By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



sábado, 25 de agosto de 2012

Entre jaras y canchales


¡Qu'anochecer más güeno!

Canchales y jaras, brezos y peñas, barrancas y zarzas, retamas y laderas con «triníos» de cogutas y arrullos de tórtolas, chirríos de gorriones y cantos de grillos y ranas hacen los campos de nuestro Guadalcanal.
Quiso y supo Chamizo captar esta belleza que aquí nos embriaga. Y la dijo. Y porque la dijo es todo un bello decir.

Se le va la tarde, estando él a una legua del pueblo, y la ve y la oye:

Bruñó los recios nubarrones pardos
la lus del sol que s'agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d'un coló de naranjas se tiñeron.
A bocanás el aire nos traía
los ruíos d'allá lejos
y e! toque d'oración de las campanas
de l'iglesia del pueblo.
Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirriando, por el cielo,
y volaban pal sol, qu'en los canchales
daba relámbres d'espejuelos.
Los grillos y las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos;
y, roando, roando, de las sierras
llegaba e! dolondón de los cencerros.
¡Qué tarde más bonita!
¡Qu'anochecer más güeno!

Le alcanza, de pronto, la zancada de la noche y siente que:

No cantaban las ranas;
los grillos no cantaban a lo lejos,
las bocanás del aire s,aplacaron,
s'asomaron la luna y el lucero,
no llegaba, roando, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta qu¡etú mucha congoja!
¡Daba yo no sé qué tanto silencio!

Vuelve el sol a su andadas. He aquí la impresión del silencio roto:

Venía clareando;
s'oían a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.

Y de la siesta, se vive, leyendo, su sonar tan nuestro:

Jue'n la joya las Torbiscas una siesta,
cuando'l sol achicharraba;
una siesta qu'entumía a los sentíos
el bochorno de la calda;
sin arrullos de las tórtolas
ni continos sonsonetes de chicharras,
sin triníos de cogutas
y sin roncos gurrapeos de las ranas;
una siesta pa dormía baj'un chopo,
panz'arriba, junt'al agua.
Tan siquiera
los oíos barruntaban,
con la zumba de los negros moscardones
y las negras telarañas,
chorrear los goterones derretíos
de la pringue de las jaras.
Páecen muertas las laeras de los cerros,
y las joyas d'al reor, y las barrancas.
Páecen muertos los pastores, los zagales,
los mastines y los borros y las cabras.

Acaso merecería un permanente recuerdo en nuestro pueblo quien tan bellamente habla de sus encantos.

Pedro Porras Ibáñez
Revista de feria 1973

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