By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-



Aquí en la gloria, es decir, en el Paseo del Palacio, donde el tiempo y el espacio olvidan su discurrir, sacar quiero a relucir, con permiso de la cal, que no hay belleza rival de este viejo paraiso que porque Dios pudo y quiso, los puso en Guadalcanal.- Andrés Mirón


GUADALCANAL ES CULTURA

miércoles 1 de febrero de 2012

Minas de Guadalcanal siglo XVI (5)

Los esclavos del rey en las minas reales

En el reinado de Felipe II “El Prudente” se comenzó a utilizar mano de obra de esclavos en la minas reales, según estudio de Alessandro Stella, esta premisa llevó a utilizar esta mano de obra en las minas de Guadalcanal y muy pronto se advirtieron los beneficios, entre los esclavos utilizados para esta tarea minera, se encuentran los llamados “esclavos del rey”, estos esclavos cubrían la necesidad de brazos fuertes que se ocupasen de las tareas mas duras de las minas, arsenales y en casos de castigos extremos se destinaban a galeras.
A veces no siendo útiles o suficientes los que proporcionaban los llamados “negreros”, se hacían expediciones directamente a las costas africanas para procurarlos, sin embargo, como los que se precisaban fue un problema constante en el último tercio del siglo XVI, lo que llevó a los administradores de las minas de Guadalcanal a la búsqueda de todas las alternativas posibles, las bajas eran constantes a causa de enfermedades, deserciones, accidentes o luchas internas entre ellos por motivos tribales, así que en aquella época se llegó a contar con catorce compradores para abastecer dichas minas.
El administrador general de las minas del Rey, Francisco de Mendoza, consideró que resultaba más barato utilizar esclavos que mano de obra libre y propuso al emisario del Rey Felipe II en su visita el el año de 1556:
porque se ha dicho que sería buena granjería para la fábrica de las dichas minas comprar una buena cantidad de negros y algunas negras, para que ellos trabajen en cavar y sacar metal, y ellas en apartarlo y lavarlo, y en guisarles de comer y otros servicios, y que ansí se hace en las minas de la Nueva España... (sic).
Así se llevó a cabo una primera compra de unos 100 esclavos negros bozales de edades comprendidas entre los 18 y 30 años, procedentes de Cabo Verde, Manicongo y Santo Tomé y algunos otros comprados en las localidad de Zafra y otras cercanas localidades, hay referencias que en el año 1560 había censados 123 esclavos trabajando en las minas de Guadalcanal, aunque esta población casi había desaparecido en el año 1576, algunos escaparon de allí aprovechando las pocas horas de descanso que tenían durante la noche, pero la mayoría murieron a consecuencia de las condiciones de vida que llevaban, malnutrición, fatiga y enfermedades.
No obstante, se siguió utilizando este tipo de mano obra esclava durante este siglo y el siglo siguiente, así en el año 1646 consta en archivos que Francisco,esclavo del regidor de Llerena Juan Martín Bravo, fue juzgado y condenado a trabajar en la cercana mina de Guadalcanal a cuatro años “como galeote sin sueldo”, por “aber querido forzar unas mugeres y otras cosas, aun cuando su amo trató de evitar esta deportación apelando a sentencia en la Real Chancillería de Granada.
Sin embargo, esta mano de obra procedente de donaciones de sus amos, sentenciados o simplemente capturados y robados de las haciendas de sus amos, no debía ser suficiente, así que se contrató a un verdugo de Trujillo y según actuación de su cabildo se adoptó el siguiente acuerdo en el año de 1647:
“…que el señor Garcia de Vargas haga diligencias en que busque un ejecutor de justicia, atento no le ay para las cosas que se ofreçen, no se hallando compre esclavos para que sirvan y exerçan el dicho oficio... (sic)
Hay otro documento datado en 1690 en el que el Rey Carlos II “El Hechizado” autorizó a Rafael Gómez que a cuyo cargo estaba el beneficio de las minas de Guadalcanal a comprar y traer 200 esclavos negros libres de cargo de Portugal, según se refleja en este documento, el premiso respondía a un memorial en que refería: “que respecto a las muchas labores desagües y cosas pertenecientes al beneficio de dichas minas, necesitaba de mucha gente para su abío y buen corriente y que sin embargo de haverla mantenido, pagado sus hornales, tener hechos ajustes con los trabajadores por todo el año, se huien muchos por lograr más jornal en las siegas presentes, de que avía resultado mucho atráso.... (sic).
Estos esclavos fueron utilizados en trabajos forzados y esquilmados en las minas del reino durante los siglos VXI al XVIII, en este periodo los vecinos de Guadalcanal y comarca padecieron constantes saqueos, violaciones, vejaciones..., de estos esclavos que en sus huidas se escondían en el entorno huyendo de las minas en busca de una libertad imposible y que en su mayoría eran nuevamente deportados a su trabajo o asesinados impunemente.
Fuentes.- La esclavitud en Extremadura (siglos XVI-XVIII ), GONZÁLEZ, T.: Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal desde su descubrimiento en el año de 1.555 hasta que dejara de labrarse por cuenta de la Real Hacienda y archivos históricos de las reales minas del reyno de España.

sábado 28 de enero de 2012

Verano 1964

Entrevista realizada al alcalde de Guadalcanal D. Francisco Oliva Calderón por el joven periodista Antonio Burgos el 26 de Agosto de 1964 con motivo del próximo homenaje al descubridor de la isla de Guadalcanal, el marino Pedro Ortega de Valencia.

Guadalcanal rendirá homenaje al descubridor Pedro Ortega Valencia. Participarán en él tropas de Infantería de Marina españolas y norteamericanas.
Cuando el tractor todavía no había sustituido a las caballerías en las faenas del campo, la feria de Guadalcanal tenía un tradicional abolengo ganadero. Hasta esta linde serrana de la provincia de Sevilla venían los tratantes de la Baja Extremadura –camperos de Llerena, de Zafra y de Azuaga-, y también subían los de la campiña. Pero los tiempos son otros y la vida agraria de la sierra ha cambiado. Para Guadalcanal han pasado las épocas de grandeza aceitunera. El pueblo está en regresión. El censo desciende al tiempo que se van irreparablemente cerrando los portales de las casas humildes del barrio alto de Santa Ana. Es la emigración.
Sin embargo, nada de esto es nuevo. Los eruditos locales señalan otros éxodos, en el tiempo en que los labradores extremeños se iban a las recién descubiertas Indias. O a las que estaban por descubrir. Este fue el caso de Pedro Ortega Valencia –un Guadalcanalense para la historia-, que se embarcó en El Callao y se topó más tarde con una isla desconocida del archipiélago de Salomón, a la que perpetuó con el nombre de su pueblo natal. O, mejor dicho, se la perpetuaron siglos más tarde –de rebote casi- los “marines” norteamericanos, al librar en ella, durante la segunda guerra mundial, uno de los hechos de armas más importantes de la batalla del Pacífico.
Guadalcanal va a rendir ahora homenaje a “su” Pedro Ortega Valencia, al descubridor de la isla homónima. Los actos se celebrarán el 6 de septiembre. Un homenaje que coincidirá con el mercado de ganados, al que dará nuevo impulso, en esta época en que las antiguas ferias se están convirtiendo indefectiblemente en ferias de muestras. En principio, esta conmemoración del descubridor es noticia por los cuatro costados. Solamente su ámbito internacional, al participar fuerzas estadounidenses, justificaría el que hayamos venido a este pueblo de la sierra para conocer en qué va a consistir el homenaje, para vivir el ambiente de unas vísperas de conmemoración grande. Para lo cual, preguntamos al alcalde, don Francisco Oliva.
¿Un avance del programa?
 Lo más interesante es la participación de fuerzas de las infanterías de Marina española y norteamericana. Las españolas llegarán el día 5, por tierra. Las norteamericanas, el 6, probablemente en helicóptero. Con asistencia de las autoridades, se dará el nombre de “Pedro Ortega Valencia” a un grupo escolar. Después habrá una misa de campaña y se descubrirá una lápida conmemorativa. Desfilarán las fuerzas de Marina y se inaugurará una exposición de motivos históricos sobre el descubridor.
Me dijo autoridades, ¿asistirán?
El almirante Cervera –que está prestando su total colaboración a estos actos-, el almirante Pardo, el coronel Walker, de las fuerzas norteamericanas. Probablemente asistirán las primeras autoridades sevillanas, así como un gran número de investigadores que por estos días estarán reunidos en Sevilla en un congreso de estudios americanistas.
¿Qué se pretende con este homenaje?
Sacar del anonimato a una figura histórica nacida en este pueblo y que tiene una indudable proyección universal.
¿Se conseguirá?
Mover el interés hacia el estudio de la obra del descubridor. Por otra parte, la exposición que se inaugura quedará como museo permanente.
¿Colaboración del pueblo, señor alcalde?
Por lo pronto, los oficiales de las fuerzas asistentes se alojarán en las casas ofrecidas por el vecindario.

Como en “El alcalde de Zalamea”...-, subraya uno, y así terminamos este diálogo de vísperas en un bello pueblo de la sierra. Por todas las calles, actividad de mujeres que encalan las fachadas de las casas. Guadalcanal se prepara para el homenaje del próximo día 6. Vendrán marinos por tierra y por aire. El campo donde se celebraba la feria de ganados va a ser habilitado como helipuerto. Una conmemoración eminentemente marinera, en el corazón mismo de la sierra. Un homenaje que por unos días está alterando la vida sosegada de un pueblo de la sierra. Cuando me vengo de Guadalcanal, todos hablan de los actos. En el escaparate de una tienda, un muñeco –mal que bien- vestido de marino y, pintado con tiza sobre el cristal, el nombre del descubridor. En una taberna también hablan del homenaje unos hombres de campo. Se preguntan que cómo va a poder el pueblo recibir a tanto forastero. Y tienen razón. Va a ser demasiada la alteración de la secular tranquilidad del pueblo. Que el caballo sea relevado por el tractor puede pasar. Pero lo que difícilmente puede asimilar la monotonía de un pueblo de la sierra es que donde antes cerraban sus tratos los feriantes aterricen ahora helicópteros con “marines” norteamericanos. De ahí nace la expectación que reina en Guadalcanal, en toda esta apartada comarca de la serranía sevillana.

Fuente.- Hemeroteca ABC

miércoles 25 de enero de 2012

Aquellos maravillosos años


A Pepe "El Ditero"
El pasado uno de Octubre se cumplió el cincuentenario de la inauguración del Centro Emisor de Guadalcanal, este hecho puso en “antena” a nuestro pueblo y fue reconocido en toda Andalucía, cuando salía la carta de ajuste o “manta” del canal 4 de TVE en Guadalcanal, casi siempre coincidía con un partido de fútbol o una corrida de toros, la pantalla se detenía con un cartel escueto “repetidor de Guadalcanal -Perdonen la interrupción, permanezcan atentos a la pantalla-” y este hecho, aunque entonces no lo supimos, cambió el cuarto de estar y la convivencia de nuestras casas para siempre, llegó esa caja de madera con una pantalla de 625 líneas y que con el tiempo ha evolucionado, en la que permitimos que entren toda clase de gente a nuestras vidas y nos roban la agradable conversación familiar entre comidas o cenas.
YO En aquellas fechas apenas contaba con siete años, recuerdo perfectamente que la primera vez que vi aquel artefacto fue en el Bar de los Pepes (actualmente local de la Peña Sevillísta), me llevó mi abuelo Frasco a ver una corrida de toro, tal vez de “El Cordobés”, torero del régimen, recuerdo que por aquella época los domingos por la tarde bajábamos desde Santana a los Mesones para ver “el cine chico”, como bautizamos los niños a aquella caja de madera con una pantalla en blanco y negro con interferencias cuando pasaba alguna de las escasas motos o coches que había en el pueblo para ver “Bonanza” y saber que “Omo lava mas blanco”, “Cafés la Estrella... vamos chicos al tostadero”, “yo soy aquel negrito, del África tropical... la canción del colacao”, “las muñecas de Famosa se dirigen al portal”...
A principios del 63, llegó para mí la emigración, cuando llegué a Madrid con mi família al barrio de las Ventas, apenas había televisiones en las casas de los vecinos, naturalmente en la mía tampoco,  el Sr. Emílio que  tenía una tienda frente a mi casa, habría la ventana en aquellas noches de verano para que todos los vecinos viésemos “El Fugitivo”, “El Virginiano”, “Caravana” o "Noche del Sábado”, a las nueve de la noche antes del telediario, nos anunciaban con unos simpáticos dibujos animados “Ya va siendo hora de que los peques nos vallamos a la cama, ale” por aquella época las calles de los barrios periféricos de Madrid eran como la calle Minas de Guadalcanal, los vecinos nos sentábamos en un patio vecinal común al fresco y existía la convivencia.
Al año siguiente, mis padres por fin pudieron  comprar una televisión a plazos, una de aquellas Philips que costó unas 18.000 ptas. y que le adquirieron a Pepe “el ditero”, curioso, antes existían los diteros, esas personas de confianza que le comprabas los productos a crédito y se le pagaba todos los meses con “lo que Vd. pueda Sr. Andrés, la vida está muy difícil”, le decía Pepe a mi padre sentado en nuestra mesa camilla tomándose un vino y ofertando relojes, pulseras, anillos, ropa de cama..., recuerdo aquella libreta azul y su pequeño lapicero, “existe confianza, pero antes de irme prefiero que Vd. vea lo que apunto...”
Ahora después de más de cincuenta años, todo ha cambiado, las televisiones son de plasma, los programas en su mayoría son tele-basura o series de violencia, ya no se sientan los vecinos a tomar el fresco en sus puertas, a los peques no los envían a la cama y pueden alimentarse de toda clase de violencia en el telediario o en las series y “el ditero” se ha convertido en banco usurero que te niega pequeños créditos o te pide un aval diez veces superior al montante de la compra que tienes que financiar, todo ha cambiado..., la antena de nuestro pueblo se ha convertido en parte de un monumento a aquella época y la televisión la vemos a través de la TDT.
Rafael Spínola .-La Fragua del Pensamiento

viernes 20 de enero de 2012

Minas de Guadalcanal Siglo XVI (4)


Contadurías generales, núm. 3072
30 de octubre de 1555


Comisión de Agustín de Zarate para ir á poner cobro y recaudo en las minas que se habían descubierto en término de la villa de Guadalcanal.

Don Carlos, &c. A vos Agustín de Zarate, mi criado, salud é gracia: Sepades que á Mí es hecha relación que en los términos é jurisdicción de la villa de Guadalcanal, que es de la Orden de Santiago y cerca de ella se ha descubierto una mina rica de plata, y se ha sacado y saca de ella mucho metal por el que la halló y descubrió, y por otras algunas personas á quien ha dado parte; y que Juan de Xuren, alemán, en nombre de Juan de Xedler, ansimismo alemán, con quien está fecho cierto asiento por los mis contadores sobre los mineros de algunos partidos de estos reinos, en que entra lo de la dicha Orden de Santiago, ha acudido á la dicha mina á poner cobro en lo que pretende que a pertenece de ella para me acudir con la parte que yo hoviere de haber del provecho que á él se le siguiere conforme al dicho asiento. Y porque hasta agora no está sabido ni determinado á quién pertenece la dicha mina, ni de qué manera se ha de repartir lo que procediere del metal que de ella se ha sacado y sacare, mi voluntad es de mandar que entretanto que esto se averigua é determina, se ponga recaudo en todo lo que ha procedido é procediere de la dicha mina y en la labor de ella, y confiando de vos que lo haréis con la fidelidad, cuidado é diligencia que soléis entender en las cosas de mi servicio, he acordado de os diputar para ello. Por ende Yo vos mando que vais con vara de mi justicia á la dicha villa de Guadalcanal y otras cualesquier partes que convenga, é averigüéis qué cantidad de metal se ha sacado de la dicha mina, y por qué personas, y si se ha fundido é afinado , y qué tanta plata ha procedido de ello, y hagáis luego depositar toda la plata, plomo é almártaga, é cendradas que de ello hoviere procedido, en poder de personas legas, llanas é abonadas, para que lo tengan de manifiesto , y se obliguen en forma de acudir con ello á quien de derecho lo hoviere de haber, cada y cuando por Mí les fuere mandado, y hagáis poner cobro en el metal que estuviere sacado y por beneficiar , y labrar y beneficiar la dicha mina, y sacar de ella todo el metal que se pudiere sacar, y que se labre y beneficie, y se funda y afine todo el metal que estuviere sacado y se sacare de ella, é lo que dello procediere se deposite como dicho es , y para que se haga y beneficie mejor y con mas brevedad, admitáis al dicho Juan de Xedler, ó á quien su poder hoviere, y los maestros y oficiales é otras personas que trujieren y quisieren que labren en la dicha mina, con los ingenios y artificios que para ello hicieren; y para que haya cuenta é razón de todo lo que ha procedido y procediere de la dicha mina, tengáis vos un libro donde se asiente la razón de todo ello, é de las costas é gastos que en el beneficio, é administración y fundición de ello se hicieren, y otro tal libro tenga el dicho Juan de Xedler ó quien el dicho su poder hoviere; y si la persona que halló y descubrió la dicha mina y las otras á quien hoviere dado parte quisieren que haya persona que en nombre de ellos asista á lo susodicho y tenga otro tal libro, le admitáis para ello; en los cuales dichos tres libros se asiente particularmente todo lo que se gastare, en lieneíiciar la dicha mina y metales de ella, é lo que ha procedido de la dicha mina, é lo que adelante procediere y se sacare, fundiere y afinare, y el día, mes é año en que se hicieren las fundiciones y afinaciones, é costas é gastos que en el beneficio de todo ello se hicieren, é nombréis para el beneficio , cobranza y ejecución de lo susodicho una persona ó dos que traigan mi vara de justicia y ejecuten nuestros mandamientos que en razón de lo susodicho dieredes; y ansimismo podáis nombrar para el buen recaudo de la administración de la dicha mina, y que no se pierda ni defraude en ella ninguna cosa las otras personas que fuere necesario, y señalar á todos salarios competentes por el tiempo que en ello se ocuparen ; los cuales dichos gastos y salarios mando que se paguen por vuestras libranzas por la persona ó personas en quien deposita redes la dicha plata é metales; y que para la paga de ello puedan vender y vendan la cuantidad de plata que vos les ordenaredes, que para todo lo susodicho é cualquier cosa é parte de ello vos doy poder cumplido, con todas sus incidencias é dependencias, anexidades é conexidades. Y otrosí, vos mando que hagáis buscar en los dichos términos de Guadalcanal otras cualesquier minas que en ellos haya, y ensayar las que parecieren; y si fueren de provecho, las hagáis beneficiar, é poner recaudo en ellas y en sus gastos, é depositar lo que de ellas procediere, y tener libros, cuentas é razón de lo que á ellas tocare distinta é apartadamente, según é por la forma y manera que suso va dicho que lo habéis de hacer en la dicha mina rica. E mando al Marques de Falces, mi gobernador en la provincia de León, en cuya jurisdicción cae la dicha villa de Guadalcanal, y á su alcalde mayor y otros cualesquier sus oficiales, é á los concejos, justicias é regidores, é personas particulares de la dicha villa de Guadalcanal y otras cualesquier ciudades, villas é lugares de estos reinos y señoríos , que no vos pongan ni consientan poner en lo susodicho embargo ni impedimento alguno, antes vos dejen y consientan hacer é cumplir y ejecutar lo en esta mi carta contenido , y para ello vos den todo favor é ayuda, y cumplan y ejecuten los mandamientos que en razón de ello diéredes, sin embargo de lo que envié á mandar al dicho Marques de Faitees por tina mi cédula que hiciese sobre lo tocante á la dicha mina. Y otrosí, mando á cualesquier personas particulares que parezcan ante vos á vuestros llamamientos y emplazamientos» y digan sus dichos y deposiciones, é vos den y entreguen cualesquier escrituras que estén en su poder tocante á lo susodicho, y entreguen el metal que se hoviere sacado de la dicha mina rica, y lo que de ello hoviere procedido ó procediere á la persona ó personas que por vos les fuere mandado todas las penas que les inpusiéredes, las cuales por esta carta les he por puestas, y vos dó poder y facultad para que las podáis ejecutar en las personas é bienes de los que remisos y no obedientes fueren; é los unos ni los otros non fagades ni fagan en de al pir alguna manera , so pena de la mi merced é de diez mil maravedís para la mi cámara á cada uno que lo contrario hiciere. E mando que se tome la razón de esta mi carta en los mis libros de rentas y relaciones de mi contaduría mayor; y que ansimismo la tome Francisco de Almaguer, mi contador. Dada en la villa de Valladolid á veinte y nueve días del me» de octubre de mil quinientos é cincuenta é cinco años. 

La Princesa  
Yo Juan Vázquez de Molina, secretario de su Cesárea y Católica Majestad, la fice escribir por su mandado Su Alteza en su nombre El doctor Velasco.
Francisco de Almaguer. — El licenciado Valderrama 

Documentación.-Centro de Archivos Turolenses (patrimonio siglo XVI)

miércoles 18 de enero de 2012

Modorra

Anuncios revista de Feria 1970



Hombres de Pueblo

Sí, a mi forma de ver las cosas ésto es lo que le ocurre a Guadalcanal, que padecemos "modorra", no en su totalidad pero sí en su mayoría de habitantes, aunque por desgracia ya no seamos muchos.
Si miramos a nuestro alrededor podemos observar como "hombres de Pueblo" han hecho y están haciendo grandes cosas por los mismos, pero siempre colaborando con ellos un puñado de hombres que sienten grandes desvelos por su Patria chica.
Me refiero a la cantidad de cosas que hacen falta y se pueden hacer, quebrantando un poco esa postura cómoda que adoptamos en la vida de "estoy harto de hacer cosas", "bastante he hecho yo en la vida", "se van a reír de mí o me van a criticar", "no tengo tiempo", etc. etc.
No lo creo, si estás harto de hacer cosas es porque no has visto tu idea terminada, porque, que cosa más bonita que proponerse un trabajo y terminarlo con éxito, sigue y no te desanimes, procura rodearte de amigos que te alienten y te ayuden para después triunfar todos.
No digas que has hecho bastante en la vida, pues nunca se ha hecho bastante cuando del futuro se trata, pues lo demuestran los hombres que teniendo sus espaldas llenas de desengaños, calumnias y dolor siguen haciendo cosas muy buenas sin importarles lo que antes han hecho.
Nadie se reirá de ti, si alguno lo hace es seguramente por eso, porque padece "modorra" "sopor" y hasta le molesta que tú hagas algo bueno, pero eso no debe preocuparnos a nadie, tampoco la crítica, pues siendo buena es muy necesaria y si de mala se trata, crécete, porque siempre viene seguida de envidia, continúa tú en la brecha.
Mejor no decir nunca no tengo tiempo, porque eso parece que quiere decir "no cuentes conmigo" porque cuando de otras cosas se trata si que lo tenemos.
A mí no me cabe la menor duda de que, en Guadalcanal existen hombres con muchos deseos de hacer, de ayudar, de colaborar, pues se están viendo algunos resultados positivos, pero no debemos olvidar la base que todo esto necesita, crear puestos de trabajo, para que todo lo demás marche bien y para que no nos tengan que dejar más hermanos nuestros ni abandonar el hogar donde se hicieron hombres y que están dando el producto en otros sitios.
Creo que para remediar el mal que nos ocupa de "modorra" o somnolencia hacen falta varias cosas, pero, considero que las principales son, tener espíritu de lucha y de hermandad. pues también es importante el respeto humano que tenemos pero cuando se trata de una mejora común en el pueblo y para el pueblo debemos desecharlo, pues lo importante según mi modesta opinión es marcarse una pauta buena en la vida, seguirla adelante y rehacerse diariamente en los fallos que como humanos tenemos, y sobre todo eso, no padecer "modorra"

Rafael Rodríguez Márquez
Revista de Feria 1970

sábado 14 de enero de 2012

Minas de Guadalcanal Siglo XVI (3)



LEY V .— En que se ponen las ordenanzas nuevas de las minas.



Yo el  Rey Felipe II,  En Madrid a, 18 de Marzo de 1563, sobre ordenanzas pragmáticas  de las mimas del imperio español y que se refieren a las de Guadalcanal:



Las Ordenanzas para las Minas del oro y plata. 

...XIV. Otrosi, porque en la dicha Pragmática, se dispone , que ninguno pueda buscar minas en una legua al derredor de la mina de Guadalcanal, i un quarto de la de Cazalla, i otro quarto de Galaroca, i otro quarto de Aracena, porque despues que se ha entendido que conviene á nuestro servicio alargar mas los dichos terminos del dicho quarto de legua, i declarar dende donde han de correr; mandamos que eu las dichas tres partes, i en la de Guadalcanal, i en cada una dellas no pueda ninguna, ni alguna persona tomar, ni tener mina en termino de una legua á la redonda en cada una de las dichas quatro partes ; i que las dichas leguas se entiendan, i midan en esta manera ; la de Guadalcanal desde la casa, que está hecha allí para la fabrica de las dichas minas; i la de Cazalla desde la casa, que está encima de la mina de Pedro Candil : i la de Aracena desde la casa, que está hecha en la mina del cerro de los azores ; i la de Gtlaroca de la mina primera, que se descubrió , que es cerca del Lugar ; i las dichas leguas han de ser legales de á quince mil pies, cada pie de á tercia, medidos por la tierra; i todas las minas, que se hallaren en el distrito dellas, han de ser para Nos; pero si hasta el dia de la promulgacion desta nuestra Carta se aviaren hallado algunas minas fuera de los dichos quartos de legua, i dentro de la legua, que agora se señala, han de gozar dellas Ioí halladores, conforme á la dicha primera Pragmática. (sic).
XVI. Iten ordenamos, i mandamos que qualquiera que descubriere mina de oro, ó plata, dentro de veinte dias despues que la uviere descubierto, ó hallado el metal, sea obligado de la registrar ante la Justicia, en cuya jurisdicion estuviere la tal mina, i por ante Escrivano, presentando el metal, que oviere hallado; i en el registro se declare la persona, que lo descubrió, i registró, i la parte donde está, i se halló el metal, que se presentó, i que dentro de otros sesenta dias despues de hecho el tal registro, el que lo uviere hecho, sea obligado de embiar, i embie un traslado autorizado del dicho registro ante nuestro Administrador General, si lo oviere, i si no, ante los nuestros Oficiales, que residieren en la fabrica de las minas de Guadalcanal, para que assiente, i ponga en el libro, i registro general, que ha de aver de las dichas minas, para que se sepa, i tenga razon de todas las minas, que oviere, i se descubrieren, i no haciendo dicho registro e.i la forma, i tiempo, como está dicho, i no guardando lo demás que dicho es, pueda otro qualquiera registrar la dicha mina, i aver, i adquirir el derecho , que el tal descubridor, ó qualquiera otra persona, que viniera á registrar, tuviera, haciendo el registro segun dicho es. (sic).
XVII. Iten, por quanto hasta la publicacion destis nuestras Ordenanzas se han descubierto, i registrado muchas minas, las quales están ocupadas, i embarazadas sin labrarse, ni beneficiarse, i sin que dellas se tenga entera noticia, i los registros se avrán hecho diferentemente : ordenamos, i mandamos que todos los que antes de la publicacion de estas nuestras Ordenanzas ovieren descubierto, i registrado minas, sean obligados dentro de dos meses á renovar, i tornar á hacer los dichos registros, segun, i por la forma, que en la Ordenanza antes desta está dicho, i ordenado para los que de aqui adelante descubrieren, i registraren; 1 dentro de otros setenta dias sean obligados á embiar, i embien los tales registros ante el dicho nuestro Administrador General, ó ante los dichos nuestros Oficiales de Guadalcanal, como arriba está dicho, so la pena en la dicha Ordenanza contenida. (sic).
XVIII. Iten ordenamos, i mandamos que los dichos nuestros Oficiales, que residieren en la Fabrica de Guadalcanal , tengan libro, donde se assienten todos los registros, que se hicieren de todas las minas descubiertas, i que se descubrieren, tomaren, i vendieren, 6 que en otraqualquiera manera se contrataren; i que embien á la nuestra Contaduria Mayor relacion firmada de su nombre del estado de las minas destos nuestros Reinos, i de lo procedido dellas; i que despues de aver embiado la primera Relacion, de dos en dos meses la vayan embiando de lo que en ellas uviere sucedido, procedido. (sic).
LVHI. Iten ordenamos, i mandamos que, quando acaesciere que, para fundir el metal de una mina, convenga echarle revoltura de metal de otra mina, se pueda hacer; con tanto que no exceda la lei del metal, en que se quiere hacerla dicha reboltura, de á marco por quintal de plomo plata : i si excediere, no se pueda hacer, ni haga sin licencia de los dichos nuestros Oficiales, que residen en Guadalcanal, só pena de perder los metales, que rebolvieren, i lo que dellos procediere con otro tanto, la mitad para nuestra Camara, i la otra mitad para el denunciador, i Juez, que lo sentenciare: i mandamos á los dichos nuestros Oficiales que, quando lo tal acaesciere, vean, i ensayen los dichos metales de las dichas minas, para que conforme á ellos se haga la liquidacion de lo que nos pertenesciere; i aviandolo hecho, i mirado, como sea cosa, que tanto importa, i averiguado la parte, que uvieremos de aver, conforme á la lei de los dichos metales, den lo dicha licencia, por ser tan conveniente á la buena fundicion de la dicha reboltura. (sic).
LX. Iten ordenamos, i mandamos que en cada una de las casas de afinacion de cada Partido aya los afinadores necessarios nombrados por los dichos nuestros Oficiales, que residen en Guadalcanal, los quales á costa de las partes, i dando las dichas partes el carbon que fuere menester, hagan las afinaciones de plomo plata de aquel Partido, i comarca, i no otros algunos, s6 pena á qualquiera otro , que hiciere afinacion sin licencia del dicho nuestro Administrador, ó de la persona por él nombrada, de cien azotes, i tres años de Galeras al remo de por fuerza; i los dichos nuestros Oficiales tassen lo que se ha de pagar á los dichos afinadores, i el carbon, que gastaren. (sic).
LXXIV. Iten ordenamos, i mandamos que todas las personas, que buscaren, hallaren, i tomaren minas de oro, assi los primeros descubridores, como los demás, en el tomar, registrar, i estacar las dichas minas, i en el señalar mina para Nos, guarden lo contenido en estas Ordenanzas, cerca del tomar, registrar, i estacar las minas de plata, i só las penas en ellas contenidas: i que conforme á las dichas Ordenanzas, i só las penas dellas, sean obligados á embiar los registros á los nuestros Oficiales, que residieren en Guadalcanal : i ellos tengan libros de registros de las minas de oro, segun, i como está proveído en lo de la plata. (sic). 

Documentación.- Centro de Archivos Turolenses (patrimonio siglo XVI)

miércoles 11 de enero de 2012

El ocaso de un poeta



Luís Chamizo (1943-1945)

Como el Guadiana mismo -aquí se oculta, allí aparece- así es la vida de Luís Chamizo, sujeta siempre a un movimiento pendular que le lleva de la fama al silencio, del éxito al fracaso.
En los primeros días del año 1943 -momento en que comenzamos nuestra evocación- Chamizo se nos presenta, por decirlo con palabras de Machado, "pobre, cansado, pensativo y viejo". Se ha disipado en su espíritu la ilusión que antes le impulsara a acometer las más ambiciosas empresas literarias y en los ojos le asoma el velo del hastío. El corazón abierto por los dolores de la aún cercana guerra civil, ajada el alma por un mar de dudas y acosado por imperiosas necesidades económicas, Chamizo se ve obligado a trasladar su residencia a Madrid. Y tras la ventanilla del ferrocarril, que de Guadalcanal le lleva a la capital, contempla el poeta las tierras extremeñas, ateridas por el frío invernal. Ante sus ojos desfilan en loca carrera ondulados altozanos, suaves parameras, bosques de encinas, robustas y humildes, símbolo y blasón de toda una gloriosa raza; regatos, esquilas, paz, silencio... Extremadura, su Extremadura, queda definitiva y dolorosamente atrás. Partir es morir un poco.
Poblaban la mente de Chamizo los perfiles de un Madrid arnichesco que él conociera y viviera, todavía "último rincón romántico de Europa", a caballo entre la gran urbe cosmopolita y el franco lugarón manchego. Una ciudad que hoy reía con los lances licenciosos del duende la Montera, para llorar mañana la muerte de doña Emilia Pardo Bazán. Un pueblo llano y hospitalario, que a Chamizo le dispensó la más cordial de las acogidas cuando en el año 1921, publicó el poeta su "Miajón de los Castúos". El éxito alcanzado por la obra rebasó todas las previsiones, agotándose las dos primeras ediciones en un plazo inferior a quince días. Madrid vibraba con aquellos versos cuajados de aires rústicos, en un ansia de recuperar aquellas esencias propias que ya empezaba a perder. Que Madrid, antes que Corte, fue siempre y por encima de todo, Villa.
Veintidós años han transcurrido desde esos días de gloria, hasta esta desapacible jornada de 1943, en que Luís vuelve a la capital. El poeta se hospeda en el Hotel Gibraltar, y de allí partirán sus paseos mañaneros, perdido entre callejas y plazuelas, en las que parecen cobrar cuerpo sus nostalgias. Son todos itinerarios presididos por la añoranza y el recuerdo: Travesía del Conservatorio número 14, su primer aposento madrileño; Instituto Cardenal Cisneros, donde el poeta cursara parte de su Bachillerato; calle ancha de San Bernardo, sede de la Universidad Central en la que, con diversa fortuna, estudió la carrera de Derecho, y calle de la Madera Baja, la más entrañablemente guardada en el corazón del poeta. En ella -años atrás- existió una pensión en la que Luís vivió largas temporadas. Regentaban la misma dos ancianas a quienes Chamizo convertiría en las primeras lectoras madrileñas de sus poemas. Algo de su propio ser se encerraba en aquel barrio, apellidado Latino. Algo que no quería perder. Y por ello decide alquilar un modesto piso en la cercana calle del Escorial quince, en el que residirá hasta su muerte. A escasos metros de su hogar tiene el suyo Antonio Reyes Huertas, con quien le unió de antiguo una sincera amistad.
La vida cotidiana del poeta es sencilla, humilde, casi ascética. Por la mañana se levanta temprano y gusta de escribir hasta la hora de incorporarse a su puesto en el Sindicato Nacional del Espectáculo. Tiene Luís entre manos la elaboración de una obra teatral para la que ya ha encontrado un título: Ellos y nosotros, drama autobiográfico que por desgracia, fue destruido tras la muerte de Luís sin que sus hijas pudieran hacer nada por evitarlo.
No gusta. Chamizo de frecuentar los ambientes mundanos, y ama apasionadamente el recogimiento hogareño. Ello no es óbice para que acuda puntualmente a todos los estrenos teatrales que se celebran en la capital. De siempre el teatro fue una pasión para Chamizo, quien los sábados de nueve a doce de la noche suele asistir a la tertulia del Café Pombo.
Un doloroso suceso, la muerte de su madre, viene a sembrar de amargura el ánimo de Luís. Doña Asunción Triguero Bravo expira en Guareña el día 13 de agosto de 1943. A ella dedicó Luís Chamizo su primer poema, cuando aún no contaba ocho años de edad, y con su fallecimiento, el caudal poético de Chamizo queda seco. A partir de ahora se abrirá un largo silencio literario, antesala dramática de la muerte.
Un proyecto singular ocupa al poeta en los últimos años, meses ya, de su vida: la creación de una pequeña escuela de recitación, en la que el mismo poeta desentrañaba los secretos declamatorios de sus poemas.
El Chamizo decidor de sus composiciones, ha sido poco estudiado, a pesar de que su labor en este campo fue extensa y fructífera, según los testimonios conservados. Hay a este respecto un significativo artículo que Arturo Gazul publica en el Hoy y en el que puede leerse:
"Un recital de Chamizo en cualquiera de nuestros pueblos, tenía la rara virtualidad de desarmar nuestro feroz individualismo y de unirnos e identificarnos en una especie de comunión emocional. La voz del poeta era la voz ancestral de la tierra y a su conjuro las almas se fundían en una sola alma y los corazones en un solo corazón".
Gracias a aquellas clases, Luís consigue reunir un grupo de entusiastas de su obra, que con afán encomiable se entregan a la nada fácil recitación de las rapsodias castúas. Y Chamizo, como el más hábil de los maestros, se sirve de todo tipo de resortes pedagógicos de entre los que, por más frecuente y singular, destacaría la utilización de las suertes taurinas para el adiestramiento de gestos y aires de su alumnado. Y así no era extraño que los versos de "La Jilandera", "La Juerza d'un queré" o su magnífica "Nacencia", surgieran en un marco bordado de verónicas y chicuelinas.
De todos sus discípulos -verdaderos hijos en el corazón del poeta Luís Chamizo- honra a dos con el regalo de su amistad total. El primero, Manuel Pano, catalán de nacimiento, pero extremeño de corazón, por quien Luís siempre sintió un especial cariño. Al propio Pano encomendaría Chamizo el prólogo que habría de encabezar su libro Vibraciones, colección de poemas en castellano del vate guarenense que nunca vieron la luz en vida del poeta. El segundo de aquellos alumnos es Carlos Pérez Alonso, a quien Luís siempre calificó como el más dotado de sus discípulos y en quien el poeta encarnó sus ansias nunca colmadas de tener un hijo varón. El sería el compañero, lazarillo a veces del poeta, que caminaba ya al final de su vida.
En el mes de agosto de 1945 se le presenta a Luís una otitis que le ocasiona fuertes dolores. Aconsejado por sus familiares acule a la consulta del doctor Tapia quien le diagnostica la dolencia, aplicándole un tratamiento que en principio ataja el mal. Mas la infección, secretamente, continuará su paso. Chamizo soporta el dolor con resignación. Son estos días de profunda tristeza, que quedan bien reflejados en un documento hasta hoy inédito, y que tuve la fortuna de hallar en el archivo personal del poeta. El documento en cuestión es un dictado que Luís hace a la menor de sus hijas, Asunción, y que por mor de las circunstancias, se va a convertir en un verdadero testamento literario. Dice así: "Yo era feliz. Tenía veinte años. Me sonreía la vida. Todo un mundo de ilusiones y esperanzas se abría a mi paso. Mis versos eran famosos en todo el mundo. Hasta de Japón llegaron cartas ensalzando mi obra. Todo cayó y todo murió. Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía".
El dictado lleva fecha del día cinco de diciembre de 1945.
Las últimas fuerzas de Chamizo se agotan. El día dieciocho de diciembre sufre un desvanecimiento, lo que le obliga a postrarse en cama de la que ya no volverá a levantarse. Una voraz septicemia se ha apoderado de su cuerpo.
Luís Chamizo entra en agonía en las primeras horas de la noche del día 24 de diciembre. Momentos antes de fallecer un fraile mercedario de la cercana iglesia de la Buena Dicha, le administra los Últimos Sacramentos.
En la madrugada del día 24 de diciembre, con el corazón repleto de Extremadura y el nombre de su madre en los labios, expiró. Fuera el aire se poblaba de un rumor de zambombas y sonajas y en la pequeña alcoba en que reposaban los restos del poeta parecían oírse estas palabras: "Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía".

Fuentes.- Antonio Basanta Reyes

sábado 7 de enero de 2012

PUEBLO EN PROFUNDIDAD

AQUÍ ME TIENE A SU DISPOSICIÓN PARA LO QUE GUSTE MANDAR

Andalucía derrocha la suficiente cantidad de cal en las paredes como para unir a su extrema fisonomía el color blanco, que viene a ser, según la hora, excitador de retinas al mediodía o fría palidez del mismo color en el desvelo de las noches con lunas.
Así es también Guadalcanal. Además, por su situación geográfica en la región está encargada de recibir al forastero que baja hacia el sur con los ojos cargados todavía de recuerdos romanos de Mérida y despedir al que sube con la misma tarjeta de visitas –paramentos, fachadas, azoteas- que exhibe desde su hondonada cuando se la contempla desde la altura de la Estación. Allí está como para ofrecerse al que entra en Andalucía y para el que la abandona, y su “aquí me tiene a su disposición para lo que guste mandar” no es ni más ni menos que ese efluvio blanco que desde abajo sube de tanta pared encalada y de tanto resplandor extendido como un pañuelo puesto a secar en tan buena tierra de olivos y encinares.
Presiento que en el pueblo todo se reduce también a saber calar el sentido de todas las dimensiones, porque este juego de las profundidades puede comprobarse además desde el mismo recinto de la población. Pongamos por caso desde la calle López de Ayala. Desde arriba hay un descenso de cal recortado tan sólo por el empedrado de la calle y los aleros de los tejados, entre uno y otro un complejo contraste de luces en el mismo tono blanco. Y en primer plano, un pozo –¡que palabra tan verdinegra!, como decía Juan Ramón Jiménez- viene a dar una nueva dimensión a la calle, la hondura. Entonces habrá que hacer otro contraste de color: del deslumbrante blanco de la cal en las paredes a la intensa oscuridad en el interior del pozo. Como para quedar cegados en un instante. Si no fuera por el reloj al fondo de la calle, en el campanario de la iglesia, hubiésemos perdido también la noción del tiempo. Al final, la sierra empinada como telón de fondo desde donde se podrán medir otra vez alturas insospechadas.
Otro poeta español, Jorge Guillén, decía que en los jardines está el “tiempo en profundidad”. A mí se me antoja que para describir la fisonomía externa de Guadalcanal basta con sólo dos palabras: pueblo en profundidad.

Por Juan Collantes de Terán
Revista Feria 1961

miércoles 4 de enero de 2012

Aquellos años felices

Noche de Reyes


No hay duda de que la imagen de estos juguetes logra traernos a quines los contemplamos gratos recuerdos y nos despiertan nostalgias de aquella lejana niñez, con su presencia nos vamos trasladando al añorado mundo de nuestra infancia.
Hoy estas maravillosas piezas que plasmo en las fotos forman parte de muchos museos, pero en otros tiempos, protagonizaron nuestros juegos o la ilusión de verlos en aquellos escaparates con la utopía de poseerlos algún día. 
Hace poco leí un pasaje del pedagogo Manuel Siurot que decía: “A los juguetes de los pequeños les pasa lo que a la fruta, que siempre vienen a su tiempo, pero hubo un tiempo que los árboles daban poca fruta y los niños solo jugábamos con ilusiones”.Un día recordando con un amigo los juegos de nuestra niñez salieron a colación aquellos que no se necesitaban juguetes y se ejercían en la calle de nuestro pueblo, la villalta, los bolis, el trompo, el aro, piola… y tantos otros que se perdieron para siempre, ahora los niños tienen nintendos, móviles de última generación, consolas y otros infernales juegos electrónicos, claro que nunca vibraran jugando al escondite, al pañuelo o al tú la ligas con los amigos de su calle o del patio del colegio.
Recuerdo mi último año en Guadalcanal, antes del éxodo de la emigración cuado apenas contaba con siete años, fui un privilegiado, los reyes me trajeron un plumier de lápices de colores (que aun conservo), un carrito con dos caballos, un coche de carreras de latón y unos zapatos Gorila (esos que traían una pelotita de goma de color verde), luego al año siguiente todo fue distinto, en la tienda del Sr. Emilio que había frente a mi casa en Madrid, resplandecía un Scalextric a luz que andaba dirigido por cable y se le encendían las luces de los coches, yo durante muchos meses me paraba todos los días cuando venía del colegio a verlo en el escaparate y soñaba con la noche de Reyes para verlo junto a mí cama, aquel año decidieron sus majestades que las necesidades de mi casa eran otras y solo me trajeron alguna prenda de ropa y otros zapatos Gorila, no eran tiempos para que mis padres desembolsaran dinero en juguetes.
En aquellos años no existía Papa Noe, árbol de navidad con lucecitas de colores,  fiestas de cumpleaños, regalos de fin de curso y otros productos comerciales para agasajar a los pequeños, solo esperábamos la ilusión de aquella noche, nos acostábamos pronto y dejábamos en la mesa camilla polvorones y anís para los Reyes y agua y paja para los camellos.  
No pretendo reprochar a las nuevas generaciones la cantidad de regalos que le hacen a sus hijos constantemente, solo pretendo pensar que aquellos años con sus carencias y dificultades que generaciones anteriores nos tocó vivir también era maravillosa y que nuestros padres potencialmente hacían el mismo esfuerzo económico para poder regalarnos un solo juguete y en una sola fecha.
Solo quiero rescatar de la memoria y nostalgia los juegos y juguetes olvidados en el desván de nuestra infancia de aquellos difíciles años para los de la generación perdida a la que pertenezco y de la que tanto ha escrito Francisco Umbral, y que como epilogo de este pequeño recordatorio he querido ilustrar con fotos cedidas por mi amigo Nacho y recuperadas de su pequeño museo personal de las ilusiones.

Rafa Spínola.-La fragua del pensamiento                                                    

sábado 31 de diciembre de 2011

Minas de Guadalcanal Siglo XVI (2)


Marqués de Falces


Protocolos, Contadurías y Comisiones de las minas de Guadalcanal 2

En la villa de Llerena á quince dias del mes de octubre de mil y quinientos y cincuenta y cinco años el muy ilustre señor marques de Falces gobernador é justicia mayor de la provincia de Leon,

dixo: que á él le fue dada una cédula de la Princesa nuestra señora sobre lo que ha de hacer en lo tocante á las minas de Guadalcanal. Por tanto mandaba y mandó notificar á Juan de Xuren, aleman, estante en esta villa, no use de la posesion que hoy dicho dia su señoría le mandó dar acerca de los quintos pertenecientes á su Magestad, que dice pertenecerle , ni de los recaudos para ello dados; y que en lo tocante á ello no haga cosa alguna hasta que otra cosa se provea y mande, porque ansi conviene al servicio de su Magestad y ejecucion de su justicia; y mandó dar mandamiento para que Juan de Palencia é Pedro de Valencia hagan cesar la obra de las dichas minas, y pongan guardas en ellas hasta tanto que su señoría mande aquello que mas convenga al servicio de su Magestad; y su señoría,
lo firmó.- El Marques de Falces, Conde,
En este dicho dia se notificó lo susodicho en persona al dicho Juan de Xuren—Testigos, Juan Domingo é Diego Lopez. — Escribano, Hernando Dávalos, escribano.

Luego su señoría despachó á Francisco de Ayllon, alguacil, á la dicha villa de Guadalcanal, con un mandamiento para que cesase el obrar de las dichas minas hasta que su señoría mandase otra cosa..

Despues de lo cual en diez y seis dias del dicho mes de octubre del dicho año de mil y quinientos cincuenta y cinco años, su señoría el dicho señor marques gobernador, en cumplimiento de la dicha cédula partió de la dicha villa de Llerena y vino á la dicha villa de Guadalcanal, donde su señoría en el dicho dia fue á las minas y venas que son en el sitio del Molinillo, término de la dicha villa de Guadalcanal , que es en el maestrazgo de Santiago, del priorazgo de san Marcos de Leon, donde su señoría proveyó y mandó los autos siguientes.

Dijo su señoría, que porque no haya ningun fraude ni cautela en el encubrir del metal, y sacar de los pozos y minas que estan en el dicho término, para lo remediar, mandó pregonar públicamente que ninguna ni algunas personas de ningun estado ó condicion que sean, sean osados de sacar de los dichos pozos y minas ningun metal, ni cavar en ellas hasta tanto que otra cosa se provea y mande por su Magestad y por su señoría en su nombre, y llevar ninguna persona ningún metal de lo sacado en piedra, ni molido ni de otra manera, ni lo encubrir, ni asconder , ni hurtar, hasta que otra cosa sea proveido y mandado, sopena que el que lo contrario hiciere de lo que dicho es, incurra en pena de muerte natural y en perdimiento de todos sus bienes, aplicados para la cámara é fisco de su Magestad, en las cuales penas desde luego los da por condenados lo contrario haciendo; lo cual que dicho es mandó que se pregone en el dicho sitio donde al presente está mucha gente, para que venga á noticia de todos; y su señoría lo firmó de su nombre.—

El Marques de Falces, Conde,.

El cual dicho auto antes de esto proveido y mandado por su señoría, fue pregonado públicamente en presencia de mucha gente, vecinos de Guadalcanal, Azuaga é Llerena, y otras partes, por voz de Diego Alonso, pregonero público de la dicha villa de Guadalcanal, y fueron testigos al dicho pregon: Tristan de Reina, y Pedro de Valencia, y Pero Rodríguez, alguacil, vecinos de Llerena. Fernando Dávalos, escribano de su Magestad.
Luego estando en el dicho sitio y término en el dicho dia, mes y año susodicho, ya casi quería anochecer, su señoría dijo: que porque mejor recaudo haya en las minas é pozos, y no se quite ni trasporte cosa alguna, que mandaba y mandó se torne á pregonar públicamente que ninguna persona sea osado de quedar en el dicho sitio, si no fuere los afinadores y fundidores, lavadores, moledores y folladores que alli estuvieren, sopena que el que lo contrario hiciere caya é incurra en pena de doscientos azotes, en los cuales los da por condenados lo contrarío haciendo; y ansi lo mandó se haga y cumpla luego.

Este dicho dia, mes é año susodicho, fue pregonado lo susodicho públicamente por el dicho peon en presencia de mucha gente,

—Testigos dichos.;—Hernando Dávalos, escribano.

En el dicho dia , mes é año susodicho, en el dicho sitio su señoría dijo: que porque no haya ningun peligro en que se defraude é usurpe el dicho metal, entretanto que su señoría acuerda si se debe de fundir ó nó, ó lo que mas en este caso conviene al servicio de su Magestad y bien y utilidad de la hacienda, mandaba y mandó pregonar públicamente que luego por la mañana vengan ante su señoría las personas que tienen el dicho metal á dar razon del metal que tienen, molido y por moler , para que , sabido por su señoría, provea lo que mas convenga al servicio de su Magestad.

Testigos, Francisco de Ayllon , y Pero Rodriguez, é Francisco de Santillan, alguaciles

Luego en el dicho sitio en presencia de mucha gente que alli estaba, fue pregonado lo susodicho públicamente por el dicho peon. — Testigos los dichos.

Otrosí: luego su señoría mandó que se pregone públicamente que las personas que tienen derecho á las dichas minas ó alguna parte de ellas, parezcan mañana en todo el dia ante su señoría á lo mostrar por los registros y escrituras que para ello tienen, para que se haga y cumpla lo por su Magestad mandado. — Testigos los dichos.
Luego por el dicho peon en presencia de mucha gente fue pregonado lo susodicho, —. Testigos los dichos— Hernando Dávalos escribano.
Luego su señoría, por ser ya noche, é porque en las dichas minas haya recaudo y se cumpla lo mandado por su Magestad, mandó á Pedro de Valencia Guerra, vecino de Llerena, que es persona de confianza , que con dos alguaciles y él con vara de justicia, se quede en las dichas minas esta noche presente, y pongan las guardas necesarias y convenientes y fieles, cual convenga, que juntamente con él y los dichos alguaciles guarden las dichas minas y metal sacado, é no se defraude, poniendo en ello la diligencia necesaria; y ansi lo prometió el dicho Pedro de Valencia de lo hacer hasta que su señoría otra cosa provea; y los dichos alguaciles que con él quedaron son Francisco de Ayllon y Francisco de Heredia, alguaciles de su señoría.—

Hernando Dávalos, escribano.

E después de lo susodicho, á diez y siete dias del dicho mes de octubre del dicho año de mil quinientos y cincuenta y cinco anos por mandado de su señoría por el dicho peon fue tornado á apercibir por pregon público en presencia de mucha gente, que todas las personas que tienen derecho á las dichas minas parezcan ante su señoría con los recaudos que tienen por donde pretenden tener en ellas derecho, hoy en todo el dia; é de donde no, que pasado el dicho término serán habidos por escluidos del derecho que tienen; y ansi fue apregonado lo susodicho en la plaza pública de la dicha villa en presencia de mucha gente que presente estaba Testigos —Francisco de Chaves é Tristan de Reina, vecinos de Llerena.

Despues de lo cual en el dicho dia , mes y-año susodicho su senoría fue personalmente al dicho sitio del Molinillo donde las dichas minas estan; y estando presente mucha gente, por mandado de su señoría se les apercibió lo de atrás contenido; y su señoría, visto que el metal en piedra sacado de las dichas minas, y lo molido y en tiara se perdería é hurtaría, é se lo llevarían, de que su señoría fue informado bastantemente , por no haber sino chozas y corrales bajos, y de esto resultaría daño y perjuicio, para que mejor se pueda guardar, é que no se defraude, mandó á las personas que allí estaban, ansi vecinos de Hornachos, Azuaga, y Fuente-ovejuna y Guadalcanal, declaren qué afinadores é fundidores y lavadores son menester para fundir el dicho metal; y ansi cada cuadrilla dió un memorial de las personas que tenian necesidad para hacer las dichas fundiciones, y dadas mandó su señoría lo fundan, y aderecen y saquen, y fecho plomo y plata , se lleve ante su señoría para que se registre y selle, y quinte, y se provea en lo demas lo que convenga; y para que mejor recaudo y fiel custodia y guarda haya, dejó por guardas que esten presentes á las dichas fundiciones, y lo demas que se ha de hacer, á Francisco de Ayllon y Francisco de Heredia, alguaciles, á los cuales mandó que tengan especial cuidado de cumplir lo susodicho, y que fundido, den luego razon á su señoría; é ansi lo proveyó y mandó.

Ansimismo su señoría mandó al dicho Pedro de Valencia que haga cerrar los pozos que tienen metal con leña, y piedras y tierra encima, de manera que nadie pueda entraren ellas. E despues de esto que dicho es, su señoría se informó que sitio es dónde las dichas minas están y en cuyo término y parte, é ansi informado, parece que las dichas minas que son las principales que dicen de Martin Delgado y Gonzalo Delgado y otros sus consortes, están en término de la dicha villa de Guadalcanal de la provincia de Leon é maestrazgo de Santiago en el maestrazgo del convento de san Marcos de León, á do dicen los Destajos y Molinillos: é ansí esto sabido por su señoría, luego se trajeron ciertos registros y escrituras en cumplimiento de los dichos pregones mandados dar por su señoría y de ellos se sacó por relacion lo siguiente. (sic)

Fuentes.- Noticias Histórica de las Minas de Guadalcanal

miércoles 28 de diciembre de 2011

El mundo gira y cambia vertiginosamente

Vicente Molina Foix, escritor y cineasta

"Me gusta tejer historias y dejarlas suspendidas al borde del abismo o inconclusas".

Vicente Molina Foix es escritor y cineasta. Aunque fue incluido por Castellet en la antología poética Nueve novísimos españoles y ha realizado diversas adaptaciones teatrales, la novela es el género con el que ha obtenido el Premio Nacional de Narrativa, el Premio Herralde y el Premio Azorín. Ha publicado entre otros, los libros La comunión de los atletas, La mujer sin cabeza, La misa de Baroja y El abrecartas. Su último titulo es El hombre que vendió su propia cama, publicado por Anagrama.
Suele ocurrir que las novelas, con el paso del tiempo, se recuerden como cuentos. Sin embargo, y después de unas semanas de haber leído sus relatos, el recuerdo que guardo de El hombre que vendió su propia cama se parece más a la lectura de novelas que de cuentos. Me pregunto si esa sensación ha sido propiciada conscientemente por usted a la hora de escribir este libro.
La velocidad narrativa y los modos de composición son distintos en un cuento y una novela, como es bien sabido. Pero me gusta tejer historias, tramarlas, dejarlas suspendidas, preferiblemente al borde del abismo, o inconclusas, y tal vez por eso aun los relatos más breves de El hombre que vendió su propia cama puedan tener, una vez terminado su desarrollo en la página, una resonancia novelesca.
Es éste un volumen en el que la literatura, de una u otra forma –muchas veces de forma explícita–, está muy presente. Hay mucha gente que dice que escribir es continuar, y mejorar, esa tradición literaria a la que pertenecemos.
No trato de hacer metaliteratura, a la que soy poco dado, incluso como lector. Hay un primer cuento, “El cuento de Gógol”, que habla de un hombre maniáticamente libresco, lo que le sirve de gran acicate en su vida, y la segunda parte del libro, A partir de James, toma un pie literario, pero poco más que eso. “Los otros labios”, el único relato de esta parte jamesiana en el que la literatura adquiere relevancia por la personalidad de sus protagonistas, es en realidad una historia de amour fou llevada, a través de libros y reseñas críticas, hasta sus últimas consecuencias. Y no hay que buscarle significados ocultos al hecho de que la protagonista de “El buda bajo el agua” lea constantemente Episodios Nacionales de Galdós. Podría ser, en todo caso, un homenaje mío al autor de uno de esos Episodios, La estafeta romántica; lo leí fascinado un año después de la publicación de mi novela epistolar El abrecartas, tras ser advertido por un amigo, y encontré en esa obra extraordinaria del escritor canario un precedente ignorado.
Esa afición a los libros, el afán lector de algunos de sus personajes, tiene tintes casi patológicos, como si ahí encontraran un refugio en el que esconderse de la vida real.
La patología de la lectura es una de las enfermedades más sanas que pueda imaginarse, y si por mí fuera, debería inocularse a cargo de la Seguridad Social, mientras dure, a todos los recién nacidos, con lo que se les haría, a la larga, más avispados, menos malhumorados, más curiosos, menos furiosos. De hecho, por volver a El abrecartas, la idea de refugio en la poesía y la literatura para contrarrestar la adversidad y la tragedia dominante en la historia española del siglo XX era uno de los motivos esenciales y recurrentes de las vidas de los personajes centrales de la novela, relacionados de manera real o simbólica con los poetas y artistas, algunos malogrados, que les inspiraban y les acompañaban.
También están muy presentes, en algunos relatos, las cosas, los objetos, los utensilios que forman parte de la biografía de nuestros recuerdos. Ese paisaje mobiliario ya se mostraba muy poderoso en su anterior libro de relatos, Con tal de no morir.
Eso es porque yo soy un fetichista, y mis fetichismos, de poca monta en el campo sexual o amoroso, son muy potentes, por el contrario, en lo que llamas –y me apropio la expresión, que me gusta mucho– “paisaje mobiliario”. Álvaro Pombo me dijo una vez que en mis novelas veía mucho cuerpo, y lo tomé, naturalmente, como un piropo literario. De ser así, habría también un “paisaje carnal” cohabitando con elpaisaje mobiliario” y hasta con el “inmobiliario”, si tengo en cuenta uno de mis cuentos predilectos, “La ventana ilegítima”, perteneciente a mi anterior libro, Con tal de no morir.
El amor, las relaciones de pareja, las crisis matrimoniales, siguen mostrándose como argumentos efectivos y turbadores. El mundo gira y cambia vertiginosamente, pero los mayores dramas siguen transcurriendo en el hogar, en la intimidad.
Las aventuras más trascendentales suelen pasar o ser imaginadas en las habitaciones de la gente, pero debo decir que mi instinto aventurero, siendo yo –como alicantino– descendiente de fenicios, se manifiesta en este libro a través de los viajes, reales como los de “La segunda boda” y “El cuadro familiar”), imaginarios como “Un sueño de la diosa” y “La ciudad dormitorio”, o realizados en paralelo a la historia o con recelo respecto al porvenir como “El hombre que vendió su propia cama” y “A su edad”. Después de escritor me considero viajero, y hay etapas en que soy más lo segundo que lo primero. “Escritor y viajero profesional” sería una buena manera de definirse, ya que “vocacional” es un término que tendríamos que dar por hecho. Ahora bien, en los viajes se me ocurren ideas de escritura y hasta párrafos, sobre todo en los que realizo, en cualquier continente, al hemisferio sur, mi verdadera tierra de promisión.
La segunda parte de El hombre que vendió su propia cama viene inspirada en Henry James, en las anotaciones que hizo para posibles relatos. Era frecuente que este escritor “enfrentara” personajes de dos mundos, el viejo y el nuevo. ¿Asistimos en la actualidad a una dicotomía semejante? ¿Nos asomamos a un tiempo nuevo desde el punto de vista ideológico o los cambios son meramente tecnológicos?
Lo nuevo, que nos trae un progreso no siempre progresista, nunca acabará con esa esencia de lo moderno que es lo clásico, tal como lo veía Baudelaire. Shakespeare, Montaigne, Cervantes, Henry James: literaturas que nos siguen hablando con tanta o más elocuencia que las contemporáneas. Yo, al contrario que algunos escritores españoles de hoy, que dicen no leer a sus contemporáneos, como si alardearan de ello, leo lo nuevo, pero poniéndome a mí mismo una condición: cada dos meses dedico quince días seguidos a la lectura de los “antiguos”, en ciertas ocasiones releyéndolos, si puedo hacerlo así, en su lengua original y en ediciones más solventes que las que me los descubrieron de joven.
En una época en la que triunfan los videojuegos, las películas de aventuras y de acción, los efectos especiales, los libros de misterio y de detectives, Molina Foix nos presenta unos viajeros y unos escenarios un poco decadentes, impregnados de una cierta melancolía casi fantasmal.
Me han gustado mucho siempre las refinadas filigranas de los escritores y artistas decadentes, sobre todo los del fin de siècle XIX; ahora, por desgracia, una decadencia de otro tipo –inmoralmente grosera y descaradamente corrupta– nos engloba a todos a la fuerza en estos inicios del XXI. Respecto al fantasma, se ha convertido en uno de mis personajes preferidos, y tengo la sensación de llevar al menos diez años, desde El vampiro de la calle Méjico a El hombre que vendió su propia cama, escribiendo historias fantasmales.
Después de una intensa producción novelística, sus dos últimos libros, Con tal de no morir y El hombre que vendió su propia cama, son dos libros de relatos. ¿Tiene eso algún significado?
El deseo de explorar un género que había cultivado solo esporádicamente y del que soy, como lector, un fanático. Creo que tengo cuento para rato, aunque mi próximo libro, ya en progreso, será unitario y tendrá una gran dimensión y, si se me permite la frase tópica, un amplio espectro. Llevo ya cincuenta páginas escritas y es lo único cierto que sé de él.

TOMÁS VAL

sábado 24 de diciembre de 2011

Minas de Guadalcanal Siglo XVI (1)

Protocolos, Contadurías y Comisiones de las minas de Guadalcanal 1
1555

Despues de celebrado este asiento ó contrata, hallándose el príncipe don Felipe, Rey de Inglaterra, en Flandes á recibir de mano de su augusto padre el Emperador los reinos de España, y desempeñando las funciones de gobernadora de ellos su hermana doña Juana, viuda del príncipe don Juan de Portugal, con residencia ordinaria en la villa de Valladolid, se recibieron avisos secretos que unos vecinos de la villa de Guadalcanal llamados Martin y Gonzalo Delgado, habían descubierto en el término del Molinillo, propio de dicha villa, unas minas abundantes de metal de plata, muy rico, y aun alguna cantidad de oro, con tales ponderaciones de importancia y riqueza, que la Princesa, oido el dictamen de sus ministros y consejeros , resolvió tomar conocimiento, y poner cobro y recaudo en ellas para ayuda á los gastos del Estado, como mas por menor resulta de la siguiente comision, y diligencias obradas á consecuencia de ella..

Comision al marques de Falces, gobernador de la provincia de Leon, en la Orden de Santiago, para que informe y ponga recaudo en la mina rica de plata que se había descubierto en término de Guadalcanal; y diligencias practicadas en cumplimiento de dicha comision.

Contadurías generales, núm. 3072. de11 de Octubre de 1555.

En la villa de Llerena á quince dias del mes de octubre de mil é quinientos é cincuenta y cinco años, el muy ilustre señor marques de Falces, gobernador é justicia mayor de la provincia de Leon por su Magestad,
dixo: que en este instante por un correo se le dió una cédula de su Magestad, firmada de la serenísima Princesa nuestra señora, gobernadora de estos reinos, y refrendada de Juan Vazquez, secretario de su Magestad, acerca de lo que ha de hacer sobre las minas que estan halladas en el término de la villa de Guadalcanal y en otras partes, la cual su señoría mandó saque de ella traslado signado, y se ponga en lo que de yuso se hará mencion, cuyo tenor es este que sigue.-

EL REY.
Marques de Falces, pariente, mi gobernador de la Orden de Santiago en la provincia de León: sabed que Yo soy informado que en esa provincia en término de la villa de Guadalcanal y otras partes cerca de ella se han descubierto ciertas minas de plata y otros metales, entre las cuales diz que hay una que por la muestra que hasta agora ha hecho, parece ser muy rica, é que sobre ellas habido é hay algunos pleitos é diferencias, porque se quieren meter en ellas muchas personas; de lo cual todo diz que vos estais muy informado por haber ido á vellas: y porque quiero saber particularmente lo que en lo susodicho pasa, Yo os mando que luego que esta veais, me envieis relacion de qué minas son las que se han descubierto, y qué tanto tiempo ha, y por qué personas, y en término de qué lugares, y en qué partido é obispado entran, y qué muestras hay del valor de ellas, é las experiencias y ensayos que se han hecho para saber el valor de ellas, y qué pleitos é diferencias hay sobre ellas, y entre qué personas, y qué pretende cada una de ellas, y de todo lo demas que sobre esto ha pasado, y pasa; todo ello muy particularmente, para que Yo lo mande ver y proveer en ello lo que convenga á mi servicio, la cual dicha relacion enviaréis con persona de recaudo ante los de mi consejo de la hacienda. Y otrosí vos mando, que hasta que se vea la dicha relacion que enviaredes, y se vos envie á mandar lo que en ello se debe hacer, hagais que cesen en el sacar de los metales de las dichas minas, y en el fundir y afinar de ellas, y que para todo se pongan guardas y recaudo en las dichas minas, para que no se pueda sacar de ellas cosa alguna; é si para hacer lo susodicho ó cualquier cosa ó parte de ello, y enviarme la dicha relacion fuere necesario que vos vais adonde estan las dichas minas para vello y entendello todo mejor, y proveer lo suso contenido, vais vos en persona á ello con vara de justicia, y alguacil, y escribano sin lo cometerá otra alguna , aunque sea fuera de los lugares de vuestra jurisdiccion; é hagais sobre ello todos los autos é diligencias que fueren necesarias, que por lo presente vos doy para ello poder cumplido con todas sus incidencias é dependencias, anexidades é conexidades. Y vista la dicha relacion y el tiempo que en ello vos ocuparedes, mandaré que seais pagado de vuestro salario y del dicho alguacil y escribano que llevaredes, y que ansi mismo se paguen las personas que dejaredes puestas, para que no toque nadie en las dichas minas y pare todo, hasta que de acá se provea lo que se ha de hacer en ello: é non fagades en de al. Fecha en Valladolid á once dias del mes de octubre de mil quinientos y cincuenta y cinco años.

—La Princesa.— Por mandado de su Magestad, su Alteza en su nombre —

Juan Vazquez.
Su señoría dijo: que recibida la dicha cédula la obedecia y obedeció con el debido acatamiento, y que está presto de hacer y cumplir lo que por su Alteza le es mandado, y en su cumplimiento dijo: que por cuanto entre don Alonso de Cordoba é Juan de Xuren aleman se ha tratado pleito en que en efecto en él se contiene que dicho Juan de Xuren dice pertenecerle el quinto de las minas contenidas en la dicha real cédula , por estar inclusas en cierto arrendamiento que dice tener fecho de su Magestad en los maestrazgos donde las dichas minas entran, y la parte del dicho don Alonso dice pertenecerle á él por razon de cierta merced que tiene de ello por previlegio especial, por estar las dichas minas inclusas dentro de las tierras del obispado de Córdoba, y sobre ello entre ambas partes se ha litigado y litiga, que su señoría para mejor determinar la causa, mandó medir las leguas que hay desde las dichas minas á la parte mas cercana del dicho obispado de Córdoba, é se halló estar fuera las dichas minas de las tres leguas del dicho obispado de Córdoba. Atento esto su señoría dió ciertos mandamientos de posesion al dicho Juan Xuren, para que le fuese acudido con los quintos que hubiese caido, é con los demas que cayesen, los cuales su señoría habia despachado hoy dia del recibo de la dicha cédula, y para que los dichos mandamientos de presente no se cumplan ni efectúen atento el senor y forma de la dicha cédula, su señoría proveyó un auto del tenor siguiente. (sic)
Fuentes.- Noticias Histórica de las Minas de Guadalcanal