By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Aquí en la gloria, es decir, en el Paseo del Palacio, donde el tiempo y el espacio olvidan su discurrir, sacar quiero a relucir, con permiso de la cal, que no hay belleza rival de este viejo paraiso que porque Dios pudo y quiso, los puso en Guadalcanal.- Andrés Mirón


sábado, 4 de diciembre de 2010

CARNAVAL, AÑOS 70






NUESTROS CARNAVALES

Para los que no saben, y que son muchos, como eran nuestros carnavales, sobre todo en el primer cuarto del siglo que vivimos, puede ser de interés al recordarles las circunstancias a la sazón concurrente y la diversidad de actos y manifestaciones con los que el pueblo se divertía en los tres días que preceden al miércoles de ceniza y aún el siguiente domingo primero de carnaval llamado de Piñata.
Una circunstancia a no olvidar la falta de radiofonía en el tiempo cuya consecuencia inmediata era el deleite que causaba el poder oír música, música callejera, durante esos señalados días, pues que en las procesiones religiosas en fiestas de guardar durante el verano en el tablado entonces existente en el paseo de El Palacio, y alguna que otra noche invernal con ocasión de haber teatro en el local de la Sociedad, existente este en la calle Luenga, se oía a la banda municipal interpretar composiciones musicales, melodías estas que en los cuatro días indicados se disputaban su interpretación una, dos, y a veces tres organillos arrastrados en carretón de dos ruedas tirados por un perro, organillos de aquellos que por aquel tiempo recorrían a diario las calles de Sevilla.
El organillero como buen sevillano, solía ser, en muchos casos, hombres relleno de gracia.
La mascarada, sólo de día, era un festín divertidísimo, porque se enmascaraban amigos y amigas con ánimo de no ser conocidos por aquellos a los que materialmente golpeaban aunque sin aspereza, asegurándoles, con voz disimulada, un "Qué no me conoces".
Y había comparsas que o eran murgas o eran estudiantinas. Estas aún sin imitar a sus trajes el de los antiguos estudiantes, vestían disfraz vistoso y cantaban con corrección en los ademanes, canciones de la época. Las murgas eran eso, una compañía de músicos malos, con coplas alusivas al acontecer, más o menos sobresaliente, en las relaciones de los convecinos.

Allí va una alusiva a un forastero apóstol de obreros:
Vino aquí un gran señor.
que decía era sabio.
abogado y procurador.
pero no ejercía el cargo.
El sacó el reglamento de la sociedad de obreros;
era socio honorario, director y consejero.
pero el muy sabihondo.
se dedicó a viajar.
necesitando los fondos.
que tenía la sociedad.
dos obreros, engañados.
de este señor se hacían caso.
pero luego ha resultado.
que este tío era un "balazo".

Y, en fin, había bailes de Sociedad en los dos Casinos existen: por entonces: el de la plaza y el la calle de la Sánchez. Bailes que no eran de máscaras, se celebraba diferencia de las mascaradas y comparsas sólo de noche, menos infantil del viernes de carnestodas que se hacía por la tarde.
Posiblemente sería acertado restablecer esta tradición nuestra.

Pedro PORRAS IBAÑEZ
Revista de Feria de 1990

Nota .- Esta premonición que tuvo D. Pedro a principios de los años setenta del pasado siglo para que se reestableciera la costumbre de celebrar los carnavales en Guadalcanal se ha cumplido, siendo actualmente una de las fiestas con más participación, grupos y comparsas de personas de todas las edades.

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