By Joan Spínola -FOTORETOC-

By Joan Spínola -FOTORETOC-

Villa de Guadalcanal.- Dió el Sr. Rey D. Fernando a Guadalcanal a la Orden de Santiago , e las demás tierras de la conquista, e de entonces tomó por arma una teja o canal, e dos espadas a los lados como así hoy las usa.



jueves, 4 de febrero de 2010

GUADALCANAL EN 1801



EL VIAJE DE FAUSTINO MATUTE

La situación geográfica de Guadalcanal, a caballo entre Andalucía y Extremadura, la convirtió a lo largo de su historia en lugar de paso de uno de los caminos que desde el valle del Guadalquivir conducía hacia Castilla y el Noroeste peninsular atravesando tierras extremeñas (1). Esta condición de lugar de paso hizo que Guadalcanal sea con frecuencia citado por numerosos viajeros -tanto nacionales como extranjeros- y que su nombre figure en muchas de las Guías de postas y caminos que a modo de los modernos mapas de carreteras se hicieron cada vez más frecuentes a partir del siglo XVI (2).
Precisamente uno de estos viajeros nos va a dejar una curiosa reseña de la localidad. Justino Matute, ilustre historiador sevillano (1764 -1830), autor de obras como "Aparato para escribir la historia de Triana y de su Iglesia parroquial" (1818) y los "Anales Eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, Metrópoli de Andalucía" (1887), de tanta importancia para el conocimiento de la historia de la capital hispalense (3), emprende viaje en 1801 desde Sevilla hasta la localidad pacense de Zafra. Las impresiones causadas por las localidades y paisajes que recorrió en el trayecto las dejó plasmada en un manuscrito que nunca llegó a publicar, conservado hoy día en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla (4).
Matute sale de Sevilla por la Puerta de la Macarena, y después de haber pasado por Brenes, Cantillana y Cazalla, entra en el término de Guadalcanal, llamando poderosamente su atención los vestigios de las explotaciones mineras (5) que tanta importancia dieron a la localidad en el siglo XVI:
"De Cazalla a Guadalcanal tres leguas, caminando a Poniente: a las dos empieza un puerto, cuyo camino abierto en la piedra viva es muy incómodo. Es de observar la disposición de estas piedras, en que se conservan señales del diluvio, según el rastro que forman de Levante a Poniente, que fue el del curso de sus aguas. Esta villa, en la comarca de los antiguos 'Tereses", famosa por sus minas, no manifiesta la opulencia que era de esperar de tan ricas producciones; bien que las mujeres ostentan cierta civilidad y finura, poco común en Extremadura, efecto quizás del mucho trato que mantuvieron con los extranjeros que allí se avecinaron. La duquesa de Pobis estuvo allí nueve años, y más o menos otros muchos ingleses distinguidos, atraídos del interés que les resultaba, no sólo de la extracción de los metales, sino lo que es más, en las muchas fundiciones que hacían de oculto, para eximirse de los derechos reales, indicio de lo cual son los diferentes hornillos que se encuentran en los sitios más fragosos y retirados de la sierra.
De estas minas habla Don Pablo de Espinosa ("Historia de Sevilla"., libro 1,128), Boules Ponz (6), y otros muchos escritores antiguos y modernos, extranjeros y nacionales, suponiéndoles el último abiertas por los años 1775 y añade que "se trabaja actualmente con utilidad" ("Viaje de España", t. 8, carta 6, nº 7). Yo no sólo las vi cerradas, sino anegadas y destruidas de manera que es muy difícil volverlas a explotar: Se decía que de intento lo han hecho así, los que las beneficiaban de resultas de no haber podido conseguir una contrata ventajosa con la Real Hacienda.
Estas minas, así como otras de Sierra Morena daban tanto en lo antiguo, que los romanos tenían en Sevilla un procurador de los Montes Marianos, que entendía de la cuenta y razón de los productos. Una inscripción que aún permanece en Sevilla en un pedestal de la Casa Pilatos recuerda a un Tito Flavio, Procurador de los Montes Marianos, a quien los plateros le dedicaron una estatua (Ponz, "Viaje de España", t 9, f. 257). Son no menos dignas de consideración las excelentes canteras de estas sierras, de las que han salido los muchos mármoles que adornaban a Sevilla, y otras piedras de igual aprecio."
Las fuentes de riqueza agrícola son también objeto de su atención, con una preocupación por la economía y riqueza de la zona muy propias del pensamiento ilustrado del siglo XVIII, todavía vigente en el nuevo siglo recién comenzado:
"Sus productos vegetales son copiosos. El espliego, cantujo y peonía; el helecho, poleo y orégano; la melosa o jara de la que se saca el labdano, la scila perusiana, que aquí llaman “pobo", el malvavisco, la leonicera o madreselva, las adelfas y las retamas, los castañales y encinas, y otras muchas medicinales o de aprovechamiento con el zumaque, no sólo son propias de esta tierra, sino igualmente a los campos de Cazalla y demás que le rodean. En el siglo XIV se criaban en sus montes puercos y alguna vez osos. De dos hace memoria el "Libro de Montería" que mandó escribir el Rey Don Alfonso XI: uno el arroyo del Fresno entre Cazalla y Guadalcanal, y otro el Tamoso entre Guadalcanal y Azuaga (libro 3, cap. 22).
Su aceite es excelente y fino, y sus vinos en lo antiguo fueron muy apreciados. Cervantes hace memoria de ellos en la novela de "Rinconete y Cortadillo", y en la del "Licenciado Vidriera" dice que los vinos de Alanís, Cazalla y Guadalcanal eran muy estimados en Italia.
Del casco urbano de la población, lo único que cita es la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde llamó su atención el primitivo retablo mayor -desaparecido en 1936-, de elegante traza barroca y fechado a principios del siglo XVII (7).
"La iglesia principal de Guadalcanal es muy buena, no siéndolo menos su altar mayor con tres cuerpos, jónico, corintio y compuesto; pero deformado por mil cortes y pegaduras, y la principal un nicho moderno en el centro, desgracia común a otras iglesias del mismo pueblo".
Su estancia en la villa concluye con una curiosa referencia a la celebración de la antigua feria de Guaditoca:
"Celébrase ahora en él, en los tres días de Pascua de Pentecostés, la feria que llaman de Guaditoca, que antes se tenía en el despoblado en que está la ermita dedicada a Nuestra Señora con dicho titulo. Acuden a ella ganados y otros efectos de labranza, de que se proveen todos los pueblos inmediatos; bien que ya no es tan concurrido como cuando se hacía en el campo. El día último se hace una procesión bien poco devota, a que sólo concurren el clero, llevando una imagen de Nuestra Señora de no mala escultura, y un Niño Jesús, que allí llaman el "Bellotero", rodeado de muchachos y algazara; que se aumenta con los tiros que de continuo dispara aquella comparsa armada".
BIBLIOGRAFÍA.-
(1)Sobre este tema puede verse: MINISTERIO DE OBRAS PUBLICAS, TRANSPORTE y MEDIO AMBIENTE: El Camino de Andalucía. Itinerarios históricos entre la Meseta y el Valle del Guadalquivir: Madrid, 1993; URIOL SALCEDO, J.L.: Historia de los caminos de España, volumen I (Hasta el siglo XlX). Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Madrid, 1990; JURADO SÁNCHEZ. J. : Ciudades y pueblos de Andalucía: siglo XVIII, Editoriales Andaluzas Unidas. Sevilla, 1989. Los caminos de Andalucía en la segunda mitad del siglo XVIII (1750-1808). Universidad de Córdoba, 1988.(2)Una buena selección de estos relatos de viajes se recoge en GARCIA MERCADAL, J. ; Viajes de extranjeros por España y Portugal, 3 volúmenes, Aguilar. Madrid, 1959 -1962. (3)MENDEZ BEJARANO, M.: Diccionarios de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia. Reedición, Sevilla, 1989. Págs. 50-55.(4)MATUTE, J.: Apuntes en mi viaje a Extremadura, año de 1801. Manuscrito 58-4-40.(5)Sobre la minas de Guadalcanal puede consultarse: GONZÁLEZ, T. : Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal 2 volúmenes, Madrid, 1831; SÁNCHEZ GOMES, J .: Datos para la elaboración de un mapa de explotaciones mineras en los siglos XVI y XVII, en Actas del I Congreso de Historia de Andalucía. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1978. Tomo II (Andalucía Moderna, siglos XVI -XVII), págs. 315- 325.(6)PONZ, A. : Viajes de España. Madrid, 1786-1794. (Edición facsímil, Atlas. Madrid. 1972). Tomo VIII. Págs.. 218-219; "Guadalcanal, perteneciente a la Orden de Santiago, es villa, a la que dicen, de mil vecinos, abundante de viñas, olivares, y demás cosechas, con dos parroquias, dos conventos de monjas, y dos de frailes. A distancia de un cuarto de legua entre Norte y Oriente están las famosas minas de plata, en que se trabaja actualmente con utilidad. Se ha formado de los jornaleros, y jefes que hay en ellas una mediana población, y son dignas de ver máquinas inventadas para su desagüe; y asimismo sus profundísimos pozos particularmente uno de ellos, donde se trabaja al presente". (7)HERNÁNDEZ DÍAZ, J.- SANCHO CORBACHO, A.: Edificios religiosos y objetos de culto saqueados y destruidos por los marxistas en los pueblos de la provincia de Sevilla. Sevilla, 1937. Pág. 122.
Salvador Hernández González
Revista de feria 1997

No hay comentarios:

Publicar un comentario