By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-

Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



sábado, 17 de agosto de 2013

El Diario de Ortega Valencia 2/2

La lluvia infinita  (2ª parte)

La Expedición llega a las islas Salomón.- El 7 de febrero, al fin, avistan una gran isla. Algunos miembros de la expedición consideran que ya han llegado a su punto de destino. Otros creen que es la punta occidental de la Nueva Guinea. Sarmiento cree que en todo caso, es eso. Y sugiere que para comprobarlo se boje (es decir, se rodee) la isla. Finalmente se hace. Y además se comprueba que hay más islas cerca. A la isla le ponen el nombre de Santa Isabel, en honor de la festividad en la que la armada partió, el 19 de noviembre, aunque de manera efectiva no lo hizo hasta el 20. Llueve mucho en la isla. Va a llover mucho durante su estancia en las islas, de ahí la alusión a la lluvia infinita. Se busca un puerto abrigado. Le llamarán Puerto de la Estrella, pues llegan a él siguiendo la ruta que traza una estrella fugaz. Y allí se oficia la primera misa.
Durante unas semanas, los expedicionarios están bastante ocupados haciendo exploraciones dentro de la isla, donde toman contacto con los isleños, que en la mayoría de los casos se muestran amistosos, aunque no todos. La mayoría de las relaciones de los principales protagonistas citan a un cacique local, o taurique, llamado Bile Banhana. Comprueban que la isla es rica en cocos, en jengibre, un tubérculo que los nativos llamaban ñame y que era parecido a la yuca y que también hay cerdos silvestres. Pero no comprueban que sean islas ricas en oro, piedras preciosas o perlas.
Tras varios días allí, Pedro Sarmiento revela a Medaña, Ortega y el resto de jefes que aquellas no es Ofir. Decide bautizar la zona como Islas de Jesús. De hecho así las llamará siempre que tiene ocasión. Sarmiento quiere seguir, pero Mendaña es partidario de explorar la zona, ya que ya saben que hay más islas.
Durante este tiempo, los expedicionarios también se afanan, además, en la construcción de un bergantín, una embarcación más ligera. Se tenía miedo de los bajos de coral y de la poca profundidad de las aguas. Las lluvias retrasan mucho la construcción de esta embarcación. Las lluvias y los tira y aflojas entre los miembros de la expedición. Por cierto, al bergantín, al que está al mando Pedro Ortega, se le pone el nombre de Santiago. Ortega va a acompañado en la expedición por Hernán Gallego. Una vez finalizado el bergantín se comienza la exploración de las islas cercanas. El viaje comienza hacia el 7 de abril. Al mando va Ortega. Como piloto va Hernán Gallego.

Las otras islas.- La primera isla importante a la que llega el Bergantín es la Isla de Ramos, que hoy se llama Malaita. La llaman de Ramos porque al parecer ese día era Domingo de Ramos. Es el 8 de abril del año 1568. Tras rodearla, enfilan hacia el Sudeste. Bautizan a un cabo como cabo Prieto y pronto dan con otra isla, más pequeña, que llaman Isla Galera, por la forma que tiene. Pronto encuentran otra, que parece muy fértil y por eso llaman Buenavista.
Finalmente llegan a otra isla grande, que llaman Florida. Ahora se llama Nggela Sule. Parece la más próspera de todas ellas. Hay puercos y gallinas y también nativos que se muestran menos hospitalarios que los de Santa Isabel. Desembarcan para aprovisionarse y se llevan dos puercos. Siguen su rumbo y ven otras islas, que denomina, San Dimas y Guadalupe. Estaban al Este de Florida.
Y el 18 de abril, aunque la fecha es aproximada pues no todas las relaciones son exactas. Llegan a una gran isla.

Guadalcanal.- Ortega llama Guadalcanal, por ser de allí natural. Desde el principio se la tiene como la más grande de todas las que se han descubierto hasta el momento. A un río cercano al lugar de llegada, se le bautiza como Río Ortega. El desembarco debió ser muy cerca de donde hoy está Honiara, la capital de las Islas Salomón. Una curiosidad. Esta isla se llama igual,
pero es que incluso durante la invasión japonesa, el ejército nipón no la cambió su denominación, sino que la adaptó a su idioma y la llamaron Gadarukanaru.
Era la isla más poblada de todas. Las tribus vivían en chozas y bohíos comunales. Algunos eran amistosos. Otros, no tanto, y se hacían la guerra entre ellos, incluso. Llamó mucho la atención, en Guadalcanal y en otras islas, que pese a que su piel era negra, muchos de ellos tenían el cabello rubio.

Tras varios días de exploración de la isla, deciden regresar para dar parte a Mendaña, pues todos piensan que hay que volver a Guadalcanal y establecer allí la base de operaciones principal. Durante el regreso, descubren más islas, como San Jorge, que los nativos llamaban Varnesta. Allí desembarcan y toman contacto con un tauriqui local que se llamaba Beko. Después siguen su ruta y avistan otras islas, que llaman San Nicolás, Arrecifes, San Marcos, que hoy se llama Choiseul, y rodean Santa Isabel por su parte occidental. Llegan a donde la armada. El clima, el cansancio y las enfermedades han pasado factura y se cobra unas cuantas bajas.
Mientras, la desconfianza entre Pedro Sarmiento y Mendaña crece. Ortega convence a éste para marchar a Guadalcanal, que parece la isla más rica de todos. Sarmiento está de acuerdo e interroga a Ortega sobre lo que ha visto. Tiene la secreta esperanza de que las islas descubiertas sean el pórtico del gran continente que ha de estar más hacia el Sur. Por eso insiste en que se vaya hacia donde dice Ortega. Mendaña piensa que en Guadalcanal es donde debe de haber oro.
Las dos Naos marchan hacia Guadalcanal. El acto oficial de toma de posesión es el 12 de mayo. Al puerto donde arriban le llaman Puerto de la Cruz. Una vez allí, los contactos con las tribus locales se mantienen. Se habla de un tauriqui local, muy pacífico y amistoso, que se llama Nabalmúa. Mientras, el bergantín trata de rodear Guadalcanal. Se desiste porque se aprecia que es grande la isla, pero descubren otros ríos, donde creen ver polvo dorado que en aquella época llamaban “oro bajo”. La expedición parece entender por señas que sí que hay oro en aquellas islas. De ahí que las bautice como Islas Salomón. Mientras, siguen los contactos con los nativos y prosigue la disparidad de criterios entre Álvaro de Mendaña y Pedro Sarmiento. Las discusiones se centran entonces en si dejar una colonia en las islas o marchar todos juntos de nuevo al Callao. Sólo Sarmiento se opone a todo. Quiere bajar más al Sur, porque insiste en que esas islas no son la tierra de Ofir. Y que el gran continente austral está cerca, a no más de 40 leguas hacia el Suroeste.

El regreso.- Finalmente se impone el criterio de Mendaña, que decide que todo el mundo volverá, con el propósito de volver. Y una nueva discusión. ¿Por dónde volver? Sarmiento es partidario de marchar por el mismo lugar, pues asegura que se acerca el tiempo de las tormentas y que es peligroso. Dice que hay que alejarse del Ecuador por la parte del Sur, para poder marchar más directamente hacia Perú. En un principio así se determina.
Durante el regreso hacia Santa Isabel se descubren más islas. En algunas de ellas se desembarca, como es el caso de la isla Treguada, que los nativos de entonces llamaban Brava. Luego bautizan a otras como Tres Marías, y otras como Santiago y san Urbán (que hoy se llama Rennell). Finalmente, desembarcan en una que se llama San Cristóbal, que hoy se llama Makira. Allí se dispone volver de manera definitiva. Estamos a finales de julio o principios de agosto de 1568.
Tras llegar a Santa Isabel se pone rumbo a la Isla de Jesús, se muda la derrota. La desconfianza hacia Pedro Sarmiento es cada vez mayor, por lo que Mendaña decide volver por el Norte del Ecuador, hacia Nueva España, pese a la férrea oposición de Sarmiento.
En el viaje de regreso, por desgracia, los temores de Pedro Sarmiento se van a cumplir: muy pronto el mal tiempo se va a cebar con la flotilla. El viaje de regreso no sólo va a ser largo, sino que va a ser un infierno: las dos Naos están a punto de hundirse, se separan. La falta de agua y víveres se hace insoportable. Llegan a machacar las cucarachas y a comérselas. También se utilizan como víveres algunas aves que se habían capturado en las islas. Sólo la pericia de Sarmiento va a permitir que la nao de Pedro de Ortega llegue, finalmente, al puerto de Salagua, en Santiago de Colima, en Nueva España, nada menos, miles de leguas hacia el Norte. Antes había llegado la otra nao, en la que cambiando el puesto, viajaban Mendaña y Gallego. Los ocupantes de ambas naves creían que los otros habían perecido en el viaje de regreso. En el ánimo de Mendaña estaba volver, pues tenía la certeza de que se había llegado a las Islas del rey Salomón.
El viaje de regreso duró casi cinco meses. Desde primeros de septiembre que es cuando dejan la isla de Jesús hasta el 22 de enero, que es cuando llegan a Salagua.

Las islas olvidadas.- Pero la ruptura entre Sarmiento y Mendaña era total. Sarmiento pensaba que el sobrino del Gobernador les había abandonado adrede. Mendaña pensaba que no había obrado con lealtad y que había supeditado todo a su hambre de gloria sin importarle la suerte de la expedición. Las querellas posteriores causaron problemas a Sarmiento. Dadas las influencias de Mendaña, a Sarmiento se le requisaron y destruyeron los papeles y anotaciones. Y Mendaña comenzó a trabajar para volver a las islas. La caída en desgracia de su tío, retrasó mucho sus planes. Sólo la mediación de su mujer, Isabel Barreto, permitió que el entonces virrey, el marqués de Mendoza, le ayudara. Algo que no conseguiría hasta 1595, cuando siguiendo las anotaciones que tenía, muy probablemente las de Hernán Gallego, no consiguió dar con las Islas Salomón. Descubrió, eso sí, las Islas Marquesas, donde murió y fue enterrado. El mando fue asumido por su esposa Isabel de Barreto, que se convirtió en la primera mujer en la Historia que asumió el título de Almirante.
De Hernán Gallego no se supo más. De Pedro Sarmiento sabemos que fue hecho prisionero por el corsario inglés Walter Raleigh, que le tenía, no obstante, en estima, y que estuvo preso en la Torre de Londres. Murió en 1585 en una expedición destinada a poblar la Tierra de Fuego.
Pedro Ortega volvió a Panamá, junto con su hijo Jerónimo, y su criado. Volvió, según sabemos, herniado, bastante enfermo y desnutrido. Volvió a sus tareas. Después, sirvió al Rey combatiendo a los negros cimarrones que se sublevaron en Panamá, también prestó sus servicios en el cobro de las Alcabalas e incluso participó en las operaciones contra los piratas Francis Drake y John Hawkins.
Hacia 1580 ya había muerto. Tenía entonces una encomienda en las afueras de la ciudad ecuatoriana de Cuenca. Allí murió, pensando, quien sabe, si añorando aquella isla a la que llamó Guadalcanal, por ser de allí natural. 

Jesús Rubio Villaverde, Periodista
Guadalcanal, Sábado 27 de julio de 2013


No hay comentarios:

Publicar un comentario