo de estos y otros muchos expolios históricos y artísticos que sufrió nuestra región  año tras año.
Poco después se materializó y fue conocido por la población  la venta por el Arzobispado de cinco edificios, sin incluir  el Convento de Santa Clara, que  hacía ya bastantes años que se consumó  la venta silenciosa, transformado primero en una fábrica de harina, hasta que cerrada ésta fue comprado para construir viviendas, albergando sucesivamente almacenes, fabrica de gaseosas  y otros usos por todos conocidos y actualmente en lamentable estado de conservación.
Describimos los datos y situación de los cinco edificios vendidos:
1.- Conjunto del Cristo
2.- Casa Rectoral
3.- Ermita de San Benito
4.- Capilla de San Vicente
5.- Iglesia de la Concepción.

1.- Conjunto del Cristo,
Ya no acudo a merendar
Chocolate y pan bendito
Y hasta borraron lo escrito,
Que son ganas de borrar.
Ya puestos a profanar
Un calvario y sus reflejos
Cegaron los azulejos
Y tapiaron la hornacina.
Y a fuente cristalina
No canta ya ni de lejos.
Andrés Mirón
En el último trimestre de 1976 fue realizada la venta del llamado Humilladero del Cristo de la Salud, situado cerca del convento del Espíritu Santo que a albergó  a las hermanas de la doctrina cristiana, en el antiguo camino que conducía a Llerena, cabeza de distrito santiaguista desde 1241, a la que pertenecía la villa, y que en el siglo XV pasó este conjunto a propiedad de la parroquia de Santa María de la Asunción con el nombre de “Cruz Abad del Santo”.
La ermita y humilladero del Cristo de la Salud, es uno de los monumentos de menor valor artístico dentro del conjunto de la villa, siendo parte del antiguo camino real que partía desde la calle del Berrocal Grande por el lateral del convento del Espíritu Santo y que conducía a Llerena, se dice que era lugar de gran devoción entre los viajeros que transitaban por este camino y en él se detenían para implorar al Cristo allí venerado y pedir suerte en el viaje o dar gracias cuando regresaban.
Tanto la ermita como el humilladero  anejo datan del siglo XVIII, si bien alguna edificación se fechan en el  siglo XV, ya que en un escrito de los visitadores de 1481 consta:
Humilladero de la Cruz del Abad Santo.- El vecino de esta villa Rodrigo Mata, difunto, ordenó en su testamento a su mujer Catalina Ramírez a quien nombró por albacea y heredera universal de sus bienes, que erigiese un Humilladero al sitio llamado de la Cruz del Abad del Santo, consistente en un templete con cuatro postes, en cuyo frontal debería figurar el misterio de la Quinta Angustia, para la que destinó el testador 10.000 maravedíes. Como aún no se había ejecutado dicha voluntad, la visita pidió el testimonio  a Catalina Ramírez y ordenó al alcalde don Juan Sánchez de Bonilla que cumplimentara esta disposición a la mayor brevedad posible.
Comprendía este conjunto, un huerto de aproximadamente una fanega de tierra, una pequeña vivienda, la capilla o ermita del Cristo y un templete con una fuente en el centro, terminada con azulejos de estilo trianeros de finales del  siglo  XVIII.
En resumen, una edificación iniciada en el siglo XV y catalogada en 1770 y que fue vendida en su conjunto por cien mil pesetas, apenas 600 € actuales, que sin control alguno fue transformada, la puerta principal tapiada por su nuevo dueño, utilizándola como granero y la huerta cultivada.
En este lugar se celebraba la tercera semana de Septiembre  o veintiún días después de finalizar la feria y una semana antes de la romería de Ntra. Sra. de Guaditoca,  la velada del Cristo, que luego pasó su celebración a la plaza de España de la localidad por  acuerdo de la hermandad y la corporación municipal.

En este articulo no incluimos los nombres de los vecinos o empresas que compraron los edificios, ellos simplemente se beneficiaron en aquel momento de la venta de unas “gangas” que se pusieron a la venta, sin embargo la actuación del arzobispado, el poco celo del párroco de turno, alcaldes, resto de autoridades locales y la pasividad de los vecinos nos  han llevado a una situación actualmente irreversible.
  
Datos.- Apuntes sobre la historia de Guadalcanal, Arte y religiosidad popular: las ermitas en la baja Extremadura, Historia de Guadalcanal, Revistas de Feria,  y Hemerotecas y Autor
Rafael Spínola  Rodríguez

sábado, 1 de octubre de 2016

Relatos de Caza a la luz del candil 12

....Y de mi entrañable Diana, nunca jamás se supo 10

A partir de aquel accidente del que, gracias a la buena estrella de mi Diana, no sólo escapó de la muerte, sino que quedó como el lujo de perra de caza que siempre fuera, decidí llevármela a casa, definitiva e inapelablemente, procurando evitar con ello un nuevo desaguisado, en el que, tal vez, no pudiera correr el mismo y tan feliz desenlace. Lo hice, no obstante, con todo el dolor de mi alma, después de habérsenos ofrecido, como en bandeja de plata, tan cómodo y acogedor aposento, pues sabía que para aquel explosivo ciclón, que era la perra, una terraza con tan escasas dimensiones como la de mi Piso, tenía que resultarle, necesariamente, un permanente martirio, ya que ni punto de comparación podía tener, bajo ningún aspecto, con aquel alegre, luminoso, arbolado y tan espacioso patio del "Almotamid." Pero aún así, lo preferí, pues no quería ni sospechar siquiera que a mi queridísima perra me la pudiera matar uno de los muchos coches que solían pasar lamiendo, prácticamente, las mismas vallas del Colegio, por el ramal que, saliendo de la Carretera General de Cádiz, conducía a las zonas de recreo que había a orillas del Río Guadaira, no sin antes ramificarse en una red de complicados senderillos, que conducían a las muchas Casas de Campo que por aquellos descampados se alzaban.
Recuerdo con especial emotividad que, al día siguiente de haber sido operada después de haber sufrido el amargo trago del atropello la que era tan querida amiga para grandes y pequeños del todo El Grupo Escolar, tan pronto como llegué al Colegio, los niños, en especial, a guisa de una bandada de gorriones hambrientos, acudieron a mí y allí arremolinados en mi entorno, comenzaron a porfiar preguntándome por la Diana, y ante los que yo, todo eufórico y feliz, tuve que levantar la voz para que me pudieran oír dentro de aquel guirigay de voces atipladas que me tenían -Sigue tan cariñosa y alegre como siempre.- Les grité.-
Como si nada le hubiera pasado!. Gracias a Dios, no sólo se encuentra totalmente fuera de todo peligro, sino toda ilusionada por recuperarse del todo, para seguir jugando con sus amiguitos del "Almotamid," así como para continuar queriéndolos con la bondad y ternura que siempre los quiso.
Casi ni me dio tiempo a terminar, pues, de repente, sonó un aplauso tan atronador como explosivo, durante el que pude ver, incluso, cómo una angelical chiquilla de los primeros Cursos, perdida entre aquella bandada de gorrioncillos piones que, enternecedora y dulce, intentaba esconder una lágrima que, rezaguera, le asomaba en sus ojos de ángel.
La amiga de los niños del " Almotamid," no obstante, no sólo no volvió a pisar el soberbio y encantador patio del que también podía considerar como su Colegio, pues, al margen de mis muy temerosas precauciones, el Curso ya iba de paso y, al concluir, después de haber estado dos años en él, pedí traslado al "Paulo Orosio," allá en la Barriada del Cerro del Águila, con la idea de ir acercándome, en lo posible y año tras año, a mi hogar.
Antes de seguir adelante y aunque nada tenga que ver con la presente Historia, me veo como obligado a hacer aunque sólo sea un pequeña evocación de este mi nuevo Centro Escolar, y que más "de obligado cumplimiento", lo es "de obligado sentimiento". ¿Que por qué digo eso de que nada tiene que ver con la presente Historia...? Pues, sencilla y llanamente, porque la protagonista de ella, lejos de lo que hiciera en el "Almotamid," en éste, ni el honor le cupo de
pisarlo.
Este Colegio - y en cuanto al edificio en sí me refiero – ya era harina de otro costal en relación al que terminaba de dejar, porque además de encontrarse materialmente atrapado por la densa selva de Pisos de tan populosa barriada, se le podía ver con toda evidencia que, al margen de estar bastante avejentado, también se encontraba un tanto achacoso, si bien es verdad que estaba, paradójicamente, totalmente aislado del "mundanal ruido" de la barahúnda que lo atrapaba, por unas altas tapias, coronados con fuertes mallas de alambra, y que circundaban todo sus espacio, que era de una extensión más que respetable, en cuyo centro geométrico se erguían las dos plantas de la larguirucha construcción de tejados a dos aguas y con funcionales y vetustos ventanales.
El plantel de Profesores que me encontré en él, por el contrario, no parecía sino que había sido seleccionados entre los mejores en la más rigurosa de las votaciones. Tanto por su laboriosidad, por su responsabilidad, su saber hacer e, incluso, por su tan vocacional inquietud, hicieron que me sintiera orgulloso de mi profesión y, a la vez, envidiable vocación de Maestro de Escuela. Magníficos todos y cada uno de ellos, tanto como profesionales como por buenos compañeros, lo cual no quiere decir que pudiera faltar el garbanzo negro de siempre o casi siempre de la excepción que confirma la regla. Y es que por allí andaba también un personaje, de sexo femenino y con tipo de tubo de crema dental, de cuyo nombre, por razones exclusivamente inconfesables, y nunca jamás personales, no quiero acordarme.
Ni uno solo era aficionado a la escopeta, por lo que, bajo este concreto aspecto, con la iglesia habíamos topado, Sancho amigo. Pero como no sólo del pan de la escopeta vive el hombre para distraer, entre otros ratos, los del recreo escolar, como en el caso que nos ocupa, pude dar con otro pan para darle vida a nuestros ratos de ocio en La Escuela, cuál era el de la otra de mis grandes pasiones, la Literatura, compartiéndolos con uno de mis nuevos compañeros en especial que, como yo, también era un gran enamorado del arte de las letras. Como si hubiéramos llevado estampada en la frente esta nuestra común devoción, fuimos como delatados, mutuamente, ya el primer día que nos conocimos.
Rafael Borondo Espejo, que este era el nombre de pila del referido literato, si de tejas abajo, era un celosísimo y amantísimo padre de familia numerosa, de tejas arriba, era un convencido y ferviente enamorado del fundamental Mandamiento de Cristo, o sea, el del fraternal amor entre todos los hombres, que, por supuesto, no es "el de dar", sino "el de darse", por lo que en ese su arte del buen y del bien decir, era un auténtico poeta místico, y es que, claro, no debemos olvidar aquello que dice que "de la abundancia del corazón, habla la boca."
¡Qué Sonetos, Santos Dios, los que escribía este excelente Maestro, capaces todos ellos, no sólo por la belleza y armonía con que estaban escritos, sino por la teología y profundos sentimientos que en cada uno de los versos fluía, de conmover al más insensible de los mortales en esto del arte de la pluma y hasta de obligar a mirar al Cielo al más renegado y empedernido ateo en eso de las ideas transcendentales!
Tres años de mi vida que enterré en aquel bendito Colegio, y que me dejaron marcado, por descontado, que para bien, en esto de mi Magisterio para los restos de mi vida.
Y esta es, así muy por encima, la referencia de aquel mi nuevo Colegio y de los compañeros que tuve la suerte de encontrarme en él, y que, aunque un tanto someramente, quede ahí dando fe de aquellos mis Cursos como Maestro del "Paulo Orosio" y como ineludible deber del hombre agradecido que creo ser.
Siguiendo pues con la Biografía de nuestra excepcional Diana, hemos de decir que durante mis años de Profesor en "El Paulo Orosio," por supuesto que seguimos escapándonos, si es que en nuestro camino no se nos cruzaba algún problema de fuerza mayor, allá a más de cien kilómetros de la Capital, que es la distancia a que se encuentran las bellísimas Sierras de Guadalcanal, así como a algún que otro "cazadero" al que, más o menos esporádicamente, éramos invitados por nuevos amigos, lógicamente, sólo los fines de semana y los días "feriados", que es como llaman los chilenos a los festivos. Y la perra - no lo duden - excepcional como siempre. Digo más, después de encontrarse días y más días, allá en casa como maniatada en la terraza, que ya no en el soberbio patio del Colegio de Almotamid, teniendo como tenía la sangre tan explosiva, cuando se veía en el campo, con todo el cielo y toda la tierra por delante, más que un torbellino, era un desmadrado ciclón con figura de perra "bracco alemán".
Quiero recordar un caso con el que, por estos años, me topara de una forma tan curiosa como inesperada, estando el periodo hábil de caza en sus postrimerías, y en el que, por esquilmados los "cazaderos" ya a esas alturas, nuestras correrías cinegéticas empezaban a gotear, por lo que nuestras escapadas al Parque de Los Príncipes se hacían más asiduas, con la idea de poder suplir en algo, al menos, nuestro entrenamiento campero. Pues bien, en una de estas nuestras salidas de retozo y recreo, dentro de nuestras limitaciones, claro, por las glorietas, jardines y el césped del Parque, al mismo desembocar de la ajardinada plazoleta, que se extiende ante nuestro bloque de pisos, y llegar a la acera de la calle, un coche de gran lujo y que parecía espejear su flamante estreno, de pronto, pegó un frenazo y paró justo a nuestro lado, en tanto el conductor, un señor ya algo maduro y con aspecto de caballero de los de la antigua usanza, asomando la cabeza por la ventanilla, me llamó la atención con protocolos de caballero, diciéndome que la perra, nada más que por la estampa que presentaba, debería ser un encanto para la escopeta. Y yo, sorprendido y fingiendo una humildad más falsa que el mismo Judas, me limité a contestarle con un gesto indefinido de cara que, como mucho, reflejaba una indiferencia, que ni fría ni caliente, sino todo lo contrario.
Se debía tratar - pensé en un principio - de un buen aficionado a la caza, pero es que, aún no siéndolo, seguro que cualquiera podía haber quedado impresionado igualmente, si es que no hipnotizado, por aquella incontenible vigorosidad, aquel frenético poderío y aquella armoniosa elegancia con que perra tan agraciada solía aparecer tirando impaciente de mí, cogido a la correa de su collar, en la acera, y es que después de tirarse horas y más horas, tal vez días, conteniendo el volcán de su sangre como en una pequeña jaula, debería llevar aquel su tan elegante y señorial poderío elevado a la enésima potencia.
Impresionado o no, el caso fue que aquel desconocido señor, aparcó de mala manera el flamante y lujoso automóvil y como si de una emergencia se tratara, y, escapando de él, me invitó a acudir a tomar una copa en el Bar que teníamos exactamente a lado. Indeciso, le insistí que si se trataba de sólo una copa y con el tiempo justo para que pudiera ver y admirar a la perra, que se la aceptaba, pero que sólo una. Que perdonara, pero que llevaba el tiempo más que contado, para que el animal pudiera desahogar en el Parque el incontenible vicio de corretear que, innatamente, le recorría por las venas, ya que llevaba dos o tres días, prácticamente, encarcelada en la jaula que para ella debía ser la terraza, aunque, como bien podía ver, el tal recreo, lógicamente, lo tuviera que hacer atada al collar, ya que las palomas la enloquecían y que, de dejarla a sus anchas, menuda ensalada podía organizar cazando palomas, incluso al vuelo.
-Pida usted por ella.- Se me dejó caer de pronto, ya ante la barra y con nuestra respectiva copa de manzanilla sobre el mostrador.
Era lo que menos me podía esperar, por lo que, totalmente sorprendido, me quedé sin saber qué decir. Entonces se metió la mano en el bolsillo y, sacándose una billetera que, a modo de cepo de alambre, atrapaba un buen manojo de billetes, y la dejó, totalmente decidido, sobre el mostrador, al tiempo que me decía que fuera contando y que lo que hubiera. Que, en aquellos momentos, se había quedado sin ahorros y que aquello era de cuanto podía disponer, puesto que venía precisamente de recoger y pagar el coche que terminar de aparcar, y que, como bien podría haber observado, se trataba de un coche nuevo flamante.
-No, no.- Me apresuré a contestarle.- En el mundo no podría haber dinero que me la pudiera pagar, y más que por lo que la perra pudiera valer por sí misma, por el valor que, sentimentalmente, representa para mí. Se trata del regalo de uno de mis mejores amigos, además del inconmensurable cariño que le he cogido en los muchos años que ya lleva a mi lado. Por favor, guárdese el dinero, rogándole además que no se vuelva a molestar en reiterarme su oferta ni una sola vez más.
Mi desconocido comprador vio que la cosa iba totalmente en serio, y entonces, poniendo cara de resignación, parece ser que se conformó con agacharse sobre la perra, al tiempo que la acariciaba y la miraba con la delicadeza y admiración del que está ante una obra de arte de incalculable valor.
De todas maneras quedamos en que, antes de que se cerrara el periodo hábil de caza, me invitaría a echar un rato y sólo un rato, ya que al único "cazadero" que me podía llevar, no daba para más, y que era una pequeña finquita de su propiedad, que tenía en el término municipal de Burguillos, pues, desde el mismo instante en que le echara el ojo a la perra, se le había metido entre ceja y ceja el capricho de verla rastrear, y, si había suerte, parar y cobrar, ya que perra de tan electrizante mirada y de tan bella estampa, tenía que ser para un buen aficionado a la caza, como él era, el no va más. Que la finquita, además de pequeña, tenía muy poca caza y aún menos encontrándonos a final de temporada, pero que lo de menos, en este caso, era lo de poder echar alguna que otra pieza al zurrón, sino que, como terminaba de decirme, ver cómo cazaba animal de tal fogosidad y de tan preciosa estampa.
El hombre, por lo menos, había sido sincero, pues a los dos días tan sólo de aquel nuestro casual encuentro, me llamó por teléfono, a esto del anochecer, recordándome lo que me había prometido, y que si yo lo quería y no tenía otros compromisos, me recogería por la mañana, sobre las nueve, en la puerta del Bar.
Y, en efecto, al día siguiente, mi desconocido amigo me recogió en su flamante coche, todo puntual, donde habíamos quedado, y allá nos presentamos en su pequeña finca de Burguillos, con la escopeta y, por supuesto que con la Diana por bandera.
"El cazadero", como bien me confesara su dueño, era muy poca cosa, por lo que no hubiera dado para mucho más del “ratejo” prometido, aparte de que la impresión que, a primera vista me diera, era la de que allí, casi ni “el ratejo” siquiera, puesto que se veía con toda evidencia que allí todo el pescado estaba más que vendido. Cobramos un solo conejo, y sin disparar ni un solo tiro, pues la perra, como se dice por ahí de un tal "Juan Palomo", ella se lo guisó y ella se lo comió.
Quiero decir, traduciendo el famoso dicho popular, que la perra venteó el tal conejo perdido allá en las profundidades de unas espesas y resecas junqueras que estaban hechas un agostado “emplasto” en una de las márgenes de un arroyo reseco, y que para poder dar con él, hubo que entrar bajo ellas "a rastra barriga" hasta quedar materialmente enterrada. Mi anfitrión, cuando vio salir a la perra de aquella parva de juncos resecos con el conejo en la boca, me miró y, como en un su perra, como yo le dijera, no había, en efecto, oro que la pudiera pagar, sentimentalismos o sentimientos al margen.
El último año de los tres que pasara en "El Paulo Orosio", casi no pude salir de cacería por razones profesionales que no vienen al caso, y pensé que mi perra, ya con más de diez años encima, no le debía importar en demasía, ni le debía afectar tampoco tanto, como si hubiera estado en sus años mozos, eso de tirarse encerrada tan largos intervalos sin salir a patear esas sierras y a desfogar toda la lava que en su sangre hervía.
Desde luego que los años no pasan en balde y que, por lo mismo, la perra ya no era aquel volcán en erupción que fuera siendo más joven, pero casi, casi. La perra nació para ser un incontenible torbellino y un torbellino incontenible seguiría siendo mientras viva, pero, claro, a pesar de todo, tanto los volcanes como los torbellinos los hay de distintos grados, aunque sin dejar de ser nunca, por descontado que sí, volcanes o torbellinos. Traigo tales metáforas a colación, porque confiando por ese tiempo, en que la perra, acostumbrada al escaso espacio de la terraza, por un parte, y de que ya estaba en las mismas puertas de la tercera edad, por otra, casi ni la sacaba al Parque, y si la sacaba, era más por pura devoción, que por una obligación de obligado cumplimiento. Y héteme aquí que un día, en que, tocado por esa especial devoción mía, me acercara a recogerla a la terraza, para que disfrutara, a mi par, allá rastreando y retozando en nuestro ya más que repateado Parque, noté que, de pronto, comenzó a tiritar de muy fea catadura y que se dejaba caer en el suelo como si estuviera mareada. Aquello le duró sólo unos instantes, pero a mí se me antojaron toda una eternidad, y aunque me tranquilicé, viendo cómo, al momento, se incorporaba como si tal cosa y como si aquello no hubiera pasado de ser un espejismo mío, la procesión siguió por dentro, por lo que no dejé de pensar en aquel extraño "patatú", que bien podía haber sido una especie de congestión que, asomando las orejas, de momento, nos daba un importante toque de atención.
Fue el principio del fin de mi entrañable Diana, y no es a su muerte a lo que me refiero precisamente, pues la solución que se me ocurrió fue trasladarla a un lugar, donde ella pudiera expandirse libremente y sin ataduras ningunas de espacio, pero, amigos míos, como si la hubiera llevado "al Castillo de irás y no volverás," pues de aquella tan envidiada diosa de la caza, al no mucho tiempo, nunca jamás se supo.
Cuento lo que pasó.
Creí yo e, incluso, hasta llegué a autoconvencerme de ello, que aquel amago de congestión, ataque epiléptico o lo que fuere, podía haber sido ocasionado por aquellos largos periodos de inactividad y que, como comprimida en aquel reducido aposento de la terraza, aquel año, en especial, se tirara. Pensé entonces llevármela a Guadalcanal para confiársela a un gran amigo mío que, según yo, me ofrecía total garantía para cuidarla como ella se merecía y para que, a su vez, se pudiera sentir libre y feliz, viviendo a sus anchas y como en su propio medio, los años de vida que aún le tuviera reservados el Señor, pues este amigo, gran terrateniente de antaño, además de ser un empedernido campero y cazador, vivía prácticamente solo en una de aquellas casonas agropecuarias de la Andalucía de otrora, en la que bien podría haber acampado todo un Regimiento de caballería, caballos incluidos. Dicho y hecho, así que allá me presenté con mi perra, sin previo aviso, por lo que el "sorpresón" que se pilló el fulano, fue "mayúsculo”, y que por lo grato, más que por lo inesperado, le debió poner el corazón a cien por hora en eso de palpitar de gozo y felicidad, y es que siendo un buen amigo mío y compañero en alguna que otra cacería, sabía del valor de aquella joya, y claro….
Con la condición inapelable e incondicional.- Le dije.- que el único dueño de la perra siempre era yo y nadie más. Que ni le pasara rozándole la frente la simple tentación de pensar, ni por un sólo instante, que la perra le pudiera pertenecer, aunque lógicamente, no acudiendo yo a por ella para mis cacerías, podía disponer de ella, cuando y cuantas veces lo deseara, aunque siempre personalmente, ya que tampoco valía prestarla a nadie bajo ningún concepto.
Se lo repetí tantas veces, que si no me "mandó a tomar por culo," fue - pienso yo ahora - que me llegara a cabrear y que el valioso como inesperado regalo que se le pudíera ir de las manos. El caso fue que el viejo terrateniente, no tuvo ningún inconveniente a responder con sus promesas, tantas veces cuantas le repetí mis reiterativas y machaconas condiciones.
Y así quedó la cosa como entre los dos grandes amigos que, al menos, yo siempre creí que éramos.
Sucedió esto recién cerrada la Veda, así que, durante el largo periodo que hube de esperar para "la apertura" de la del siguiente año, no me pude resistir el tener que hacer alguna que otra esporádica y circunstancial escapada, con el sólo y único objetivo de poder estar junto a mi entrañable Diana, aunque sólo fueran unas horas. Todo, al parecer, transcurría a las mil maravillas. Incluso, cada visita que le hacía, se me antojaba que tenía mayor lustre y que, cada vez, se encontraba más y más feliz.
El primer día de la apertura de La Veda General, al mes o poco más de la última visita que le hiciera, sería la última vez que yo pudiera gozar de la gratísima compañía de aquella bendición del cielo que siempre fue mi Diana. No volvería a verla jamás, pues como se le confiara tan valiosa y entrañable joya, cuando, a los pocos días de aquella mi diciendo - eso sí, con el hipócrita y artificial gimoteo de una de aquellas plañideras de antaño, que se contrataban, previo
pago, para que llorasen y lanzasen al aire sus más doloridos lamentos de dolor en los entierros de los poderosos, - "que si no sé qué y que si no sé cuantos," total, que no tuvo que ser ningún "Séneca" para poderme leer, diáfanamente además, en la cara, que nada de lo que me decía, ni me lo creía entonces, ni me lo creería aún viviendo toda una eternidad.
Mi Diana había cumplido por aquellos entonces doce años.
Vida, Obras y Milagros de una Excepcional Perra de Caza
©José Fernando Titos Alfaro Nº Expediente: SE-1091 -12

miércoles, 28 de septiembre de 2016

El patrimonio monumental de Guadalcanal a través de la historiografía artística y 4

Aproximación bibliográfica
cuarta parte

Por otra parte, el convento del Espíritu Santo ha sido estudiado en la década de los 80 por Julia Mensaque Urbano, quien a la luz de los archivos parroquial y de protocolos notariales de Guadalcanal narra su fundación gracias a la iniciativa del indiano Alonso González de la Pava y traza el proceso constructivo – a cargo de los maestros Pedro Montes y Cristóbal Hernández Cano – de este edificio, del que igualmente acomete su reseña artística, describiendo su iglesia, claustro y patrimonio de obras de arte mueble, reducido al retablo mayor, del que esta investigadora documenta su autoría a cargo de los artistas llerenenses Mateo Méndez en la parte de ensamblaje y Manuel Rodríguez en cuanto a las pinturas que ocupan sus registros [43]. La personalidad artística de este ensamblador, a quien también se debían los desaparecidos retablos mayores de las parroquias de Santa María y San Sebastián, ha sido revalorizada, desde la investigación extremeña, por Tejada Vizuete, quien subraya el clasicismo de su lenguaje expresivo [44]. Igualmente Gordón Bernabé se ha ocupado de este antiguo convento de monjas clarisas, del que traza su semblanza histórica a la luz de diversas fuentes documentales [45].
La capilla de San Vicente, muestra de la arquitectura barroca dieciochesca, ha sido objeto de un breve artículo nuestro en el que aportamos una visión panorámica de su historia en relación con la de la Hermandad del Rosario que en ella tuvo su sede [46].
La arquitectura civil es la gran olvidada, a excepción de la Almona, por lo que sólo podemos citar, por su contribución a la definición de la morfología urbana en virtud de su protagonismo visual, el interés de las fuentes de Guadalcanal, que si bien no poseen la monumentalidad de la arquitectura religiosa, muestran la gracia y encanto de lo popular, como se ha encargado de poner de manifiesto el antropólogo Pedro Cantero, dentro del estudio que realiza sobre la arquitectura del agua en nuestra provincia [47].

3. Estudios sobre otras manifestaciones artísticas: escultura, pintura y artes suntuarias.
Mucho más corto es este apartado, si tenemos en cuenta la prácticamente total destrucción del patrimonio artístico de los templos de la localidad en 1936, catástrofe que se ha intentado paliar con la adquisición de nuevas obras – especialmente por parte de las cofradías – que si bien forman ya forman parte de la historia del arte del siglo XX, indudablemente no pueden compensarnos de las pérdidas sufridas.
Recogiendo las noticias documentales suministradas a comienzos del siglo XX por López Martínez, a las que nos hemos referido páginas atrás, Palomero Páramo en su tesis doctoral sobre el retablo sevillano del Renacimiento [48] elabora las fichas de los que existieron en Guadalcanal, igualmente ya citados anteriormente, como el realizado en 1585 por Juan Bautista Vázquez el Viejo para la iglesia de Santa María; el de la capilla funeraria de Alonso de Ramos en la iglesia de San Sebastián, obra de Juan Bautista Vázquez el Mozo en 1585; y el de la Asunción, para el templo de Santa María, a cargo de Diego López Bueno y Francisco Pacheco en 1595. De este último retablo también se han ocupado Juan Miguel Serrera y Enrique Valdivieso en su estudio sobre la pintura sevillana del primer tercio del siglo XVII, planteando la distribución e iconografía de sus lienzos en base a la documentación del conjunto, del que en opinión de estos autores parece que llegó a nuestro siglo un lienzo de San Antonio de Padua, colgado en una de las capillas del templo hasta su destrucción en la Guerra Civil [49]. El retablo de la ermita de Guaditoca es descrito por Hernández Núñez como ejemplo del interés que guardan las piezas artísticas dispersas por las ermitas de la provincia de Sevilla [50].
Otra pieza clave del patrimonio local fue la imagen de San José con el Niño, atribuida con toda seguridad al insigne escultor Juan de Mesa y que por su calidad figuró en la Exposición Iberoamericana de 1929, siendo destruida durante los sucesos de 1936 en la capilla de San Vicente, donde recibía culto. Su relación estilística con obras documentadas de Mesa garantiza la atribución, en opinión de Hernández Díaz, quien la fecha en torno a 1625 [51] , aunque María Elena Gómez Moreno la cree obra de un discípulo [52].
Una interesante obra, llegada a nosotros con grandes desperfectos a causa de los daños sufridos en la última contienda civil, es el Cristo de marfil que estuvo en la iglesia de Santa Ana, obra realizada en Flandes y fechada en la segunda mitad del siglo XVII, que al igual que el San José de Juan de Mesa fue expuesto en Sevilla en 1929. Esta muestra de la eboraria europea ha sido estudiada por la profesora Estella Marcos, quien destaca la hermosura y expresividad del rostro de Cristo y su robusto estudio anatómico, vinculando esta escultura con la producción de un escultor flamenco del círculo de influencia de Artus Quellinus el Joven [53].
Sobre la imaginería y enseres de las cofradías de Guadalcanal contamos con algunos trabajos recogidos en obras colectivas dedicadas al estudio de la Semana Santa en Sevilla y su provincia, como el publicado en la década de los ochenta por Francisco Ortiz Rodríguez y Plácido de la Hera Pérez [54], y más recientemente las síntesis elaboradas por Francisco José Flores García [55] y el autor de estas líneas [56]. Por su parte Carrero Rodríguez reseña las andas procesionales del Santo Entierro y la Entrada en Jerusalén [57], mientras que Martín Macías subraya el interés de la cruz de carey que posee la Hermandad de Jesús Nazareno, obra de origen americano fechable en los años centrales del siglo XVII [58]. También en relación con el patrimonio artístico cofrade hay que citar la intervención restauradora del imaginero Francisco Buiza sobre la imagen del Cristo de la Humildad y Paciencia en 1982, reseñada por Martínez Leal en su monografía sobre dicho artista [59].
Por último, hay que referirse al campo artístico de la orfebrería, que cuenta en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción con piezas de destacado interés. Recogida su nómina en el Catálogo arqueológico y artístico de la provincia de Sevilla de 1953, en la Guía artística publicada por la Diputación Provincial en 1981 y en el Inventario artístico auspiciado por el Ministerio de Cultura, algunas obras han sido reseñadas por especialistas en el campo de la platería. Así, en la exposición de orfebrería sevillana celebrada en 1970 en la capital hispalense figuraron algunas de estas piezas, como un hostiario gótico del primer cuarto del siglo XVI y un ostensorio renacentista de fines del citado siglo, que aparecen reseñados en el catálogo de la muestra elaborado por Sancho Corbacho [60]
Por su parte, la profesora María Jesús Sanz, experta en este campo de la orfebrería, señala la procedencia mexicana de un copón de nuestra colección parroquial, en virtud de sus rasgos estilísticos y de la presencia de un punzón o marca acreditativo de su origen [61]. Otras piezas se deben, en cambio, a los talleres de la vecina Llerena, que conoció un interesante florecimiento del arte de la platería, con muestras repartidas por toda su zona de influencia, en la que como ya hemos venido comprobando se incluye Guadalcanal. La profesora Esteras Martín, pionera en el estudio de la platería llerenense, ha identificado la autoría de algunas piezas de nuestra parroquia de Santa María, como la custodia portátil, obra de Julián Núñez en 1550 [62]
Otro investigador de la orfebrería extremeña, Tejada Vizueta, cataloga igualmente algunas piezas de dicha procedencia en nuestra localidad, como dos cálices de plata sobredorada, uno fechable hacia 1575 y el otro en las primeras décadas del siglo XVII, y el hostiario gótico de principios del siglo XVI que estuvo expuesto en la exposición celebrada en 1970 en la capital hispalense [63]. Este mismo investigador se ha ocupado igualmente del estudio de la rejería, que cuenta en la iglesia de Santa María con excelentes ejemplos, como la que cierra la capilla de la Soledad, que atribuye al rejero Francisco Medina y puede fecharse a mediados del siglo XVI; la que desde la capilla mayor conduce a la colateral de la nave izquierda o del Evangelio, antigua capilla de la familia Ramos y cuya ejecución pudiera vincularse con el rejero Domingo Hernández, avecindado en Guadalcanal hacia 1575; y otras dos situadas en la nave derecha o de la Epístola, que son fechables ya a principios del siglo XVII [64]
De estas muestras de las artes del hierro ha vuelto a tratar en los últimos años Josefa Mata Torres en su estudio sobre la rejería sevillana del siglo XVI, catalogándolas y describiendo su estructura y elementos ornamentales, aunque a la hora de pronunciarse sobre su autoría y cronología desconoce las aportaciones de Tejada Vizuete sobre el tema, limitándose a recoger los datos de Hernández Díaz, que quedan evidentemente ya superados [65].
En definitiva, a través de estos trabajos nos encontramos con un punto de partida y apoyo para seguir profundizando en el conocimiento y valoración del patrimonio artístico y monumental de Guadalcanal, que si bien nos ha llegado mermado a causa de los avatares históricos, es legado de nuestra historia que tenemos obligación no sólo de estudiar y apreciar, sino de entregar a las generaciones venideras, como señas de identidad de nuestro pueblo.

[43] MENSAQUE URBANO, Julia: “ El mecenazgo artístico del indiano Alonso González de la Pava en Guadalcanal “, en Andalucía y América en el siglo XVII. Actas de las III Jornadas de Andalucía y América, vol. II. Sevilla, 1985. Págs. 59 – 79. Reproducido nuevamente en la Revista de Guadalcanal (2003), págs. 157 – 178.
[44] SOLIS RODRIGUEZ, Carmelo – TEJADA VIZUETE, Francisco: “ Escultura y pintura del siglo XVII “, en Historia de la Baja Extremadura, vol. II. Badajoz, 1986. Pág. 703; TEJADA VIZUETE, Francisco: “ La retablística bajoextremeña de los siglos XVI al XVIII y su contexto “, en Actas del Congreso Internacional Llerena, Extremadura y América. (Llerena, 1992). Junta de Extremadura, Mérida, 1994. Págs. 196 – 197.
[45] GORDON BERNABE, Antonio: “ El Convento del Espíritu Santo “, en Revista de Guadalcanal (2003).
[46] HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ La Capilla de San Vicente Ferrer de Guadalcanal y la antigua Hermandad del Rosario de la Aurora “, en Revista de Guadalcanal (2000).
[47] CANTERO, Pedro: Arquitectura del agua: fuentes públicas de la provincia de Sevilla. Diputación Provincial de Sevilla, 1995. Págs. 125 – 127.
[48] PALOMERO PARAMO, Jesús Miguel: El retablo sevillano ..., págs. 188 – 189, 339 y 459.
[49] VALDIVIESO, Enrique – SERRERA, Juan Miguel: Historia de la pintura española: escuela sevillana del primer tercio del siglo XVII. Madrid, 1985. Págs. 46 – 47 y 82.
[50] HERNANDEZ NUÑEZ, Juan Carlos: “ Algunas reflexiones sobre las ermitas de la provincia de Sevilla y sus bienes muebles “, en Boletín del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico n º 33 (diciembre de 2000), pág. 189.
[51] HERNANDEZ DIAZ, José: “ Juan de Mesa, imaginero andaluz. Interpretaciones iconográficas “, en Goya n º 111 (1972), pág. 143; Juan de Mesa. Escultor de imaginería (1583 – 1627). Diputación Provincial de Sevilla, 1983. Pág. 82.
[52] GOMEZ MORENO, María Elena: Escultura del siglo XVII, vol. XVI de “ Ars Hispaniae “. Madrid, 1963. Pág. 179.
[53] ESTELLA MARCOS, Margarita: La escultura de marfil en España. Las escuelas europeas y las coloniales, vol. I. C.S.I.C., Madrid, 1984. Págs. 89 – 90.
[54] ORTIZ RODRIGUEZ, Francisco – DE LA HERA PEREZ, Plácido: “ Semana Santa en Guadalcanal “, en Semana Santa en Sevilla, vol. IV. Sevilla, 1983. Págs. 141 – 155.
[55] FLORES GARCIA, Francisco José: “ Hermandad de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Amargura. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Guadalcanal “, en Nazarenos de Sevilla, vol. II. Ediciones Tartessos, Sevilla, 1997. Págs. 291 – 297; “ Real e Ilustre Hermandad del Santísimo Cristo de las Aguas y Nuestra Señora de los Dolores. Iglesia de Santa María de la Asunción. Guadalcanal “, en Crucificados de Sevilla, vol. III. Ediciones Tartessos, Sevilla, 1997. Págs. 446 – 449. 
[56] HERNANDEZ GONZALEZ, Salvador: “ Hermandad del Cristo del Amor en su Entrada Triunfal en Jerusalén y Nuestra Señora del Rosario y de la Palma. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Guadalcanal “; “ Hermandad y Cofradía del Santo Cristo de la Humildad y Paciencia ` Sentado en la Peña ´ y Nuestra Señora de la Paz. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Guadalcanal “; “ Hermandad del Santísimo Cristo en el Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Guadalcanal “; y “ Hermandad de la Santa Vera Cruz, Santísimo Cristo Amarrado a la Columna y María Santísima de la Cruz “, en Misterios de Sevilla, vol. IV. Ediciones Tartessos, Sevilla, 1999. Págs. 255 – 295. 
[57] CARRERO RODRIGUEZ, Juan: “ El arte cofradiero en nuestra provincia. Hermandades del Santo Entierro “, en Tabor y Calvario n º 8 (junio de 1990), pág. 5; y “ El arte cofradiero en nuestra provincia. Hermandades de la Sagrada Entrada en Jerusalén “, en Tabor y Calvario n º 15 (febrero – marzo de 1991), pág. 7.
[58] MARTIN MACIAS, Antonio: “ Arte colonial en las cofradías sevillanas “, en Buenavista de Indias n º 6 (1992), pág. 29.
[59] MARTINEZ LEAL, Pedro Ignacio: Francisco Buiza. Escultor e imaginero (1922 – 1983). Ediciones Guadalquivir, Sevilla, 2000. Pág. 320.
[60] SANCHO CORBACHO, Antonio: Orfebrería sevillana (siglos XIV al XVIII). Sevilla, 1970. Fichas números 24 y 37.
[61] SANZ, María Jesús: “ Relaciones entre la platería española y la americana durante el siglo XVII “, en Andalucía y América en el siglo XVII. Actas de las III Jornadas de Andalucía y América, vol. II. Sevilla, 1985. Pág. 27.
[62] ESTERAS MARTIN, Cristina: “ Plata y plateros de Llerena en el siglo XVI “, en Actas del Congreso Pedro Cieza de León y su época. (Llerena, octubre de 1991). Badajoz, 1993. Pág. 130.
[63] TEJADA VIZUETE, Francisco: Platería y Plateros Bajo Extremeños (siglos XVI – XIX). Universidad de Extremadura, Mérida, 1998. Págs. 258 – 259.
[64] TEJADA VIZUETE, Francisco: “ Artes suntuarias en la Baja Extremadura en los siglos XVI y XVII “, en Historia de la Baja Extremadura, vol. II. Badajoz, 1986. Págs. 801 – 806.
[65] MATA TORRES, Josefa: La rejería sevillana en el siglo XVI. Diputación Provincial de Sevilla, 2001. Págs. 289 – 298 y 343.

Salvador Hernández González 
Revista de Feria y Fiestas (2004)