
Era
la madrugada de una noche que bien podría ser el otoño
del año 1968, muy probablemente el mes de septiembre ya que lo
recordamos como una época del año que no hacia calor
pero tampoco el frío del invierno.
En
el cortijo “La Urbana” en el termino municipal de Guadalcanal
(Sevilla) todos dormíamos, mis padres y yo en una habitación
con una ventana orientada a un gran patio el cual finalizaba en el
muro exterior de la finca, al otro lado solo había campo y muy
cerca la carretera que va de Guadalcanal a Azuaga y mi hermana y mi
abuelo dormían en otra habitación interior.
Debían
ser las 3 o 4 de la madrugada cuando despertó mi madre primero
y enseguida mi padre y yo debido al incesante alboroto proveniente de
las cuadras, los mulos y caballos se habían inquietado por
algún motivo de tal manera que el relinchar y el pataleo nos
despertó. La sorpresa y lo mas extraño es que la
habitación estaba iluminada por una luz muy potente
proveniente del exterior, mis padres se asomaron a la ventana y
observaban esa luz, una especie de reflector que iluminaba el
cortijo, incluso las encinas y olivos cercanos, era como un foco de
luz a media altura probablemente a la altura de las copas de las
encinas y permanecía estática, como un reflector
orientado al cortijo, así estuvimos viendo esa luz un buen
rato. A mis padres en ese momento les extrañó pero
pensaron que debía ser un camión que se había
parado en la entrada del cortijo (algo muy poco habitual y menos a
esas horas de la madrugada).
Nadie
salió al exterior, por tanto no se pudo asegurar jamás
que era realmente, volvimos a la cama con esa luz aun iluminando el
cortijo y sin saber si aquello desapareció espontáneamente,
o se esfumó en el cielo.
Cuando
mi madre fue a hacer la compra habitual a Guadalcanal los vecinos del
pueblo enseguida la abordaron expectantes preguntándole por el
platillo volante que sobrevolaba e incluso aterrizó en La
Urbana ya que habían leído una noticia en los
periódicos de Sevilla sobre un avistamiento de ovnis en la
zona y mas concretamente en las inmediaciones del cortijo.
Yo
era un niño de 5 años y no recuerdo los detalles, solo
recuerdo ver a mi madre y mi padre asomados a esa ventana y una
enorme luz resplandeciente y que a partir de ese día escuchaba
a la gente hablar de marcianos y hombres de tres metros de altura que
rondaban por los caminos de esos campos. Todos sabemos que ante un
suceso de este tipo se suele exagerar bastante los hechos, incluso
inventar acontecimientos que no sucedieron, pero lo que si se es que
vimos esa potente luz.
Que
conste que soy agnóstico, es decir que tengo que tener una
evidencia que justifique mi creencia en cualquier cosa,
por tanto ni puedo afirman ni negar que lo que vimos esa madrugada
era un ovni.
Juan
Spínola
Barcelona
He
revisado las hemerotecas del año 1968, encontrando el ABC
(edición de Andalucía) de fecha 09/10/1968, la
siguiente reseña:
Corresponsal.-
En la madrugada del pasado día 7, fue avistado una especie de
platillo volante cerca de Guadalcanal, en el norte de la Sierra
Sevillana, los hechos fueron presenciados por varios vecinos de este
pueblo que se encontraban pecnoctando en las cortijadas de La
Burbana, Los Morenos, Coto del Marqués y otros adelaños.
Así
mismo, L.Vargas vecino de Alanís y que si dirigía en su
motocicleta a Malcocimado (antigua pedania de Guadalcanal), sobre las
tres de la mañana para hacerse cargo de una partida de ganado,
relata que una luz cegadora le deslumbró iluminando
toda la carretera y la zona derecha, cuenta que abandonó el
vehículo en la cuneta y se refugió debajo de unos chaparros,
pasado unos minutos desapareció la luz y continuó su
camino, denunciando los hechos al día siguiente a la
autoridad.
Por
otra parte, estos hechos parece que tienen relación con lo que
me comentó Tomás Hérnandez en una tertulia con gente mayor esta
Semana Santa en la Plaza, un paisano nuestro que emigró a
Madrid a principio de los setenta, dice que dos o tres años
antes de emigrar de Guadalcanal se encontraba en Pelotero una
madrugada de otoño buscando zumaque y una luz muy potente
asustó a la yunta de burros que llevaba, los animales hulleron
despaboridos y el recuerda que se quedó inmóvil y sin
reaccionar ante los hechos, tal fue el susto que cuando recuperó
los animales que habían tirado la carga, regresó a
Guadalcanal, al día siguiente cuando lo contó en el
pueblo, casi nadie le creyó pero el sigue teniendo la imagen
grabada en su retina después de los años que han pasado.
Notas.- Rafael Spínola