By Joan Spínola -FOTORETOC-

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Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



viernes, 13 de noviembre de 2009

QUIEN ME PRESTA UNA ESCALERA

Quien me presta una escalera
Para subir al madero
Para quitarle los clavos
A Jesús el Nazareno.


En este sencillo poema, va implícito no solo uno de los cantares más emocionantes de nuestro extraordinario acervo cultural, sino el sentir de un pueblo que como nos dice la poesía, “es el cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz”. Es “el cantar de la tierra mía que echa flores, a Jesús en la agonía y es la fe de mis mayores”.

Nada mas claro y mas explicito que este poema de don Antonio Machado. Un sevillano cuya infancia transcurre en un patio de Sevilla donde madura el limonero y que a pasar de su torpe aliño indumentario, corría por sus venas gotas de sangre jacobina, encontrando su amor a orillas del Duero y que haciendo camino al andar, por tierras andaluzas, así como por los campos de Castilla tuvo que acabar sus días en tierras extrañas haciendo honor a uno de sus poemas.

Y cuando llegue el día del último viaje.
Y esté a partir la nave que nunca a de tornar,
Me encontrareis a bordo ligero de equipaje,
Casi desnudo, como los hijo de la mar.

Esa es la fe de mis mayores, de la que nos habla en sus poemas el maestro Machado y esa es la fe de los que vivimos fuera de nuestro pueblo. Aunque por la venas de muchos de nosotros también corran gotas de sangre jacobina, el cantar de la tierra nuestra sigue presente en nuestra memoria.

Así cuando estos días de primavera, llegan a mis oídos las notas de una saeta, es como si volvieran a mí ser todos aquellos recuerdos que en el transcurso del año permanecieron aparcados, debido al estrés de cada día.

Porque la saeta es el mejor de los cantares de Andalucía. Es impresionante sentir la voz desgarradora de una cantaor que por martinetes, por peteneras o por soleares, lanza al aire piropos a una madre que llora amargamente la muerte de su hijo. O lamentos a ese hijo que con la cruz a cuestas sufre el martirio y la incomprensión del poderoso imperialista.

Los quejidos se dejan oír en el aire empapado de aromas a azahar .Y en el pecho de los que como yo respetan ante todo “la fe de sus mayores” surge una tremenda emoción que es imposible dominar, pues emana del cantar de la tierra mía y nada ni nadie puede contener ese espasmo de arraigo popular, porque es el pueblo el que en esos momentos se manifiesta y es del pueblo de donde nace ese sentimiento.

Vienen estos días a mi mente, aquellos recuerdos de la Semana Santa de Guadalcanal (la cual nunca podré olvidar) haciendo revivir en mi interior un pasado, que a pesar de tanto tiempo sigue presente en mi cada primavera; abarcando desde la belleza de una saeta, pasando por el tintineo de los palios de las vírgenes, el sobrio misterio de cristo en la agonía o del olor a azahar de los naranjos de la plaza, mezclado con el incienso que perfuma los desfiles procesionales y el de los gañotes que se hacen en cada casa para el deleite de los mejores gustos culinarios.

Es el cantar de un pueblo andaluz “de mi Pueblo”que “todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir al madero”. Es “El cantar de la tierra mía que hecha flores a Jesús en la agonía y es la fe de mi mayores”

Es por eso por lo que la emoción al ver desfilar ante mis ojos las cofradías de mi pueblo no puede compararse con nada de lo que otras culturas puedan ofrecerme, porque es una sensación que sale de tan adentro que no se pude ni se debe relacionar con pareceres, creencias o idealismos políticos. Es solo la raíz que alimenta la idiosincrasia de la gente entre la que nací y me crié.

Desde cualquier lugar de España en el que me encuentre estos días, siempre tengo presente la semana Santa de mi pueblo. A cada momento recuerdo los acontecimientos que en el se van produciendo. Llegando al punto de revivirlos a la hora exacta en que estos están teniendo lugar y me digo: ahora está pasando la Veracruz por Santa Ana frente a la que era mi casa, o nuestro padre Jesús nazareno está entrando en Santa María. y mientras, observo al cristo de la Esperanza y el Trabajo por la complutense Plaza de Cervantes de Alcalá e Henares, mi recuerdo se transporta al sentado en la Peña pasando por la esquina de la puntilla, al Cristo de las Aguas por la Concepción, mientras a la hora de de la procesión general en la ciudad de Alcalá el Viernes Santo por la tarde viene a mi mente la incomparable urna que alberga la imagen del Santo Entierro y de la Soledad, cuya imagen homónima pasa ante mi, frente a la fachada de la universidad que fundara Cisneros portada por costaleros andaluces que me hacen recordar mas aún a mi querido pueblo.

Nunca la villa de Guadalcanal está tan cerca de mi como estos días de Semana Santa, y aunque la distancia en kilómetros sea grande, me siento nazareno de los verdes, costalero de los blancos espectador de los moraos, doliente de los negros o capataz del costaleros. Y sintiendo como el primero, ese sentir de un pueblo que derrocha estos días todo el esplendor de la primavera haciendo que cada paso cada palio, cada nazareno o cada penitente esté presente en mi memoria y en mi corazón.

Los acordes del poema de Machado, que Joan Manuel Serrat popularizara en una canción, resuenan en mis oídos, al mismo tiempo que al compás de sus notas veo desfilar las cofradías por la calles de mi pueblo y me siento tan dentro de él que parece que nunca hubiera salido de allí.

Ho no eres tú mi cantar
No quiero cantar ni puedo
A ese Jesús del madero
Sino al que anduvo en la mar


Manuel Barbancho Veloso
Alcalá de Henares (Madrid)

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