By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



sábado, 21 de noviembre de 2009

CENTRO ADULTOS GUADALCANAL 2008 (1)



ESTOY SEGURA DE QUE ELLA SE ALEGRA

En este año en el que se cumple el 15º Aniversario de la fundación del Centro de Adultos, no podía faltar el nombre de mi abuela “Anita”.
Todo empezó en el año 1994, ella no sabía, como la mayoría de “las niñas” que entraron con ella, ni leer ni escribir. Esa era su pena, todos sabemos la situación de la niñez y juventud de todas esas personas que no tenían opción a elegir una educación básica, pero no voy a remover los recuerdos amargos de aquella época. Hoy es un día alegre porque siento que ella está conmigo ayudándome a escribir esta nota.
Yo por aquel entonces tenía 11 añitos, pero recuerdo como si hubiera sido ayer mismo, la ilusión con la que fue el primer día, esa ilusión de un niño que juega con un juguete nuevo. Yo siempre admiré a mi abuela “Anita” por la fuerza, constancia y ganas que le ponía a las cosas que hacía. Me iba por las tardes a su casa y cada una hacíamos nuestros deberes.
Al año siguiente falleció mi abuelo, pero ella siguió ahí con más fuerza que antes. Pero poco después ella enfermó y ya la enfermedad pudo más. Ella se fue, pero se fue siendo más persona.
Aún hoy, cuando veo al resto de alumnas del centro, no puedo evitar acordarme de ella. Desde aquí les doy ánimos para que sigan adelante y sigan celebrando cada día la oportunidad que nunca tuvieron y ahora tienen en sus manos.

Su nieta: Ana Belén Murillo Montero.

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RELATO DE MI VIDA
“ESTA ES LA TRISTE, PERO FUERTE Y DURA HISTORIA, DE UNA MADRE, COMO TANTAS OTRAS EN LOS CRUELES AÑOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA”
Fue el día 9 de Septiembre del 1929 cuando vi la luz por vez primera en este mundo.
Tenia, solo dos meses cuando me llevaron a vivir a Sevilla, donde ya trabajaba mi padre en las oficinas de correos.
Fui la mayor de mis seis hermanos de los que murieron tres.
El primer disgusto, que sufrió mi madre, cuando yo cumplí un año, fue cuando vinieron dos gemelos, uno nació muerto, y el otro no adelanto nada y también falleció a los tres meses, vivíamos entonces en la plaza de San Román.
Éramos muy felices con mi padre, que era muy bueno y trabajador para que no nos faltara de nada ya que nos adoraba igual que a mi madre.
A los cinco años ya iba al colegio, que recuerdo que estaba en la calle Castellar, en la Plaza de San Marcos.
Así pasaron los siete primeros años de mi infancia.
Hasta el fatídico año 1936 que todo cambio cuando vino el golpe militar y la guerra civil. A mi padre por una equivocación lo confundieron con otra persona y lo detuvieron cinco meses en la cárcel. Al saber que era de Guadalcanal pidieron informes y mandaron uno, pero tan falso que decían que mi padre, había estado en todo lo que se había hecho en aquellos días, cosa injusta ya que mi padre no faltó un solo día de su trabajo, ¿como pudo estar a la vez, trabajando en Sevilla y haciendo algo malo, según ellos, en guadalcanal?
En aquella época en Correos se trabajaban todos los días, domingos y festivos.
Solo veníamos al pueblo cuando le daban vacaciones, y siempre las cogía en agosto para pasar la feria que le gustaba mucho.
Pero como entonces no los juzgaban, ni comprobaban nada, el día 27 de Enero del 1937 lo fusilaron en el cementerio de San Fernando.
Aún hoy sigo dándole vueltas cuando cierro los ojos al acostarme, y no logro aceptar tanta injusticia ¡Cuanto no sufriría mi madre al ir a la cárcel a llevarle la comida! (tenía que llevarla todos los días… todos los días) hasta que uno de esos días, ese día, le dijeron que ya no estaba.
¡Que horrible seria para ella aquellos momentos tan tristes y desoladores!
Se encontraba tan sola en Sevilla con tres niños tan chicos , desvalida y sin recursos económicos, que se tuvo que venir al pueblo al amparo de sus padres, que vivían en el campo, a pasar muchas penas y trabajar en las faenas del campo.
Mis hermanos y yo sin poder ir al colegio trabajando desde muy chicos cogiendo aceituna y en todos los trabajos que podíamos ayudar.

Mi madre se las ingenió para conseguir algunos ingresos y se dedicó a vender hilos y algo de mercería ya que por la guerra se escaseaban esas cosas .Iba a Fuente del Arco, y yo, al ser la mayor iba con ella para ayudarle con la carga cuando sólo tenía 10 años, íbamos andando y cargadas con la mercancía. A la vez compraba huevos que llevaba a Sevilla que también escaseaban allí y así ganaba algo de dinero.
Otro problema que también sufrió mi madre era que la casa que teníamos el ayuntamiento nos la tenía intervenida, en ella pusieron las cocinas de los soldados que entonces había en el pueblo cuando lo tomaron las fuerzas nacionales. Luchó mucho para demostrar que la casa era heredada de sus abuelos, igual que un olivar que también tenía mi padre heredado también de sus abuelos. Estos bienes no los habían adquirido metidos en política, como también lo calumniaron, eran suyos por ley, pero claro “al perro flaco, ya se sabe, todo se le vuelven pulgas”, y era el momento de hundir a las personas por hundirlas, de ponerles el pie hasta asfixiarlas, ¡que pena, cuánto me gustaría olvidar, pero no puedo!
EI primer año que cogimos la aceituna en nuestro olivar, tuvimos que entregar la mitad del dinero al Ayuntamiento, recuerdo valía a quince céntimos, (tres gordas de entonces). Solo quince céntimos cobraba mi madre después de cogerla, yo siendo tan chica iba a ayudarle y cogía lo que podía.
Cuando le dieran la casa toda destrozada por la ocupación que le habían dado, tuvo que trabajar y gastar sin tenerlo para poderla habitar para venirnos del campo e ir al colegio mis hermanos y yo.
Mi madre puso una pequeña tienda de comestibles, no le fue rentable por lo mal que estaba la economía como ahora se dice, no había dinero para comprar las pocas cosas que teníamos, compadeciéndose de las personas que estaban sin comer les daba fiado como no tenían para pagar se le arruino la tienda.
El pan era malísimo el poco que había era de harina de maíz los tazones como se le llamaban, eran racionados y se entregaban en colas que había que guardar para conseguirlo por cartillas de racionamiento. Según el número de personas que había en las familias por cada uno te cortaban un cupón para conseguir el pan. Lo mismo el aceite, el azúcar, el arroz las telas, ibas a la tienda y te cortaban el cupón para que no pudieras ir a otra tienda ni panadería
EL café que se tomaba era de cebada tostada y se endulzaba con un trocito de caramelo en la boca para así endulzar el café. La cebada o el trigo se molía en los molinillos de moler el café para hacer sopas de harina, así era todo.
Otra desgracia que le paso a mi madre se cayó estando blanqueando encima de una camilla y se rompió un brazo como no había S. Social ni otras ayuda para ir al médico fue a un pueblo de Extremadura a un curandero que la estuvo entreteniendo y no la curo porque tenia roto el hueso del codo, cuando fue al medico la mando a Sevilla la tuvieron que operar le cortaron el hueso que lo tenia podrido y la tuvieron que dejar ingresada en el Hospital de las Cinco Llagas o Central , como le llamaban, esto es lo que nos faltaba para nuestro “baúl de desgracias”, y yo, ¿como no voy a recordarlo?, si la acompañe con 11 años en su convalecencia ¡que vida tan dura!, no fue ni por un asomo, la vida que mi padre junto con mi madre, tenían pensado para nosotros, ya que sin ser pudientes, mi padre se esforzó, estudio, y consiguió un buen puesto de trabajo, desde muy pequeña, cuando yo tenía seis o siete años, me enseño mucho, llegue incluso , hasta los quebrados, pero aunque lograron quitarnos muchas cosas, sobre todo la felicidad de un matrimonio que se querían y respetaban y se desvivían por darles a sus hijos todo lo que estaba en sus manos, no nos quitaron a ninguno de esos hijos de la guerra, las ganas de expresar lo que llevamos tan dentro, no nos quitaron nuestra libertad de expresión, no lograron que nos hundiésemos en el analfabetismo, en la incultura, no pudimos hacer estudios superiores, a los que aunque peque de falsa modestia , creo podría haber alcanzado y me alegro porque hoy puedo contarlo.
Los huesos de mi padre, aún hoy, no se donde están, pero lo que él y mi madre nos trasmitieron queda en nuestra memoria.

Rafaela

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