By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-

Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



miércoles, 16 de agosto de 2017

El mundillo de la jaula 4

El Chepa
Un Reclamo de Perdiz de Capricho y Caprichoso

Cuarta parte.-

La llegada a la terraza del Chepa - que es cómo yo empecé a llamar al corcovado de Villar del Rey, desde el primer momento - fue toda una bendición, si bien es cierto que el apático e insolente neófito de Medina Sidonia, no debía pensar lo mismo, pues consiguió definitivamente que lo mandara al "carajo", sin ni siquiera esperar a darle una
oportunidad en la ya inminente apertura de la veda, ya que el muy "saborío", como resucitado de su desesperante apatía por el muy cantarín y revoltoso extremeño, no hacía sino “alambrear” y "hacer la carrucha" con tal tozudez, que, al sumarse a lo "malage" que ya era de por sí, se me hizo insoportable de todas a todas. Sin embargo, allí estuvieron al desquite El Tarta y El Dulcinea del Pedroso, que aunque nopasando de mostrarse medianamente voluntariosos, entraron en el juego del exultante y animoso giboso, y así la terraza, de ser un lúgubre y luctuoso velatorio, comenzó a transfigurarse en un jubiloso guirigay de gallinero.
Viviendo con el anhelo que estaba viviendo aquella tan entusiasta algazara de mis pájaros en la terraza, no veía la hora de la llegada del feliz advenimiento de la apertura de la veda “del pájaro”, de la que sólo faltaban unos días. No fueron sólo albricias, sin embargo, lo que recibiera durante esos días de vísperas, pues el muy bribonzuelo del extremeño de Villar del Rey, para no hacer la gracia completa, me confirmó de forma totalmente inapelable y sin opción al menor de los equívocos, lo que de él me dijera, tan sincera y honradamente, su antiguo dueño. En efecto, el muy bribón, a pesar de que, al parecer, estaba hecho de caoba, se solía mostrar la mar de inquieto, de saltarín y de desagradecido, así como muy poco sociable y casi intratable. Era, en una palabra, huraño y esquivo como él solo. No aceptaba, no ya mi presencia, a pesar de mi presta predisposición a mimarlo siempre con las más cariñosas carantoñas, sino que casi tampoco la de criatura alguna, que no perteneciera a su especie perdiguera.
Ni siquiera la de la cariñosísima y apacible perrita de mi entrañable hija Pepita Adoración, cuando acudía a tumbarse plácidamente en la terraza a tomar el siempre tan clemente solito del Otoño. De todas maneras esto de la perrita podía tener su explicación, porque un perro y una perdiz jamás hicieron “buenas migas”, pero es que era ver moverse, más o menos cercano a su casillero, algún mirlo o paloma del cercano Parque de Los Príncipes, y se descomponía. No parecía sino que veía a mismo Satanás en ellos. Y así se ponía a “alambrear”, llegando, a veces, a picotear los alambres de la jaula como con rabiosa desesperación, si es que no a dar saltitos hasta llegar a chocar la cabeza, en algunos de ellos, contra la cúpula de jaula con cierta contundencia. Algunas veces, incluso, se ponía a "hacer la carrucha", siguiendo con el pico el abovedado de su celda con tal terquedad, que llegaba a perder pie y a caer sobre el asiento, después de dar la voltereta de un malabarista.
Inadmisibles de todas a todas, estas "pichinerías" en un enjaulado que parecía tener madera de la buena, para llegar a ser todo un campeón, ya que tal actitud sólo es propia de los que llevan camino de ser unos despreciables maulas, o si no, que se lo pregunten al del Medina Sidonia.
Es que, incluso, llegaba a más, pues si algún hogareño e inofensivo gorrioncillo se le posaba en el comedero, para robarle - y siempre en la actitud del más timorato y receloso de los furtivos - algún grano de trigo o cañamón, le caía tan mal, que si lo acepta, era porque no tenía otro remedio, queriendo, a su vez, comérselo a picotazos.
Lógico pues que el que se mostrara tan poco sociable, tan cascarrabias y tan desconfiado y huraño, me cayera peor que una patada en "los mismísimos", y que, incluso, me trajera a "maltraer". No obstante, siempre acababa por venirme a conformidad, pensando que, con el pasar de los días, se iría acostumbrando a convivir con todos aquellos lugareños que su sino le tenía destinados, poniendo de manifiesto, donde fuere y ante el que fuere, la bizarría, la nobleza y la generosidad de las que, paradójicamente, solía hacer gala estando a sus anchas y sin incómodos testigos o visitantes, lanzando al aire con cautivadora galanura sus reclamos de cañón, así como sus rítmicos y acompasados “cuchicheos”, sus piñones, pitas o titeos.
No terminaban aquí mis preocupaciones, pues me perseguían otras bastante más inquietantes y de mucho mayor alcance y trascendencia, porque, claro, era evidente que el pollo de marras estaba hecho todo un valiente y apuesto gallito, habiéndose erigido, asimismo, en el arrogante y engreído capitán de la reunión - así que, indiscutiblemente, allí había madera y de la buena - pero aún quedaba la valiosa y artística talla que en ella se pudiera esculpir. Quiero decir que las verdaderas actitudes y virtudes que el neófito pudiera tener, donde realmente tenía que demostrarlas era en el campo y sobre el pulpitillo, por ser la hora de la verdad, a modo y manera de cuando el torero toma la espada para la muerte del toro. No olvidemos además, que una cosa es predicar y otra, muy distinta, es dar trigo.
Mis dudas, bajo este concreto aspecto, llegaban a agigantarse cuando pensaba en las más que vituperables actitudes del pájaro ante la simple presencia de su amo y de cualquier otro visitante, y así mis sospechas de que en el campo se mostrara igual de antipático e insociable, por no decir que igual de "gilipollas", ante la sola presencia de algún que otro bulto, más o menos, sospechoso, de los muchos que se nos podrían presentar “dando el puesto”, como bien podría ser una simple oveja, una vaca o una yegua, si es que no una simple liebre o un pobre conejo, y ¿para qué decir, si el sospechoso visitante era un zorro o una rapaz?
Era esto algo que no quería ni pensarlo, por lo que cuando acudía a mi mente, lo solía rechazar como una mala tentación.
Y es que, como por otra parte, me encontraba tan "escaecío" de buenos reclamos y ya en las mismas puertas de la apertura de la veda, el solo pensar que éste también me pudiera dar con la puerta en las narices, me ponía a temblar. Porque, claro, El Tarta y El Dulcineo, sí, mientras las circunstancias no fueran muy desfavorables, solían tener la suficiente vergüenza torera como para "dar la cara" con cierta dignidad, sin embargo, teníamos el problema que, cuando se presentaba alguno de los muchos contratiempos que acechan a esta tan delicada modalidad cinegética, ya los teníamos en el pulpitillo convertidos en auténticos mochuelos, si es que no perdiendo el culo por escapar de la jaula, y al dueño, entre tanto, allá en el tollo sobre el catrecillo, cabeceando, la soñolienta modorra que, necesariamente, tiene que acarrear el estar esperando a que cante una alpargata, si es que no echando fuego por los ojos con “el cabreo” de un elefante.

©José Fernando Titos Alfaro
Nº Expediente: SE-1091 -12

miércoles, 9 de agosto de 2017

Descubridor de “Birú”

Hernán González Remusgo de la Torre

Nacido  en Guadalcanal (España) en el año 1513 y fallecido el 6 de Octubre de 1573 en la Ciudad de los Reyes (actual Lima) Perú, está enterrado en la capilla de Nuestra Señora de la Gracia San Agustín (1) fundada por el  P. Agustín de la Santísima Trinidad (2),  en la ciudad de  Lima, hijo de los también Guadalcanalense Francisco González de la Torre Remusgo, casado según carta dotal el 29 de diciembre de 1550 con Juana Cepeda Villarroel, fruto de este matrimonio nacieron Mencía de Cepeda Villarroel González de la Torre, María Juana Cepeda  González de la Torre, Francisco González de Cepeda y Mariana Cepeda  González de la Torre, se le atribuyen varios hijos más extramatrimoniales, en la probanza Hernán Gonzalez declara tener 10 hijos, 7 mujeres y 3 varones, caso muy normal en el siglo XVI en los hombres insignes.
Méritos y servicios, entre otros datos consta que tomó parte de varias expediciones con el adelantado Don Francisco de Pizarro con el que fue descubridor y y pacificador de Perú, por cuyos servicios el virrey D. Hernando de Mendoza, marqués de Cañete,le concedió carta de hidalguía y escudo de armas. (3)
Familiar del Santo Oficio, vecino feudatario de Lima (Perú) de la que fue Regidor perpetuo y en 1536 alcalde de la misma, Encomendadero de Pachacamac, el Señor de los Milagros: una trayectoria milenaria ; Señoríos,  ... (4)
Este conquistador nativo de Guadalcanal  fue descubridor del Perú, como así consta  en un acta de Valladolid firmada por el rey Emperador D. Carlos I
 "....vos, Hernán González Remusgo de la Torre, vecino e regidor de la ciudad de los Reyes, que es en la Provincia del Perú, que es en las nuestras Indias del mar Océano, y natural de la villa de Guadacanal, nos ha sido fecha relación, que podrá haber veinte años poco más o menos, que con deseo de nos servir, pasaste a las dichas nuestras Indias y vos hallaste en el primer descubrimiento de la dicha provincia del Perú, y después tornaste a ella con el Adelantado Don Francisco Pizarro.
Así mismo, el citado Emperador con esa misma fecha, le concedió el siguiente escudo de armas para su gloria y generaciones venideras:
… A D. Hernán González  Remusgo, vecino de los Reyes (Perú)
Escudo mantelado, 1º,en campo de azur, una banda de plata, cargada con una cotiza de gules y acompañada de dos estrellas de oro , una a cada lado, 2º en campo de sinople, un tigre al natural y el mantel de oro, con unas peñas al natural, con un roble de sinople, puesto en ondas de agua azur y plata, y un lagarto que sube de agua  y trepa a las peñas, bordura de gules, con ocho bezantes, cuatro cuatro de oro y cuatro de plata. (5)
Yo el Rey
Dada en Valladolid a 3 de Febrero de 1537.
Hernán González Remusgo de la Torre no figura en la primera expedición exploratoria de Pizarro al Perú en noviembre de 1523, según Pedro Cieza de León en " Crónica de Perú”, Tercera Parte, Capítulo XVI, por lo que debió haber formado parte de la expedición de Pascual de Andagoya en 1522. Esto resulta coherente con la relación precedente ante Carlos I. La expedición de Andagoya llega a Chochama al sur de Panamá, donde los nativos se refirieron a gente del "Birú" (6). Siguió hacia el sur explorando al río Ancasmayo, limite norte del imperio incaico, actualmente río Mayo cerca de la actual ciudad de San Juan del Pasto, Colombia, en cuyo manglares se cayó del caballo (7), Por este accidente se dio por terminada la expedición. Andagoya volvió con tesoros e indios quichuas y aymaras, destinados a servir de guías e intérpretes. Hizo dibujar cartas geográficas donde se puntualizan con precisión : el Río San Juan y la provincia del Birú, perteneciente al cacicazgo del Chimú. En su relación a Pedrarias, Andagoya dice "... de esta provincia se tomó el nombre de Pirú, que de Birú se corrompió la letra y ahora le llaman Pirú" Conforme "Perú". (8).
La fecha de nacimiento de este conquistador no resulta clara. En la Probanza de Méritos del conquistador Mencio Serra Leguizamón, fechada en Lima el 8 de enero de 1562, firma con testigo Henan Gónzalez de la Torre, declarando 48 años de edad, andaluz. No figura su segundo apellido Remusgo y su fecha de nacimiento en 1514 es incoherente con la Disposición de Armas de Carlos V, precedente. En un trabajo sobre los emigrantes de Guadalcanal a Indias figura Fernando Gonzáles Remusgo de la Torre. "...regidor de Lima, tras el que aparecen varios parientes en el virreinato..." . Por lo que Henan González de la Torre puede ser un pariente del descubridor. (9)

Notas.-
(1) La Orden de San Agustín en el Archivo del Arzobispado de Lima 184. IX:1 1689. Lima. Autos seguidos por fray Agustín del Molino, religioso de la orden de San Agustín, para redimir un censo de 4,950 pesos de principal que tenía impuesto sobre una charca en el valle de Bocanegra, a favor de la capellanía que fundó doña Juana de Cepeda. 3f.
La orden religiosa de sacerdotes mendicantes de San Agustín, fundada en 1256 en base a las reglas monásticas creadas por ese santo, no estuvo presente en la conquista del Perú junto a las huestes de Francisco Pizarro, como sí lo hicieron los padres dominicos, mercedarios y franciscanos. Los primeros de ellos por expreso mandato de los reyes de España. Recién en 1546, once años después de la fundación de Lima, decide el provincial de la orden radicada en Castilla, fray Francisco Serrano, enviar al Perú a miembros de esta organización religiosa, debido al éxito que habían tenido en la conversión de los indígenas durante la conquista de México. Así en 1548 se embarca para cruzar el Atlántico, como adelantado de esa congregación, fray Agustín de la Santísima Trinidad, con el fin de preparar la llegada de doce de sus compañeros que venían a establecer el convento de esa popular orden en la capital del Virreinato del Perú. Durante la travesía, este seguidor de la orden establecida por el obispo de Hipona, hizo amistad con Juana de Cepeda que venía a contraer nupcias con el rico encomendero limeño Hernán González de la Torre, ex-regidor de Jauja, regidor de Lima desde 1536 y su accidental alcalde, en ese año y en 1538, debido a la ausencia del titular Hernando Montenegro. Ya en Lima los recién casados alojan al sacerdote agustino en su casa y le hacen donación de unas viviendas vecinas a la suya, ubicadas en un barrio extremo de la ciudad, sobre el camino que en esa época conducía al puerto del Callao.
El 1o. de junio de 1551 hacían su entrada solemne a la Ciudad de los Reyes los doce padres agustinos, que en su mayor parte pertenecían al convento de Salamanca, según escribe fray Ignacio Monasterio, para instalarse en los edificios que les habían cedido los esposos González de la Torre y que poco después los diligentes padres ampliaron con la compra del solar de Juan de Morales, en la esquina de las actuales calles de Pregonería con Belaochaga (Emancipación con Rufino Torrico). Ahí el alarife Esteban de Amaya les construyó, a partir del 19 de julio de 1554, su casa conventual en lo que hoy vendría a ser la parroquia de San Marcelo. En 1561 encomiendan al mismo alarife la construcción de su primera iglesia para la cual el carpintero Cristóbal López hizo primero los techos de alfarjes y artesonados, luego al año siguiente el coro y después, a pedido de fray Agustín de la Santísima Trinidad, la talla de la imagen en bulto de Nuestra Señora de la Gracia, convertida en la titular de dicho convento.
En la noche del 8 de julio de 1573 se mudan sigilosamente los padres agustinos, de su primitivo convento vecino a la actual parroquia de San Marcelo, a los solares que hasta hoy ocupan en la esquina de las calles San Agustín y Lártiga (Camaná con Ica) y que en secreto habían comprado debido a la oposición de los vecinos padres dominicos y mercedarios, quienes argüían que los conventos estaban demasiado cercanos entre sí, impidiendo su normal desenvolvimiento religioso al servicio de la comunidad.
El 31 de diciembre del año siguiente se muda la Universidad de San Marcos del convento de Santo Domingo, en donde se había fundado en 1551, al recientemente abandonado convento agustino, para a su vez abandonarlo, el 25 de abril de 1577 -día de San Marcos- e ir a ocupar el edificio que había sido la Casa de San Juan de la Penitencia, para las hijas mestizas de los conquistadores, frente a la plazuela de la Inquisición, actual plaza Bolívar, en los terrenos donde hoy se levanta el Congreso de la República.
(2) El padre Agustín vivió miserablemente en Lima, junto al Mercado, hasta que recibió un donativo de doña Juana de Cepeda y su marido don Hernán González  Remusgo de la Torre para que erigiese una capilla con la advocación de Ntra. Sra. de Gracia en el terreno que luego se edificaría la Iglesia de San Marcelo (hoy esquina de las calles Rufino Torrico y Cuzco), y allí murió antes de ver a los doce integrantes de la primera barcada que arribó al puerto del Callao a finales de mayo de 1551; nada más llegar se presentaron al virrey con las cédulas de la autorización real, y se instalaron en unas casas que adquirieron junto a la del padre Agustín y la capilla de la Virgen de Gracia. Aunque el primer agustino que llega al Perú, el P. Agustín de la Santísima Trinidad, con la finalidad de preparar hospedaje a los fundadores, y que debió desembarcar en 1548, no tuvo la dicha de recibir a sus hermanos, se acepta unánimemente por los historiadores que los Religiosos de dicha Orden llegaron a este país en 1551. Eran doce y, después de embarcar en Sanlúcar, llegaron a Lima el 1º de Junio. Se alojaron en una de las casas de nuestros bienhechores, el matrimonio de Hernán González de la Torre y Juana de Cepeda, cerca de lo que hoy es Parroquia de San Marcelo y que, durante 22 años, constituirá el primer convento en la Capital del Virreinato del Perú. La fecha fundacional de esta Provincia agustiniana que abarcó los límites del Perú y Bolivia, será el 19 de setiembre de 1551. A los 12 fundadores se uniría el P. Juan Estacio, exprovincial de la de Méjico y confesor del Virrey Don Antonio de Mendoza y el P. Juan de la Magdalena. El P. Estacio fue elegido Provincial, pero la dependencia de la Provincia de Castilla continuaría por unos años. Este Capítulo de 1551 nombró Prior del Convento de Lima al P. Andrés de Salazar. En el segundo Capítulo, el de 1554, se acepta el Convento de Huamachuco y se nombra por Prior al P. Juan de San Pedro. El tercer Convento, situado en Trujillo, será reconocido en el Capítulo de 1560; pero en el trienio 1557-1560, ya se han puesto a caminar los Conventos de Conchucos, Laymebamba, Cuzco y Paria, aceptados jurídicamente en el Capítulo de 1560. Cuzco será uno de los principales conventos. Conchucos y Laymebamba pasarán a sacerdotes seculares; Paria pasará también, pero la Real Audiencia de los Charcas le reintegró a la Orden.
(3) M. y P. Escudos y Arboles Genealógicos,89.
(4) Escrito por María Rostworowski de Díez Canseco pagina 106  
(5) Fuente : Nobiliario de conquistadores de Indias por Antonio Paz y Melia. 
(6) La  etii mología del topónimo "Birú"  (Perú) es variable y sujeta a algunas interpretaciones históricas.
(7) Según Fernando de Montesinos, " Memorias Historiales de la Conquista y Anales del Perú”.

(8) Hugo Bunge Guerrico, Buenos Aires 1956.
(9) Rasgos Socioeconómicos  de los Emigrantes a Indias. Indianos de Guadalcanal: Sus actividades en América y sus legádos a la Metrópoli, Siglo XVII (javier Ortiz de la Tabla).

Hemerotecas

miércoles, 2 de agosto de 2017

El mundillo de la jaula 3

El Chepa
Un Reclamo de Perdiz de Capricho y Caprichoso 
 Tercera Parte.- 
Lógicamente y como la mayoría de los mortales, siempre tendí más a lo poco y bueno, que a lo mucho y malo. Esto, sin embargo, no siempre es así, en especial, en el peculiar mundillo de la jaula, ya que hay muchos aficionados que nunca se ven hartos en eso de poseer perdigones por muchos que estos sean, sin saber, en la mayoría de los casos, ni por donde respiran la mayoría de ellos. Yo, no obstante y bajo este concreto aspecto, siempre estuve en el extremo opuesto.
Nunca me gustó tener más de dos o tres “pájaros”, ya probados y en la brecha, y otro, (generalmente pollo del año) en retaguardia y a la espera, esperanzado a que pueda superar mis muy exigentes exámenes durante el primer y segundo celo y, en especial y definitivamente, en el tercero, si es que a él llegaba, siempre y cuando fuera viendo en él que me iba ofreciendo ciertas garantías en cuento a la madera de que estaba hecho, y siempre anhelante - por supuesto que sí - de que apareciera alguno de pura caoba, aún sabiendo que estos neófitos suelen estar más escasos que los Padres Santos de Roma.
Con ello, cada celo, además de satisfacer mi apasionada afición a cazar el pájaro, iba cribando la paja y seleccionando el grano, con estas pruebas a los catecúmenos. Cribas estas, por cierto, que, por tupidas y exigentes - ya lo he dejado apuntado - difícil es que se me pudiera colar alguno como de matute, por lo que la mayoría de los examinandos solían terminar “en los corrales como desecho de tienta y para la carne”.
En esos días en que me llegara el pigmeo de Villar del Rey, con la apertura de la veda - como ya dije en su momento - a la vuelta de la esquina, sólo tenía tres pájaros: dos de ellos, viejos guerreros de cuatro y cinco celos respectivamente, y tanto el uno como el otro de un comportamiento meramente aceptable, siendo el tercero un pollito de un celo que comprara, al final del Verano, en Medina Sidonia, pues me habían dicho que, a pesar de ser de granja, de allí solían salir unos reclamos magníficos.
Quizás fuera verdad, pero, por lo visto, éste había quedado en fuera de juego, pues, por lo que le venía viendo, su permanente actitud era la de ser más "esaborío" que un guiso
de coles, que decía aquel, y así, cada día que pasaba, me iba temiendo más y más, que "la absoluta" la tenía, como una espada de Damocles, amenazándole inapelablemente la cerviz.
Uno de los susodichos guerreros era natural de Las Sierras de Guadalcanal, concretamente de La Sierra del Agua y el otro de allá de las sierras del Pedroso. Sierras estas, por cierto, de enorme prestigio por la aguerrida raza de perdigones que se solían criar en ellas, sin embargo estos debían haber heredado los genes a medias, pues tanto el uno como el otro pasaron los exámenes de catecumenado “por los pelos” y casi dejándose las plumas en la “gatera”, obteniendo en el definitivo “tercer celo”, un Aprobado raspado, porque aunque solían ligar bastante aceptablemente, sólo era en condiciones muy favorables, y aún así, una vez que, más o menos, se llegaba al ecuador de cada puesto, se solían mostrar muy poco voluntariosos, si es que no titilando como pabilo de candil, que se está quedando sin aceite. Eran pues lo que los aficionados suelen llamar a los Reclamos mediocres: dos auténticas "vaquillas de media obrá", pero...¿a ver qué remedio, si ya llevaba dos o tres celos metido de lleno en mis años de vacas flacas, ya que no tenía la suerte de que llegara a caer en mis manos un Reclamo, que si no de "Sobresaliente cum laude", por lo menos lo fuera de un "Notable", más o menos, alto.
En gratitud a mi muy estimado amigo Isidro Escote Gallego, (que Dios tenga en su Santa Gloria) guadalcalanense de pro y excelente escritor de temas cinegéticos, así como cazador de muchos quilates (que de raza le venía al galgo), quiero dejar constancia que el guerrero de La Sierra del Agua me lo regaló él, que capturó con sólo unos días a dos pasos de la magnífica casa de campo, que construyó en la misma cima de esta empinada Sierra y colindante con el famoso Repetidor de la incipiente TVE, y que él con tanto orgullo llamaba “La Ponderosa”.
A éste lo bauticé con el nombre de "El Tarta", pues el muy "joío" tartamudeaba tan sensiblemente en sus reclamos, que parecía atragantarse. En un principio sobretodo, llegué a sentir cierta nostalgia al oírlo, pues me recordaba a otro de tal calaña en su canto que, siendo yo niño, tenía uno de mis maestros en esto de la escopeta, allá en el cortijo del término de Alicún de Ortega, donde me criara. Se lo había mandado un hijo que emigrara a Cataluña y que capturó, después de alicortarlo, cazando por los entornos del Monseny. Recuerdo, dicho sea de paso, una coplilla que le dedicara uno de los cortijeros con vocación de juglar, y que por ahí debe andar perdida en alguno de mis libros. Más o menos venía a decir así: 
Con tu cantar tartajoso, al más avispado lías, parlando, so entrañas mías, ese parlar tan lioso, de “las catalanerías”.
El de Las Sierras del Pedroso me lo regaló mi gran amigo Antonio Blandez, dueño, junto a sus hermanos y hermanas, de la valiosa y fértil finca de “La Venta”, que se extiende a los pies de otra de las sierras de Guadalcanal, en dirección al extremeño pueblo de Fuente del Arco, llamada La Sierra del Viento.
Muy por el contrario al Tarta, tenía este Perdigón un reclamo tan sumamente afeminado y melodioso que más que el de un aguerrido guerrero de la jaula, parecía ser el de un consumado sarasa. Tanto era así que, en un principio, llegué a dudar, incluso, si el tal, colándoseme como de rondón, era una "perdigalla" o, como mucho, una "lesbiana vicaria", pues para mayor "Inri", tenía un pequeño espolón en solo una de las patas. De todas maneras, no hubiera sido el primer pajarero que, después de estar cazando un perdigón como reclamo macho, durante dos o, incluso, tres celos, éste se presentara "con la sopa-ensalá" de dejar caer, sobre la esterilla del asiento de la jaula, un huevo - un huevo, por descontado, que en su sentido más académico, que no “metaforeado” - . Un día le oí “titear”, y, por fin, pude salir definitivamente de mis dudas, por ser este canto absolutamente exclusivo de los machos. No obstante no pude escapar de la tentación de bautizarlo con el nombre de “El Dulcineo del Pedroso” a guisa de satírico juego de palabras con aquel otro de “Dulcinea del Toboso” con el que evocara Don Quiote al amor de sus amores.
Pues bien, en resumen, esta era la cuadra con la que contaba por aquellos entonces en que llegó a mi poder El Chepa, y que dicho sea de paso, sin ser para echar las campanas a vuelo, tampoco era para que doblaran con la triste cadencia de cuando doblan a muerto.
Opté por colocar al recién llegado junto al "sosote" y apático pollo granjero de Medina Sidonia, pensando que, al menos, los nervios del extremeño pacense pudieran despertarle de su desvergonzada apatía y permanente indolencia, si bien es cierto también que, por especial recomendación de su donante, le dejé la sayuela a media jaula, pues siendo tan nervioso y saltarín, lo podía ser aún más al extrañar tanto a su nuevo dueño, como a sus nuevos cofrades, e, incluso, aquel su nuevo hogar que, por otra parte, no podía ser otro sino la terraza de mi piso, bajo la que, por cierto, los viandantes por las aceras, por un lado, y los coches por la calzada, por otro, eran una ruidosa y caudalosa riada, y más a esas horas, en que la mañana se encontraba en su plenitud.
No sé por qué insondable misterio, pero “el Cuasimodo” de Villar del Rey me entró por el ojo desde el primer momento en que le vi, a pesar de todos los pesares, por lo que, una vez en su casillero, no hacía sino espiarlo - y siempre a hurtadillas, por aquello de las recomendaciones de Don Vicente - para ver sus reacciones y, asimismo, poder analizar todos y cada uno de sus movimientos y actitudes.
Durante los primeros minutos y con gran sorpresa para mí, ni se inmutó siquiera. Y lo cierto era que yo no llegaba a saber, por más que lo observaba, si esta su actitud era la del que se encuentra desorientado y como perdido en un lugar que desconoce totalmente, o la del que, desconfiado y receloso, estudia con todo tacto y astucia el oportuno instante, para escapar de la manera que fuera de aquel tan extraño lugar para él. Pero he aquí que, inesperadamente, "El Tarta", que ya llevaba unos días entrando en celo, le dio por dedicarle, de repente, al recién llegado - ¿a quién si no? - un reclamo de
embuchada que, por su evidente timidez, bien parecía haber sido emitido con mucho más miedo que vergüenza. Nunca lo hubiera hecho, pues el forastero, como el que despierta, de súbito, de un enigmática letargo, se engalló y, con insolente descaro y como queriendo humillarlo atrozmente y sin la menor piedad, acudió a replicarle, como con urgencia, con una reclamada de siete u ocho golpes, perfectamente enlazados y con tal poderío y sonoridad, que parecía imposible que aquellos reclamos tan pletóricos de pundonor, de bizarría y de señorío pudieran emanar de un cuerpo que era tan poca cosa.
"El Tarta", como el que se ve sorprendido, miró como atónito para un lado y para otro, pero ya no tuvo la vergüenza torera de volver a decir ni este pico es mío. "El dulcineo del Pedroso", por su parte, como despertando, a su vez, de una apacible apatía, apenas si se reaccionó como en un simulacro de desperezo. El insulso gaditano de Medina Sidonia, tal vez aterrorizado por la sorprendente bizarría de aquel “pequeñazo” corcovado, que terminaba de llegar, se puso a alambrar con tal poderío y tozudez que, seguramente, debí exclamar algo así como: ¡Santo Dios! ¿quién lo diría? Por fin, te veo moverte con la energía del que es un ser de sangre caliente, pues siempre creí que, de tener alguna sangre, sería de esa que llaman de “sangre de horchata”.
El recién llegado, no obstante, insistió con una nueva reclamada, tan engallada y egregia como la primera. Y yo, de forma tan espontánea como incontenible, hasta inconsciente, tal vez, debí dejar escapar un "¡olé ahí los tíos con reaños!" o algo parecido, con tal fuerza, que debió retumbar en todo el piso, pues oí a mi adorable esposa que, sorprendida, me gritaba por allí perdida en sus quehaceres hogareños, que si me había vuelto loco o qué. ¿Que a quién le jaleaba con tanto sentimiento y entusiasmo....?
-¡Ocho golpes, ocho, de un tirón.- Me apresuré a decirle, acudiendo a ella como con premura carrera.- ¿Tú sabes lo que son ocho golpes de un tirón en un catecúmeno...?
Y mi esposa se limitó a gesticular el atornillarse una de las sienes, en tanto difuminaba una tan misteriosa, como socarrona sonrisilla.
-¡Pues te lo voy a decir.- Agregué imparable.- ¡Ocho golpes de un tirón, seguro campeón!
Y “la parienta” volvió a contestarme con otra sonrisilla tan misteriosa y de perfiles de tan clara socarronería como la primera, y por supuesto sin dejar atrás, a su vez, aquel su
simulacro de atornillarse una sien.

©José Fernando Titos Alfaro
Nº Expediente: SE-1091 -12

miércoles, 26 de julio de 2017

A la memoria de Ernesto Pérez y Antonio “Repisa”

Foto cedida por Ignacio Gómez
Ir andando y venir corriendo

Antonio “Repisa”, mi tío, fue un jugador de fútbol del Guadalcanal durante la década de los años cuarenta, aquellos años difíciles de la posguerra, años de poca comida y mucha afición, posteriormente fue directivo en varias ocasiones con sus amigos Ernesto Pérez, Pepe Luis Barragán y Rafael Rodríguez Márquez.
Recuerdo las conversaciones que tenían Ernesto y él en las paradas para el almuerzo y la merienda en el taller de carpintería del coso y que yo presenciaba en los veranos y absorbía para llevarlas en el recuerdo, siempre recordaré una frase que decía Ernesto, “El fútbol es un veneno que no se cura con los años”.
Entre estas historias recuerdo algunas que contaban con muchas sonrisas, y que más o menos comentaba mí tío:
¿Te acuerdas Ernesto aquel partido que jugamos en Alanís creo que en el año 47?, como no lo voy a recordar Repisa, era el día de Santiago y Santa Ana y estábamos de gira cerca de la Legua de la carretera de Alanís, después de bien comidos y mejor bebidos vinieron a buscarnos Pepe Luís, Leopoldo y varios más con el equipaje futbolero y nos fuimos andando a Alanís a jugar un partido contra el Liceo, nada más empezar la cosa se puso fea, tu marcaste dos goles casi seguidos y Vázquez otro antes de finalizar el primer tiempo, ellos al final del segundo tiempo marcaron uno, el resultado no les convenía, pasaba el tiempo, se hacía de noche  y después de jugar el segundo tiempo por lo menos una hora seguíamos igual, así que abandonamos y nos intentamos vestir, lo peor es que tuvimos que salir corriendo y nos siguió medio pueblo hasta el cruce de la carretera de Malcocinado, total que fuimos andando y volvimos corriendo.
Foto cedida por Ignacio Gómez
Si Ernesto, lo peor fue en el partido que nos hicieron de devolución de visita, nada más empezar, me hizo una entrada el panadero –creo que se llamaba Vicente--  estuvo conmigo en Pamplona en la mili, me partió el brazo derecho por dos sitios, la culpa tuya, Repisa, cada vez que jugábamos contra ellos le marcabas, siempre han tenido los mojinos mucho amor propio.
Esa temporada no la puedo olvidar pudo marcar mi futuro, jugamos un partido con el Coria F.C. que estaba entrenado por Campanal, que luego fue entrenador del Sevilla F.C., perdimos por 1-5, en aquella época el Coria (filial del Sevilla) había subido a tercera división e hizo una gira por los pueblos de Sevilla para entrenarse y probar jugadores, jugamos tres de Guadalcanal con ellos en el segundo tiempo, Campanal habló conmigo y me citó para hacer una prueba en Sevilla, una semana antes de ir fue cuando me rompieron el brazo y se frustró mi posible carrera futbolística, si Repisa, lo recuerdo, ese año jugamos muy buenos partidos,  jugó varios partidos con nosotros Araujo que jugaba en el Sevilla y estaba aquí de vacaciones invitado por Barragán.
Ya lo recuerdo, Araujo me regaló unos borceguí (botas de fútbol), creo que fueron las únicas botas de profesional que tuve en mí vida, recuerdo que cuando terminamos la temporada se la llevé a Vázquez el zapatero e hizo varios pares de distintos números, el nos remendaba igualmente los balones, ¿te acuerdas como pesaban?, cuando llovía con el peso del agua y el barro eran una buena pedrada si te venía a la cabeza, mejor que tuvieras suerte, si además venía “picao” y te daba con la costura, seguro que te hacia una pitera en la cabeza.
Buena persona Vázquez, siempre haciéndonos remiendos en la botas y los balones y nosotros le pagábamos con alguna arroba de vino de Maguilla de vez en cuando, ¡como le gustaba el tintorro!    
¡Qué cosas nos pasaban!, otro partido en Cazalla, comentaba mí tío, era la feria de allí, vinieron a recogernos con una camioneta de asientos de madera por la mañana, menos mal que nos llevamos pan y chacina para comer, no nos dieron ni agua, aquel partido también lo ganamos, al tiempo de volver la camioneta en vez de traernos a Guadalcanal, nos llevó a la estación de tren de Cazalla y Constantina y tuvimos que hacer allí noche hasta que pasó el ómnibus por la mañana y nuestras familias y novias no nos echaron de menos, pensaban que estábamos en la feria.
¿Recuerdas las equipaciones?, yo creo que la primera completa que conocí fue la que nos regalaron los socios del casino, si creo que yo también, y por desgracia parecía  del Betis, --comentaba Repisa, sevillista de corazón--, peor fue lo que me pasó un año, mi madre me compró una camisa blanca en Juliancito para la feria, yo la utilicé para jugar el primer día en el partido contra Las Minas y se me rompió a jirones, solo tenía esa en condiciones y me tuvo que dejar mi cuñado Candelario “la de los domingos”, el tenia otra de la boda que se había casado en Abril, con ella fui  a buscar a  Carmelita  para llevarla al baile.
Entre risas y recuerdos “echaban el ratito y Ramoncín, Chisme y yo atentos y haciendo preguntas”.

Rafael Candelario Repisa

miércoles, 19 de julio de 2017

El mundillo de la jaula 2

El Chepa
Un Reclamo de Perdiz de Capricho y Caprichoso 

Segunda parte.- 
Hecha pues la presentación del "personaje" que nos proponemos biografíar, comencemos esta historia, yéndonos a sus orígenes y a todas las casuales circunstancias que hubieron de converger, para que este tan excepcional Reclamo llegara a mi poder.
Me habían despertado, muy de madrugada aún, los rabiosos y pertinaces vagidos de un bebé que, aunque un tanto opacos, llegaban, terriblemente molestos, a mis oídos desde el piso que se encontraba, exactamente debajo de mío.
Intentando coger como fuera, el siempre tan dulce y plácido sueño que llaman de conciencias tranquilas, me tiré largo rato procurando ignorarlos, bien arropándome herméticamente la cabeza bajo las sábanas, o bien divagando a mis anchas con alguno de mis muchas quijotescas fantasías, engarzadas en mis sienes. Pero...¡qué va!, por más que lo intentaba, aún más y más perseguía a mis oídos aquel obstinado y rabioso llanto del bebé, y, consecuentemente, más y más se despabilaba mi perseguido sueño.
A través de las cortinas del ventanal y con un ojo semiabierto y el otro semicerrado, pude intuir, que no ver, que, más o menos, las del alba serían. Viéndome pues que, cada vez, me encontraba más distanciado de los anhelados brazos de Morfeo, le metí el codo, con cierto tacto y disimulo, a mi adorable esposa, con la intención de comprobar, si bien
sólo en primera instancia, si se encontraba tan despabilada como yo, por aquel tan contumaz llanto. Y, en efecto, la pobre también se encontraba en la misma situación que yo, y así le dije, un tanto irónico, que si no le extrañaba que, después del muy largo rato que aquella criaturita llevaba llorando con los "reaños" que lo hacía, no hubiera explotado ya como un "ciquitraque".
-¡Angelito mío!.- Suspiró maternalmente mi esposa.-
Seguramente, que debe dolerle la barriguita o, tal vez, los oídos, y como los pobrecitos no saben decir lo que les pasa, pues... La madre, pobre mujer, debe estar desesperada.
-¿Y por qué no acude al médico...? Ya es demasiado tiempo el que el pequeñín lleva llorando.
-El marido.- Quiso excusarla mi esposa.- es visitador médico, y, seguramente, debe encontrarse viajando como casi siempre, y ella, encontrándose sola, tal vez no sepa bien lo qué hacer.
No supe que contestarle, así que, de momento, quedé en silencio y un tanto pensativo. Reaccioné de pronto, no obstante, y le salí diciendo, totalmente decidido además, que por qué no bajaba y le decía que nosotros, si así lo quería, estábamos dispuestos a coger nuestro coche y acercarla al Hospital Infantil o adonde ella quisiera, para ver qué es lo que le podía pasar a aquella pobre criaturita.
Y mi querida esposa, que tan buena samaritana fue siempre para todo y para todos, no se lo pensó dos veces seguidas, así que se tiró rápidamente fuera de la cama y hacia allá endilgó como la que va a apagar un fuego. Me dio la sensación que esperaba aquella mi invitación como un “santo advenimiento”.
Sólo unos minutos después, me encontraba convertido en circunstancial taxista por las calles de Sevilla, en dirección al Hospital Infantil, con dos mujeres y un bebé a bordo. Tan pronto como el llorón estuvo en manos del Pediatra, todo quedó solucionado, en sólo breves instantes y sin el menor problema. La barriguita del bebé, al quedar como fuelle de acordeón, después de que el médico se la apretara entre sus dedos, fue síntoma más que suficiente, para que el doctor diagnosticara, inequívocamente, la enfermedad que padecía el chiquitín y que tanto llanto le producía. El bebé, por la atroz hambre que padecía, estaba desnutrido. Los pechos de la madre, por lo visto, eran como un venero, prácticamente, agotado, por lo que apenas si podían fluir de ellos unas gotas de leche. Bastó pues un templado biberón a tope, para que el hambriento llorón quedara transpuesto en el quinto cielo, soñando con los angelitos, en el más dulce y grato sueño, después de que, claro está, el biberón pasara a mejor vida.
Un sencillo y humanitario acto éste de mi esposa y mío de buena vecindad y que, por obvio y natural, no tenía gran importancia para emotivas loas, y aún menos si es que confesamos – que todo hay que decirlo, para que el Demonio no se ría de la mentira – que también fuimos empujados en gran medida a tal obra de caridad, pensando en nosotros mismos, ya que había que descansar, para estar en forma para el trabajo que nos esperaba apenas comenzara a echar a andar la ya inminente mañana. Sin embargo, para el abuelo paterno, en especial, aquello fue algo así como un inefable acto de heroísmo, que no había con qué pagarlo, ni cómo agradecerlo.
Vivía este agradecido y buen hombre en Badajoz, donde tenía una muy prestigiosa e importante pajarería, y casi todos los fines de semana, solía acudir, junto a su esposa, a Sevilla, para pasarlos en feliz compañía de su único hijo, el padre del llorón, y, por supuesto, de su nuera y - ¿y cómo no? del mismo llorón, su nietecito. Y así, el inmediato Sábado al hecho de marras, tan pronto como la nuera le contara el detalle de los buenos samaritanos del “quinto”, al buen hombre le faltó tiempo para subir a nuestro piso, para agradecernos, con el corazón en los labios, lo que, en ausencia de su hijo, habíamos tenido a bien a hacer con su entrañable nieto.
Vicente Rastrojo, que así se llamaba este tan agradecido extremeño pacense - que Dios tenga en su Santa Gloria – con el distinguido porte de todo un caballero a la antigua usanza, me dijo tan pronto aparecí, a la llamada del timbre, al otro lado de la puerta.
-¿Da usted su permiso, señor? Soy el abuelo paterno del pequeñín que, el otro día, llevó usted al hospital de madrugada.- Y se me presentó, tendiéndome la mano, al tiempo que me hacía una caballerosa reverencia, desmontándose respetuosamente el sombrero levemente.-
Vengo expresamente a expresarle mi más sentida y sincera gratitud.
-Pase, pase usted.- Le respondí en tono amistoso y como queriéndole quitar importancia a la cosa.- Lo más natural del mundo entre buenos vecinos, ¿no cree? Ellos también lo hubieran hecho con nosotros. Estoy completamente seguro de ello.
El muy agradecido abuelo, siempre en su actitud de todo un cortés caballero de los de aquellos otrora, a la par que me seguía hacia el salón, no dejaba de repetirme su agradecimiento, y, de pronto, al ver un muy vivaracho canario que tenía en una dorada y artística jaula circular, ocupando la dorada circunferencia en que terminaba la peana, que le servía de colgadero, me preguntó que si era aficionado a tan bonitos y canoros pajarines, y yo, entre un sí y un no, me limité a encogerme de hombros, como queriéndole decir que ni fu ni fa. Que si me hubiera dicho.- Se me ocurrió añadir con toda espontaneidad.- que si mi afición iba por lo de los pájaros de perdiz, la historia ya cambiaba como de la noche al día.
-¡Hombre.-Exclamó tan sorprendido como amigablemente.- ¿con que usted es aficionado “al pájaro”...? Yo también lo soy, y desde toda mi vida prácticamente. No sé si sabrá usted que tengo una muy importante pajarería en Badajoz, en la que, además de los pájaros más exóticos, venidos de los países más remotos, tenemos toda clase de pajarillos canoros del país, así como sus respectivos alimentos y medicamentos. Por descontado, que también perdigones para el reclamo. Cuente con uno de ellos como regalo.
Jamás se me podía haber hecho un ofrecimiento más gratificante y que más me ilusionara, así que los ojos se me debieron poner como platos.
Y, en efecto, al Sábado siguiente - por cierto, que a punto de abrirse la veda ya de la tan bella y sugestiva caza de la perdiz con Reclamo - se me presentó aquel tan cortés caballero, Don Vicente Rastrojo, con su prometido presente, jaula y sayuela incluidas. Se trataba, efectivamente, de un pollo del año, del que, entre otras muchas cosas, me dijo que, aunque algo díscolo y hasta un tanto desagradecido y descastado, y que, como bien podría ver por mis propios ojos, siendo también tan poca cosa en cuanto a su físico, sin embargo, le había venido observando en la tienda, y difícilmente no estaba “con el hacha levantada” y dispuesto a plantarle cara hasta al mismo Satanás que, escapado de las llamas de los infiernos, allí se le hubiera presentado. Que era de un bonito pueblo, cercano a Badajoz, llamado Villar del Rey, donde entró en un lote de cinco, que le comprara a un pastor, que los capturara a finales de Julio, siendo aún como “totovías”, por aquellos pastizales, mientras pastoreaba, y que tuvo que terminar de criar en el corral de casa en una especie de gallinero de tela metálica.
Los tres tramos de escalera que separaban el cuarto piso, hogar de su hijo y adonde bajé a recogerlo, del quinto, mi piso, me los subí de dos zancadas, pues iba con mi pájaro de
perdiz más alegre y saltarín que un gitanillo con unas  alpargatas nuevas.
Llevaba clavado en las sienes, no obstante, aquello que me dijera el muy cortés caballero, Don Vicente Rastrojo, su amo, de que el pollo era "algo díscolo y como desagradecido y descastado", si no tanto aquello otro de su poca presencia física. Todo ello hizo que, en un conjunto, me hiciera sospechar del liliputiense jorobado, pero no pasó de ser como una especie de desdibujado garabato, que se me borró tan pronto me viniera a la cabeza, a su vez, aquello otro "del hacha levantada y de su valiente actitud ante el mismo Demonio que se le presentara escapado de las llamas del infierno”, además de que bien sabía yo que, si aquello de su nerviosismo y poca afabilidad, sin ser nunca cosa de mi agrado, jamás pudieron ser algo definitivo, para impedir que un pollo llegara a ser un gran campeón, al margen de aquello otro de las bellezas físicas, sabiendo además que, con recuencia, estas sólo son tapaderas más falsas que el mismo Judas, por encubrir, hipócrita y cínicamente, a los que, teniéndolas, sólo son despreciables maulas, por no decir aquello otro "de sepulcros blanqueados", que dijo Cristo en cierta ocasión, ante unos individuos, al carecer de lo que sólo puede estar en lo más profundo del corazón, como es el honor, la honradez, la generosidad, la laboriosidad, la responsabilidad y el cumplir siempre con el deber con el entusiasmo que mandan los santos cánones.

©José Fernando Titos Alfaro
Nº Expediente: SE-1091 -12

jueves, 13 de julio de 2017

Revista de feria 2017



María José Serna ilustrará la portada de la revista de feria

Su obra fue elegida por los internautas en un novedoso concurso a través de facebook

La guadalcanalense María Jose Serna tendrá el privilegio de ser la autora de la ilustración que servirá de portada a la tradicional revista de feria de Guadalcanal.
Tras la presentación de cinco obras, en la medianoche del pasado sábado, el Ayuntamiento de la localidad dio a conocer al ganador en un concurso en el que fueron los propios ciudadanos los que decidieron con sus votos la obra gana- Pintura ganadora dora.
Concurso novedoso Para elegir la obra ganadora, en esta ocasión se ha querido promover la opinión ciudadana a través de las redes sociales. Y en concreto, ha sido la plataforma de facebook la elegida para dar con el ganador o ganadora, en este caso.
El pasado 22 de junio, la cuenta de facebook oficial del consistorio daba a conocer las cinco obras que optaban al premio, acompañada cada una de ellas de un emoticono.
De esta manera, y aprovechando la novedosa interacción de la red social, las obras se marcaron con un pulgar en alto, un corazón, una cara sonriente, una sorprendida y otra triste. Como norma, la prohibición de marcar dos o más obras, puntuando únicamente la última de ellas.
Terminado el plazo, se procedió al recuento de votos resultando ganadora la obra de María José por un total de ochenta votos de un montante final de ciento cuarenta, superando en cincuenta y dos al segundo clasificado.
La obra ganadora representa una escena típica de feria, con la alegría de la música y el baile y con unos personajes ataviado para la ocasión con los trajes tradicionales, guitarra en mano incluída, pero alejada del tradicional paseo de el real de El coso y trasladada al parque de El Palacio, como si fuera una fotografía tomada directamente desde su balcón.
 
Guadalcanal Información
CULTURA/13, 7 de Julio de 2017

miércoles, 12 de julio de 2017

Torre de la Iglesia de Santa María de la Asunción

Un  legado del esplendor de las minas de plata del siglo XVI

Recuerdo cuando aun era  niño  aquel viejecito con su gorra y su bastón que todos llamábamos Bastián, sentado en un banco de la plaza contando historias y chascarrillos de nuestro pueblo, en una de sus citas mas o menos comentaba: “nuestros antepasados echaron hace muchos años a los moros de Guadalcanal, salieron corriendo y no les dio tiempo ni a terminar la torre de la Iglesia, después de tantos años así se quedó, como la veis”.
Esta frase que no se si será totalmente exacta a la que él dijo, era una sentencia y no tenia razón nuestro recordado Bastián, la torre es quizás el único legado que nos quedó de la floreciente Guadalcanal en el esplendor y posterior decadencia de sus minas en el siglo XVI, ya que en el año 1556 Agustín de Zárate, el recién nombrado administrador General de las minas de plata de Guadalcanal por la Princesa Regente Gobernadora, "recibe un nuevo destino de la administración fiscal y se establece en Guadalcanal para asegurar el orden en el beneficio del mineral y la recaudación de los derechos estatales de las importantes minas de plata que se han descubierto en esta villa"
El Sr. Zárate se reune a principio de dicho año con el Concejo de la Villa y sus alcaldes, estos le proclaman los pocos beneficios que la localidad obtiene de la explotación de la dicha rica mina, denunciando el progresivo estado de pobreza de la vecindad, por las grandes mermas de ganado (que se utiliza sin control y a bajo precio en la mina para alimentar a propios y esclavos), la esquilma de los montes que quedan "limpios" de leña y pastos, material para hacer carbón y maderos para la mina, todo esto hace que los montes queden mermados y con falta de manutención para el ganado, unido al poco trabajo que se les ofrece a los guadalcanalenses en la mina, que por su escasa profesionalidad, se limita al acarreo y penosos trabajos de pocos maravediés de salario.
En este mismo sentido, el Concejo envía una libranza a la corte:
“conbiene al seruiçio de V.M. que en esta fábrica no se lleue alcabala del carbón, leña, plomo y almártaga, pues estas son cosas que nunca se bendieron arrendaron en el dicho término de Guadalcanal, sino después que en la fábrica se funde y así ni al concejo ni arrendadores no se les haze agrabio. Reçobelo (agravio) la fábrica que de las demás cosas que en ella se benden lleuen más alcabala de lo que se lleua en la misma villa de Guadalcanal y así suplico a V. M. lo mande y con los mesmos días de franqueza que ay en la dicha villa”.
La respuesta real es favorable a la pretensión de la administración:
Así pues, de hecho, la mina resulta ser un vecino incómodo para la villa; goza de los derechos de los demás vecinos —cortar leña y aprovecharse de los pastos propios y comunes— pero no se sujeta por la mayoría de los deberes. ¿Cómo afecta ésto a la mayoría de los vecinos?, menos en  los derechos,  éstos sí que se ven claramente perjudicados: la rica dehesa de la villa, antes a disposición de los avecindados, queda reservada para el exclusivo de las minas durante 10 meses del año y sólo los  dos meses de verano para el libre acceso de los vecinos 
El mismo Zárate es consciente de que la villa merece una cierta compensación a los perjuicios que recibe en función de la presencia de la explotación real:
“Conbendría que la alcauala de lo que se vende en las minas no se diese encabeçamiento a la villa de Guadalcanal, porque valen las cosas a esta causa eçesivamente caras, porque molestan a los que bienen a vender y les lleuan demasiada alcauala y a causa dello el carbón, almártaga y otras cosas nesçesarias se encaresçen y no se traen á vender a las dichas minas lo nesçesario. Por eso conbendría que se repartiese y diese por vía de encabeçamiento de las dichas minas a la fábrica dellas por un predio moderado y a los de Guadalcanal, Su Magestad los gratifique los daños que a causa de las minas resçiuen así en los mantenimientos como en el pasto del ganado y bestiamen de las minas en su dehesa y en sacar çepas y no es equivalençia el prouecho que tienen de los que trauaxan en las minas de la villa, la qual meresçe qualquier gratificación por el amor y voluntad con que siruen a Su Magesta.
El 25 de Abril, después de repetidas reuniones  de  D. Agustín de Zárate con  el Concejo de la Villa, envía varios escritos a Valladolid para la princesa  gobernadora,  y, en uno de ellos comenta:
“Con la mucha hanbre que en esta tierra hay, acude a estas minas mucha jente que no nos podemos valer porque el principal intento que traen es el de hurtar (...)”.
Igualmente reconoce el administrador que:
“labrándose aquí minas, forçoso se han de encaresçer los jornales y resçibir grande daño toda la tierra, porque les será grande costa labrar sus heredades” 
En otro escrito comenta que los roces entre vecinos de la villa y la población minera son frecuentes y se inscriben los tradicionales choques entre comunidades configuradas y asentadas de antiguo y poblaciones halógenas. 
En este  informe daba noticia de que:
“los vezinos de la dicha villa de Guadalcanal hazen muchas molestias y malos tratamientos a los maestros, ofiçiales y operarios y otras personas que entienden en (...) las minas que an paresçido en término de la dicha villa y que no les quieren dar posadas ni rropa en que duermen ni mantenimientos por sus dineros”.
El 22 de Octubre de 1556 la princesa gobernadora dirige un escrito a D. Diego López administrador tesorero de la mina de Guadalcanal y otorga la obligación de liberar de los beneficios de dicha mina la cantidad de  590 ducados (221.250 maravedíes), equivalente al 0,017% del beneficio total de la extracción de plata hasta la fecha, así mismo otorga las siguientes libranzas, para un paño de la Iglesia de Guadalcanal 75.000 maravedies, al monasterio de los descalzos de Guadalcanal, 4 cálices de plata de las minas, con un valor de hechura de 37.500 maravedies, para limosnas a diversas instituciones religiosa de la villa 17.500 maravedíes  y una cantidad no determinada para la adquisición de una campana para la torre de Santa Ana.
Al año siguiente, según cédula de 12 de Mayo, se otorga otra asignación de 200 ducados (75.000 maravedíes) para seguir con la construcción de la torre de Santa María de la Asunción y finalmente, en el año 1559, se otorga una última obligación de liberar la cantidad de 65.000 maravedíes para terminar la dicha torre, así dispone la princesa regente gobernadora y envía copia de otorgamiento a Juan Pérez de Mérida mayordomo de la iglesia parroquial
De estos otorgamientos es sabedor  ejecutor D. Hernán López del Campo, instructor del Consejo de Hacienda y Contador Mayor de la Casa de Contratación de Sevilla.
No hay constancia documentada de más asignaciones para la construcción de la torre y tampoco si en el año 1559  tenía su estado actual o si los sucesivos Concejos decidieron invertir más en su construcción.
La Torre de la iglesia de Santa María de la Asunción de Guadalcanal se levantó sobre la parte de la antigua muralla defensiva almohade de la población,  se sitúa a los pies de la nave izquierda,  después de varios siglos, la situación actual de esta torre  es de deterioro y semi abandono, sea por parte de la iglesia o por las distintas administraciones que pudieran implicarse.
En estos últimos tiempos se han efectuados varios  intentos fallidos para remediar la situación:
En el 2008, el arquitecto de la Archidiócesis de Sevilla, acompañado por el Delegado de Patrimonio del Excmo. Ayuntamiento -D. Eduardo Cordobés- y el Párroco de Guadalcanal -D. Gabriel Sánchez-, estuvo visitando el lunes 29 de septiembre la torre de la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción, que presenta diversos desperfectos provocados por el paso del tiempo.
Se ha acordado, en una primera fase que comenzaría en breve, fijar los elementos que se encuentran en peores condiciones y entrañan un mayor peligro, como las cornisas. Estas obras están financiadas por la Archidiócesis de Sevilla. La colaboración del Excmo. Ayuntamiento se centrará en la limpieza interior de la torre.
El 5 de Noviembre de 2014, el entonces alcalde de Guadalcanal José Manuel Martínez, concedió una entrevista en El Correo de Andalucía  a  José Ángel Fontecha en la que entre otras cosas decía:
“se adelantó ayer las principales líneas de actuación que podrían llevarse a cabo en la consecución de la financiación necesaria para la restauración de la torre de la Iglesia de Santa María de la Asunción. Tras sendas reuniones con responsables de La Caixa y con el párroco, Juan Carlos de la Rosa, el regidor aseguró que son tres campos en los que se pretende trabajar”
“El Ayuntamiento y la iglesia firmarían un acuerdo para la apertura de una Cuenta Solidaria conjunta donde todo el que quiera, a base de donaciones podría ingresar lo que estime conveniente”.
“El Ayuntamiento contribuirá económicamente en todo lo que vaya pudiendo con la consecución de ayudas”
"Los contribuyentes que participaran en la colecta, aseguran desde el Consistorio, independientemente de la suma aportada, recibirían un diploma para recordar su colaboración". Los otros dos campos de acción "vendrían en forma de subvención, ya que se prevé solicitar las ayudas económicas pertinentes tanto al Ministerio de Fomento como al Grupo de Desarrollo Rural Sierra Morena, a fin de conseguir parte de los casi 300.000 euros en los que está presupuestada esta restauración. Dichas subvenciones son excluyentes entre sí, por lo que si se logra una de ellas, quedaría descartada la otra".
Han pasado los años, varias corporaciones municipales y párrocos, pero lo cierto es que nuestra simbólica torre de la plaza de España, sigue deteriorándose, sin emprender las obras necearías para su restauración y con las tres bufandas negras puestas que tanto afean el edificio y contorno, nuestro paisano Juan Daniel Blanco Ceballos se preocupa todos los años de retirar los escombros del interior y limpiar los escalones de los excrementos de las palomas.
Parece según información que el Arzobispado de Sevilla ha habilitado conforme al proyecto, una partida similar a la que se concedió para arreglar la techumbre del convento, esta partida está pendiente de ejecutar a través del Área de Cultura del Exmo.  Ayuntamiento de Guadalcanal.

Fuentes.- Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal , De Minería, Metalúrgica y Comercio de Metales (Julio Sánchez Gómez-Salamanca 1989), Consejo y Juntas de Hacienda, Contadurías Generales,  Sobre emigración a America de los habitantes de Guadalcanal y Hemerotecas.
Rafael Spínola R.

miércoles, 5 de julio de 2017

La Serenita

Yo pienso, que revivir el pasado, es vivir dos veces.


Escribir sobre Guadalcanal, para remontarme al pasado (a mi pasado), es como por inercia.
Algunos quizás piensen que esto es síntoma de senectud (cronológicamente no es mi caso).
Yo pienso, que revivir el pasado, es vivir dos veces. No quiero caer en cursiladas, pero es como sentirme sumergido en una especie de bálsamo bienhechor.
Y bálsamo bienhechor, es por supuesto contemplar sus paisajes, pasear por sus calles y en cada rincón reencontrarte con parte de tu vida, con pedazos de tu vida que se han quedado ahí, y que están ahí, estáticos, pero que comienzan a tomar animación, en tu deambular.
Y la mente, máquina prodigiosa del ser humano, te va proyectando, secuencia a secuencia, toda esa película que llevas grabada en ella.
Quizás caiga en pesadez reiterativa al escribir y hablar tanto de mi Pueblo; pero al hacerlo en esta gran revista, veo el momento idóneo para exponer mis sentimientos hacia Él.
Habrá quien piense, que todo no serán bonitos paisajes y cosas maravillosas; por supuesto, como habitáculo que es de tres mil y pico de amas; pero yo he sido siempre partidario de ver en él, lo agradable, lo bonito, lo positivo y me mantendré siempre en esta línea.
Pero en fin, dejémonos de más disquisiciones, y vayamos bajando, poco a poco, por esa cuesta de los Molinos hasta "toparnos" con la Serenita. La Serenita, ¡qué maravilla!, es uno de los lugares del término de Guadalcanal, al que le tengo especial cariño. Horas y horas me he pasado en esa Serenita, desde la mañana a la tarde. ¡Qué triaca!: Antonio Rodríguez Peña (Jesusito o Pove) mencionando este último sobrenombre, me viene a la memoria que se lo puse yo; Luis Carbajo y algunos más. 
¿Qué hacíamos allí? Jugar, jugar mucho, ya saltando por los riscos del arroyo, ya en el Cerro Chavero, y a la caída de la tarde "empendolar" una buena candela y hablar de las mil cosas de las que hablaban los chiquillos.
"Pues yo voy a ver, si esta noche convenzo mi madre, para que me deje ir al cine, que ponen, el Halcón y la Flecha, veré, si soy capaz de sacarle las tres pesetas. Pues a mí, si no me deja me escapo".
Sí pero ya sabes que luego llega tu hermano y, a media película, te saca a "lapo" limpio. Bueno, ¿y qué?, pero yo voy. Y así, hablando y hablando, llegaba la noche.
“Bueno, vámonos, que aquí, no quedan más que borrajos y ya está "dando" las ánimas". La subida desde allí hasta el Pueblo, era un Vía Crucis, parábamos setenta veces, porque, ya a la bajada del Cerro, había iniciado una pequeña discusión, sobre cualquier cosa; una de ellas podría ser, si al día siguiente hacíamos "rabona" para no ir a la escuela. "Yo la haría pero, ya sabéis lo que pasó el otro día en la casa de abajo del Botero, que se presentó mi padre y me llevó "dándome" hasta mi casa".
En fin, dejémoslo aquí ya, porque sería para llenar, cientos de cuartillas. Es la época maravillosa de todo muchacho. Hay quien dice, que no se vuelve a vivir, yo disiento de esta afirmación; para mí encontrándome en Él, la vivo minuto a minuto.

Francisco Rivero Sanz
Revista de feria 1985

miércoles, 28 de junio de 2017

El mundillo de la jaula 1

El Chepa
Un Reclamo de Perdiz de Capricho y Caprichoso 


Prologo.-
Miren ustedes por donde, el otro día, me dio por ponerme a ordenar una serie de papelotes de todo tipo y de la más diversa procedencia, que tenía en una muy abultada carpeta, y que, desde bastante tiempo atrás, había ido guardando en ella de forma provisional y como de emergencia. Lógico pues que, que en tan promiscuo y descuidado "arrebujo", uno se fuera a topar con cosas tan dispares y diferentes, como podrían ser - por poner algún ejemplo - un soneto de felicitación navideña de mi buen amigo, el muy lírico como místico poeta, Rafael Borondo Espejo, o, sencilla y simplemente, una esquela mortuoria de algún viejo conocido, recortada de vayan a saber ahora qué periódico. Había allí pues mucho de todo y de las más diversa catadura: cartas, citas literarias, señas de Editoriales, convocatorias de premios literarios, números de teléfono, Artículos recortados de las más distintas Revistas y Diarios... ¡yo qué sé! ¡La Biblia en pasta!
Y es que siendo yo un mucho acaparador en este sentido, siempre fui, a mi vez, algo descuidado, si es que no bastante olvidadizo y desordenado. Algo así a lo que, por ejemplo, suelen ser sorprendentemente adictas las urracas que viven domesticadas y junto a sus dueños en el hogar familiar, por lo menos, en eso de lo de acaparar y guardar todo cuanto se encuentran que, de alguna manera, les llame la atención, aunque no sé si también y a su vez en eso otro de lo de olvidar.
Seguramente que también, aunque sólo sea por estar sus escondrijos, por lo general, en los lugares más insospechados.
Sin embargo, lo que yo venía a decir en definitiva, era que lo que realmente me impactó y, de momento, acaparó toda mi atención fue una fotografía, allí traspapelada, - ¿cómo no? - de uno de los mejores reclamos de perdiz de cuantos han sido, son y serán en la historia de la “cuchillería”, con el que yo conviviera y al que cazara durante los doce años que Dios le diera de vida. Por cierto que, ya iba para otros tantos que se me muriera de viejo, que no de "zurretilla" ni de ninguna otra enfermedad de las muchas que están al acecho de estas tan admiradas y codiciadas aves por mí.
¡Cuántos y qué entrañables recuerdos todos los que fueron acudiendo a mis ojos, en tanto miraba, en el tembloroso pedestal de mi mano, aquella traspapelada foto! Tanto fue así, que no pude retraerme a echarle mano al primer bolígrafo que se me puso a tiro, y ponerme a desahogar, con él en ristre sobre unas cuartillas, tan emotivos y evocadores recuerdos.
Eso y sólo eso es el presente libro. Porque ¿qué duda cabe que detrás de cada perdigón enjaulado, hay un "quijote" enamorado? Y es que un buen reclamo es una fantasía, un orgullo, un anhelo, en definitiva, un capricho, y, como bien sabemos todos, los caprichos sólo pueden pertenecer al mundo de los sueños, que aquí, todas las razones sobran, ya que, en este mundo, la única razón posible sólo puede ser aquella “de la razón de la sin-razón” que decía Don Alonso de Quijada o Quesada, más conocido por Don Quijote de La Mancha.
Lógico pues, por otra parte, que nunca fue fácil comprender a un soñador.
  
Primera parte.-
 Nuestro biografiado “Reclamo” llevó por nombre "El Chepa"- por descontado que explicaré el por qué - y por el tal apodo fue conocido y reconocido e, incluso, hasta venerado por propios y extraños, allí por donde pasó en ese nuestro peculiar mundillo "de la jaula", aunque de forma muy particular en el corazón de La Sierra Norte de Sevilla, por haber sido el principal y más asiduo escenario de nuestras cacerías: Guadalcanal, Alanís, San Nicolás del Puerto, Cazalla de la Sierra, Constantina, El Pedroso...
Ya digo, fue un auténtico y admirado campeón de campeones, durante los doce años que estuvo en activo, que lo fueron los del ocaso del siglo que termina de dejarnos, resultando esto aún más relevante y sorprendente, al tener un físico que, lejos de ser el de todo un aguerrido guerrillero o el de un apuesto “Adonis”, era el de un “chiquitajo liliputiense”, y que además, una vez “recortado” con las tijeras, siendo, a su vez, tan poca cosa por su propia natura, daba la sensación de ser un juguetín cubierto de plumón.
Enanoide y figurín, ya por su propio ser, había tenido además la fatalidad de dislocarse los huesos de la rabadilla, al chocar contra la cúpula de la jaula en un desaforado salto que diera, siendo aún un pollo de tierna contextura, originándole el tal accidente una fea dislocación ósea, la que, por otra parte, al curarse y unírsele de nuevo los huesos un tanto dislocados, no lo hicieran debidamente y se le formara una joroba, haciendo que su cuerpo pareciese aún más “pequeñazo” y más figurín de lo que ya fuera por su propia naturaleza.
Siempre fui sumamente caprichoso como maniático en las cosas de mis Reclamos, siendo una más de estas mis caprichosas manías, el bautizarlos con el nombre más adecuado posible a las características fisiológicas que de forma más manifiesta destacaran en ellos. Y así a éste, por su joroba, lo bauticé, obviamente, con el nombre de "El Chepa".
Si yo hubiera sospechado, aunque sólo hubiera sido remotamente, que iba a ser la eminente figura que llegó a ser en el mundo del “Reclamo”, seguro que me hubiese preocupado en buscarle, cuanto menos, el nombre de un famoso corcovado, para que hubiera pasado a la historia con un nombre de cierta fama, y que muy bien pudiera haber sido el del famoso jorobado de la Novela de Víctor Hugo, "Notre Dame" de Paris, "Quasimodo", o, incluso - ¿por qué no? – el del destartalado “Molinero”, aunque sin giba alguna, de la preciosa novela de Pedro Antonio de Alarcón “El Sombrero de Tres Picos”, si es que no el del eminente dramaturgo hispano mejicano en persona, Ruiz de Alarcón, - que éste sí que era “azurrunado” y contrahecho - por mencionar algún que otro de los adefesios fisiológicos de la Literatura Universal.
Pero, claro, a pesar de los buenos auspicios que de él me diera el que me lo regalara, e, incluso, los detalles tan prometedores, que yo mismo le viera, en el instante mismo de colgarlo en su casillero entre mis reclamos, ni por asomos podía ni sospechar de que tan raquítico personaje pudiera llegar a ser la tan eminente figura que, en esto de “la Cuquillería”, llegara a ser.
De todas maneras no me pesó, porque El Chepa, aunque “pequeñazo” y raquítico, en su conjunto, ofrecía una figura algo recortada e, incluso, un tanto armoniosa, aunque, claro,
dentro siempre de la raza pigmea, por lo que su estampa quedaba muy lejos de la desgarbada, estrafalaria y hasta monstruosa de la del Campanero de la Catedral de Paris, o la del muy desaliñado “Molinero” del “Sombrero de Tres Picos” o de la que debía presentar el insigne dramaturgo del Siglo de Oro, si es que nos dejamos llevar por las diatribas y sátiras que, sobre el particular, no dejara de lanzarle el especialista en el tema que también le escribiera aquello otro a Góngora de “érase un hombre a una nariz pegado”. Me refiero a Don Francisco de Quevedo y Villegas.
Todo esto que, en cuanto a su físico, venimos diciendo, si bien es cierto que pudiera dejar algo que desear en el que llegara a ser tan extraordinario campeón, no puede pasar, sin embargo, de ser casi una nimiedad, pues no hay que olvidar que lo que, en realidad, da la verdadera medida de la valía de un personaje, no es el hábito, sino sus actitudes, sus virtudes y sus obras, y hablar del Chepa, bajo este concreto aspecto, ya sería otro cantar muy distinto. No olvidemos, por otra parte, el muy sabio dicho popular al respecto, que dice que “el hábito no hace al monje”.
No obstante y de momento, bástenos decir como para abrir boca, que El Chepa siempre fue todo un aguerrido guerrero con el peleón; que, ante el cobarde, fue sereno y suave siempre; y que, ante la coquetona y delicada dama, siempre mimoso y galante.

©José Fernando Titos Alfaro
Nº Expediente: SE-1091 -12 

miércoles, 21 de junio de 2017

Maquis o “Guerrilleros de La República” en Guadalcanal y 5

Los principales acontecimientos 1937/1950
Última  parte

A continuación están la lista de represaliados y las diferentes condenas de vecinos de Guadalcanal, otros no relacionaron de un pensamiento y otro sufrieron robos, intentos de secuestro, torturas, extorsiones,  registros, etc.

Hombres.-
Arcos Bernabé, José. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 6 meses de prisión.
Arcos Gómez, Serafín. Detenido en 1943. Condenado a 2 años de prisión.
Arenal Moreno, Rafael. Detenido en 1944 y procesado en 1945. Condenado a 2 años de prisión.
Cabeza Gómez, Francisco. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 6 meses de prisión.
Cabeza Gómez, Manuel. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 6 meses de prisión.
Cabeza Sánchez, Manuel. Padre de los anteriores. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 6 meses de prisión
Carranco Blanco, José “Jeringa”. Detenido en 1943. Condenado a 30 años de prisión.
Cordero Muñoz, Manuel. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 6 meses de prisión.
Chaves Piñero, Eduardo. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 1 año de prisión.
Chaves Troncoso, Eduardo. Detenido y procesado en 1944.Condenado a 1 año de prisión.
Chaves Troncoso, Manuel. Detenido en 1944. No sería procesado.
Del Corral Expósito, Eulalio. Detenido y procesado en 1948.
Díaz Cortés, Félix. Detenido en 1948 y 1951. Procesado y condenado a 2 años de prisión.
Díaz Madueño, Manuel. Detenido y procesado en 1951. Absuelto.
Espino Cabeza, José. Detenido y ejecutado por la Guardia Civil en 1943.
Flores Arcos, Serafín. Detenido en 1943. Condenado a 30 años de prisión.
Florido López, José, “Porta”. Detenido en 1948 y 1952. Procesado y absuelto.
Fornelio Barrada, Pedro. Detenido y procesado en 1944. Condenado a 2 años de prisión.
Fuentes Canto, Enrique “el Gallo”. Detenido y procesado en 1948. Condenado a 2 años de prisión.
Gallego Bernabé, Antonio. Detenido y procesado en 1948. Condenado a 18 meses de prisión.
Gallego Fernández, Antonio. Detenido en 1942. Condenado a 2 años de prisión.
Gallego Romero, Juan, “Patito”. Detenido en 1948 y 1952, procesado y condenado a 6 meses de prisión.
Gallego Rubio, José. Detenido y procesado en 1949 resultaría condenado a 2 años de prisión.
Gálvez García, Gonzalo. Fusilado en 1943.
Gálvez Jiménez, Carmelo. Detenido en 1943. No fue procesado.
Gálvez Martínez, Juan. Detenido en 1944. No fue procesado.
Gálvez Ortega, Antonio. Detenido en 1944. No sería procesado.
García Gálvez, José. Detenido, trasladado al Canal de los Presos y posteriormente ejecutado por la Guardia Civil en 1948.
Gómez Bonilla, Juan. Detenido y procesado en 1948 y 1952. Absuelto.
López Flores, José. Detenido a primeros de octubre de 1944 estuvo varios meses en la prisión de Badajoz sin llegar a ser procesado.
López Rincón, Francisco. Detenido y ejecutado por la Guardia Civil en 1948.
Muñoz Arenal, Rafael. Detenido el 17 de mayo de 1944, estuvo varios meses interno en la prisión de Badajoz sin llegar a ser procesado y posteriormente llevado a hacer trabajos forzados al Canal de los Presos.
Nieto Díaz, Andrés. Detenido en 1943. Condenado a 30 años de prisión.
Nogales Gordillo, Juan José. Detenido y procesado en 1948. Absuelto.
Ortega Gómez, José. Detenido en 1943. Condenado a 2 años de prisión.
Rodríguez Gusano, José “el Moyo”. Detenido en 1943. Condenado a 30 años.
Salvador Ortega, Rafael “Topete”. Detenido en 1943. Condenado a 30 años.
Mujeres.-
Cabeza Gómez, Purificación. Detenida y procesada en 1944. Condenada a 6 meses de prisión.
Gallego Fernández, Carmen. Detenida en 1948 y 1952. Procesada y condenada a 2 años de prisión
Granado Martin, Carmen. Detenida el 17 de Abril de 1943, novia del “Machero”, procesada en Sevilla en Consejo de Guerra el 10 de Mayo de 1943, fue absuelta.
Recio Muñoz, Ana. Detenida el 23 de Marzo del 1944 junto a su esposo el maqui  José Grande Valenzuela y su hijo mayor, eran de Malcocinado y vecinos de Guadalcanal, procesada en Sevilla en Consejo de Guerra fue absuelta en Octubre y fue absuelta, pasó seis meses en la cárcel provincial de Sevilla.
Recio Muñoz, Eugenia, hermana de la anterior, fue detenida el 25 de Marzo del q944, no fue procesada, pasó varios meses en la cárcel.

Nota.- Una vez terminada la fratricida contienda, mal  llamada guerra civil por muchos en la que murieron o fueron detenidos y cumplieron diferentes condenas numerosos Guadalcanalenses, unos por sus ideas, otros, la mayoría desgraciadamente por ser movilizados en uno y otro bando por sus quintas, en el año 39 y durante más de una década hubo “otra guerra”, esa debido a la orografía de su contorno situada entre las Sierra del Agua y Sierra del Viento, en plena Sierra Norte, Guadalcanal padeció las constantes incursiones de los llamados Guerrilleros o Maquis, produciendo robos, extorsiones, secuestros y muertes, otra vez en nombre de uno u otro  bando, no queremos hablar en este articulo de vencedores y vencidos, culpables o inocentes,  personalmente los tuvimos en los dos y respetamos los motivos que cada Guadalcanalense tuvo para declinarse por una u otra parte.

Fuentes.- Archivo Histórico Provincial de Sevilla (AHPS): Expedientes de Reclusos de la Prisión Provincial de Sevilla, Expedientes de libertad vigilada (4827), La Resistencia Armada contra Franco. Tragedia del Maquis y la Guerrilla, Guerrillas Antifranquistas en la Sierra Norte de Sevilla 1937/1951, Una guerra que no dice su nombre. Los usos de la violencia en el contexto de la guerrilla antifranquista (1.939-1.953), La represión franquista en la provincia de Sevilla, La guerrilla Antifranquista en Extremadura. Mujer y Guerrilla Antifranquista y Republicanos en la Sierra Morena.
Causas.- 379/39, 1046,1047, 1268, 1427 y 1435/41, 1231/42, 575,958 y 983/43, 591,620 y 1241/44, 113 y 941/45368 y 507/48, 32 y 709/49 y 260/51.

Juan Marco Jiménez y Rafael Spínola

La Fragua del Pensamiento